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OPINIÓN. Temporeros del campo: los esclavos del siglo XXI




Autor: José I. Ibarra
04/07/2020

En estos tiempos en los que criticamos el racismo y la xenofobia contra las personas de distinta ideología, color o confesión, nos ponemos de lado cuando mencionamos a los temporeros del campo. Esas personas que de forma miserable son explotadas con la connivencia del gobierno de turno y de la propia sociedad.

Personas que no figuran en ningún registro civil homologado, que carecen de derechos sociales, que no tienen acceso a ningún ingreso vital mínimo, pero que gracias a un esfuerzo que nosotros no queremos hacer, nos permiten tener la fruta y la verdura a precio de saldo en el supermercado.

Personas que viven hacinadas en “cuchitriles” de mala muerte y a las que ahora culpamos de ser transmisoras del coronavirus. Personas que aceptan tales trabajos de miseria para sobrevivir un día más mientras el resto de la hipócrita sociedad no podemos privarnos de un verano sin vacaciones para protegernos del virus.

Era común en el mundo antiguo el “empleo” de esclavo hasta el punto de existir mercados que traficaban con seres humanos delante de las narices de las autoridades de turno. El empleo de esclavo era necesario para atender las labores del campo y de la casa de sus amos. Todo por un catre y una comida diaria, siempre que te portases bien a los ojos de tu señor.

Esto mismo está ocurriendo en pleno siglo XXI. No les llamamos oficialmente esclavos pero les tratamos igual y SÍ existe un mercado para los mismos: el mundo del campo y las necesidades creadas entorno a él.

Y esto es así porque nosotros, la tan cacareada sociedad del ocio que buscamos promover, lo permitimos. Porque mientras nos falta tiempo para gastar 1,20€ en un café diario o 2 euros en una “cervecita” de terraza, no estamos dispuestos a pagar una lechuga a 1,50€ o un kilo de tomates a 4 euros. Costes reales de tales productos.



Eso sí, luego nos llenamos la boca de proclamas en defensa de un trabajo digno, de calidad y bien remunerado. La pregunta es ¿para quién? ¿solo para los urbanitas o también para los trabajadores del campo o de la mar?

No seamos hipócritas y manifestémonos en favor de un trabajo digno para las gentes del campo, para que puedan asentarse y vivir en las zonas rurales de forma digna y no como como meros esclavos de unos amos que actúan como auténticos señoritos, a semejanza de los esclavos negros que recolectaban el algodón en los estados sureños de Norteamérica en el siglo XIX. ¿Por qué demonizamos aquellas conductas y no las que tenemos delante de nuestras narices?

Sería muy didáctico que todos nosotros pasemos un año trabajando como temporeros del campo o pescadores de alta mar para ser conscientes de la dureza, la miseria y el esfuerzo diario necesarios para disfrutar de un catre y una comida caliente todos los días.



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