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OPINIÓN. No hemos aprendido la lección del COVID-19


Autor: José I. Ibarra
25/04/2020


En estos tiempos de cuarentenas forzosas, hemos visto cómo la contaminación de las grandes urbes se ha reducido drásticamente, y ello redunda en una mejor salud de las personas. Más de uno pensará que ya hemos resuelto el problema del cambio climático y que podemos volver a emitir CO2 y NOx a la atmósfera como en la situación precovid. No es así, ya que el CO2 es un gas de “larga vida” y lo ya emitido ahí está y estará por mucho tiempo.

Esta reflexión de entrada me lleva a pensar sobre las ganas que tenemos de salir de casa para volver a hacer lo que veníamos haciendo antes del confinamiento. Campañas publicitarias en televisión han alentado el “volveremos a abrazarnos y a besarnos como antes” y cosas así. Lo cual no solo no es cierto sino que es una forma de “fake news” promovidas desde estamentos públicos.

Estamos ansiosos por volver a un modelo economicista que un simple virus ha puesto “patas arriba” en todo el planeta en cosa de tres meses. Estamos admirados y reconocidos por las “limosnas” que las grandes corporaciones hacen al Estado para “ayudar” en lo que se necesite. Estamos negociando préstamos y ayudas milmillonarias para volver a un modelo caduco y perjudicial para la especie humana, su salud y su supervivencia.

Ya que nos vamos a endeudar hasta las orejas, ¿no sería mejor invertir esos dineros en planificar y desarrollar un nuevo modelo económico que se sustente en la protección del individuo y, por ende, de toda la sociedad? ¿Un modelo que se apoye en la ciencia, la tecnología y la investigación? ¿Por qué perder esta oportunidad?

No es lógico, como diría el Sr. Spock de la serie “Star Trek”. Y no lo es porque el modelo precovid solo sirve para enriquecer a unos pocos sin beneficiar al conjunto de la sociedad ("el bienestar de la mayoría está por encima del de la minoría o del de un solo individuo") Y, además, no permite a los Estados dotarse de las “armas” necesarias para proteger a sus ciudadanos. El coronavirus ha puesto de manifiesto la indefensión social que provoca un modelo basado en una economía capitalista.

Me llama la atención que queramos volver a un turismo de sol y playa con mascarilla incorporada, guantes profilácticos y “espacio vital”, en pleno mes de agosto con 35ºC a la sombra. O que “panelemos” los interiores de bares y restaurantes para tomar unas “cañas” como si de un locutorio carcelero se tratase. ¿Nos sentaremos en bancos y terrazas sin preguntarnos si pueden estar contaminados? ¿Tendremos que cambiarnos de ropa cada vez que salimos a la calle y limpiarla al llegar a las casas? ¿Es lógico o es un panorama estrambótico? Y todo ello por mantener vivo un esquema tradicional que NO ES VIABLE. 
Porque la amenaza del coronavirus y el miedo al contagio no van a desaparecer. Tendrán que reinventarse o desaparecer. Algunos lo intentarán, pero con el paso de las semanas verán que no es viable a largo plazo.


Abrir escuelas es una propuesta paradójica porque, dado que las generaciones más jóvenes tienen un menor riesgo de enfermarse gravemente, existe la tentación de abrir escuelas demasiado pronto. Incluso si los jóvenes no se enferman, pueden transmitir la enfermedad a las generaciones mayores, cuando llegan a casa todos los días.

Alguien podrá pensar que la vacuna lo va a “arreglar” y pronto. Pues me temo que no va a ser así. Tardará en llegar, si algún día la tenemos. Pero, aunque lo fuera, ¿se imaginan el coste económico, social y laboral que en apenas tres meses este virus va a causar y el tiempo necesario para una mediana recuperación? Cada vez que tengamos una amenaza de este tipo, ¿qué vamos a hacer? ¿volver a confinarnos? ¿Encadenar crisis tras crisis? ¿Volver a depender de “ayudas” externas o de la caridad de las grandes corporaciones? ¿Es esto razonable e inteligente?

Por todo ello, en mi modesta opinión, creo que no estamos aprendiendo el mensaje que el COVID-19 nos está enviando, proceda de donde proceda. Es tiempo de cambiar. Ese es el verdadero mensaje. Para todos. Porque hoy los damnificados son las personas ancianas pero mañana pueden ser otros grupos de población. El que piense que la amenaza de los virus pasará, mejor sería que se encomendase a todos los santos o aspirase a colonizar Marte en un futuro inmediato.


Los más susceptibles a la enfermedad son los ancianos, que también tienen más probabilidades de morir por infección. Saber cómo la raza, el género y las condiciones de salud anteriores afectan las tasas de supervivencia sigue siendo, en muchos aspectos, una cuestión abierta para el estudio científico y las pruebas en la comunidad global.

No creo en una reactivación de la economía que pase por volver al modelo precovid. Creo que se deberían implementar algunos cambios que sirviesen para el modelo postcovid19, a saber:

1. Si se desea mantener el mercado bursátil, limitar los beneficios o aumentar los impuestos a las empresas cotizadas y a los particulares con más de 100.000 euros en el banco.
2. Fomentar el teletrabajo y las videoconferencias, por ley, en todas la empresas y sectores que puedan practicarlo, a través de un listado concreto de los sectores de actividad afectados.
3. En el transporte público (bus, metro, tren, etc.) los asientos “a tres bolillo”. En los aviones igual y el billete costará lo que tenga que valer ese servicio o sustituir el avión por el tren. Es el funeral del “low-cost”.
4. En las grandes urbes solo circularan bicicletas y taxis. Las empresas tendrán que reorganizar sus trabajos presenciales.
5. La formación y el empleo se tendrán que reorientar hacia servicios digitales.
6. Fomentar la compra online de productos que puedan ser entregados a domicilio mediante transporte convencional y/o drones.
7. Sustituir el consumo de petróleo por el de gas, a medio plazo. Fomentar la investigación y desarrollo de motores impulsados por hidrógeno.

Dudo que el turismo y la restauración puedan sobrevivir con el actual modelo. Son incompatibles con el uso de mascarillas y distanciamiento social. Reducir los aforos es incompatible con la viabilidad de estos negocios y menos con la estabilidad del empleo. El futuro de los grandes centros comerciales es cuestionable, salvo que las infraestructuras se reconviertan en bienes inmuebles u otro tipo de servicios público o privados, como, por ejemplo, nuevos hospitales o almacenes de logística.

Para asistir a eventos de masas, tales como el fútbol, baloncesto, (deportes en general), los conciertos, los museos, el cine, el teatro, etc., nos proponen atravesar “arcos de descontaminación” en los que nos van a rociar de “cuerpo presente” con algún tipo de desinfectante, que nos llevaremos en el cuerpo y la ropa al coche y a casa. En los trabajos del campo, para usar productos fitosanitarios, es obligatorio usar casco o gafas, guantes, mascarilla y traje especial o, al menos, un impermeable. Y para asistir a estos eventos nos proponen un rociado personal integral. ¿Estamos locos?

No queremos enterarnos, pero esta es la nueva realidad a la que nos enfrentamos. Si ahora les pregunto si van a celebrar las Navidades próximas como siempre, en familia, todos juntitos... ¿qué me dirían? ¿Más de uno se lo pensará dos veces? ¿Y eso de ir a un bar a tomar una tapa y una “birra”, como antes? Ya, de valientes y héroes están llenos los cementerios.

Lo que necesitamos aprender
Nuestro conocimiento de la enfermedad nos ayudará con herramientas y políticas. Hay una serie de cosas clave que todavía no entendemos. Se están realizando varios estudios para responder a estas preguntas. La colaboración global en estos temas es impresionante y deberíamos saber mucho más para el verano.
  • ¿La enfermedad es estacional o depende del clima? Casi todos los virus respiratorios (un grupo que incluye COVID-19) son estacionales. Esto significaría que hay menos infecciones en el verano, lo que podría llevarnos a la complacencia cuando llegue el otoño. Esto es una cuestión de grado. Debido a que vemos la propagación del nuevo coronavirus en Australia y otros lugares del hemisferio sur, donde las estaciones son opuestas a las nuestras, ya sabemos que el virus no es tan estacional como la influenza.
  • ¿Cuántas personas que nunca presentan síntomas tienen suficiente virus para infectar a otros? ¿Qué pasa con las personas que se recuperan y tienen un virus residual? ¿Qué tan infecciosas son? Los modelos de computadora muestran que si hay muchas personas asintomáticas pero infecciosas, es mucho más difícil abrirse sin un resurgimiento en los casos. Existe un gran desacuerdo acerca de la cantidad de infección que proviene de estas fuentes, pero sabemos que muchas personas con el virus no informan síntomas, y una parte de ellos podría terminar transmitiéndolo.
  • ¿Por qué los jóvenes tienen menos riesgo de enfermarse gravemente cuando se infectan? Comprender la dinámica aquí nos ayudará a sopesar los riesgos de abrir escuelas. Es un tema complicado porque incluso si los jóvenes no se enferman con tanta frecuencia, aún pueden transmitir la enfermedad a otros.
  • ¿Qué síntomas indican que debes hacerte la prueba? Algunos países están tomando la temperatura de muchas personas como una herramienta de detección inicial. Si hacer esto nos ayuda a encontrar más casos potenciales, podríamos usarlo en aeropuertos y grandes reuniones. Necesitamos dirigir las pruebas que tenemos a las personas con mayor riesgo ya que no tenemos suficientes pruebas para todos.
  • ¿Qué actividades causan el mayor riesgo de infección? La gente me hace preguntas sobre cómo evitar la comida preparada o las perillas de las puertas o los baños públicos para que puedan minimizar su riesgo. Desearía saber qué decirles. Se deberán emitir juicios sobre diferentes tipos de reuniones, como clases o ir a la iglesia, y si se debe requerir algún tipo de espacio. En lugares sin buen saneamiento, la contaminación fecal puede propagarse ya que las personas infectadas eliminan el virus.
  • ¿Quién es más susceptible a la enfermedad? Sabemos que las personas mayores tienen un riesgo mucho mayor de enfermedad grave y muerte. Comprender cómo el género, la raza y las comorbilidades afectan esto es un trabajo en progreso.

Preguntas abiertas:

1. Habrá vacuna para todos y todo el mundo se vacunará?
2. Encargaremos comida preparada a domicilio o tomaremos tapas y vinos sin saber cómo se han cocinado o limpiado? Lo haremos con mascarilla y mamparas de por medio?
3. Iremos a fiestas, discotecas o ferias en general? Habrá fiestas de verano?
4. Iremos a estadios deportivos o nos quedaremos en casa viendo la peli de turno o jugando al videojuego de fama?
5. Viajaremos en avión, para qué, a qué precio, con las fronteras controladas, con equipaje descontaminado...?
6. Serán posibles los mercadillos semanales o los medievales?
7. Aforo limitado en espectáculos públicos? A qué precios? En qué condiciones? Serán viables?
8. Comeremos o nos sentaremos en la misma mesa que otros clientes hayan usado previamente? Compartimentaremos las playas para que sean controladas por quién, a salvo de tormentas y tempestades?
9. Alguien ha pensado que el “salto” de virus desde los animales al ser humano tenga que ver con los efectos del cambio climático?
10. Desinfectaremos nuestro vehículo particular cada vez que vayamos a un sitio público? Lo compartiremos con otras personas? Conservaremos nuestro actual vehículo?
11. ¿Exigiremos un certificado de descontaminación a la hora de comprar o alquilar un inmueble? O de alojarnos en un hotel?
12. Las personas en edad de riesgo (mayores de 60 años), que son los que tienen capacidad económica, ¿se arriesgarán a compartir mesa y mantel, tumbona y playa, con otras personas más jóvenes y con posibles asintomáticos desconocidos?
13. ¿Serán bien aceptados los madrileños en sus segundas residencias o se les verá como “leprosos”? ¿Se les abrirán las puertas de tiendas y negocios?
14. Ya que es necesario que un 65% de la población esté vacunada o inmunizada (unos 30 millones de españoles) para reducir los contagios, que no para evitarlos, ¿compartiremos espacios públicos sin tomar medidas? ¿Es compatible con unas “vacaciones abiertas”? ¿Se alcanzará esa masa crítica de inmunizados antes del mes de Agosto?

En fin, a buen seguro que habrá otras muchas dudas al respecto. Porque de eso se trata, dudas que implican incertidumbre, miedos y, en definitiva, coarta la libertad de movimientos. No se si algún día volveremos a un cierta “normalidad”. De lo que sí estoy convencido es de que nuestros hábitos cambiarán y veremos al “otro” como un peligro potencial.


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