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OPINIÓN. El COVID-19 apunta hacia una descentralización empresarial

 


Autor: José I. Ibarra (09/10/2020)

Tras más de 40 años de consolidación del Estado Autonómico en España, la gestión sanitaria del COVID-19 está poniendo en tela de juicio la bondad descentralizadora en nuestro país, urgiendo a una revisión del ámbito territorial de las comunidades autónomas fijadas en el actual marco constitucional.

A estas alturas del curso de la pandemia, resulta evidente para todos que la provincia de Madrid concentra mucha población en un reducido espacio de territorio dificultando el acceso al trabajo, la gestión de las comunicaciones y de la propia sanidad pública. Madrid capital debería haber sido un distrito federal al estilo de Washington, una unidad administrativa, educativa pero no empresarial, y la provincia haber formado parte de la Comunidad de Castilla-La Mancha, favoreciendo la descentralización empresarial y laboral. De esta manera, muchas personas de comunidades próximas no se verían obligadas a emigrar a la capital, favoreciendo la redistribución de la población y de los servicios públicos y privados.

Continuando con el desatino autonómico de 1978, Murcia debería formar parte de la Comunidad Valenciana y es indiscutible que La Rioja es Castilla, y por ello debería quedar enclavada dentro de Castilla, que no de Castilla y León. Porque Asturias y León deberían ser una única entidad territorial, por razones históricas. Así como, Euskadi y Navarra deberían llegar a un entendimiento territorial. 

Es decir, aprovechar la oportunidad del COVID-19 para sentar las bases de un estado moderno en el que las nuevas entidades territoriales gocen de un equilibrio en materia empresarial que disminuya las actuales desigualdades territoriales en material laboral y social.

En fin, al margen de estas disquisiciones administrativas, el mensaje que deseo transmitir es la urgente necesidad de descentralizar las instituciones del Estado y las empresas de este país, para que, a semejanza de EE.UU., el “juego” económico y laboral no se concentre solo en la comunidad de Madrid sino que otras ciudades como Valencia, Bilbao, Valladolid, La Coruña, Toledo o Sevilla aumenten su importancia estratégica en el ámbito nacional.

Con ello se logrará una mayor integración autonómica, una mejor percepción de propio Estado y los ciudadanos nos sentiremos más “españoles” al poder movernos de una región a otra por razones laborales o meramente turísticas. Además, la descentralización aumentará la movilidad laboral favoreciendo que las personas asimilen y valoren las lenguas nativas de otras regiones. Con ello, se cohesiona la integración social.

Madrid tendrá que aprender a competir por su bien hacer y no por razones impositivas o de capitalidad. Las nuevas tecnologías apuntan a una descentralización del trabajo y esta circunstancia deberá favorecer la “deslocalización” del mundo empresarial y laboral.


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