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OPINIÓN. El "bicho" se nos escapa de las manos

 


Autor: José I. Ibarra (20/01/2021)

Tras un año de vivir el COVID-19 con sus confinamientos, aplanamiento de curvas y demás originales calificativos para algo que no conocemos ni controlamos, hemos llegado al estadio de las llamadas "vacunas".

Entrecomillo el término "vacuna" porque, en mi modesta opinión, algo que se debe administrar en dos dosis, que no se sabe si es duradero en el tiempo, que permite seguir contagiando a la "peña" y que hay que guardarlo en el Ártico para que no se "pudra", NO ES UNA VACUNA. 

Podemos llamarlo remedio, paliativo, incluso medicamento, pero no vacuna. Una vacuna, por definición, es una sustancia que proporciona inmunidad frente a enfermedades, pero no hay vacunas contra los virus. De hecho la vacuna contra la gripe no se puede considerar técnicamente una vacuna.

Dicho esto, llamar "variantes" a las mutaciones del COVID-19 es todo un eufemismo. Y estas mutaciones son un reto enorme para los científicos porque no está claro que las actuales "vacunas" nos protejan contra tales mutaciones. Mutaciones que, por cierto, se multiplican y se diferencian entre sí a medida que los contagios se extienden. ¿Será que el coronavirus se está adaptando a diferentes entornos sociales y ambientales? Si fuera sí, estamos, simplemente, perdidos (por usar un término menos ofensivo).

No resulta sensato ni realista que ante la propaganda de las vacunas como remedio universal ante el COVID-19, a los gobiernos de todo el mundo sólo se les ocurra volver a confinar a la "peña" como único remedio. ¿Es este el único consejo de los expertos epidemiólogos?. Es decir, ante una amenaza sanitaria desconocida, los "expertos sanitarios" del siglo XXI nos recomiendan volver a la Edad de Piedra, a recluirnos en las cavernas como mal menor para salvar a la especie humana.

Tal vez hace 10.000 años fuese una receta aceptable cuando en este planeta éramos "cuatro y un tambor". Pero la realidad de hoy es bien distinta. No podemos gestionar una pandemia como hace un siglo y menos como hace miles de años.

Tal vez los "expertos sanitarios" se sientan cómodos en sus trincheras pero su realidad diaria dista bastante de ser la de aquellos que día a día tienen que ganarse su sustento aún a riesgo de su salud. Porque no les queda otro remedio. Tendrían que verse privados de sus nóminas para verse en la coyuntura de pequeños y medianos comercios, hosteleros y demás sectores directamente afectados por la pandemia. ¿Qué futuro les ofrecemos a éstos tras forzarles al cierre con las medidas que se les están imponiendo? ¿Se olvidan los sanitarios que sus nóminas salen de los impuestos que pagamos los ciudadanos de a pie, incluso de los pensionistas?

Tengo la terrible sospecha de que el coronavirus nos está descolocando a todos. No lo conocemos, no sabemos cómo de difunde, ni tan siquiera los "expertos epidemiólogos". Y los gobiernos de todo el mundo, simplemente se dejan llevar por opiniones que no por conocimiento científico. Porque, como he dicho antes, no hay vacunas contra los virus.

A modo de ejemplo, están las pasadas navidades de 2020. Los gestores públicos nos "abrieron las puertas" para reunirnos en familia. No se pusieron de acuerdo si podíamos reunirnos 8 o 10, con o sin niños. Nos dijeron que una PCR de las últimas 72 horas era la solución. Y la población lo aceptó de buen grado. Pero ellos y los epidemiólogos sabían que era una "locura". Si se sabía, ¿por qué se permitió? ¿por razones económicas? Si es así, ¿por qué ahora cierran aquello que permitieron tener abierto hace 15 días?. No es sólo una contradicción sino una burla a la sociedad.

Sospecho que si no volvemos a la "vieja normalidad" con TODAS LAS CONSECUENCIAS sanitarias posibles, la actual dinámica en la gestión de la pandemia del COVID-19 nos estallará a todos, gobiernos incluidos, y nos traerá un nuevo paradigma regido por el rechazo a toda norma impuesta sin el debido reconocimiento público. ¿O no es en eso en lo que se fundamenta la democracia?.

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