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INFORME. Acerca del bienestar de animales de granja y su impacto en la salud

 

Cría intensiva de ganado

El bienestar de los animales de granja preocupa cada vez más a los europeos los ciudadanos. Según el Eurobarómetro especial de 2016 centrado en las actitudes de los europeos hacia el bienestar animal, El 94% de los encuestados afirmó que es importante proteger a los animales de granja (del 86 % en Croacia, Hungría y Polonia al 99 % en Portugal, Finlandia y Suecia), mientras que el 82% pensaba que el bienestar de los animales de granja debería estar mejor protegido que en la actualidad (CE, 2016).

Regulaciones vigentes en materia de bienestar animal a nivel europeo corresponden esencialmente a un enfoque preventivo a través de, por un lado, la prohibición o limitación de determinadas prácticas que potencialmente generan dolor y sufrimiento y, por otro lado, la obligación simultánea de utilizar algunas prácticas para aumentar el bienestar de los animales y, en particular, fomentar la expresión de su comportamiento natural. 

Estas regulaciones plantean dos preguntas principales relacionadas con la determinación del nivel óptimo de bienestar animal y los instrumentos de "palo y zanahoria" que se utilizarán para este propósito. Porque el bienestar animal es un bien público global que beneficia a todos los que se preocupan (Comité de Bienestar de los Animales de Granja del Reino Unido, 2011), siendo preferible la intervención pública en un marco supranacional. 

Treich (2018) y Guyomard et al. (2020), enfatizaron la intervención a nivel europeo para evitar "la doble sanción de acciones unilaterales de un solo país"; primero, una penalización económica inducida por distorsiones de la competitividad, y segundo, una sanción animal, en la medida en que países competidores que están menos regulados tendrían un incentivo para producir más productos animales a costa de un bienestar animal degradado que podría tener implicaciones globales."

Cría intensiva de ganado


IMPACTOS SOBRE LA SALUD

La producción animal se cuestiona cada vez más por motivos de salud. Los dos principales problemas de salud están relacionados con la impacto del uso de antibióticos en el ganado sobre la resistencia a los antimicrobianos, y a los efectos adversos en la salud de un individuo debido a el consumo excesivo de productos animales, en particular la carne.

A principios de la década de 2000, alrededor de 25 000 europeos morían cada año de infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos (Mundial Organización de la Salud, 2011). Parte del problema es de una agricultura en origen, en un contexto donde humanos y animales comparten la misma farmacopea y donde las explotaciones ganaderas son importantes consumidores de antibióticos. Después de prohibir el uso de antibióticos como promotores del crecimiento en 2006, en 2018, la UE decidió prohibir sus usos profilácticos en ganadería a partir de 2022. También decidió reservar los antibióticos más críticos para la medicina humana únicamente, y exigir que las importaciones cumplan con las normas europeas (CE, 2018b).

A principios de la década de 2000, el uso de antibióticos en la UE era el doble en la medicina veterinaria en comparación con la medicina humana, con la mitad para usos profilácticos (Buckwell y Nadeu, 2018). Desde esa fecha, el uso agrícola de antibióticos ha disminuido significativamente, especialmente. Sin embargo, el uso actual varía considerablemente entre los Estados Miembros (EM), según el Agencia Europea de Medicamentos, a partir de un máximo de 450 miligramos por kilogramo de biomasa animal en Chipre a menos de 20 miligramos en Finlandia y Suecia (Agencia Europea de Medicamentos, 2018).

Estas brechas nacionales pueden explicarse por las diferencias en la composición de las poblaciones animales, los sistemas ganaderos y el desarrollo de la agricultura ecológica. También se explican por más (o menos) usos racionales de antibióticos y diferentes intensidades de crianza entre estos países. Es importante señalar que el proceso de intensificación del ganado puede aumentar los riesgos de enfermedades zoonóticas, emergencias y resurgimientos. Sin embargo, la complejidad del los mecanismos subyacentes limitan la capacidad de predecir estos riesgos con precisión (Jones et al., 2013).

Modelo de agricultura intensiva


El consumo medio per cápita de productos animales es alto en la UE, ambos en términos absolutos (el doble de la media mundial) y por encima de las recomendaciones nutricionales. En 2018, cada europeo consumió 69,5 kg de carne y 256 kg de equivalente de leche anualmente. Según Buckwell y Nadeu (2018), estos niveles de consumo fueron mucho más altos que las recomendaciones para carne y solo ligeramente superior a las recomendaciones para la leche.

Un consumo excesivo de carne puede tener consecuencias negativas para la salud. La ingesta de un exceso de carne roja y procesada parece estar asociada con un mayor riesgo de obesidad y un índice de masa corporal más alto (Rouhani et al., 2014). El impacto sobre la incidencia de algunos cánceres sigue siendo controvertido (Domingo, 2019). En octubre de 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer ( International Agency for Research on Cancer ) clasificó el consumo de carnes rojas como "probablemente cancerígeno para los seres humanos", y el consumo de procesados de la carne como "cancerígena para los seres humanos" (Bouvard et al., 2015).

Algunos estudios han corroborado esta clasificación (Zhang et al., 2021), pero otros han concluido solo bajo o muy bajo los efectos absolutos, lo que sugiere que la recomendación de disminuir el consumo de carne roja y de carne procesada para limitar la incidencia de algunos cánceres no está completamente demostrada (Han et al., 2019). En general, parece que aumentando el consumo de proteínas vegetales que reemplazarían las proteínas animales pueden inducir beneficios para la salud, al menos en países desarrollados (Zhang et al., 2021).

Incluso si el consumo excesivo de productos animales debiera ser evitado, es importante recordar los beneficios nutricionales de la carne consumidos de acuerdo con las recomendaciones (INRA, 2019). Los productos cárnicos aportan proteínas de alta calidad nutricional que contiene los nueve aminoácidos esenciales en proporciones adecuadas y que son de fácil y rápida asimilación. Son la única fuente de (o muy ricos en) varios micronutrientes (vitaminas, selenio, zinc) y varios componentes bioactivos. 

De la misma manera, los productos lácteos son fuentes importantes de nutrientes (calcio, hierro, magnesio) que son esenciales para el desarrollo óseo. Se recomienda encarecidamente el consumo de un nivel suficiente de productos animales para poblaciones específicas, en particular para las personas mayores para a quien el consumo de carne ayuda a limitar los riesgos de sarcopenia y anemia de hierro, y para las mujeres en edad fértil, con el fin de prevenir las deficiencias de hierro. Mucha investigación ha destacado los riesgos de las deficiencias nutricionales y los resultados negativos para la salud de dietas alimentarias desequilibradas que pueden limitar o prohibir demasiado severamente a los productos de origen animal, incluida la carne (Key et al., 2006; de Smet y Vossen, 2016).

CONCLUSIONES

La ganadería europea se encuentra en una encrucijada. Su producción y gestión debe evolucionar de forma urgente y significativa para reducir su huella climática y medioambiental. El cambio parece ser reconocido por la nueva CE a través de la iniciativa Green Deal (CE, 2019a) y estrategias relacionadas, en particular la F2FS (CE, 2020a). Desafortunadamente, el proyecto de reglamento para el futuro de la nueva PAC, que se debate actualmente, parece estar en desacuerdo con la ambición climática y ambiental del Pacto Verde ("Green Deal"). La voluntad política de la mayoría de los gobiernos de los EM no parece estar presente. 

Una futura PAC negociada como siempre, será una derrota para el clima y el medio ambiente, y posiblemente una victoria pírrica para los agricultores europeos ya que “a largo plazo, es difícil ver por qué los contribuyentes aceptarían la financiación de una política que ya no proporciona un bien público, y por el cual la Unión Europea ha reducido significativamente el valor agregado. Hacer que la PAC sea más coherente con el Pacto Verde es quizás la mejor garantía para su propia continuidad en el largo plazo” (Guyomard et al., 2020). 

El enfoque integral y holístico adoptado por el Pacto Verde, reconociendo la necesidad de actuar en todos los compartimentos de la cadena alimentaria de una manera articulada y coherente, es bienvenida y debe ser alentado y apoyado. Está en desacuerdo con la ruta seguida por el proceso de reforma de la PAC que, desde 1992, ha colocado continuamente agricultura y su evolución en el centro de los debates y las nuevas medidas. Lamentablemente, las propuestas para la futura PAC no son una excepción.

Si el Pacto Verde se hace vinculante y se aplica a todos los productos agrícolas, resultaría en una reducción de las superficies agrícolas  y una des-intensificación de la producción en la UE, que resultará en  mayores precios agrícolas. Los cambios en las dietas  tendrán impactos diferenciados sobre los precios finales en función de los productos disponibles. Evaluaciones de las consecuencias económicas de estos efectos en los precios sobre todos los actores de la cadena alimentaria, desde los productores hasta los consumidores finales, son requeridos. Es importante destacar que estas evaluaciones deben tener en cuenta los mecanismos de transmisión de precios.

Fuentes:

Hervé Guyomard: https://orcid.org/0000-0003-1935-2359.

Z. Bouamara-Mechemache: https://orcid.org/0000-0001-

6977-4619.

V. Chatellier: https://orcid.org/0000-0002-8919-0271.

C. Détang-Dessendre: https://orcid.org/0000-0002-4386-8710.

L. Delaby: https://orcid.org/0000-0002-9805-4108.

J.-L. Peyraud: https://orcid.org/0000-0002-6487-9355.

V. Réquillart: https://orcid.org/0000-0002-5523-4416.

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