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SALUD. Explicando la Diverticulitis

 


La mayoría de los divertículos se forman a lo largo de la vida y consisten en pseudodivertículos (no afectan a todo el grosor de la pared intestinal) y se clasifican como divertículos pulsionales, ya que son consecuencia de una presión alta dentro del intestino. Pueden tener un tamaño de entre 5 y 10 mm.

Los divertículos pueden aparecer en todo el colon, pero el 95% de los casos ocurren cerca del final del lado izquierdo del colon, la región sigmoide. Esto se debe a que esta es una zona de alta presión con contracciones intestinales más grandes y, por tanto, más sensible a estas protuberancias.

La enfermedad diverticular puede consistir en: diverticulosis (presencia de divertículos dentro del colon) o diverticulitis (inflamación de un divertículo).

Los divertículos son pequeñas bolsas o sacos protuberantes que se pueden formar en el revestimiento del sistema digestivo. Por lo general, se encuentran en la parte inferior del intestino grueso (colon).

TIPO DE DOLENCIA DIVERTICULAR Y SÍNTOMAS

Básicamente, se pueden diferenciar dos tipo de enfermedad diverticular:

1. Simple (75%). Sin complicaciones. En estos casos, el uso de antibióticos orales y una dieta líquida o sin residuos suele resolver las crisis. En casos recurrentes, el tratamiento quirúrgico (colectomía segmentaria) puede ser útil, particularmente en pacientes jóvenes.

2. Complicada (25%). Con abscesos, fístula, obstrucción, peritonitis y sepsis.

En el 80% de los casos, los divertículos no causan síntomas. Los principales que se presentan en un reducido porcentaje de pacientes son:

- dolor abdominal (generalmente ubicado en el cuadrante inferior izquierdo).

- calambres

- cambios en los hábitos intestinales (estreñimiento o diarrea)

- sangrado ocasional rectal

Cuando aparece la diverticulitis, con inflamación o infección de un divertículo, puede presentarse dolor, escalofríos, fiebre y cambios en los hábitos intestinales. En casos más severos, puede cursar con perforación de colon e infecciones intraabdominales, con formación de abscesos o fístulas en la vejiga o la vagina.

Aunque los casos leves se pueden tratar con reposo, cambios en la dieta y antibióticos, los casos graves pueden requerir una intervención quirúrgica.


EPIDEMIOLOGÍA

La prevalencia por edades suele ser la siguiente: 40 años (5%); 60 años (30%); 80 años (65%). Y la prevalencia por género:

- menos de 50 años: mayor incidencia en hombres

- entre 50 y 70 años: ligera prevalencia en mujeres

- más de 70 años: más común en mujeres

Los factores de riesgo son la obesidad y la grasa abdominal, una alimentación rica en carnes rojas y grasas, y pobre en fibras.

Una dieta rica en fibra y ejercicio físico, son los mejores aliados para prevenir la diverticulitis

TRATAMIENTO NUTRICIONAL

Se sabe que una dieta rica en fibra, en combinación con una hidratación adecuada, promueve las heces blandas y voluminosas que pasan más rápido y requieren menos esfuerzo para defecar. Se ha descubierto que la ingesta alta de fibra alivia los síntomas en la mayoría de los pacientes y el ejercicio parece ayudar a prevenir el estreñimiento. Por lo tanto, se debe aumentar gradualmente la ingesta de fibra, ya que puede causar hinchazón o flatulencia. Estos efectos adversos suelen desaparecer en dos o tres semanas.

La ingesta de fibra dietética recomendada es de 25 g/día para mujeres adultas y 38 g/día para hombres. Si un individuo no puede o no quiere consumir la cantidad necesaria de fibra, puede acudir a suplementos de fibra de psyllium y metilcelulosa, que proporcionan buenos resultados.

La ingesta adecuada de líquidos (por ejemplo, 2 a 3 litros diarios) debe ir acompañada de la ingesta de un alto contenido en fibra. 

Durante una exacerbación aguda de diverticulitis, puede ser necesaria inicialmente una dieta baja en residuos o nutrición parenteral, seguida de un retorno gradual a una dieta rica en fibra.

Se debe aumentar gradualmente la ingesta de fibra, ya que puede causar hinchazón o flatulencia. Estos efectos adversos suelen desaparecer en dos o tres semanas.

Una dieta baja en residuos consiste en no incluir verduras con fibra verde o fruta cruda (excepto plátanos) en la dieta, y no utilizar alimentos con harinas poco refinadas (pan, pasta, galletas saladas) o arroz integral. Asimismo, es necesario reducir los alimentos excesivamente dulces y grasos, y se desaconsejan la leche (si no se tolera), carnes / pescados grasos o en conserva, legumbres secas y verdes, frutos oleaginosos, bebidas alcohólicas, aguas minerales y gaseosas, y todos los condimentos, excepto la sal. Por último, la mejor forma de preparar los alimentos es la cocción y a la parrilla/plancha.


Fuente: Marta Churro (nutricionista). Instituto Profesional de Estudios de la Salud.

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