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TURISMO. Escapada a Valverde de la Vera (Cáceres)

 

Plaza de Valverde de la Vera

Este pequeño pueblo de Cáceres, enclavado a los pies de la sierra de Gredos, se ha hecho popular por el peregrinar de los "empalados", una tradición que tiene lugar la noche del Jueves Santo. El rito, que se remonta al siglo XVI, rememora a los penitentes que recorrían los caminos infligiéndose castigos corporales para implorar perdón. Valverde de la Vera, que cuenta con algo más de 450 habitantes, atrae también la atención de los foráneos por las “regateras” de sus calles, que permiten su aseo y la distribución del agua de riego de las huertas. 

En la Plaza de España encontramos soportales sobre columnas de granito, decoradas con bolas y molduras. En la del Rollo se sitúa la picota, elemento de fuste octogonal que se levanta sobre una base decorada con cadenas y que remata con cuatro cabezas de animales y un pináculo con decoración gótica. La arquitectura popular de la población se basa fundamentalmente en el entramado. Las viviendas son de dos y tres niveles, el primero fabricado en piedra y los otros dos con entramado de madera y ladrillo o adobe. Es frecuente encontrar las fachadas de los pisos superiores chapeadas de madera. Como arquitectura civil y religiosa los elementos destacados son el castillo y la iglesia. 



Valverde o Valle Verde, como era su nombre original, es Conjunto Histórico por Decreto de 31 de diciembre de 1970. Recibe al visitante con una poderosa cruz de piedra y recostado sobre la falda del macizo de Gredos, entre olivos, castaños, higueras y frutales. 

Pueblo adentro, tras atravesar el Ejido y la Fuentivieja, desembocamos en la plaza de la Picota, donde descansa un soberbio rollo barroco, símbolo de justicia. de aquí parte la serpenteante calle Real que nos conduce a su espectacular Plaza Mayor. Una bonita fuente de piedra con cuatro caños y de forma circular la preside, rodeada de casas porticadas con balcones de madera.

El Chorrito, que albergaba una importante colonia de judíos a finales del siglo XV, el Resbaladero del Altozano Bajo o las Cabezuelas, son bellos rincones donde pervive la huella de su tipismo arquitectónico.

Plaza Mayor de Valverde de la Vera.

Vista panorámica de Valverde de la Vera


LOS EMPALAOS DE VALVERDE

Los Empalaos se han encargado de dar forma a Valverde de la Vera y, cada Semana Santa, recorren sus calles en un rito estremecedor. El remoto origen de esta práctica penitencial es anterior al significado religioso que hoy tiene. Como ritual devoto y cristiano, su antecedente histórico se inscribe en el seno de la Cofradía de la Pasión de Nuestro Seños Jesucristo, que ya en 1522 recibe Indulgencias Plenarias del Papa Adrian VI.

En la noche del Jueves Santo se celebra un Vía Crucis en masa en el que participaban los Hermanos de Azote, precedente del actual empalao, y los Hermanos de Oración. En 1771, don José González Laso, obispo de Plasencia, denuncia al rey los actos de fe que se celebraban en Valverde, considerándolos "extravagantes y terroríficos". Carlos III, un absolutista ilustrado, prohíbe las procesiones de disciplinantes y empalaos en 1777. 

La tradición se siguió practicando en la clandestinidad y se transforma en un acto solitario e intimista con connotaciones de manda o promesa. Hoy, bajo la luna de Pascua, un hombre coronado de espinas y con una enagua blanca, camina descalzo con solemne lentitud. Torso y brazo ensogados, recorre las estaciones del Vía Crucis y esconde su rostro tras un velo blanco. El madero que lleva sobre los hombros le hace humillar la cabeza y en su espalda, dos sables cruzados se proyectan contra el cielo.

Como símbolo del crucificado, una banda blanca reposa sobre sus brazos, cubriendo las vilortas de hierro que tintinean ceremonialmente. Bajo una manta que oculta su identidad, le sigue de cerca un cirineo que ilumina sus pasos. Los mozos valverdanos se entregan a un rito duro y doloroso que pasa de padres a hijos, y vestidos por manos expertas, se someten al abrazo casi épico de una serpiente de esparto.

En el Museo de los Empalaos, se nos explica los rituales asociados a este acto de devoción, declarado de interés turístico nacional.




UN POCO DE HISTORIA

Valverde de la Vera se independiza del yugo placentino y nace como villa en 1297. Sancho IV el Bravo la otorga un señorío junto con las aldeas contiguas de Viandar, Taraveruela, Villanueva y Madrigal, a don Nuño Pérez de Monroy, Abad de Santander y Canciller de doña María de Molina, en premio a sus desvelos como consejero. En 1330, Alfonso XI confirma este privilegio en favor del hermano del Abad, Fernán Pérez de Monroy, al igual que Enrique II en su hijo en 1367.

Este segundo Fernán Pérez de Monroy, valeroso guerrero en Tarifa, Algeciras y Gibraltar, apuesta por don Pedro y mantendrá una rivalidad a muerte con Juan Blasco de Almaraz, señor de Belvis, Almaraz y Deleitosa, partidario de Enrique de Trastámara. Ambos se enfrentan con sus huestes cerca de Valverde y el de Monroy acaba con su vida. Años más tarde, Juan Gómez de Almaraz venga a su padre en la Riberilla, cerca del río Tiétar, y hace una entrada triunfal en Belvis con la cabeza de Monroy clavada en una pica. Las enconadas rivalidades entre ambas casas se saldarán con un matrimonio de conveniencia a finales del siglo XIV. Estefanía de Monroy hereda el señorío valverdano y a su muerte, acaecida en 1404, sus dominios regresan a la corona castellana con Enrique III, quien a su vez se la cede a su hijo el infante don Fernando de Lara.

En 1435, y tras diversas sucesiones, recae en doña Leonor Niño de Portugal, esposa de Diego López de Zúñiga, quienes se convierten en condes de Nieva en 1470. A partir de este momento, la casa de los Zúñiga regentará su destino hasta el siglo XIX.


QUÉ VER EN VALVERDE DE LA VERA

El castillo es la construcción militar más importante de la comarca. Sus orígenes se remontan al s. XIII. Dos siglos después, el castillo sufrió importantes remodelaciones. Es bajo el Condado de Nieva cuando se erigió la actual iglesia, en la que destacan las tres torres y una bóveda nervada. De su fábrica primitiva se conservan algunos lienzos de muros y dos torres cuadradas, que se aprovecharon para la construcción de la mencionada iglesia, una adosada al ábside y otra a los pies, como campanario.

Dice la copla que "el castillo de Valverde se está cayendo de risa por ver a las valverdanas con el salero que pisan". Los del cercano pueblo de Villanueva -que no olvidan que fue su aldea hasta 1646- apostillan: "El castillo de Valverde se está cayendo de risa por ver a los valverdanos con corbata y sin camisa". 

Ajeno a estas polémicas vecinales, los restos de la fortaleza emergen sobre su caserío, mitad en el llano, mitad en la sierra. Desde su maltrecha torre del Homenaje, contempla como un mar de tejados en forma de una gran cruz se extiende a sus pies. A lo lejos, la vasta vega del río Tiétar. 

El segundo conde de Nieva, Pedro de Zúñiga, levanta el castillo a finales del siglo XV sobre los cimientos de lo que fuera una fortaleza musulmana y, a su sombre se construye la hermosa iglesia de Santa María de Fuentes Claras a principio del siglo XVI.



La Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de Fuentes Claras, construida en mampostería y sillería, se concluyó a fines del siglo XVI y consta de tres naves y una cabecera hexagonal. La iglesia aprovecha parte de la fortaleza que erigieran los Monroy en 1309. En los laterales del altar mayor enterró a sus padres, cuyas deterioradas estatuas yacentes de alabastro aún permanecen en el lugar.

Una bella ventana de su fachada que perteneció al primitivo palacio, es la protagonista de sus célebres fiestas de San Blas, abogado de la garganta y patrón de Valverde. Dice la tradición que el mayordomo tira desde aquí las delicadas cintas de colores que durante doce meses lucirán las valverdanas en su cuello y los hombres en el ojal de la solapa. Abajo se apiñan los mozos, que compiten por alcanzarlas en su caída.


Iglesia de Nuestra Señora de las Fuentes Claras. Foto por © Jose Mario Pires / CC BY-SA 3.0. Wikimedia Commons.



Fuera del casco urbano, la bella ermita del Cristo del Humilladero es lugar de peregrinación cuando el cielo no reparte agua, y el 14 de septiembre se le honra con precesión y un ofertorio que incluye la puja por platos de floretas gigante. Originaria del Siglo XVI. En su pequeño interior se encuentra la imagen del Santo Cristo de la Piedad, probablemente del año 1630. El Altar, es de cerámica de Talavera.

 Ermita del Cristo del Humilladero en Valverde de la Vera. Foto por Falk2. Wikimedia Commons.

La otra Ermita dedicada a San Blas, se halla en el lado oeste del poblado. De construcción renacentista, se llamaba de los Santos Mártires Fabián y San Sebastián, y por el año 1845 le dan su actual nombre. Estuvo abandonada hasta el punto de ruinas, por casi 100 años, hasta que recientemente fue restaurada para disfrutarla en su esplendor.

GASTRONOMÍA TÍPICA

La comida es deliciosa y conserva todo el sabor extremeño. Los protagonistas son el cordero, así como el pimentón. Los bares sirven el zorongollo y las migas, así como el cochifrito. Las roscas borrachas son muy populares.

MÁS COSAS QUE PUEDES ENCONTRAR EN LA VERA

Garganta de Cuartos. En el noreste de la provincia de Cáceres y a lo largo de 65 kilómetros, el valle de La Vera circula entre la localidad de Plasencia y Candeleda en la vecina Ávila.

El entorno cuenta con una buena superficie de aparcamiento y un espacio para el descanso y poder tomar algo, que facilitan un agradable día en los meses de calor. La garganta de Cuartos se encuentra dentro del LIC Sierra de Gredos y forma parte de Red Natura 2000. Entre sus principales valores merece destacar las riberas de alisos que se desarrollan en sus orillas, que en ocasiones se acompañan de grandes fresnos o sauces.

La especie más representativa es la trucha, muy codiciada por los pescadores, existiendo tramos de pesca sin muerte en la garganta. Las abruptas laderas que conforman el valle por el que discurre este curso fluvial están pobladas de robles, en ocasiones muy densos, con brezales y escobonales.

En el nacimiento de Cuartos, a los pies del pico de la Covacha, se encuentra el paraje del Barrerón de Escobarejo, donde se refugia una de las agrupaciones de tejos más importante de Extremadura, los Tejos del Escobarejo, declarados como Árbol Singular. Esta tejeda está integrada por 20 ejemplares, destacando en concreto uno por superar los 900 años de edad.



Cuacos de Yuste. En el año 1959 cuando se declara a la villa de Cuacos de Yuste, perteneciente a la Comarca de La Vera, “Paraje Pintoresco”. Se trata de una calificación equivalente en la actualidad a la declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Conjunto Histórico. Uno de los rasgos definidores de La Vera lo constituye su arquitectura popular, condicionada por los elementos físicos de la zona. Responde a la tipología de arquitectura serrana, dentro del modelo de entramado de madera. El trazado sinuoso de sus calles y la perfecta conservación de su arquitectura popular y nobiliaria permiten disfrutar del encanto de este bello municipio verato.

El principal monumento del municipio es el Monasterio de Yuste. En la actualidad, el palacio forma parte del Patrimonio Nacional, lugar vinculado a la Corona de España. El monasterio fue uno de los principales enclaves de la Orden de San Jerónimo, hasta que estos dejaron el mismo. Desde 2013, en el monasterio residen monjes Paulinos. El emperador Carlos I de España vivió poco más de un año en este lugar, antes de fallecer.

Cuacos de Yuste es un escenario magnífico para pasear por sus calles y conocer sus rincones. Uno de los principales atractivos es la Plaza Mayor, porticada, con la Fuente de los Cuatro Caños en el centro. Otra plaza, la de Juan de Austria, donde se encuentra la casa del infante, hijo del emperador Carlos V, monarca que pasó sus dos últimos años de vida retirado en el Monasterio de Yuste. Es también conocida como “Casa de Jeromín”. Se trata de un edificio rehabilitado en el que está la sede de la Mancomunidad Intermunicipal de La Vera.

Las casas serranas, realizadas con mampostería, adobe y entramado de madera, cuentan con voladizos y fachadas porticadas sostenidas por columnas de madera sobre una base de granito. Entre sus monumentos destacados, y que no podemos dejar de visitar, están la Plaza Mayor porticada y la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, donde podemos ver un magnífico órgano del siglo XVI realizado en Amberes y traído del Monasterio de Yuste. La Localidad posee también dos preciosas plazas, la Plaza de España, parcialmente porticada, y la Plaza de la Fuente de Los Chorros, de muy reducido tamaño pero de singular belleza.



Garganta la Olla. El municipio cacereño de Garganta de la Olla se encuentra en la comarca de La Vera. Ubicado muy cerca de la sierra de Tormantos, una estribación de la sierra de Gredos, destaca por las gargantas que le dan nombre. En 1978 se acuerda que Garganta la Olla sea declarada Conjunto Histórico Artístico debido al buen estado de conservación de su arquitectura popular de entramado de madera y a sus casas señoriales.

Entre otros edificios representativos destacan la Casa de la Seda, en ocasiones residencia de los Duques de Alba y la Casa de Contratación de la Seda, de donde salían bellos hilos para confeccionar tejidos para la Corte. La Casa de las Muñecas destacada por su fachada de color azul y por las muñecas esculpidas en la jamba izquierda y en la cerradura. Se eligió este color en la época en la que reinaba Carlos V para delatar el uso de esta casa como prostíbulo; destino habitual del séquito que acompañaba al rey en sus viajes y estancias en Cáceres.

El edificio concejil en la plaza Mayor, porticado y donde se encuentra la “picota” del suplicio, es el lugar donde se presentaba en público a quienes contradecían la ley. El paisaje que rodea a Garganta la Olla anima a pasear por sus hermosas calles y entorno natural. Se recomienda visitar el barrio de la Huerta, la Casa de Postas, usada como posada para los viajeros.

Paseando por Garganta la Olla encontramos edificios religiosos dignos de visitar como la Iglesia de San Lorenzo, del siglo XVI, declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento. Uno de los mayores tesoros que alberga es el órgano de estilo barroco. La ermita del Santísimo Cristo del Humilladero data del s. XVI y su elemento más representativo es el altar de azulejos talaveranos.


Más información: turismocaceres.org

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