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HISTORIA. Roncesvalles 778: donde el ejército carolingio fue aniquilado por los vascones

 

Fuente: Milek Jakubiec conocido como EthicallyChallenged

El 15 de agosto del año 778 fue uno de los días más tristes en el reinado del emperador Carlomagno. Había tenido que interrumpir su expedición hispánica para acudir a sofocar una revuelta en Sajonia y, además, en el camino de regreso sufrió un feroz ataque que diezmó su ejército. Ese episodio, conocido como la batalla de Roncesvalles, se convirtió en inspiración para la leyenda literaria de Roldán, uno de los comandantes que murió en ella.

Siempre se ha dicho que la Historia la escriben los vencedores. Pero, al margen de la leyenda de la "Canción de Roldán", en el caso de la batalla de Roncesvalles (también conocida como batalla de Errozabal), la historia no la contaron los vencedores sino los vencidos. En primer lugar, porque los vascones (baskones, en euskera) no tenían registros escritos de sus andanzas y tradiciones. En segundo lugar, porque las crónicas carolingias indican claramente una gran derrota y posterior huida de Carlos (el futuro Carlomagno) con un pequeño grupo de caballeros.

La derrota del ejército de Carlomagno en Errozabal en el año 778 por parte de los vascones supuso un varapalo psicológico, social y político para el monarca. Tanto es así, que los cronistas francos no contaron lo que allí sucedió hasta 50 años después de la propia contienda y hasta varias décadas después de la muerte de Carlomagno (814). El objetivo de la campaña del futuro emperador era la de desarrollar la denominada Marca Hispánica. Es decir, crear un "reino tapón" en los Pirineos, adscrito al reino franco, para evitar el avance musulmán. Para ello, negoció con los valíes -gobernadores musulmanes- del valle del Ebro que querían independizarse del Emirato de Córdoba.

Pero, vayamos por partes y empecemos por contar cómo se fraguó el hecho histórico y el por qué de la presencia de Carlos en el norte peninsular.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

En 711 EC los musulmanes invaden la península ibérica y derrotan al último rey visigodo, Rodrigo, en la batalla de Guadalete. A partir de ese momento, las fuerzas del islam conquistaron rápidamente la mayor parte del territorio peninsular, incluida la capital visigoda, Toledo. De esta manera quedó constituida Al-Andalus. Pertenecían a la dinastía omeya que gobernaba desde su califato en Damasco. El ejército franco bajo Charles Martel finalmente detuvo la expansión musulmana hacia el norte de Europa en la batalla de Poitiers en 732 EC. Los omeyas enviaron gobernadores para gobernar el territorio en su nombre. El último de estos gobernadores, Yusuf al-Fihri, llegó a España en el 747 d.C.

Pero a pesar del liderazgo nominal del gobernador, Al-Andalus estaba sumido en el caos. Una revuelta masiva bereber en la década de 740 EC había llevado al estallido de tensiones étnicas a fuego lento entre las tropas bereberes y sirias. Al-Fihri, que dirigía principalmente a las tropas árabes yemeníes, estaba enzarzado en combate con uno de sus antiguos visires, al-Sumayl, que contaba con el apoyo de soldados árabes sirios en Zaragoza.


Una ilustración de Abd al-Rahman I , fundador del Emirato de Córdoba, r. 756-788 CE.


Los omeyas se habían centrado en Siria y los árabes, casi hasta la exclusión de otros pueblos dentro del imperio, y esto ahora volvió a perseguirlos. En la provincia fronteriza de Khurasan, el líder local Abu Muslim declaró una revuelta contra la autoridad omeya en 747 EC. Esta revolución avanzó en el núcleo del imperio y derrotó al último califa omeya en la batalla de Zab en 750 EC. El califato abasí tenía ahora el control en Damasco y el último omeya (Abd al-Raman) se vio obligado a huir de siria.

En una península dividida entró Abd al-Rahman, quien desembarcó en la ciudad española de Almuñécar en 755 d.C. Sus fuerzas tomaron Málaga y Sevilla, y luego marcharon sobre la capital provincial de Al-Andalus, Córdoba, en 756 EC. Debajo de los muros de la ciudad, Abd al-Rahman derrotó a las fuerzas de Al-Fihri. En 763 CE, Al-Ala, enviado del nuevo califa abasí, Al-Mansur (r. 754-775 d. C.),    desembarcó una fuerza abasí en la actual Portugal para enfrentarse al advenedizo omeya, Abd al-Rahman, en la ciudad de Carmona. Las tropas abasíes fueron derrotadas y Abd al-Rahman pudo, por fin, establecer su emirato con capital en Córdoba.


Principales expediciones musulmanas en el siglo VIII que expanden el dominio omeya por la mayor parte del territorio peninsular


EL REY CARLOS ENTRA EN ESCENA

De particular dificultad fue la ciudad de Zaragoza en el noreste de España. Zaragoza era musulmana, pero había sido semiautónoma desde la gobernación de Al-Fihri. Tanto él como las tierras circundantes al norte del río Ebro (Huesca, Jaca, Girona) se habían resistido a ser incorporados al Emirato de Córdoba. En el 777 d.C., Zaragoza complicó la situación en la península al pedir ayuda nada menos que al rey de los francos, Carlos I, quien, durante un año, se dedicó a preparar una expedición militar hacia la península ibérica.

Las crónicas de aquel tiempo, nos dicen que la fuerza expedicionaria carolingia estaba integrada por unas dos legiones, es decir, unos 20.000 hombres entre caballeros, infantería ligera, auxiliares y personal de servicio, además de animales de carga y suministros. El rey Carlos decidió dividir sus fuerzas en dos contingentes: uno atravesaría los Pirineos por el paso de Roncesvalles al oeste y el otro lo haría por el paso de Le Perthus - La Jonquera (Septimania), al este. Ambas fuerzas debían concentrarse en Zaragoza.

Este era el plan. Un plan complejo de coordinar y osado por la cantidad de hombres y pertrechos a transportar a través de unos pasos estrechos que apenas permitían el paso de un carro de dos ruedas. En el interim de la preparación de la campaña, la noticia de que el "vali" (gobernador) de Zaragoza había pedido ayuda a los carolingios, llegó a oídos de Córdoba. En respuesta, Abd al-Rahman preparó y envió una fuerza de castigo a Zaragoza, que finalmente se somete al gobierno omeya.

A comienzos del verano de 778 d.C., las dos columnas carolingias coinciden a las puertas de Zaragoza, pero su valí, Hussain ibn Yahya al-Ansari, no abrió las puertas, y negó haber llegado a ningún acuerdo previo con Carlos, quien humillado no tuvo más remedio que dar la vuelta y regresar a sus dominios en centro-Europa.


Ducado de Vasconia bajo Odón el Grande (c. 710-740). Fuente: Garikoitz Estornés Zubizarreta Ducado de Vasconia (Auñamendi Eusko Entziklopedia)

La Crónica de Eginardo, titulada Vita Karoli Magni, escrita entre 829 y 836, nos describe los dominios de Carlomagno.  “Él mismo [Carlomagno] en memorable guerra sometió primero a Aquitania y a Vasconia y todos los montes Pirineos y hasta el río Ebro, que nace junto a [las tierras de] los navarros”. De lo que se deduce que los carolingios consideraban el área descrita como un todo, como un solo país que iba del Garona al Ebro y desde las fuentes de ese río, hasta las del otro en los montes Pirineos y, en segundo lugar, que los vascones rebeldes al poder carolingio, aglutinados en torno a la Iruña de Pamplona, se denominaban a sí mismos navarros.

El rey de los francos, Carlomagno, entabló negociaciones con al-Ansari y llegaron a un acuerdo. A cambio de la partida de los francos, Carlomagno recibiría una gran suma de oro y varios prisioneros. Aunque no era lo ideal, esta solución era aceptable ya que el rey franco tenía prisa por levantar el asedio ya que le habían llegado a Carlomagno noticias de que la Marca de Sajonia estaba conociendo una rebelión y que su ejército era necesario en el norte de su Imperio para imponer orden entre los rebeldes sajones.

UN PENOSO REGRESO

Esto provocó que las dos legiones que conformaban el ejército de 20.000 combatientes -cada legión estaba conformada por 10.000 hombres, de los cuales 6.000 pertenecían a la infantería, 1.000 a la caballería y 3.000 eran asistentes- tuviesen que retroceder hasta la capital navarra. Las crónicas no dicen que cada columna carolingia regresase por donde habían venido, sino que el "grueso" del ejército de Carlos dio media vuelta y se dirigió a la capital de los vascones peninsulares, Pamplona.

Por entonces, Pamplona era una urbe relativamente grande. Tal vez no tanto como Zaragoza pero podría albergar hasta unos 300.000 habitantes. Carlos incendia y saquea la ciudad "para evitar futuros levantamientos". La destrucción de Iruña, junto con el duro trato que recibió el pueblo vasco, predispuso a los vascones a luchar en su contra.

Las crónicas no dicen que la muralla de Pamplona fuese destruida, acto que llevaría mucho tiempo y los carolingios "tenían prisas", pues no querían detrás tras de sí fuerzas vasconas que pudieran hostigarles mientras se dirigían al paso de Ibañeta, en Roncesvalles.


Indumentaria y armamento (supuestos) de guerreros vascones del siglo VIII. Fuente: «Amaya o los vascos en el siglo VIII» de Navarro Villoslada


El contingente carolingio se dividió en tres grupos. A la vanguardia iba la caballería pesada abriendo y despejando el camino de eventuales asaltos o emboscadas. En el centro iba el rey Carlos con la impedimenta y los frutos del saqueo. En la retaguardia, la infantería ligera y personal auxiliar.

El camino era estrecho y sinuoso atravesando un bosque de hayas, con apenas espacio para que una gran fuerza armada pudiera maniobrar. El símil podría ser la batalla del bosque de Teotoburgo en el año 9 d.C donde tres legiones romanas de Varo fueron destrozadas por una coalición de tribus germanas al mando de Arminio. Aunque el principal enfrentamiento tuvo lugar el 15 de agosto, cabe pensar que desde su salida de Pamplona, las fuerzas carolingias serían hostigadas de forma permanente. También cabe pensar que los tres grupos avanzaban a distinta velocidad y que el trayecto hasta Roncesvalles les tomó unos 5 días. Esto da margen suficiente al hostigamiento continuado, máxime después de lo acontecido en la capital navarra.

Perfil del recorrido de las tropas carolingias desde Pamplona hasta Donibane Garazi. Fuente: Xabier Irujo


El camino es un ascenso continuado de unos 40 kilómetros desde Pamplona hasta el alto de Ibañeta (1057 m) en Roncesvalles, para luego descender rápidamente a través de Valcarlos en apenas 20 kilómetros para situarse a unos 175m sobre el nivel del mar en la localidad aquitana de San Juan Pie de Puerto. Es decir, un calvario para una fuerza tan numerosa y con escasas posibilidades de maniobra.


Fuente: HRM Ediciones


LA BATALLA ESTÁ PRÓXIMA

Los vascones, aunque no tan bien armados como los caballeros carolingios, sí tenían experiencia militar por anteriores y frecuentes enfrentamientos con visigodos y musulmanes. Su armamento sería ligero, posiblemente irían armados con arcos y flechas, lanzas y espadas cortas. Un armamento idóneo para un enfrentamiento en zona boscosa y sin posibles caminos que permitiesen una escapada fácil de los francos.

El hecho de que en las crónicas se utilice el término "vascones" en genérico y no vascones navarros,  hace pensar que Lupus Otxoa, rey de la Vasconia Continental, participó en aquella batalla (hay fuentes que no dan crédito a la participación de vascones continentales). Es decir, bien podría tratarse de una coalición de tribus vasconas a ambos lados de la muga. La referencia a la presencia musulmana en el bando vascón tiene su origen en La Chanson de Roland, pero no existe ninguna crónica franca ni árabe que afirme dicha cuestión. De hecho, las fuentes musulmanas ni siquiera citan la batalla porque "no les concernía, no participaron en ella".

Tras arrasar Iruñea, se internó en el valle de Errozabal, donde fue emboscado por los vascones. La fuentes francas hacen referencia a la batalla que tuvo lugar en el puerto de Zize, entre Ibañeta y Luzaide, y en "eso fueron muy precisas". Los vascones utilizaron a su favor la desigualdad del terreno, "atacando desde arriba en un paso estrecho de montaña", y aprovecharon su armamento. Los vascones portaban azconas -lanzas cortas-, que utilizaron como proyectiles, y no piedras, como se pensaba hasta ahora.

Los atacantes provocaron "una batalla campal" y un "ataque cuerpo a cuerpo", según recogen las fuentes en latín, donde se utiliza el término "certamen", hecho que desmiente que la contienda fuese una mera "escaramuza". La ligereza de los movimientos de los vascones, frente a unos carolingios ataviados con ropajes para la lucha en campo abierto, fue lo que determinó la batalla. Por razones estratégicas, el ataque masivo del 15 de agosto de 778 tuvo lugar al bajar el puerto y aniquiló al ejército carolingio.

Fuente: HRM Ediciones

Los vascones aprovechándose de su gran conocimiento acerca del terreno, diezmaron a los francos, saquearon sus carros cargados de equipaje y capturaron gran parte del oro recibido como botín por el valí de Zaragoza.

NO SE ATACÓ LA RETAGUARDIA 

Las últimas investigaciones desmienten la versión que dice que los vascones no atacaron la retaguardia y se hicieron con el tesoro del ejército. A partir de tratados militares de aquel tiempo, se ha conseguido saber en qué posiciones marchaban los ejércitos cuando debían pasar por caminos angostos y dónde se situaban el tesoro real o las provisiones.

Siempre y en todo lugar y en todo momento histórico, detrás de la vanguardia viajaba el rey y detrás de este marchaba la impedimenta. Las fuentes francas indican que el ataque se produjo detrás de la caravana de provisiones, por lo tanto, los vascones arremetieron al "cuello" de la columna, separando a la avanzadilla carolingia y a su rey del resto del contingente, de manera que "todo el ejército" fue afectado. 

El ataque a la retaguardia viene de la leyenda de La Chanson de Roland que coloca a Carlomagno fuera del epicentro de la batalla para poder exonerarlo y hacer ver que no estuvo y, por lo tanto, no fue vencido. El ataque vascón lanzando rocas desde lo alto de un acantilado es pura leyenda que solo pretende esconder la verdadera magnitud del desastre franco.

Estado actual del puerto de Zize entre Ibañeta y Guardiano


Pero, según estas investigaciones, Carlomagno sí fue derrotado y "huyó precipitadamente del campo de batalla". Si bien la marcha de la tropa fue de 8,5 kilómetros al día, la velocidad de la huida de Carlomagno hasta que llegó a Herstal, en Bélgica, "se ha calculado científicamente" que fue de 27 kilómetros por jornada, postas y dos paradas registradas, incluidas. Es decir, huyó con unos pocos caballeros sin preocuparse de lo que dejaba atrás. Tal fue la magnitud del desastre, que Carlomagno no pudo planificar ninguna campaña militar hasta pasados dos años tras el desastre de Roncesvalles.

Allí sucumbieron el senescal Eginhard, el conde de palacio Alselmo, Roland (duque de Bretaña), Beltrand, Ojier de la espada corta, Guillermo de la nariz curva, Olivier, el obispo Turpin… los nobles más conocidos del imperio carolingio, pero, probablemente, no los únicos caballeros de la nobleza imperial que dejaron su vida en tierras vasconas.

Mapa del lugar de la batalla a lo largo de río Luzaide, entre las localidades de Roncesvalles y Valcarlos. Las posiciones de ataque vascones se situarían a ambos lados de Valcarlos y al oeste aguas abajo del cauce del río


LAS CONSECUENCIAS 

La derrota en Errozabal-Roncesvalles provocó ciertas consecuencias en Carlomagno. La primera, psicológica, dado que creyó que había perdido el favor de dios, de hecho, fue una de las pocas batallas que perdió en su vida. Por ello, al llegar a Herstal, su hogar de nacimiento, solicitó la bendición de la Iglesia y también nuevos fondos.

Además de estas consecuencias económicas y psicológicas, la derrota también tuvo consecuencias políticas, dado que hubo ciertos alzamientos en Sajonia, que fueron atajadas con "mucha sangre" y "violencia", al tiempo que  la Vasconia peninsular y la Aquitania continental también se liberaron, en cierta manera.

LA CRUZADA 

Carlos I era nieto de Carlos Martel, el hombre que en el año 732 había puesto freno a la expansión musulmana por Europa en la batalla de Poitiers. Como hombre de profunda fe, el sueño de Carlos I era seguir los pasos de su abuelo y retomar la península Ibérica a los emires de Córdoba. Sin embargo, teniendo varios frentes bélicos abiertos se tenía que conformar, por el momento, con crear una zona colchón al sur de los Pirineos, la mal denominada Marca Hispánica.

La Marca Hispánica fue una de las primeras contiendas europeas "vestidas" como Cruzada de la Historia. En las crónicas no se registra de forma explícita el término "cruzada" pero sí es un hecho el que Carlomagno se preocupase de que el Papa bendijese la campaña. De esta manera, La Chanson de Roland permite que se convierta en una "cruzada contra el Islam, uniendo elementos propios de la Reconquista".

Y es que de acuerdo con la leyenda, es Santiago quien se le aparece a Carlomagno en un sueño para que emprenda esta campaña. Todo esto se genera a partir de la política. Es como se forja la leyenda.

Unos cuantos años después Carlogmano establecería la Marca Gótica en el Norte de Cataluña con la Septimania, lo que dio lugar a los condados catalanes. Como si se tratara de una maldición, Roncesvalles fue el escenario de una segunda derrota carolingia en el 824, bajo el reinado de Ludovico Pío, hijo y sucesor de Carlomagno. En esa ocasión, una alianza de jefes cristianos y musulmanes frustró el intento del rey franco de ampliar la Marca Gótica hacia el oeste. Esta segunda derrota facilitó la fundación del Reino de Navarra, impidiendo definitivamente una ulterior penetración franca en la península.

(Carlos I el Grande; Aquisgrán, 742 - Aix-la-Chapelle, 814) Monarca germánico que restauró el Imperio en Europa occidental. Hijo primogénito del rey de los francos, Pipino el Breve, heredó el trono al morir su padre (768) y lo completó con los territorios orientales concedidos a su hermano Carlomán, al morir éste en el año 771.


CARLOMAGNO, ¿GENOCIDA? 

Estos hechos nos hacer recelar de la visión de Carlomagno como "padre de Europa". Según investigaciones de Raphael Lemkin, experto en estudios sobre el genocidio, dejó por terminar antes de morir una Historia del Genocidio en el que dedicaba un capítulo al propio Carlomagno.

Según Lemkin, la "política imperial" de éste "fue genocida", dado que el poder de su reino se basó "en suprimir los patrones culturales de los pueblos subyugados". Carlomagno dictó Capitulares -leyes- muy estrictas que tenían como objetivo aplicar una política de "tierra quemada" y no solo conquistar las naciones militarmente, sino también "las almas" de los subyugados.

“… genocidio no significa necesariamente la destrucción inmediata de una nación… pretende designar un plan coordinado de diferentes acciones encaminadas a destruir los fundamentos esenciales de la vida de los grupos nacionales. Los objetivos de dicho plan serían la desintegración de las instituciones políticas y sociales, la cultura, el idioma, los sentimientos nacionales, la religión y la vida económica de los grupos nacionales y la destrucción de la seguridad personal, la libertad, la salud, la dignidad e incluso la vida de las personas ... no por sus cualidades individuales, sino como miembros del grupo nacional ”(R. Lemkin, 1944).


Carlomagno internándose en el puerto de Zize. Vidrieras de la catedral de Chartres


Más información: Xabier Irujo. "778: La batalla de Errozabal en su contexto histórico", Volume 81 (Biblioteca de Cultura Vasca), 2018.

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