Subscribe Us

TURISMO. Escapada a San Esteban de Gormaz (Soria)

 


Situada en la falda de una colina, en terreno montañoso, con las aguas del Duero bañando mansamente sus tierras y a setenta kilómetros de Soria, se encuentra la villa de San Esteban de Gormaz, escenario de innumerables batallas, testigo del paso del Cid y sus huestes en busca del infiel, tierra donde Castilla cambia de color para dar más y mejor sabor a sus vinos, los caldos de la ribera del Duero. San Esteban de Gormaz fue declarado Conjunto Histórico en el año 1995.

En el Cantar de mio Cid, San Esteban es citada reiteradamente; esto y el conocimiento de la toponimia de los alrededores, aunque en ocasiones con errores geográficos, ha llevado a pensar a algunos estudiosos que el poeta anónimo pudiera haber vivido o ser oriundo de esta localidad. Lo cierto es que San Esteban y sus alrededores juegan un papel muy importante en el poema. Es precisamente en esta población, de la que el Cantar dice de sus habitantes que son mesurados y prudentes, donde las hijas del Cid son cuidadas tras la afrenta sufrida en el robledal de Corpes por los infantes de Carrión.

Gentilicio de San Esteban de Gormaz: sanestebeños, aunque también reciben el apodo de "los arrascapostes".


UN POCO DE HISTORIA

Villa de mucha historia, de su pasado nos dan cuenta las antiguas construcciones de adobe, sus casonas y sus curiosas y típicas bodegas. De su valor guerrero aún nos hablan los restos de murallas que vemos a nuestro paso, varios torreones, un cubo militar, el arco de la entrada a la villa y las piedras de su viejo castillo.

San Esteban de Gormaz fue primero poblado arévaco y luego ciudad romana. Precisamente el viajero curioso, si se fija con atención, podrá encontrar en su paseo por las calles de la vieja San Esteban algunas estelas funerarias y teselas romanas en los muros de las casas de la villa, utilizadas como simple sillerí­a para la construcción. En el Molino de Ojos se ha encontrado gran número de lápidas, relieves militares, estelas y miliarios que dan fe de su importancia, y de cómo en época romana, San Esteban se constituyó en mucho más que un mero cruce de caminos.

Con el correr de los siglos fue una plaza fortificada, conocida como el Castro Moro, con un castillo, llamado el Viejo, por la que peleaban musulmanes de la talla de Abi Abda, cuya cabeza exhibió Ordoño II sobre las murallas de San Esteban, o de Abderramán III, quien se apoderó personalmente de la villa en el 920, harto de tanta derrota árabe, o del caudillo poeta Galib cuyo único propósito fue que "la sangre de tanto infiel enturbie del Duero el agua" o el propio Almanzor, quien vengó la traición de su propio hijo ordenando su muerte.

Por parte castellana, todavía resuenan aquí los nombres de Fernán González, conde Castilla, y de su hijo Garci Fernández, o Sancho García. Pero tuvo que ser el Cid quien recuperar definitivamente San Esteban en 1054 de las manos musulmanas, convirtiéndola en territorio del reino de Castilla. A partir de ese momento, su gran benefactor sería el rey Alfonso VIII, quien había sido hospedado por Pedro Núñez, señor de San Esteban, en su castillo a la edad de siete años para evitar que siendo infante cayese bajo la tutela de su tío Fernando II de León. Allí se reunirían las Cortes y pactaría el matrimonio de su hija Berenguela con Conrado de Hohenstaufen.

En el año 1187 se celebraron en San Esteban de Gormaz las primeras Cortes de Castilla. Por entonces San Esteban contaba con más de 3.000 almas, cifra de población muy similar a la actual.

QUÉ VER EN SAN ESTEBAN

El castillo de Gormaz tuvo un lugar destacado en la historia. Testigo de mil batallas, surge en medio de estos parajes, a lo lejos, vigilante, en un altozano de la llanura. Junto a esta fortaleza se abre paso una hilera de atalayas, construidas para facilitar en envío de mensajes entre las distintas fortificaciones.


De origen musulmán, pero remodelado tras la conquista cristiana por parte del Cid, el edificio solo es una pequeña muestra de lo que fue en el s. X. Un trozo de las murallas domina el altozano junto al mirador que permite ver el pueblo desde una hermosa panorámica junto a los Campos de Castilla, hermosos hasta donde la vista alcanza. Cerca de lo que queda del muro protector es posible ver alguna de las habitaciones de las que dispuso, junto a los aljibes y al llamado pozo Lairón, desde el cual los habitantes del castillo resistían a los envites de los asedios enemigos.

También lo ocupa la iglesia de San Miguel, construida en el año 1081, uno de los edificios más antiguos del románico en España. Su fábrica es sencilla, de una sola nave con un ábside y el típico pórtico en la fachada sur. En sus capiteles se representan un sinfín de batallas y escenas de juglares muy típicas del arte musulmán. 

La galería porticada es lo más bello del conjunto. En el frente meridional se abren siete arcos que descansan sobre capiteles decorados con estructuras fortificadas, soldados, una serpiente atacando a otro animal, un músico tocando un cordófono, Daniel en el foso de los leones, un pavo real, un jinete, una rapaz con una presa, una danzarina y otros personajes, todos trazados con una pericia técnica ruda.


En la nave encontramos techo de madera; en la cabecera, una bóveda de horno en el hemiciclo absidal y de cañón en el presbiterio. El arco triunfal apea sobre capiteles figurados que representan leones y toda la capilla se engalanaba con pinturas murales tardogóticas de las que quedan algunos restos. La torre es posterior al resto del edificio, probablemente de la segunda mitad del s XII. Se concibió como una estructura independiente, pero más tarde se unió al templo mediante un pasadizo abovedado. 


Canecillo románico. El libro incluye la fecha de construcción de la iglesia de San Miguel (1081). San Esteban de Gormaz / ALC


También hay que mencionar la existencia de algunos sillares con tableros de juego (alquerque) reutilizados en el pórtico: un alquerque de nueve en la esquina suroeste y otro de doce en el banco o pódium. Se trata de juegos de origen muy antiguo que traerían a la península romanos o musulmanes. Alfonso X los incluyó en su Libro de juegos, así que su uso estaría extendido. Es la obra más característica de San Esteban, la que mejor lo identifica con su pasado, la más bella por su primitivismo y sencillez.

Torre campanario de la iglesia románica de San Miguel. San Esteban de Gormaz y tablero de alquerque, Soria / ALC


La iglesia de Santa María del Rivero ha visto desde su galería porticada los cuerpos yertos de miles de soldados. Su construcción data del siglo XI, después de que la villa fuera arrebatada de las manos a Almanzor en el año 994. De su pórtico primitivo solo han llegado hasta nosotros cinco arcos originales en el frente sur y dos en el este. Su portada tiene un arquivolta sin tímpano y un fuste que recorre todo el arco; a su izquierda se conserva una interesante hornacina sepulcral de estilo renacentista.


La galería porticada, lo fundamental del monumento, conserva originales cinco arcos del frente meridional y los dos que forman el costado oriental. En los motivos de sus capiteles hallamos figuras humanas y animales: una sirena de doble cola junto a dos hombres, un jinete con lanza acompañado de un león devorando a su presa y dos soldados con indumentaria musulmana, dos águilas, Sansón desquijarando al león, un tañedor de fídula, dos soldados entre hojarasca, tres rapaces con sus presas y dos posibles juglares junto a un oso.

La cornisa del sector románico del pórtico se apoya en canecillos figurados con diversos animales y personajes: aves, leones, un lector, un clérigo con báculo y un soldado con escudo. Desde el punto de vista escultórico, la dependencia respecto a la iglesia de san Miguel es evidente, así que la iglesia de Nuestra Señora del Rivero pudo empezar a construirse en los últimos años del s XI o inicios del s XII.

Durante las obras de restauración realizadas en 1853, se encontró un tejido de origen musulmán que resultó ser uno de los extremos del almaizar (turbante) de Hisam II (califa de la dinastía Omeya desde el 976 al 1013). La decoración se divide en tres espacios horizontales: la central es de color negro con 13 medallones octogonales (dos de ellos con figuras humanas y el resto cuadrúpedos y aves) y las 2 laterales muestran una decoración epigráfica con letras cúficas. Dice así: “En el nombre de Allah, clemente y misericordioso, la bendición y la prosperidad estén con el califa Hisam, favorecido de Allah y príncipe de los creyentes”. 


Sobre el hallazgo de semejante reliquia histórica en la localidad hay dos teorías: que se hubiera obtenido tras una victoria del bando castellano hacia el musulmán (la única fecha del reinado de Hixem II en que los musulmanes no son derrotados es en el año 978, cuando el Conde Garcí Fernández y Sancho de Navarra derrotan a Orduan, lugarteniente del Califa) o que hubiera sido un obsequio (en cuyo caso se plantea la posibilidad de que el hijo de Almanzor, Abd Allah, lo diera como presente cuando se pasa al bando cristiano y se refugia en San Esteban de Gormaz en el año 989).

Escasos restos, dispersos por la villa, de la antigua muralla medieval iniciada en el siglo IX y posteriormente reforzada y modificada por árabes y cristianos. Originalmente la muralla descendía por las laderas del castillo hasta abrazar y proteger la parte antigua de la villa, alternando los lienzos con torreones defensivos –cuadrangulares y semicirculares- y puertas de acceso. La muralla tenía forma pentagonal. Los restos más significativos serían los del torreón de la puerta del Rastro (reconocible por el blasón del siglo XVI del marqués de Villena y Conde de San Esteban); los del torreón de la calle Posadillas, con piedra de sillería laboriosamente trabajada; los del cubo de la puerta de San Gregorio o los restos de la calle Pescadores. 


En la plaza Mayor se ubica el arco de la villa o Puerta de Castilla, el principal acceso en tiempos medievales que conectaba el corazón de San Esteban con el puente sobre el río Duero. Puede reconocerse por el escudo que hay en la parte interior, con los blasones de don Diego I López Pacheco el Grande, V conde de San Esteban de Gormaz (1501-1529).

A su paso por San Esteban de Gormaz, el río Duero se bifurca y crea una zona llena de islas verdes que permiten disfrutar del paso tranquilo de sus aguas. Justo en esa zona, durante la Edad Media, se construyó su puente medieval, un paso de piedra que ha resistido a los envites de las crecidas, de las tormentas y del viento de manera impecable. Orgulloso recuerdo medieval, por él pasaban los vecinos y comerciantes que se dirigían hacía el sur de Soria o por el contrario, venían al norte para visitar este precioso pueblo castellano-leones. 


Anchos y numerosos arcos, sostenidos por enormes sillares, sujetan el puente que fue frontera entre cristianos y musulmanes y que ha sufrido numerosas reformas para adaptarlo al paso del tiempo y a los medios de transporte: los coches y camiones han provocado la casi total desaparición de los 'apartaderos' semicirculares.

El Puente Medieval sobre el río Duero, a lo largo de su vida ha sufrido cuantiosas restauraciones y reformas, seguramente se fundamenta en otro de origen romano. No olvidemos que aunque al puente nunca le hayan dado la importancia que realmente ha tenido y tiene, fue una importante frontera entre moros y cristianos, además de un paso muy importante para acceder a las tierras del sur y viceversa, de ahí que fuera y sea una de las puertas de Castilla. La historia acaecida aquí no hubiera sido la misma sin el puente.

OTROS ATRACTIVOS DE SAN ESTEBAN

El Ayuntamiento ha abierto en un idílico paraje el Parque temático del románico, donde el viajero puede conocer de cerca los principales templos románicos de Castilla y León a través de un paseo entre las maquetas que los representan. Asimismo se puede visitar el Ecomuseo Molino de los Ojos y el Lagar de San Miguel


El Ecomuseo del Molino de los Ojos, edificio original que data de 1784, está rodeado de álamos y chopos centenarios, sauces, arces y castaños de indias; manantiales de los ojos que brotan de la tierra produciendo un burbujeo constante; jilgeros, ruiseñores y otras aves de la ribera junto al río Duero con sus cangrejos señal, truchas y bermejas dan vida a su entorno. Todo ello hacen de este espacio un lugar de visita obligada para los amantes de la naturaleza y de los oficios perdidos como el de molinero

El Parque del Románico nace desde un respeto escrupuloso hacia los valores locales intrínsecos y el amplio legado patrimonial heredado: naturaleza, monumentos, arquitectura tradicional y, por supuesto, sin olvidar el patrimonio humano y sus tradiciones, tomando como estrategia la divulgación del arte románico para contribuir al desarrollo de la zona en todas sus vertientes.



Y no puede faltar en una localidad ribereña como ésta, el barrio de bodegas subterréaneas y lagares, epicentro de las meriendas sanestebeñas.


El vino de la ribera soriana es selecto por seguir un proceso natural y tradicional, sin dar la espalda a la innovación, viñedos viejos que ven pasar el tiempo que ya es historia y nos recuerdan a las gentes que aquí vivieron y cuidaron la tierra con mimo. Hoy recibimos su herencia de buenos caldos. Son vinos excelentes por la tierra que los acoge entre el sistema Ibérico y el S. Central, marcado por la climatología y la altitud. El carácter también lo aporta la rica genética de los viñedos viejos en pequeñas parcelas de cepas centenarias y el trabajo de los enólogos de las bodegas sorianas que priman la calidad sobre la cantidad.

Subiendo a la Peña Magadena está la Cueva de las Salinas, una galería con 19 grabados, protegida como "Bien de Interés Cultural". 

Si hablamos de naturaleza, la etapa de la Senda del Duero GR-14 recorre San Esteban de Gormaz gracias a su ubicación a la vera del Duero, río sorteado por el fantástico puente medieval de piedra, dejando una isleta caprichosa llamada "El Sotillo". Esta localidad soriana también forma parte del Camino del Cid en su etapa de destierro y de la Ruta de la Lana, un camino comercial que transportaba la lana de La Alcarria y los paños de Cuenca, miel y cereal hasta Medina del Campo y Burgos, y que a día de hoy cruza la localidad hasta llegar a Mecerreyes (Burgos), siendo uno de los puntos de paso de los peregrinos hacia Santiago de Compostela.

En la época estival, dos zonas de playa fluvial bañadas por el mismo Duero permiten aliviarnos del calor ribereño en este municipio vertebrado por nuestro gran río.

El enoturista, además de la visitas citadas, también puede degustar buena gastronomía en San Esteban de Gormaz, siendo el lechazo el punto común representativo de toda la Ribera del Duero.

Las fiestas patronales de este municipio soriano se celebran en honor a la Virgen del Rivero y al Santo Cristo de la Buena Dicha (primer fin de semana de septiembre). La Semana Santa se celebra desde el siglo XVI con la solemnidad característica castellanoleonesa. El resto del año, San Esteban de Gormaz sigue festejando de forma variopinta: desde un belén viviente y la carrera de Reyes, pasando por las jornadas gastronómicas "Tapea Ojalado" y la feria del vino y la alimentación, hasta la velada de San Juan, la noche de música y velas, la concentración de charangas, el día de las Peñas o el mercado medieval. 




Información práctica

Ayuntamiento: Plaza Mayor, 1 (42330). Teléfono: 975 350 002

Correo electrónico: ayuntamiento@sanesteban.com

Web: www.sanestebandegormaz.org

Información turística: www.sorianitelaimaginas.com.

Publicar un comentario

0 Comentarios