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SOCIEDAD. El engaño del término "balance neto" en materia de emisiones de CO2

 


Puede tratarse de una cuestión de ignorancia colectiva, de desinterés generalizado en la ciudadanía o de no arriesgar "votos" por parte de la clase política. 

Sea como fuere, el término "neto" es un concepto claro, se aplique a lo que se aplique. Para obtener un resultado "neto" antes habrán habido contribuciones positivas y negativas al asunto objeto de valoración. Un resultado "neto" puede ser positivo, negativo o neutro (cero). 

En un resultado "neto cero" las aportaciones positivas son iguales a las negativas. Es decir, no existe un cese de aportaciones al balance final.

Si esto lo traducimos al CO2, un balance "neto cero" significa que habrá países que sigan emitiendo CO2 a la atmósfera y otros que no lo hagan a través de las energías renovables (solar y eólica, principalmente). De ahí resulta el mercado de emisiones de CO2 que tanto quebradero de cabeza está dando en la tarifa eléctrica (al margen de la especulación y fraude de ley en el uso de agua embalsada).

Habrá quienes se sientan cómodos con el objetivo de un balance "neto cero" en emisiones de CO2 dentro de 20 o 30 años. Pero a la vista de los incendios de 2021en California, Grecia, Turquía, Italia... tal vez deberíamos reconsiderar tal objetivo.

El objetivo final no debería ser un balance "neto cero" sino simple y llanamente, "DEJAR DE EMITIR CO2" a la atmósfera "YA", máxime sabiendo que el CO2 tiene una vida media de unos 100 años y que lo que ya hemos emitido NO VA A DESAPERACER de la noche a la mañana. Es decir, el calentamiento global no se va detener.

Dicho lo dicho, da que pensar que las grandes potencias de este planeta (EE.UU., China y Rusia) sigan "tocando la flauta" en este asunto, como si ellos no fueran a experimentar ningún daño colateral o directo. Da que pensar, también, que se sigan destinando "dineros públicos" a investigar nuevos "biocombustibles" o motores de combustión interna "más eficientes".

¿No nos estamos enterando de qué va esta película? ¿Nos hacemos "un egipcio" mirando a otro lado pensando que no nos va a afectar? ¿Tan ingenuos e irresponsables somos ante lo recogido en el último informe del panel IPCC-ONU sobre cambio climático? ¿Qué más desastres tendremos que experimentar para entender que nos va en ello nuestra propia existencia como especie animal?

Les voy a poner como ejemplo un símil que todos entenderán (o al menos deberían). Cuando se declara el "estado de guerra" inmediatamente se moviliza a toda la población en edad de combatir y se confiscan todos los medios materiales necesarios para hacer frente al desafío. Y esto se hace "inmediatamente", sin esperar a que el enemigo te de tregua o te avise que va a atacar con 24h de anticipación.

Tal vez no seamos conscientes de ello, pero estamos en guerra, nuestro enemigo es el CO2 y nuestros generales (la clase política) se dedica a "aguantar el golpe" en lugar de "contraatacar" para derrotarlo. Para ello, primero hay que estar preparado, tener las armas adecuadas para hacer frente a la amenaza y esto es lo que no se ha hecho cuando ya, tal amenaza, se vislumbró en la cumbre de Kioto el siglo pasado.

Ahora, los científicos nos aseguran que el objetivo de París (+1,5ºC) no se va a cumplir y que lo vamos a superar. Y a pesar de ello, seguimos sin tomar decisiones drásticas que tal vez no sean políticamente muy populares, pero tampoco lo es la experiencia en vida de un estado de guerra permanente.

Una historia de prestar atención a la ciencia

El escrutinio de las políticas climáticas de Australia será particularmente severo en la reunión de Glasgow, dado que el gobierno de Morrison no implementó políticas sustantivas para reducir las emisiones. Podemos esperar una presión internacional renovada sobre Australia para que se comprometa con emisiones netas cero para 2050 y establezca un plan nacional para descarbonizar la economía en esta década.

Para aquellos que creen en el poder de la ciencia, el hecho de que  actúen con urgencia es frustrante, por decir lo mínimo. Hemos actuado sobre las preocupaciones de los científicos en el pasado. De hecho, fueron científicos como James Hansen de la NASA quienes pusieron  en la agenda en 1988, lo que desencadenó negociaciones internacionales.

La preocupación científica por el creciente agujero en la capa de ozono impulsó el Protocolo de Montreal de 1987 , un acuerdo internacional para frenar el uso de sustancias que agotan la capa de ozono. Y, por supuesto, el asesoramiento científico está guiando la respuesta del gobierno a la pandemia de COVID-19.

Hay muchas razones por las que en la actualidad no se están atendiendo las llamadas de los científicos del clima. Pero un factor ha sido particularmente exitoso en retrasar la acción climática: las campañas de desinformación científica. Estas campañas dañan la comprensión pública de la ciencia, erosionan la confianza en los resultados de la investigación y socavan las políticas basadas en la evidencia.

Enlodar las aguas

La investigación ha demostrado que las campañas de desinformación climática a menudo están respaldadas por intereses corporativos que pueden perder si el mundo pasa a un futuro con energías más limpias. Un futuro así podría traer beneficios increíbles a Australia, un país con algunos de los mejores recursos solares y eólicos del mundo.

Las campañas han causado un daño incalculable al debate público sobre la ciencia climática. Estas corporaciones han financiado asociaciones industriales, grupos de expertos y grupos de fachada (incluso actores pagados ) para movilizar un movimiento contrario a la acción climática.

Abundan los ejemplos del fenómeno. En los Estados Unidos, el gigante del petróleo y el gas ExxonMobil supuestamente supo del cambio climático hace 40 años, pero financió a los negacionistas del clima durante décadas.

La semana pasada surgieron informes de que Facebook no pudo evitar una campaña de desinformación climática por parte de la industria del petróleo y el gas durante las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado.

La guerra contra  se ha librado en Australia. Investigadores y periodistas han descrito hasta dónde han llegado las industrias del petróleo, el gas y el carbón para desafiar el consenso científico sobre el cambio climático y eliminar las políticas implementadas para limitar las emisiones.

Las empresas de medios australianos como News Corp también han sido criticadas por restar importancia a la crisis climática. No es de extrañar, entonces, que los consumidores de noticias australianos sean mucho más propensos a creer que el cambio climático "no es nada serio" en comparación con los usuarios de noticias de otros países.

Denunciando desinformación

El último informe del IPCC tardó cinco años en elaborarse. En él participaron 234 científicos destacados de más de 60 países, que evaluaron rigurosamente más de 14.000 artículos de investigación para producir su síntesis. El resultado es el informe más fidedigno y fiable sobre el estado del clima de la Tierra desde el último informe del IPCC de este tipo en 2013.

Pero como ha demostrado la historia de la acción climática, la ciencia incontrovertible no es suficiente para cambiar la aguja, en gran parte debido a la desinformación climática que engaña al público y debilita la presión sobre los gobiernos para que actúen.

Debemos llamar a los intentos de aquellos que buscan retrasar la acción climática en nombre de las ganancias, y luego contrarrestar esos intentos. Como ha demostrado el IPCC esta semana, una mayor demora equivale a una catástrofe.

Fuente: José I. Ibarra (Editor de Panorama del Henares).

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