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NUTRICIÓN. Consejos para pasar un verano sin intoxicaciones alimentarias

 


La llegada del calor favorece el desarrollo de los microorganismos causantes de las intoxicaciones alimentarias ¿Sabes cómo evitarlas?. Llamamos “toxiinfecciones alimentarias” a aquellas patologías que se producen debido a la ingestión de alimentos contaminados con agentes biológicos o sus toxinas.

Las “toxiinfecciones alimentarias” son las patologías que se producen debido a la ingestión de alimentos contaminados con agentes biológicos o sus toxinas. Dependiendo de qué las cause, pueden ser infecciones, intoxicaciones o infestaciones:

  • Infección: Ingestión de bacterias o virus vehiculados en el alimento. Son infecciones la salmonelosis y la hepatitis A.
  • Intoxicación: Ingestión de toxinas formadas por virus o bacterias en el alimento. Son intoxicaciones el botulismo y la gastroenteritis por enterotoxina estafilocócica.
  • Infestación: Ingestión de parásitos en una fase concreta de su ciclo evolutivo. Son infestaciones la triquinelosis y la anisakiasis.

Por lo general, la mayoría de estos problemas se detectan en el control e inspección de procesos alimentarios, antes de llegar a los consumidores. Pero es el consumidor quien, en última instancia, debe llevar a cabo prácticas correctas de higiene en la fase final de la cadena alimentaria. Es importante señalar también, que la contaminación microbiana, incluso elevada, puede no manifestarse en el deterioro del alimento.

10 Reglas de Oro para evitar intoxicaciones

Para desarrollarse, los microorganismos que producen las toxiinfecciones alimentarias necesitan encontrar un hábitat favorable, en el que haya disponibilidad de nutrientes, temperatura adecuada, entorno no agresivo (condiciones de acidez, salinidad, humedad). La subida de las temperaturas propia del verano aumenta el riesgo de proliferación de dichos microorganismos, incrementando el riesgo de sufrir patologías alimentarias.

Desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), han elaborado un decálogo infalible para superar el verano sin intoxicarse.

  • Consumir alimentos que hayan sido tratados o manipulados higiénicamente. Se deben evitar los productos hechos a base de leche cruda, así como las carnes, pescados y salsas (especialmente aquellas que contienen huevo, como la mayonesa), sin refrigerar.
  • Cocinar correctamente los alimentos. El calor destruye a los posibles microorganismos que “habitan” algunos productos. Para que los alimentos esté bien cocinados deben alcanzar una temperatura de 70° C en el centro del producto.
  • Consumir los alimentos inmediatamente después de ser cocinados. La mejor forma de evitar la proliferación de los gérmenes es no dejar nunca los alimentos cocinados a temperatura ambiente.
  • Un alimento cocinado es un alimento higienizado. Cuando un alimento cocinado no puede ser consumido inmediatamente, debe permanecer a una temperatura caliente, superior a los 60° C, o fría, a 5° C como máximo. En el caso de algunos pescados que puedan contener anisakis, se aconseja mantenerlos en el congelador 5 días a una temperatura de -20° C o inferior; si el frigorífico no alcanza esta temperatura se aconseja comprar el pescado ya congelado.
  • Calentar suficientemente los alimentos cocinados. Los alimentos que lo permitan, deben calentarse al máximo antes de ser consumidos. Los que no puedan ser sometidos al calor, deben ser refrigerados inmediatamente.
  • No mezclar alimentos crudos y cocinados. Los alimentos crudos contaminados pueden contaminar a los alimentos ya cocinados. El trapo de cocina o la bayeta puede ser un excelente vehículo de contaminación. Es preferible usar papel de cocina.
  • Mantener los alimentos fuera del alcance de insectos, roedores y animales de compañía. Los animales pueden ser portadores de gérmenes patógenos y parásitos que originan enfermedades de transmisión alimentaria.
  • Utilizar exclusivamente agua potable para preparar los alimentos. Solo deben usarse aguas envasadas o aguas de la red pública de distribución en la población; no se debe beber ni usar agua de pozos que no esté potabilizada.
  • No consumir alimentos perecederos expuestos a temperatura ambiente. Los alimentos deben estar protegidos por vitrinas y conservados en condiciones sanitarias adecuadas, tanto en los hogares como en los establecimientos públicos, como bares o restaurantes.

¿Cómo debo comer en verano?

¿Por qué te apetece más tomar un gazpacho o una ensalada que una hamburguesa con patatas? El verano es un buen momento para seguir la dieta ligera, como la mediterránea, te explicamos por qué. Con la llegada del verano nos apetece más consumir alimentos frescos, ricos en vitaminas y minerales y bajos en grasa, lo que hace que muchos de nosotros volvamos la vista a nuestra querida dieta mediterránea, en la que reinan platos como el gazpacho o la ensalada.

Una cuestión de temperatura

Muchas personas admiten que tienen menos hambre en verano que en invierno. De acuerdo con una revisión de varios estudios, realizada por la Universidad de Toronto, Canadá, esta circunstancia podría tener mucho que ver con el hecho de que la comida es el medio básico para asegurar la energía y que una máxima fisiológica del organismo humano es la termorregulación, es decir: el mantenimiento de una temperatura corporal adecuada. Es un hecho que el organismo genera más calor cuando asimila alimentos ricos en grasa, lo que podría hacer que evitásemos dichos alimentos de forma inconsciente cuando la temperatura ambiente es elevada.

Escucha a tu cuerpo en verano

El organismo humano es más sabio de lo que pensamos. Por eso, es normal que, en épocas de calor, tus apetencias sobre la comida cambien para una mejor adaptación a la temperatura ambiente. Estas son algunas de las manifestaciones que puedes experimentar ante el calor:

  • Tienes menos apetito, recuerda que el sistema de termorregulación del organismo necesita más grasa en invierno que en verano. Es muy posible que reduzcas tu ingesta, asegúrate no obstante que no te “saltas” ninguna comida y que sigues una dieta saludable.
  • Te apetecen alimentos fríos, sobre todo bebidas. Recuerda que lo más eficaz y sano para quitar la sed es el agua.
  • No te apetece consumir proteínas; asegúrate de que mantienes una ingesta saludable de este macronutriente.
  • Sientes demasiado calor, seguramente porque sometes a tu cuerpo a cambios demasiado bruscos de temperatura. Procura adaptarte al calor de manera gradual, refrescándote a la sombra o en la piscina, por ejemplo, evitando el contraste de aires acondicionados, ya que esto puede afectar a tu sistema de termorregulación y, como consecuencia, a tu apetito.
  • No quieres hacer ejercicio, la actividad intensa proporciona un desafío de calor adicional y puede alterar el apetito de tal manera que interfiera con las adaptaciones regulatorias normales. Minimiza la práctica de ejercicio, especialmente durante los primeros días de exposición al calor.
  • Si eres mujer, puedes tener más dificultades para adaptarte al calor, por lo que debes tener más en cuenta las recomendaciones anteriores.

Nuestra recomendación: la dieta mediterránea. Cualquier momento es bueno para seguir este patrón alimentario tan saludable y tan nuestro. Repasamos sus principales características.

¿Qué aporta la dieta mediterránea?

  • Alimentos ricos en fibra, minerales y antioxidantes:
    • Fruta (preferiblemente de temporada) 3 piezas al día.
    • Verduras y hortalizas, 2 o más porciones diarias, y que alguna de ellas sea cruda.
    • Frutos secos crudos de 3 a 7 veces por semana.
    • Legumbres entre 2 y 4 veces por semana.
    • Cereales integrales.
  • Aceite de oliva virgen.
  • Pescado, se recomienda su consumo de dos a cuatro raciones de pescado a la semana.
  • Huevos se pueden tomar de tres a siete por semana.
  • Lácteos, se aconseja 2 raciones de lácteos al día, preferiblemente leche o yogur enteros. 3 raciones para niños, mujeres embarazadas, lactantes y menopaúsicas. En caso de sobrepeso o colesterol elevado, pueden tomarse semi o desnatados.


La dieta mediterránea NO tiene (o tiene poco):

  • Carnes rojas, su consumo máximo debe ser de 2 veces por semana.
  • Sal, se recomienda no poner o poner poca sal a las comidas y evitar los productos enlatados, embutidos y precocinados por su alto contenido en este mineral.
  • Grasas “malas” como las presentes en alimentos elaborados con aceites vegetales hidrogenados o grasas vegetales (de palma o coco) y/o animales.
  • Bebidas con azúcares añadidos.
  • Alimentos ultraprocesados.

 

Para saber más:

Herman, Peter. Nutritional Needs in Hot Environments: Applications for Military Personnel in Field Operations. NCBI. 1993. 

Patrón de dieta mediterránea. Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición SEEN. 

Prevenir intoxicaciones en verano. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). Mayo, 2019.

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