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TURISMO. Escapada a Valpuesta, ¿la cuna del castellano?

 

Valpuesta (Burgos)

Álava y Burgos entrecruzan sus líneas y su historia en el valle alavés de Valdegovía. Es una tierra montañosa y apartada que en pocos kilómetros permite visitar una de las cunas del castellano (Valpuesta) y la iglesia más antigua de Álava (Tobillas). Valpuesta es un pueblecito burgalés en medio de un encantador valle arbolado. Fue muy importante en la Edad Media. De aquella época permanece la Colegiata de Santa María, edificio macizo y elegante, con aspecto de fortaleza, que destaca en la lejanía enmarcado por trigales y bosques.

Hoy viajamos al nordeste de la provincia de Burgos, a 20 kilómetros de Miranda de Ebro y a 45 de Vitoria. En concreto al monasterio de Santa María de Valpuesta, en el valle burgalés-alavés de Valdegovía. Apenas nos puede decir nada ese lugar, pero conserva una historia de postín, pues dentro de sus paredes nació el idioma español; es decir, cuando el latín vulgar dejó de serlo para convertirse en lengua romance. El origen del castellano.




UN POCO DE HISTORIA

El obispado de Valpuesta es uno de los creados ex-novo a medida que el reino de Asturias iba organizando su territorio durante su proceso expansivo. La primera noticia de Valpuesta, una pequeña localidad burgalesa en el valle de Valdegovía, procede de dos documentos datados en el año 804. En ellos un obispo llamado Juan llega a Vallis-posita donde encuentra un templo abandonado. Junto a sus compañeros, lo restaura y hace presuras en los pueblos del valle.

Sendos documentos están datados en época de Alfonso II, aunque existen serias dudas sobre la autenticidad del contenido completo de los documentos que han llegado hasta nuestros días. El siguiente obispo del que se conoce fidedignamente que tenía sede en Valpuesta es Felmiro en el 881. En el 955 el conde Fernán González acude a Valpuesta. 

Por lo tanto no es discutible la existencia de la sede de Valpuesta. Su territorio abarcaba amplias zonas de Cantabria, Burgos, Álava y Vizcaya: valles de Losa, Mena, Manzanedo, Espinosa de los Monteros, La Bureba, Tierras de Miranda de Ebro, valle de Tobalina, parte alta de Cantabria (Transmiera, Castro Urdiales, Laredo), zonas de Vizcaya como Balmaseda y las Encartaciones hasta el Cadagua. Al este lindaba con el obispado de Velegia/Álava.

Cuando al fallecer Sancho III de Pamplona parte del condado de Castilla se anexiona al reino de Pamplona, los dominios de Valpuesta van a ser incluidos en su totalidad en dicho reino. Por eso, a partir del famoso obispo Atón o Atto (1037- d. 1044), con fama de santo, parece que Valpuesta se fusiona con la sede episcopal de Oca, otra sede castellana que pasó a poder de Pamplona. 


Original del Cartulario de Valpuesta (siglo IX) en el Archivo Histórico Nacional.


Aparte del patrimonio monumental de la localidad de Valpuesta, la sede de Valpuesta ha dejado un legado de mayor importancia: los Cartularios de Valpuesta. En los Cartularios de Valpuesta, aparecen las primeras dataciones de voces y grafías en español, anteriores a las Glosas Emilianenses y Silenses, nacidas en los monasterios de Yuso y Suso (La Rioja). Hoy en día los dos primeros documentos del Cartulario de Valpuesta, datados el 18 de diciembre del 804, y donde aparece el obispo Juan y un privilegio de Alfonso II son tachados como falsos. Por lo tanto no es posible asegurar la existencia de este primer obispo valpostano.

Los también llamados Becerros de Valpuesta son una serie de documentos del siglo XII que, a su vez, son copias de otros documentos, algunos de los cuales se remontan al siglo IX, si bien la autenticidad de algunos de ellos es discutida. Están escritos en un latín muy tardío que trasluce algunos elementos propios de un dialecto romance hispánico que ya se corresponde con las características propias del castellano.




Los escribanos de Valpuesta pretendieron redactar todos los documentos en latín; pero, por una parte, carecían del conocimiento profundo de este idioma e incurrían en errores imputables a la lengua que hablaban; y, por otra, se veían forzados a utilizar esta última cuando tenían que consignar términos no latinos o cuyo equivalente latino desconocían.

Incluso la Real Academia de la Lengua (RAE) sostiene que los documentos del monasterio burgalés incluyen “términos que son los primeros vestigios del castellano y los más antiguos encontrados hasta ahora”, más que las Glosas Emilianenses o Silenses.

Algunos ejemplos de palabras recogidas en los Cartularios y que pasaron del latín vulgar a la lengua romance entre los siglos IX y XII son Cuenca, en lugar de conca; Fuero, en lugar de forum; Fresno, en lugar de fraxinum; Concejo, por concilium; Madera, en vez de matera; kasa, en lugar de domus; carne, en vez de caro; y surgen nuevas palabras como cassios (quesos) o iermanos (hermanos)

El castellano, que evolucionó en el idioma español, nació en un área más extensa que el reducido perímetro de Valdegovía. Además de ese pequeño valle, que comparte las provincias de Burgos y Álava, abarca también las Merindades de Castilla, una porción del sur de Cantabria y las Encartaciones de Vizcaya.




¿VALPUESTA O SAN MILLÁN DE LA COGOLLA?

Antes de responder a esta pregunta, conviene recordar que nos hallamos ante una disputa económica y turística antes que filológica. El latín se convirtió en castellano en un proceso abrupto y larguísimo: las palabras nuevas fueron surgiendo aquí y allá, al principio sólo en el lenguaje oral. Hacia el siglo VIII o IX, la gente del pueblo llano hablaba un latín tan andrajoso que ya no era propiamente latín.

El castellano se originó en una región aproximada (entre las actuales provincias de Burgos y La Rioja), pero rastrear la primera eclosión del idioma -una letra, una palabra suelta- en un texto latino es tarea casi imposible e incluso arbitraria.

A diez kilómetros de Miranda de Ebro, en el límite entre las provincias de Burgos y Álava, el monasterio de Valpuesta guardaba -como todos los cenobios medievales- unos cartularios que recogían copias de donaciones, compraventas, inventarios... Los cartularios no suelen ser fuentes fiables para los historiadores porque con frecuencia los monjes falsificaban estos documentos en beneficio propio. Sin embargo, un análisis paleográfico llevado a cabo por los profesores Ruiz Asencio, Ruiz Albi y Herrera indicó que algunas copias contenidas en los cartularios eran en efecto muy antiguas: en concreto, dataron 8 documentos en el siglo IX y 30 en el siglo X. 

En esos cuadernillos, los investigadores rastrearon algunas palabras que ya no se corresponden con el latín culto; vocablos como (colchón), datado en el año 935 o (corral), que aparece en el 975. En estas voces y otras similares se apoya la Junta de Castilla y León para defender la tesis de que en Valpuesta tiene su origen el castellano escrito.


Cartulario de Valpuesta (Editorial Siloé), edición facsimilar que recoge los primeros balbuceos del castellano 


El monasterio de San Millán de la Cogolla era entonces un enclave cultural de primer orden. En su biblioteca se guardaron, por los siglos de los siglos, muchos códices (y también cartularios) que todavía están por investigar. En uno de aquellos manuscritos, el códice 46, también depositado en la Real Academia de la Historia, los investigadores Claudio y Javier García Turza encontraron vestigios de palabras romances en un texto latino. El códice es un diccionario, y en sus voces y definiciones se encuentran palabras que ya pertenecen a un nuevo idioma. Al contrario que las Glosas (y que los cartularios de Valpuesta) su datación no presenta dudas porque el amanuense tuvo la feliz idea de anotar la fecha: el códice 46 se terminó de escribir el 13 de junio del año 964.

La datación de las Glosas ha sido objeto de discusión. Algunos filólogos las retrasan hasta la segunda mitad del siglo XI, aunque García Turza rechaza esta tesis: «Las lenguas cambian muy lentamente; si eso fuera así, apenas mediaría un siglo entre las Glosas y las obras de Gonzalo de Berceo, cuando la diferencia entre unos y otros textos es profundísima. Pero, además, las Glosas son en realidad el cierre de una homilía y están escritas perfectamente, sin vacilaciones y en limpio; eso demuestra que el monje había copiado una oración que probablemente sabía de memoria. Su sabor de antigüedad es tal que es imposible situarlas en el siglo XI».

Por debajo de las honduras filológicas, en esta querella entre monasterios late una contienda económica. Sea como fuere, la Unesco consideró que San Millán merecía la consideración de Patrimonio de la Humanidad por la cantidad y calidad de sus documentos, desde los copistas de Suso hasta Gonzalo de Berceo.


Retablo de la ex-Colegiata de Santa María de Valpuesta


QUÉ VER Y VISITAR

Insertado dentro del Parque natural de Montes Obarenes-San Zadornil, Valpuesta posee el título de villa y presume de contar con un rico patrimonio cultural. 

La ex-Colegiata de Santa María es uno de sus reclamos monumentales. Construida a partir de una ermita, está declarada Bien de Interés Cultural. Se trata de un templo realizado en sillería, representativo de la arquitectura gótica, que cuenta en su interior con un fantástico retablo del siglo XVI.

Otros lugares de interés son la Torre de los Condestables (siglo XV) o la casa palacio de los Zaldivar (siglo XVI), de estilo renacentista y que incluye en la portada una frase barroca: “Vive bien, que has de morir”. Toda una declaración de intenciones.

Cuando el viajero abandona Valpuesta, por el camino cortado que lleva a Mioma, puede encontrar, a un kilómetro de distancia, más o menos, el molino de Valpuesta, uno de los activos del pueblo, que ha sido restaurado en 2009. Se trata de uno de los molinos que se construyeron en Valdegovía y que hoy en día se encuentran en desuso, pero que en su momento resultaron básicos en el sustento de los habitantes de la zona.

Molino de Valpuesta. Se trata de uno de los molinos que se construyeron en Valdegovía y que hoy en día se encuentran en desuso, pero que en su momento resultaron básicos en el sustento de los habitantes de la zona. El molino consta de un edificio central, que cuenta en sus bajos con la pieza motor: una gran rueda de madera, con paletas o cangilones a su alrededor. Estas paletas son capaces de ofrecer resistencia al agua y girar sobre su eje, y así mover dos pares de piedras. En el molino valpostano, el movimiento circular se transmite a la piedra volandera directamente y se obtiene al golpear el agua en el rodete.

CERCA DE VALPUESTA

Junto al río encontramos el molino y su área recreativa, pero Valpuesta no acaba en la ex-Colegiata. Letreros de GR y PR-1 invitan a recorrer los montes y caminos del valle. El GR-1 cruza el valle de Valdegovía. Basta patear su trazado y con un pequeño esfuerzo llegar a Tobillas (9 km), ya en Álava, en menos de tres horas. Tiene de salida un tramo duro hasta Pinedo y luego se suaviza. 

A pie o en coche alcanzamos Tobillas pueblo que se estira junto al cauce del Omecillo, bajo la pared caliza del Pico Arrayuelas. Ocupa una vega y tiene buenas casas, con el año de su restauración en el dintel. Una fuente caudalosa fechada en 1860 mana con fuerza incluso en épocas de sequía. Y en la parte alta, sobre una peña, se alza la iglesia parroquial de San Román.


Iglesia de San Román (Tobillas). Esta pequeña iglesia guarda todavía algunas de las huellas de aquel primero que surgió a la sombra de la cercana diócesis de Valpuesta. A pesar de su sencillez, de su aparente insignificancia, la iglesia de Tobillas fue uno de los principales monasterios de la cristiandad de su tiempo. Alrededor de su historia inicial se pueden descubrir los primeros pasos de los seguidores de Cristo en el País Vasco, cuya datación ocupa un lugar preferente entre las controversias históricas sobre este territorio.



Se sube por una calleja asfaltada. El edificio es alargado. Conserva los basamentos y en la fachada vestigios del viejo monasterio de San Román de Tobillas, fundado en el año 822. Esta iglesia de Tobillas en la más antigua de Álava. La torre cuadrada de construcción posterior destaca sobre la nave.



Cueva de los Eremitorios (Tobillas). En la Edad Media, fueron numerosos los ascetas que salieron de las corrientes religiosas oficiales y crearon sus propios movimientos en toda la península ibérica, y también dejaron huella en Álava. Estos ascetas también se denominan eremitas o eremitorios. Huyendo de la majestuosidad de la iglesia oficial, apostaban por un estilo de vida más austero, acudiendo muchas veces a lugares apartados para a vivir en soledad.


El otro atractivo de Tobillas está en las cuevas de los ermitaños (eremitorios). Son cavidades artificiales de cámara única y tamaño reducido, morada de los ascetas que buscaban la perfección. Proliferaron en torno al siglo IV. Eran seguidores de la doctrina ascética de Prisciliano, perseguida por la iglesia y las autoridades hispano-romanas.

Un letrero y un panel indican la dirección a las cuevas. Primero vamos por la pista parcelaria hasta una nave. Un poco más arriba (letrero, derecha), un sendero bien pisado sube por el pinar. Pronto alcanzamos las cavidades, en realidad unos abrigos bajo una visera que apenas protege de la lluvia. Se visitan tres huecos excavados en la caliza, en una zona tranquila ahora sin vistas. Sorprende lo reducido de su tamaño, indicador de la precariedad de la vida de aquellos eremitas que buscaron la soledad.


Valle salado de Añana


A poco más de quince kilómetros se encuentra el Valle Salado de Añana. Desde la época neolítica, se ha producido sal en este lugar, lo que cambió por completo el paisaje y el desarrollo del pueblo. Como consecuencia de esta actividad, fue la primera localidad alavesa que recibió el título de villa en al año 1.140. En la actualidad está reconocido como patrimonio cultural y monumento histórico. Se puede decir que el vínculo entre Añana y la sal tiene miles de años. En la época neolítica se dieron cuenta de las propiedades que tenían sus manantiales y empezaron a utilizarlos para hacer sal. Sin embargo, la verdadera revolución la trajeron los romanos, que inventaron el sistema de canalizaciones, pozos y eras.


Video: Valpuesta


Para saber más:

Ruiz Asencio, José M.; Ruiz Albi, Irene; Herrero Jiménez, Mauricio: Los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta, Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.

Serrano Sanz, M.: Cartulario de Santa María del Puerto (Santoña), en Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo LXXXIII, pág. 421, con referencia al Becerro de Santa María, folio LV (Argáiz: Soledad Laureada, VI, 578).

Boletín de la Real Academia de la Historia 45, págs. 545-47, 1904

Martínez Díez, Gonzalo: El condado de Castilla, tomo I, pp. 205-206

Martínez Díez, Gonzalo: Colección Documental de Monasterio de San Pedro de Cardeña.

Ruiz Asencio, José M.; Ruiz Albi, Irene; Herrero Jiménez, Mauricio: Los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta, Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, docs. 13, 14, 15, 16, 18, 19, 32, 33 y 34.

Martínez Diez, Gonzalo: Álava altomedieval y el obispado de Valpuesta, Estudios mirandeses: Anuario de la Fundación Cultural “Profesor Cantera Burgos”, ISSN 0212-1875, Nº 29, 2009, págs. 55-172

Ruiz de Loizaga, Saturnino: Santa María de Valpuesta, Boletín de la Institución Fernán González. 2º sem. 1983, Año 63, n. 203, p. 379-399.

Manuel Carriedo Tejedo: Cronología de los obispos de Castilla en los siglos VIII-X (Osma-Muñó, Veleya-Valpuesta y Oca-Burgos), EDAD MEDIA. Revista de Historia. 5 (2002), pp. 69-116

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