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TURISMO. Escapada a Castellfollit de la Roca (Gerona)

 


Empinada a lo alto de un impresionante contrafuerte de roca sabática, en la confluencia de los ríos Fluviá y Turonell, emerge una atractiva y singular población. El que es considerado como uno de los pueblos más pequeños de España, también es uno de los más bellos. Durante milenios, los ríos Fluvià y Turonell erosionaron la roca de esta parte de la Garrotxa (Cataluña) hasta crear un enorme riscal basáltico de cincuenta metros de altura y más de un kilómetros de longitud, y en su cresta se dibuja su singular silueta.

Castellfollit de la Roca es un pintoresco pueblo que aturde al viajero por su singularidad. No exento de historia y pasado. El barrio viejo está situado sobre un riscal basáltico formado por dos coladas de lava superpuestas. Tanto que la pared de basalto sobre la que se asienta (más de 50 metros de alto y un kilómetro de largo) es fruto de la acción erosiva de los dos ríos sobre los restos de las corrientes de lava procedentes de las erupciones volcánicas que tuvieron lugar por aquí hace millones de años.

Puente sobre el río Fluvià | Shutterstock

UN POCO DE HISTORIA

Las primeras referencias históricas sobre Castellfollit de la Roca corresponden al primitivo castillo, hacia finales del siglo XI. El lugar pertenecía al vizcondado de Bas, jurisdicción feudal dentro del condado de Besalú. En 1380 la condesa Sibil·la vendió Castellfollit a la Corona, aunque hasta mediados del siglo XIV no se integró definitivamente a la jurisdicción real. Hacia finales de aquel mismo siglo, la población fue centro de la baronía de Castellfollit de la Roca, que incluía también los municipios de Castellar de la Muntanya, Montagut de Fluvià, Sant Joan les Fonts y Begudà.

Los Santapau, también barones de Mosset, fueron los señores de esta baronía, bajo cuyo dominio la villa sufrió el calamitoso terremoto de 1428, en que quedó prácticamente destruida. Posteriormente y por matrimonio, en 1460 pasó a los Cruïlles de Santapau, que a finales del siglo XVI recibieron también la baronía de Llagostera y el título de condes de Montagut. El castillo fue ocupado durante la rebelión de los remensas entre 1462 y 1485.

Hacia finales de la Guerra de los Segadores, en 1657, las tropas francesas sufrieron una severa derrota en el castillo, que sería derruido por los franceses hacia finales de aquel mismo siglo durante la Guerra de los Nueve Años. La Guerra de Sucesión (1700-1714) también registró combates cerca de la villa.

Desde 1701, las sucesiones hereditarias situaron a la baronía bajo el dominio sucesivo de las familias Negrell, Margarit, Bou y Croix. Ya en el siglo XIX, la Guerra del Francés tuvo de escenario en el municipio (1809-1810), así como la tercera guerra carlista (1874), que vio como los carlistas del general Savalls derrotaban a los republicanos del general Nouvilas.

Situado en un riscal basáltico de 50 metros de altura y 1 kilómetro de longitud, el pueblo de Castellfollit de la Roca deja una de las estampas rurales más bellas de España. FOTO: ISTOCK 


CASTELLFOLLIT Y SU ACANTILADO

La pared basáltica es fruto de la superposición de dos coladas de lava: la primera, con una antigüedad de 217.000 años, proviene de la zona de Batet y está formada por losas, mientras que la segunda, más joven, es originaria de los volcanes de Begudà, tiene unos 192.000 años y adopta formas prismáticas.

Esta magnífica acción de la naturaleza permitió dotar a Castellfollit de la única cantera activa de basalto de toda España y que se viene explotando desde 1887. Las aplicaciones que se dan al basalto extraído son, básicamente dos: una industrial como roca antiácida, y otra doméstica para decorar chimeneas o pavimentos.

Por lo que respecta al origen del nombre del pueblo, existen dos versiones: La primera dice que está relacionado con la existencia de un castillo en la zona y se justifica, ya que en el año 1096 se cita el nombre de Kastro Fullit. En referencia a la palabra ‘follit’, puede ser que derive del hecho de que la construcción es laminada, es decir, realizada en pizarra. Como en la zona no se encuentra este tipo de roca, se cree que el nombre se da por similitud con el basalto.

La segunda versión asevera que no proviene de ninguna construcción militar (en referencia al castillo) edificada sobre la pared basáltica, sino de la propia silueta que forma la misma pared, por su similitud a una gran fortaleza. En lo referente a la palabra ‘follit’, la vista nos muestra las formaciones de basalto como si fueran hojas alargadas, y de aquí el nombre que traducido al castellano es castillo del follaje.

Shutterstock

QUÉ VISITAR Y CONOCER

El núcleo antiguo de Castellfollit de la Roca, de origen medieval, está formado por plazas y calles estrechas y umbrías que invitan al paseo. Las casas, en su mayor parte, están construidas en piedra volcánica. En el extremo del precipicio se encuentra la plaza-mirador Josep Pla, con una impresionante panorámica de la que puede disfrutar el viajero. Que le permite, asimismo, comprender la posición estratégica del pueblo y sus cualidades naturales para la defensa.



Destaca para conocer y visitar la iglesia de Sant Salvador (siglo XIII), de estilo renacentista tardío, afectada por los terremotos habidos en el siglo XV en la región. Así como el campanario de Sant Roc, coronado por una cúpula decorada con pequeñas pilastras. Todavía conserva distintos sillares de basalto reutilizados y una ventana románica tardía. En cuanto al interior de la iglesia de San Salvador hay que destacar que en la actualidad se usa como centro cultural en el que se presentan exposiciones temporales. Y, sobre todo, el entorno natural del pueblo, que son sus bellezas más destacadas. Muy cerca del casco antiguo, junto al Fluvià y el Turonell, se encuentra una zona de pequeños huertos cultivados por la gente del pueblo, separados por muros de piedra.

Iglesia de San Salvador junto al mirador de Josep Pla | Shutterstock

El casco antiguo de Castellfollit de la Roca es de origen medieval y se halla sobre un riscal basáltico conformado por dos coladas de lava que se superponen. Está constituido por angostas calles medievales. La mayor parte de las casas que aquí se encuentran se construyeron con rocas y piedras volcánicas de la comarca. Castellfollit de la Roca dispone de numerosas plazas y espacios abiertos donde los niños pueden jugar y los mayores reposar. Un buen ejemplo es la Plaça de Catalunya, construida recientemente y que se ha convertido en un lugar de reunión habitual. 


Santuario del Cós y mapa de la excursión a la Muntanya del Cós donde se encuentra el santuario

También resulta muy recomendable hacer una excursión hasta el Santuario del Cós. Castellfollit se encuentra junto al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, un espacio protegido de gran valor paisajístico.


Casas y calles de Castellfollit de la Roca | Shutterstock

Algo lejos del casco antiguo se encuentra la torre del reloj, ubicada en la plaza de Sant Roc, donde también se emplaza el ayuntamiento. En su parte superior hay un reloj, que marca el ritmo de vida del pueblo, y un campanario. A los pies de la torre hay una fuente. Este reloj es fruto de una promesa realizada por un monárquico de la Garrotxa que se presentaba en 1919-1920 a diputado a Cortes. Si es pueblo le apoyaba votándole, él regalaría un reloj al mismo. El pueblo le votó y el reloj se terminó de construir en 1925.

También encontraremos el conocido como Museo de Vietnam, un equipamiento único en Europa. Se trata de una colección privada de todo tipo de elementos como uniformes, equipo, material y otras piezas relacionadas con la Guerra de Vietnam de los años 1960.

En Castellfollit de la Roca es posible visitar el museo del Embutido, inaugurado en 1993. En él está habilitada una exposición permanente que explica la historia de la conservación de la carne. De esta forma, en el museo se exponen herramientas usadas para elaborar la carne a través de distintas épocas históricas, así como fotografías antiguas, viejas máquinas, explicaciones de la matanza casera… La entrada al museo es gratuita y con ella se puede disfrutar de una degustación de algunos de los productos más típicos de la comarca.

Resulta curiosa asimismo la similitud ortográfica de Castellfollit con otra población de tierras catalanas: Siurana, en la provincia de Tarragona, también está enclavada en la cima de un alcor, con una treintena de casas en hilera a las que se accede por un desfiladero vigilado por las ruinas de un castillo árabe.



GASTRONOMÍA

Entre los platos que podemos degustar en Castellfollit de la Roca, se cuentan, el Bacalao con alioli e miel, patatas de Olot, panceta ahumada con huevos fritos y patatas, cordero a las brasas, filete de cerdo con salsa de Setas, mejilla a la brasa, entre otras que podremos degustar con un delicioso vino. No podemos irnos sin probar un rico postre, como el estrudel con nata o crema catalana, así como las famosas magdalenas en la panadería Cal Tuset.

Existen varias propuestas de restaurantes, en un ambiente cálido y con una buena atención. Lo mejor, además de lo exquisitos de los platos, son las vistas al pueblo con las que cuentan algunos de ellos.

Caserío típico de Castellfollit de la Roca


OTROS ATRACTIVOS

La Vía Romana. El primer tramo transcurre por el municipio de Castellfollit de la Roca, resiguiendo los restos conservados de la vía romana que supuestamente provenía de Besalú. No volvemos a encontrar restos hasta el Valle de Bianya, donde comienza el segundo tramo de la ruta, que desde Sant Salvador de Bianya nos llevará hasta Sant Pau de Segúries, subiendo el Collet de Capsacosta, de 6,2 quilómetros y con 420 metros de desnivel. Este tramo formaba parte de una ruta que se separaba de la gran Vía Augusta para adentrarse en los Pirineos y cruzarlos, seguramente, por el Coll d’Ares.


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Parque Natural de la zona volcánica de La Garrotxa. Castellfollit de la Roca es la entrada al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. Este parque es el mejor exponente de paisaje volcánico encontrado en la península ibérica, y también uno de los más importantes de Europa. Abarca unas 12.000 hectáreas en las cuáles se han datado más de 40 conos volcánicos y 20 coladas de lava. Aunque es una zona volcánica inactiva, no está extinguida, pues las últimas erupciones ocurrieron hace entre 15.000 y 10.000 años, por lo que se pueden considerar recientes. Conocido por su paisaje, en el parque natural de la Garrotxa se pueden ver verdes bosques que cubren prácticamente toda su extensión.


Dejando el coche junto a la para del bus, una pequeña ruta de unos 500 metros permite subir al pueblo. Es empinada, pero merece la pena. Hay que cruzar este curioso puente de madera con bases de piedra. Poco más adelante, hay otro puente sobre el río Toronell. Es el antiguo puente gótico, construido entre los siglos XIV y XVI y que se mantuvo en pie hasta las inundaciones del 3 de abril de 1970. Sobre ese antiguo puente, se construyó el actual puente metálico, pero aún se pueden ver restos góticos del antiguo.


Senderismo. Itinerario Cingleres de Castellfollit de la Roca. El itinerario comienza en el km 45,2 de la carretera. de Girona a Olot (GE-522), cerca del cruce con la carretera. de Oix (GEV-5221). Desde este punto, se debe cruzar la carretera y bajar en dirección al Fluvià. El camino sale del lado del puente y transcurre en medio de huertos situados sobre suelos muy fértiles correspondientes a antiguas terrazas fluviales del Fluvià. Sigue por la orilla izquierda del río y lo atraviesa más adelante por una pasarela de madera de construcción reciente. Al otro lado, el camino continúa en medio de huertos separados por muros de piedra seca, atraviesa el Turonell por un puentecillo, y asciende por el Camino Viejo, una calle empedrada que conduce hasta la puerta de la iglesia de San Salvador, quemada durante la Guerra Civil y que actualmente está restaurada y se utiliza como sala cultural.


Desde aquí, se puede acceder a la plaza de Josep Pla o mirador, desde donde se puede disfrutar de una hermosa panorámica sobre el valle del Fluvià. El pavimento y el mobiliario urbano de esta plaza son hechos de basalto. El itinerario transcurre por las calles de la parte vieja del pueblo hasta la plaza de San Roque, donde está el Ayuntamiento, después baja por la carretera, toma unas escaleras para salvar el desnivel del risco, atraviesa el puente sobre el Fluvià y llega de nuevo al aparcamiento de donde ha salido. Se invierten unos 45 minutos en realizarlo.

Aunque si caminar mucho no es lo tuyo, siempre puedes visitar otros pueblos cercanos como Olot o Besalú.


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