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TURISMO. Escapada a CORIA (Cáceres)

 

El viejo puente que da acceso a la Muy noble y muy leal ciudad de Coria.

Con la Sierra de Gata como telón de fondo, Coria se asoma a la fértil vega del río Alagón desde el balcón de su atalaya en el noroeste cacereño.  Sobre una altiplanicie y un ondulante paisaje de encinas, domina el ancho y feraz valle del Alagón como cabecera de ricas tierras de labor regadas por el pantano de Borbollón. Ganadería y agricultura afanan a sus habitantes, donde destaca la cosecha de tomates que la industriosa villa transforma en conservas junto con sus hortalizas.

Los días 29 y 30 de junio celebra su afamada feria de San Pedro, la más antigua de Extremadura y de gran repercusión en el comercio ganadero de la región, aunque no hay que perder de vista la del 8 y 9 de septiembre.


La vega del Alagón y el antiguo puente romano de Coria


Coria se ufana de ser uno de los recintos amurallados mejor conservados de la Europa romana. Su origen se remonta a los últimos años del Imperio. Bajo el dominio árabe y en tiempos de Alfonso VII se reforzó notablemente. Siendo su señor el conde de Gutierre Solís, se acometió la última reconstrucción en la segunda mitad del siglo XV. El casco histórico de Coria está considerado Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico, desde el 25 de mayo de 1993. La ciudad de Coria es uno de los modelos urbanísticos más destacados de Extremadura.


Vista panorámica de la villa de Coria

Construcciones civiles en el centro de Coria. A la derecha, una puerta de un palacio renacentista


UN POCO DE HISTORIA

La que andando el tiempo será la Muy noble y muy leal villa de Coria, nace con los vettones bajo el nombre de Cauria y pasa a los romanos con el de Carium. Con objeto de defender la calzada que desde Alconétar cruzaba el Tajo en dirección a Ciudad Rodrigo, a mediados del siglo IV se consolida el primitivo castro, al que se ciñe con murallas salpicadas de torres cuadradas y cuatro puertas de acceso.

Sobre el río, desde el que se accedía directamente a la población por un postigo que aún pervive, se levantó un puente. Entre ricas huertas de higueras, álamos negros, eucaliptos, tabaco, pimientos, cebollas y coles, hoy sigue en pie, aunque obsoleto, porque al caprichoso Alagón se le ocurrió labrarse otro cauce en el siglo XV.


Muralla de Coria con la Puerta del Rollo


Los romanos también construyeron un acueducto para surtir de agua a su floreciente villa de la Lusitania, erigida en sede episcopal en el año 338 por San Silvestre, siendo emperador Constantino. El arrojo de los caurianos fue muy apreciado por Roma, que les reservó un lugar de honor dentro de sus legiones, aunque en numerosas ocasiones chocó con el marcado carácter independiente que se gastaban estos recios guerreros.

Las discordias y rebeldías se suceden con la llegada de los musulmanes y muchos de los moradores de la ahora Medina-Cauria, emigraron a Asturias para pelear con don Pelayo. En el año 860, Ordoño I conquista esta plaza transitoriamente; Alfonso VI de Castilla la toma de nuevo en 1077, pero pronto vuelve a manos del moro. Por fin, el rey Alfonso VII la gana para la causa cristiana en el año 1142 y en el 1268 Fernando II se la cede a la orden militar del Temple que la convierte en centro de operaciones para la Reconquista extremeña.

Una de las torres de su gran fortaleza, una de las antiguas puertas de entrada a la villa y el bello puente romano

QUÉ DEBEMOS VISITAR

Cuajada de torres, sus sobrios muros alcanzan los cinco metros de espesor y los doce de altura. Hacia el oeste, se abre junto al castillo la Puerta del Rollo, llamada así por el que se yergue en su cercana plazuela, y la de Nuestra Sra. de la Guía, flanqueada por torres y con una imagen de la Virgen en hornacina. 


Puerta de San Pedro de Coria


En los lienzos de oriente, descansan la Puerta del Sol y la de San Pedro. Al traspasar ésta última, nos recibe una bonita ventana gótica en el viejo edificio de telégrafos, y por angostas calles de sabor morisco, se llega a su recoleta e irregular Plaza Mayor, escenario de su célebre "Toro de San Juan" (Los Sanjuanes) entre el 24 y 27 de junio, una réplica de los Sanfermines a la extremeña. Allí se alza el Ayuntamiento. En una fachada cercana hay un relieve con una cabeza romana de mármol.


La hermosa Catedral que se inició en el siglo XIII y se terminó en el XVI, es obra de Pedro Ibarra. Desde la terraza de la catedral, conocida como "el enlosado", la vieja sede episcopal se hace cruces junto al viejo puente sin río.



Entre naranjos y palmeras, su maravillosa catedral de la Asunción, obra de Pedro Ibarra, y su imponente castillo se elevan sobre el recinto amurallado. La construcción de este templo de una sola nave y arriesgada bóveda de cinco arcos de crucería estrellada, se inicia en el siglo XIII y se culmina en el XVI. La portada principal, de orden plateresco, luce tres cuerpos, y la del Evangelio cautiva al visitante con su estilo gótico florido. 

Guarda valiosos sepulcros de los siglos XV y XVI, un coro gótico y exento del siglo XVI engalanado con una impresionante reja rematada con hojas y flores, un retablo entre barroco y neoclásico, unas espectaculares palominas de hierro forjado que sostienen sendas lámparas y un bello claustro. En su sacristía se veneran una espina de la corona del Señor, la cabeza de una de las once mil vírgenes, una hoja original de la Suma Teológica y el mantel de la sagrada Cena.

Castillo de Coria

Su impecable castillo del siglo XV está formado por una sólida torre pentagonal, y al filo de las almenas de cada uno de los cinco lienzos, presenta garitas semicilíndricas que le imprimen un fiero aspecto defensivo. El castillo, de finales del siglo XV, antigua Cárcel Real, es hoy museo de la ciudad. Se levanta sobre los restos de una antigua fortaleza templaria.

El palacio de los duques de Alba, quienes compraron el señorío al conde Gutierre Solís, luce una hermosa galería de columnas con dos patios mudéjares. 

También merece la visita del viajero la iglesia barroca de Santiago. El rancio Seminario, otrora hervidero de sotanas, el puente de hierro, el convento de la Madre de Dios y la ermita de Ntra. Sra. de Argeme, patrona de Coria, ponen broche a su rico patrimonio. 




GASTRONOMÍA

Cordero, cabrito y cochinillo conforman su oferta gastronómica a través de platos destacados como el cochifrito, la caldereta, las migas y el gazpacho. Se recomienda probar la perdiz estofada y el pollo de corral en pepitoria.

Pero no solo a esto se limita la cocina de Coria. Desde hace años Coria es el epicentro de la actividad micológica regional, coincidiendo con la época del año en que brotan del subsuelo estos manjares y bajo la etiqueta de ‘Coria, Sabor Micológico’.


Más información:

https://www.turismoextremadura.com/ ; https://www.turismocaceres.org/ ; www.coria.org

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