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COVID-19. Con las vacunas NO lograremos la inmunidad de rebaño

 

Más del 50% de la población de Israel hasta ahora ha sido completamente vacunada contra COVID-19, sin embargo, la inmunidad colectiva sigue siendo difícil de alcanzar. Fuente: Kobi Wolf / Bloomberg / Getty

A medida que aumentan las tasas de vacunación contra el COVID-19 en todo el mundo, la gente ha comenzado razonablemente a preguntarse: ¿cuánto más durará esta pandemia? ¿Cuándo recuperaremos la vieja normalidad? Es un tema rodeado de incertidumbres. Pero la alguna vez popular idea de que suficientes personas eventualmente obtendrán inmunidad al SARS-CoV-2 para bloquear la mayor parte de la transmisión, un 'umbral de inmunidad colectiva', está comenzando a parecer poco probable.

En general, ese umbral solo se puede lograr con altas tasas de vacunación, y muchos científicos habían pensado que una vez que las personas comenzaran a inmunizarse en masa, la inmunidad colectiva permitiría que la sociedad volviera a la normalidad. La mayoría de las estimaciones habían situado el umbral entre el 60% y el 70% de la población que ganaba inmunidad, ya sea mediante vacunaciones o exposición previa al virus. Pero a medida que la pandemia entra en su segundo año, la forma de pensar ha comenzado a cambiar. 

En febrero de 2021, el científico Youyang Gu cambió el nombre de su popular modelo de pronóstico COVID-19 de 'Camino a la inmunidad de rebaño' por 'Camino a la normalidad'. Dijo que parecía improbable alcanzar un umbral de inmunidad colectiva debido a factores como las dudas sobre la efectividad de las vacunas, la aparición de nuevas variantes del virus y la demora en la llegada de las vacunas para los niños y más jóvenes. Este cambio de paradigma refleja las complejidades y desafíos de la pandemia, y no debería eclipsar el hecho de que la vacunación está ayudando.

A medida que surgen nuevas variantes y la inmunidad a las infecciones se desvanece potencialmente, "podemos encontrarnos meses o un año más adelante todavía luchando contra la amenaza y teniendo que lidiar con futuras oleadas".

Las perspectivas a largo plazo de la pandemia probablemente incluyan que el COVID-19 se convierta en una enfermedad endémica, muy parecida a la influenza (gripe estacional). Pero a corto plazo, los científicos están contemplando una nueva normalidad que no incluye la inmunidad colectivaEstas son algunas de las razones detrás de esta mentalidad y lo que significan para el próximo año de la pandemia.

1. No está claro si las vacunas previenen la transmisión

La clave de la inmunidad colectiva es que, incluso si una persona se infecta, hay muy pocos huéspedes susceptibles alrededor para mantener la transmisión; aquellos que han sido vacunados o que ya han tenido la infección no pueden contraer y propagar el virus. Las vacunas COVID-19 desarrolladas por Moderna y Pfizer – BioNTech, por ejemplo, son extremadamente efectivas para prevenir enfermedades sintomáticas, pero aún no está claro si protegen a las personas de infectarse o de transmitir el virus a terceros. Eso plantea un problema para la inmunidad colectiva.

La capacidad de una vacuna para bloquear la transmisión no necesita ser del 100% para marcar la diferencia. Incluso el 70% de efectividad sería muy valioso. Pero aún podría haber una cantidad sustancial de propagación del virus que haría mucho más difícil romper las cadenas de transmisión.

2. La administración de la vacuna es desigual

La velocidad y distribución de los lanzamientos de vacunas son importantes por varias razones. Una campaña global perfectamente coordinada podría haber acabado con el COVID-19, al menos en teoría. Es algo técnicamente factible, pero en realidad es muy poco probable que lo logremos a escala global. Existen enormes variaciones en la eficiencia de la implementación de vacunas entre países, e incluso dentro de ellos.

En la mayoría de los países, la distribución de las vacunas se estratifica por edad, y se da prioridad a las personas mayores, que tienen el mayor riesgo de morir por COVID-19. Sin embargo, queda por ver cuándo y si habrá una vacuna aprobada para niños. Pfizer-BioNTech y Moderna ahora han inscrito a adolescentes en ensayos clínicos de sus vacunas, y las vacunas Oxford-AstraZeneca y Sinovac Biotech se están probando en niños de tan solo tres años. Pero aún faltan meses para obtener resultados. Si no es posible vacunar a los niños, sería necesario inmunizar a muchos más adultos para lograr la inmunidad colectiva.

Otro aspecto importante a considerar, es la estructura geográfica de la inmunidad colectiva. La resistencia localizada a la vacuna contra el sarampión, por ejemplo, ha dado lugar a pequeños focos de resurgimiento de la enfermedad. El agrupamiento geográfico hará que el camino hacia la inmunidad colectiva sea mucho menos lineal.

3. Nuevas variantes cambian la ecuación de inmunidad colectiva

Incluso cuando los planes de implementación de vacunas enfrentan obstáculos de distribución y asignación, están surgiendo nuevas variantes de SARS-CoV-2 que podrían ser más transmisibles y resistentes a las vacunas. De hecho, estamos en una carrera con las nuevas variantes. Cuanto más tiempo se tarda en detener la transmisión del virus, más tiempo tienen estas variantes para emerger y propagarse.

Lo que está sucediendo en Brasil ofrece una advertencia. La investigación publicada en Science sugiere que la desaceleración de COVID-19 en la ciudad de Manaus entre mayo y octubre podría haber sido atribuible a efectos de inmunidad colectiva ( LF Buss et al . Science 371 , 288-292; 2021). El área había sido severamente afectada por la enfermedad, y los expertos epidemiólogos calcularon que más del 60% de la población había sido infectada para junio de 2020. Según algunas estimaciones, eso debería haber sido suficiente para llevar a la población al umbral de inmunidad colectiva, pero en enero Manaus vio un gran resurgimiento de casos. Este pico se produjo después de la aparición de una nueva variante conocida como P.1, lo que sugiere que las infecciones anteriores no conferían una amplia protección "natural" contra el virus.

Hay otro problema con el que lidiar a medida que crece la inmunidad en una población. Las tasas de inmunidad más altas pueden crear una presión selectiva, lo que favorecería las variantes que pueden infectar a las personas que ya han sido inmunizadas. La vacunación rápida y exhaustiva puede evitar que se establezca una nueva variante, pero nuevamente, la desigualdad en los tiempos de vacunación crea un desafío.

4. La inmunidad puede no durar para siempre

Los cálculos de la inmunidad colectiva consideran dos fuentes de inmunidad individual: las vacunas y la infección natural. Las personas que han sido infectadas con SARS-CoV-2 parecen desarrollar cierta inmunidad al virus, pero cuánto tiempo dura eso sigue siendo una incógnita. Dado lo que se sabe sobre otros coronavirus y la evidencia preliminar del SARS-CoV-2, parece que la inmunidad asociada a la infección disminuye con el tiempo, por lo que debe tenerse en cuenta en los cálculos. 

Si la inmunidad basada en infecciones dura solo unos meses, eso proporciona una fecha límite ajustada para la administración de vacunas. También será importante comprender cuánto tiempo dura la inmunidad basada en las vacunas y si los refuerzos son necesarios a lo largo del tiempo. Por estas dos razones, COVID-19 podría volverse como una gripe estacional, pero para una amplia mayoría de la población, con el subsiguiente gasto sanitario y logístico asociado.

5. Las vacunas pueden cambiar el comportamiento humano

Con las tasas de vacunación actuales, Israel se está acercando al umbral teórico de inmunidad colectiva. El problema es que, a medida que se vacunen más personas, aumentarán sus interacciones y eso cambia la ecuación de inmunidad colectiva, que depende en parte de cuántas personas están expuestas al virus. Es opinión de los expertos epidemiólogos que las vacunas no están diseñadas a prueba de "balas”. Imagínese que una vacuna ofrece un 90% de protección: Si antes de la vacuna conocía como máximo a una persona, y ahora con las vacunas conoce a diez personas, ha vuelto al punto de partida. Los aspectos más desafiantes del modelado de COVID-19 son los componentes sociológicos. 

Las actuaciones no farmacéuticas seguirán desempeñando un papel crucial para mantener bajos los contagios. El objetivo es romper la ruta de transmisión. Para ello, limitar el contacto social y mantener los comportamientos protectores continuos, tales como el uso de mascarillas, pueden ayudar a reducir la propagación de nuevas variantes mientras se implementan las vacunas.

Poner fin a la transmisión del virus es una forma de volver a la normalidad. Pero otro podría ser prevenir enfermedades graves y la muerte. Dado lo que se sabe hasta ahora sobre el COVID-19, será bastante improbable alcanzar la inmunidad colectiva únicamente a través de vacunas. La vacuna es "un desarrollo absolutamente asombroso", pero es poco probable que detenga por completo la propagación, por lo que debemos pensar en cómo podemos vivir con el virus.

Fuente: Nature 591, 520-522 (2021). doi: https://doi.org/10.1038/d41586-021-00728-2

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