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COVID-19. Farmacéuticas y países compradores de las vacunas contra el COVID-19

 


En enero de 2020 el término coronavirus estaba circunscrito al ámbito sanitario y científico, o como mucho había comenzado a aparecer de manera marginal en algunos medios como un extraño brote epidémico en China. 

En enero de 2021, y tras una pandemia de por medio, ya habrá vacunas distribuyéndose, lo que supone todo un hito científico.

Esta enfermedad, que a finales de 2020 contaba con más de 81 millones de casos diagnosticados y más de 1,75 millones de personas fallecidas, ha supuesto un golpe de escala mundial jamás visto. Muchos Estados se han enfrentado a crisis sanitarias sin precedentes no por el impacto cuantitativo de las mismas, sino por el contexto propio del siglo XXI, con una opinión pública más sensible, sistemas sanitarios con más recursos y una interdependencia económica muy superior a las que pudo haber en pandemias pasadas, como la de 1918 o la de 1957.


Con todo, la llegada de las vacunas también ha puesto de manifiesto el enorme pulso político y económico que existe a nivel internacional. Por un lado, existe un interés evidente en muchos países en que sus ciudadanos estén vacunados lo más pronto posible. De ahí que las grandes potencias, caso de Estados Unidos, China, la Unión Europea o Rusia, hayan tratado de desarrollar vacunas autóctonas con rapidez para lograr que la pandemia remita en sus territorios. 

Sin embargo, también existe un valor geopolítico en esta vacuna: en tanto que muchos países del mundo —la mayoría, en realidad— no tienen capacidad científica para desarrollar una propia en poco tiempo y tampoco los recursos económicos para vacunar a su población al precio que lo hacen, por ejemplo, en la Unión Europea, dependen enteramente de los grandes productores. Así se abre una oportunidad para que estos ayuden a terceros países regalando o vendiendo a precios muy reducidos su vacuna a amplias zonas del planeta, ganándose el favor de muchos Estados y ampliando su influencia en ellos.

Así, mientras las multinacionales occidentales —Pfizer o Johnson&Johnson, por poner un par de ejemplos— han vendido sus vacunas dentro del mercado de países occidentales, China y Rusia, que también han desarrollado vacunas propias, han buscado sus mercados en América Latina, Oriente Próximo o Asia-Pacífico. Por cierto, nadie parece contar con África y sus ciudadanos.


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