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SALUD. Los investigadores descubren un tratamiento neuroprotector para la lesión cerebral traumática crónica

 


La lesión cerebral traumática (TBI) es una de las principales causas de deterioro cognitivo que afecta a millones de personas en todo el mundo. A pesar de la creciente conciencia sobre las consecuencias progresivas debilitantes y de por vida de la TBI, actualmente no existen tratamientos que retrasen el proceso de deterioro

Los supervivientes de TBI actualmente son tratados con rehabilitación física y cognitiva extensa, acompañada de medicamentos que pueden mitigar los síntomas pero que no detienen o ralentizan la neurodegeneración.

Ahora, los investigadores han descubierto por primera vez que este proceso se puede revertir farmacológicamente en un modelo animal de esta condición de salud crónica, ofreciendo una importante prueba de principio y un camino potencial hacia una nueva terapia. Los hallazgos del Harrington Discovery Institute en University Hospitals (UH), la Facultad de Medicina de la Case Western Reserve University (CWRU) y el Louis Stokes Cleveland VA Medical Center se publicaron recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) USA.

En el caso de una lesión cerebral traumática grave, los síntomas pueden incluir dificultad para hablar, confusión profunda, convulsiones, dolores de cabeza persistentes o pérdida del conocimiento.


La TBI puede provocar efectos perjudiciales de por vida en múltiples aspectos de la salud. Los resultados adversos a largo plazo de la TBI comúnmente incluyen deterioro sensoriomotor, disfunción cognitiva o desregulación emocional, como depresión y ansiedad, incluido el empeoramiento del trastorno de estrés postraumático. Además, la TBI aumenta significativamente el riesgo de desarrollar posteriormente formas de demencia, como las enfermedades de Alzheimer y Parkinson.


La lesión cerebral traumática causa un daño generalizado a las neuronas, lo que provoca deficiencias en el aprendizaje y la memoria. Los activadores de cipina restauran la supervivencia y función neuronal en ratones, lo que permite el aprendizaje y la memoria normales. Fuente: Mihir Patel / Rutgers University-New Brunswick


Los científicos utilizaron un modelo de ratón que imitaba el impacto de una conmoción cerebral en personas de mediana edad que habían sufrido un TBI décadas antes y administraron un compuesto neuroprotector que eleva la energía, conocido como P7C3-A20, que previamente habían demostrado tener valor terapéutico en el TBI agudo. El equipo de investigación esperó un año después de la lesión y luego administró el compuesto diariamente a los ratones durante un mes.


P7C3-A20 restaura la cognición en TBI crónico. A ) Esquema experimental. B ) Todos los grupos mostraron igual aprendizaje a los 15 meses. A los 19 meses, TBI-Veh mostró déficits de aprendizaje el día 4 en comparación con Sham-Veh. C ) Los cruces de plataforma en la prueba de la sonda de memoria muestran una disminución esperada relacionada con el envejecimiento en los ratones Sham-Veh, y TBI-Veh mostró un deterioro significativo en relación con Sham-Veh. La función de memoria se restauró por completo en TBI-P7C3-A20 en ambos momentos. Los valores son la media ± SEM. Los puntos de datos individuales representan animales individuales


Sorprendentemente, este breve tratamiento con P7C3-A20 restauró la función cognitiva normal. Continuaron observando a los ratones durante cuatro meses adicionales, durante los cuales no administraron más compuesto. Al final de este período, los ratones aún mostraban una función cognitiva normal. Por lo tanto, después de solo un mes de tratamiento, la función cognitiva siguió mejorando cuatro meses después.

Cuando se examinaron los cerebros de los ratones bajo el microscopio, se observó que la neurodegeneración crónica después de la TBI se había detenido por completo en los ratones que habían sido tratados brevemente con P7C3-A20. Luego, bajo microscopía electrónica, se observó que P7C3-A20 también había facilitado la reparación de las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos del cerebro.

Esta es la primera vez que vemos que P7C3-A20 puede proteger las células endoteliales en la interfaz del sistema cardiovascular y el cerebro, conocida como la unidad neurovascular (NVU). El deterioro de la NVU ocurre en casi todos los tipos de lesiones y enfermedades cerebrales, y es una característica temprana y crónica bien conocida de la enfermedad de Alzheimer. El equipo investigador también demostró que P7C3-A20 protege directamente las células endoteliales microvasculares del cerebro humano cultivadas en el laboratorio.

Excepto por el envejecimiento y la genética, el TBI es el mayor factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Preservar la barrera hematoencefálica en la NVU podría ser una forma de proteger a los pacientes con TBI de este mayor riesgo.

Estos hallazgos fundamentales tienen un tremendo impacto a largo plazo en nuestra población de veteranos que sufre de TBI. Actualmente no hay medicamentos disponibles para los pacientes que protejan directamente la barrera hematoencefálica. Un medicamento con esta propiedad, como uno derivado de la serie de compuestos P7C3, tendría una amplia aplicabilidad a numerosas afecciones del cerebro, incluidas las LCT y la enfermedad de Alzheimer.

Fuente: Edwin Vázquez-Rosa, et al. P7C3-A20 treatment one year after TBI in mice repairs the blood–brain barrier, arrests chronic neurodegeneration, and restores cognition. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2020; 202010430 DOI: 10.1073/pnas.2010430117


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