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COVID-19. La obesidad puede condicionar la eficacia de una vacuna

 


 En muchos otros países, incluida España, con una población creciente de personas con índices de masa corporal (IMC) altos, algunos investigadores temen que una vacuna no sea la panacea que se espera. La obesidad se correlaciona con una respuesta inmune debilitada al COVID-19. Y las vacunas para un puñado de otras afecciones a menudo no funcionan tan bien en personas obesas, lo que sugiere que una inyección de COVID-19 podría no brindar tanta protección como desearían los investigadores.

Los investigadores aún no están seguros de si la obesidad afectará o no la eficacia de la vacuna. Y puede haber formas de contrarrestar los problemas si surgen. Pero a los científicos también les preocupa que los ensayos clínicos no estén bien diseñados para captar estos problemas rápidamente.

Los investigadores temen que las vacunas no sean tan efectivas en las personas obesas, una población que ya es muy vulnerable al COVID-19.

Al principio del brote quedó claro que la obesidad aumentaba el riesgo de las personas infectadas con el coronavirus. El IMC siempre estuvo ahí desde un primer momento. Siempre se asocia positivamente con la gravedad de COVID-19, ya que la obesidad lleva asociados, en general, otras patologías crónicas como la diabetes y los problemas cardiovasculares. Diversos estudios en todo el mundo han llegado a la misma conclusión.



Hay una gran cantidad de posibles razones. Las personas con un IMC más alto son más difíciles de cuidar. Puede ser un desafío colocar un tubo en sus vías respiratorias al conectarlos a un ventilador, por ejemplo. También pueden tener una capacidad pulmonar reducida. Luego están las posibilidades moleculares más ocultas. La resistencia a la insulina dificulta que el cuerpo responda normalmente al azúcar y puede preceder a la diabetes. Es más común en personas con un IMC alto y podría exacerbar los efectos metabólicos de la infección por coronavirus. Y el tejido adiposo expresa niveles relativamente altos del receptor ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2) que el SARS-CoV-2 usa para ingresar a las células. 

“El tejido adiposo parece funcionar como un reservorio del virus”

Pero los efectos sobre el sistema inmunológico son lo que más preocupa a algunos investigadores. La obesidad puede causar inflamación crónica de bajo grado, que se cree que contribuye a un mayor riesgo de enfermedades como diabetes y enfermedades cardíacas. Las respuestas inmunitarias desatadas por las citocinas pueden dañar el tejido sano en algunos casos de COVID-19 grave. 

La evidencia preliminar sugiere que las infecciones por SARS-CoV-2 persisten durante unos cinco días más en las personas obesas que en las delgadas. Eso implicaría que estas personas tienen problemas para eliminar la infección. Pueden tener problemas para montar las defensas virales normales.

 La obesidad también está relacionada con poblaciones menos diversas de microbios en el intestino, la nariz y los pulmones, con composiciones y funciones metabólicas alteradas en comparación con las de las personas delgadas. Los microbios intestinales pueden influir en las respuestas inmunitarias a los patógenos y a las vacunas.

Todo esto podría significar problemas para una vacuna contra el SARS-CoV-2, cuando llegue, particularmente en la creciente lista de países con problemas de obesidad. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 13% de los adultos del mundo son obesos. 

Los estudios de vacunas contra la influenza (gripe), la hepatitis B y la rabia, que han mostrado respuestas reducidas en las personas obesas en comparación con las delgadas. Con la influenza, se ha comprobado que la vacunación no funciona bien en las personas obesas.


Prevalencia de obesidad entre pacientes adultos hospitalizados con COVID-19
 (Fuente: The Lancet)



PREVENIR VALE POR DOS

Puede haber formas de compensar las deficiencias de la vacuna, al igual que los investigadores han estado trabajando para mejorar la respuesta a la vacuna en las personas mayores. Dar a las personas obesas dosis adicionales de vacuna es una posibilidad. Tal vez habría que administrar tres inyecciones en lugar de dos, o una dosis mayor.

La planificación de los ensayos clínicos de  las diferentes vacunas en exploración puede ser vital. También podría depender de qué tan bien los patrocinadores del ensayo recluten a personas de grupos minoritarios subrepresentados, que se han visto muy afectados por la pandemia de COVID-19 y también experimentan altas tasas de obesidad. En Polonia se ha instado a las empresas farmacéuticas a estratificar sus datos por IMC.

A nivel mundial, el 39% de los adultos de 18 años o más tenían sobrepeso o eran obesos en 2016.  La obesidad se define como tener un índice de masa corporal igual o superior a 30.

Y los análisis hasta ahora se han centrado en las definiciones occidentales de obesidad. Estos se basan en el IMC, una medida cruda que no distingue entre la grasa que se acumula debajo de la piel y la grasa que se acumula alrededor de los órganos, llamada grasa visceral, que está más estrechamente asociada con enfermedades como la diabetes y la presión arterial alta.

En las personas de ascendencia europea, un IMC de 30 kilogramos por metro cuadrado o más se considera obeso. Pero en algunos países de Asia, Medio Oriente y América Latina, por ejemplo, tienden a acumular grasa visceral con un IMC más bajo. China es el único país que estableció un umbral más bajo - un IMC de 28 kg m 2 - para la obesidad, pero incluso entonces algunos investigadores chinos reportarán sus datos usando definiciones occidentales de IMC para mejorar sus posibilidades de publicación.

En última instancia, el mundo probablemente tendrá que esperar a que los datos de los estudios clínicos muestren el camino. Pero la espera podría ser estresante. Si usted es un funcionario de salud pública y observa que el 40% de su población está en alto riesgo por obesidad, habrá que tomar nota y, tal vez, rezar una novena a la Virgen de los Remedios.

Tasas de obesidad más altas en el mundo 

Tasas de obesidad más bajas del mundo (Febrero, 2020). Los países con las tasas de obesidad más bajas tienden a ser economías en desarrollo de bajos ingresos, aunque Japón es una excepción

Muertes [anuales] en el mundo según el factor de riesgo (2017). La obesidad en sí misma ocupa el quinto lugar, pero está vinculada también a una elevada presión sanguínea, que ocupa el primer lugar. El riesgo añadido por COVID-19 parece evidente.


Fuentes:

- Sosa-García, J. O. et al. Preprint at Lancet https://doi.org/10.2139/ssrn.3605185 (2020).

- Bolormaa Vandanmagsar, et al. Nature Medicine volume 17, pages179–188(2011). The NLRP3 inflammasome instigates obesity-induced inflammation and insulin resistance. https://www.nature.com/articles/nm.2279

- Thomas Hagan, et al. Antibiotics-Driven Gut Microbiome Perturbation Alters Immunity to Vaccines in Humans. DOI: https://doi.org/10.1016/j.cell.2019.08.010

- Frasca D., Blomberg B.B. The Impact of Obesity and Metabolic Syndrome on Vaccination Success. https://doi.org/10.1159/000504440

- Tejvan Pettinger. Highest and lowest rates of obesity in the world. February 2020 https://www.economicshelp.org/blog/160312/economics/highest-and-lowest-rates-of-obesity-in-the-world/

- https://ourworldindata.org/obesity


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