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PERSONAJES. Savonarola: un visionario reformador de la Iglesia, condenado por herejía


La gran miseria del mundo, las perversiones de los hombres, los violadores, los adúlteros, la soberbia, los ladrones, la idolatría, las crueles blasfemias, en este siglo han venido a tanto que ya no se encuentra quien haga el bien...” Con estas palabras describía Girolamo Savonarola, cuando tan solo tenÍa veinte años, los vicios y la depravación de su tiempo. Su desasosiego lo llevó en 1475 a tomar los hábitos de la orden dominica.


A finales del siglo XV, un humilde fraile, con sus sermones proféticos, instauró una república popular en Florencia. Sus enemigos lo llevaron a la hoguera.

En la carta de despedida a sus padres, una rica familia de Ferrara, Savonarola describía la Italia de finales del siglo XV como una perversa prisión para los verdaderos cristianos; “los buenos están oprimidos y el pueblo italiano se asemeja cada vez más al egipcio, que tenía sujeto al pueblo de Dios. Muchas son las señas que anuncian la ira de Dios. Abre, Señor, las aguas del mar Rojo y sumerge a los impíos con las olas de tu furor”. En la carta dejaba entrever que Dios le había encomendado un arduo trabajo: reformar el mundo.




Fue así como Savonarola abandonó su Ferrara natal, en día de San Jorge de 1475. Poco tiempo después llegó al convento de Santo Domingo de Bolonia, donde residió enclaustrado, dedicado al estudio y la oración. Unos años después, sin embargo, sus superiores decidieron aprovechar sus enormes dotes oratorias y su pasión por las Santas Escrituras, y lo enviaron a predicar por la Lombardía, la Toscana y la Emilia-Romaña. En San Gimignano, Brescia o Florencia, Savonarola no se cansó de denunciar la frivolidad y el libertinaje que veía reinar entre sus coetáneos, a los que conminaba a retornar a la sobriedad y la pobreza.




LAS PRIMERAS PROFECÍAS
Poco a poco, su mensaje se fue haciendo más radical. En las prédicas cuaresmales de 1485 en san Gimignano, Savonarola afirmó que “la Iglesia debe ser flagelada y renovada de inmediato”. Un año después anunció en la misma iglesia una de sus primeras profecías, vaticinando que “se espera pronto la llegada de un azote divino, anticristo, peste o hambruna”, a causa de los numerosos pecados de los hombres y el desprecio a la religión por parte de los que gobernaban la Iglesia.

Sus palabras se dirigían contra el papa Inocencio VIII, que poco antes había ascendido al solio pontificio y a quien se acusaba de nepotismo y vida disoluta, ya que, en efecto, tenía numerosos hijos. En 1489 predicó en Brescia, donde vaticinó: “los padres de la ciudad veréis a vuestros hijos muertos y atormentados por las calles con gran ignominia”. Cuando, años después, en 1512, las tropas francesas saquearon la ciudad, muchos se acordaron de la profecía de Savonarola.


Era un reformador, un hombre que veía muchas cosas mal tanto en Florencia como en la iglesia, y lo expresó en sus sermones, llamando a la reforma, atacando al humanismo, al paganismo renacentista, a los gobernantes "malos" como los Medici.

En 1490, el dominico se había convertido en uno de los predicares más célebres de toda Italia. Su renombre llegó hasta la esplendorosa corte florentina de Lorenzo de Médicis quien, a sugerencia del filósofo Pico della Mirandola, pidió al general de la orden dominica que les enviara a su famoso predicador en calidad de prior del convento de San Marcos. En Florencia, Savonarola encontró numerosos blancos donde arremeter en sus sermones, desde la arrogante y altanera erudición de los filósofos neoplatónicos, como Marsilio Ficino, hasta la licenciosidad de las fiestas y los jolgorios carnavalescos de los Médicis.




Savonarola no dudó tampoco en seguir atacando al Papado. Así, en una prédica en la catedral de Santa María del Fiore, en febrero de 1491, el nuevo prior denunció con fuerza a la jerarquía eclesiástica romana y a aquellos gobiernos que no tenían en cuenta la voz del pueblo. Ello le valió una advertencia de Lorenzo de Médicis para que suavizara el tono de sus críticas, pero Savonarola no se amilanó. Apenas dos meses después, el fraile predicador se atrevió a predecir la muerte del Magnífico: “yo soy forastero, dijo, mientras que él es ciudadano y primero de la ciudad, pero él está destinado a irse y yo a quedarme”. Transcurrió tan solo un año antes de que Lorenzo de Médicis muriera, cumpliéndose la aparente profecía. Tres días antes, un rayo había destruido por completo la linterna del Duomo (la catedral), lo que muchos interpretaron como un mal augurio.


Comenzó una reforma diseñada para hacer que Florencia fuera más republicana, reescribiendo la constitución con lugares como Venecia al frente de su mente. Pero Savonarola también vio la oportunidad de reformar la moral de Florencia, y predicó contra todo tipo de vicios, desde beber, apostar, hasta tipos de sexo y canto que no le gustaban.

El sucesor del Magnífico, su hijo Pedro, intentó expulsar a Savonarola de la ciudad, pero el ascendiente del fraile predicador sobre los florentinos se lo impidió. La situación política era cada vez más inestable. En junio de 1492 moría el papa Inocencio VIII, a quien sucedió el polémico cardenal valenciano Rodrigo de Borgia, Alejandro VI, agravando así la imagen de corrupción del Papado. 


CÚPULA DE SANTA MARÍA DEL FIORE concluida en 1436 por Brunelleschi. Savonarola predicó en la catedral en numerosas ocasiones


La influencia aragonesa en los territorios italianos se hacía sentir cada vez más, al igual que las ambiciones de la monarquía francesa de poner pie en la península italiana. Haciéndose eco de este clima, Savonarola predijo la próxima llegada de un azote divino que castigaría los pecados de los hombres. A comienzos de 1494 vaticinó la llegada de una espada divina desde el norte.

La profecía se cumplió de nuevo cuando en septiembre de 1494 un poderoso ejército francés, comandado en persona por el rey Carlos VIII, invadió Italia. El mismo día que Carlos atravesaba los Alpes e iniciaba la marcha hacia Florencia, las gentes de la ciudad se agolpaban en los bancos del Duomo esperando impacientes la aparición de Savonarola. En los meses previos, sus apasionadas prédicas sobre los capítulos del Génesis habían ido inflamando los ánimos de los florentinos, pero ese día la ansiedad dominaba a la concurrencia.


Aceptó la solicitud de encabezar una delegación para negociar con Francia. De repente se había convertido en un rebelde líder, y cuando ayudó a un acuerdo florentino con Francia que vio una ocupación pacífica y el ejército se fue, fue un héroe.
Maquiavelo, testigo de los sermones de Savonarola, creía que éste sólo buscaba el poder.

UN NUEVO DILUVIO UNIVERSAL
Finalmente, Savonarola entró en la sala, se aproximó imperturbable hacia el púlpito, y desde allí midió con la mirada a un público expectante. De repente, su potente voz sonó atronadora ante los asistentes, anunciando nada menos que un nuevo diluvio universal: “¡He aquí que voy a traer las aguas del diluvio sobre la tierra!”. Pico della Mirandola confesó que un escalofrío recorrió en ese momento su cuerpo y el de todos los asistentes. Savonarola, avanzó en su prédica, recordando al pueblo florentino las desgracias que había vaticinado en sus sermones anteriores: “la venida de un nuevo conquistador Ciro” y “los terribles azotes” que se abatirían sobre Italia.

En las siguientes jornadas, Savonarola recogió los frutos de la campaña que había desarrollado desde la muerte de Lorenzo el Magnífico. Pedro de Médicis intentó organizar en el campo de batalla la resistencia contra Carlos VIII, pero se vio forzado a ceder a los franceses las plazas de Pisa, Livorno y Pietrasanta. Savonarola, mientras tanto, redoblaba el rencor de los florentinos contra el gobierno de los Médicis y preparaba la instauración de una república. Cuando, el 8 de noviembre, Pedro volvió derrotado a la ciudad, fue de inmediato encarcelado.


Su reputación ha perdurado gracias a un grupo de apasionados seguidores que, quinientos años después, siguen convencidos de su fe católica y su martirio, y desean que sea un santo. 

Savonarola poseía un enorme ascendiente en la nueva República florentina. Desde el púlpito se dedicó a alentar la persecución de los vicios, a la vez que denunciaba los pecados de la curia romana. Profetizó, así mismo, que cuando los hombres se arrepintieran de sus pecados y volvieran a respetar los mandatos divinos, ángeles vestidos de blanco bajarían de los cielos trayendo el perdón de Dios.


Cesare Borgia (su hijo), Lucrezia Borgia (su hija), el Papa Alejandro VI y un joven con un vaso vacío. Se dice que la pintura titulada "Una copa de vino con César Borgia" (1893) de John Collier, representa la visión popular de la naturaleza traicionera y sin escrúpulos de la familia Borgia, lo que implica que el joven no puede estar seguro de que el vino es un paraíso. ha sido envenenado. ( Dominio público )


Alentó a 'Quema de las vanidades', donde los artículos considerados inapropiados para una república cristiana fueron destruidos en poderosas piras, como obras de arte lascivas. Las obras de los humanistas fueron víctimas de esto, aunque no en cantidades tan grandes como se recordará más tarde, no porque Savonarola estuviera en contra de los libros o la erudición, sino por sus influencias del pasado "pagano". Al final, Savonarola quería que Florencia se convirtiera en una verdadera ciudad de dios, el corazón de la iglesia e Italia. 

Organizó a los niños de Florencia en una nueva unidad que informaría y lucharía contra el vicio; algunos lugareños se quejaron de que Florencia estaba en manos de los niños. Savonarola insistió en que Italia sería azotada, el papado sería reconstruido y el arma sería Francia, y se mantuvo aliado del rey francés cuando el pragmatismo sugirió un giro hacia el Papa y la Liga Santa.

Sus ataques proféticos, y especialmente su apoyo a los franceses, terminaron con la paciencia del papa Alejandro VI, que decidió acabar con el díscolo dominico. En julio de 1495 el papa Borgia ordenó a Savonarola, mediante un breve, que acudiera a Roma para discutir sobre aquellos pecados que según él habían ofendido tanto a Dios. El fraile predicador respondió publicando un compendio de sus revelaciones. Dos meses después, Alejandro le ordenó abstenerse de predicar.


A veces se considera a Savonarola como el precursor de la Reforma Protestante

Después de la excomunión, el Papa dijo que la única forma de levantarla era que Savonarola se sometiera y Florencia se uniera a su Liga patrocinada. 


La hoguera de las vanidades. En febrero de 1497, los seguidores de Savonarola golpearon los portalones de todas las casas de Florencia, obligando a los vecinos a entregarles los objetos que utilizarían durante el Carnaval: máscaras, dibujos obscenos, vestidos lujosos, espejos o cosméticos. Luego, la ciudad observó asombrada que todo ello, junto con libros y obras de arte, había sido dispuesto en montones en la plaza de la Signoria. Después de sermonear a la multitud, Savonarola ordenó prender fuego a las pilas. No fue la primera “hoguera de las vanidades”; Bernardino de Siena las organizó años antes, como muestra el relieve de Agostino di Duccio en Perugia, pero sí la más recordada.


LA PRUEBA DEL FUEGO
El tira y afloja entre el predicador y las autoridades papales continuó durante los siguientes tres años. En mayo de 1497, Alejandro VI lo excomulgó, pero Savonarola continuó con sus prédicas exaltadas. Sus enemigos en Florencia, hartos de los excesos de un régimen que casi se había convertido en una dictadura clerical, fueron envalentonándose.

Finalmente, en abril de 1498 se produjo el incidente definitivo, cuando un rival franciscano le retó a someterse a la “prueba del fuego” para demostrar la bondad de sus doctrinas. Las autoridades municipales organizaron el acto con toda solemnidad, pero al final unos y otros buscaron dilaciones para dar el último paso. No obstante, los seguidores de Savonarola técnicamente ganaron ya que la lluvia detuvo el fuego.

El pueblo, hostil ya a Savonarola, interpretó tanta dilación como prueba de reconocimiento de su culpabilidad. El dominico fue detenido y procesado por herejía, tal como demandaba el papa Alejandro VI. Tras sonsacarle bajo tortura su abjuración, fue llevado al cadalso. El 23 de mayo de 1498, en la plaza de la Signoria de Florencia, Savonarola y sus profecías terminaron consumidos por el fuego de la hoguera.


EJECUCIÓN DE SAVONAROLA en la plaza de la Signoria de Florencia, el 23 de mayo de 1498. Óleo anónimo. Museo de San Marco dell’Angelico, Florencia.


Fuentes: 
- Ridolfi, R., 2020. Girolamo Savonarola. https://www.britannica.com/biography/Girolamo-Savonarola
- Robert Wilde, 2019. Biography of Girolamo Savonarola. https://www.thoughtco.com/girolamo-savonarola-1452-1498-1221250

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