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TURISMO. Excursión al Sabinar de Calatañazor (Soria)



La sabina albar ( Juniperus thurifera), es una joya botánica por su capacidad para sobrevivir en zonas de una dureza climática como las que se gasta en los páramos y serranías del noroeste soriano, con inviernos crudos y secos y veranos más crudos y secos aún, y en los que las enormes diferencias de temperatura entre la noche y el día, con heladas contundentes y achicharres diurnos, se vuelven imposibles para cualquier otra especie arbórea de las, digamos, normales. 

Entre los “trucos” de la sabina para conseguirlo está haber reducido al máximo la evaporación en todos sus órganos. Donde otros árboles tienen hojas amplias y planas desarrolladas para captar luz, verdes y frescas en verano, la sabina tiene hojas aciculares con escamas, recubiertas por una cutícula que las protege de heladas y calores extremos.
El Sabinar de Calatañazor es el de mayor densidad en el mundo
Dicen las guías que lo habitual es encontrarla en extensiones poco densas y que su porte no acostumbra a pasar de los 14 metros de altura con 4 metros de diámetro troncal. Los botánicos la consideran una especie relicta, un fósil vivo, una superviviente que ha llegado hasta nuestros días desde la Era Terciaria, en la que aprendió a colonizar los territorios calizos, secos y desnudos que emergieron de los fondos marinos para convertirse en páramos pedregosos y serranías descarnadas.

Por ello, y el caso del sabinar de Calatañazor, nos quedamos sin palabras al pasear entre ejemplares a los que se echan entre 200 y 400 años de edad con envergaduras de hasta 20 metros de altura y 8 de diámetro en el tronco. Y mucho más al descubrir que la verdadera excepcionalidad del Sabinar de Calatañazor estriba en su densidad. Cuando lo habitual es encontrar entre 15 y 30 sabinas por hectárea, en el Sabinar de Calatañazor se dan entre 150 y 210 árboles por hectárea. Un hecho que lo convierte en el sabinar de mayor densidad del mundo. Algo que por otra parte, nos viene a hablar de la rareza y valor de una especie que apenas puede encontrarse ya distribuida por algunos puntos del interior de la Península Ibérica, sur de Francia y norte de África.
La Fuentona "Ojo de Mar"

La explicación de la existencia de este tipo de arbolado en un rellano de la Sierra de Cabrejas, a medio camino entre Calatañazor y la insondable Fuentona de Muriel, estriba en el uso ancestral como dehesa de las 30 hectáreas que viene a ocupar el espacio protegido. Un uso ganadero, de pastoreo vacuno, sobre todo, que ha favorecido el enriquecimiento del suelo mediante la acumulación de estiércol, al tiempo que el ramoneo impedía el crecimiento de cualquier otro tipo de vegetación, siempre mucho más apetecible para el ganado que las duras hojas de sabina. Mucho ha ayudado también la ubicación del sabinar al pie de una ladera en la que descarga un acuífero, así como la regulación comunal desde antiguo en la corta y uso de maderas.

La Ruta al Sabinar
Entre las diferentes maneras de acercarse a disfrutar de este oasis de gigantes tal vez la más recomendable sea hacerlo a pie. Y mucho mejor si arrancamos el paseo en la vecina localidad de Calatañazor, una de las villas medievales con mejor estampa de la provincia de Soria.
Imágenes de la villa de Calatañazor, donde se dice que "Almanzor perdió el tambor". A los pies del castillo se encuentra una Necrópolis Altomedieval del siglo X. Se trata de tres sepulturas con forma antropomorfa,  imitando el contorno del cuerpo humano, marcando los hombros y la cabeza. Se accede a ellas por la parte de atrás de la ermita de la Soledad.

Su arquitectura tradicional recuerda a otros tiempos. El empedrado de sus calles, las puertas de cuarterón y herrajes trabajados, las fachadas de piedra y adobes con encestados de ramas y revestimientos de barro, o los viejos soportales de la calle Real. Todo ello tejido y sostenido por añejos vigámenes de enebro o sabina. Sobre los tejados de teja roja campean aún en muchos las chimeneas cónicas típicas de las comarcas pinariegas. Una estampa tan medieval que, dice Avelino Hernández en su guía de Soria, a Orson Welles le bastó retirar unos cables para rodar en estas calles sus “Campanadas a media noche”. Era 1965.
El caserío sobresale por su arquitectura popular típica de la Edad Media. En el interior destaca la chimenea cónica que se adentra en la cocina, convirtiéndola en la estancia más importante de la vivienda.

Dicen que al pueblo el nombre le viene del árabe “qal`at an-nuhur”: castillo de las águilas. Y así, a vista de águila o de buitre leonado, que también abundan, se ve desde la proa de Calatañazor el Valle de la Sangre, la extensión de campos ondulados en uno de cuyos costados prospera el sabinar de las sabinas gigantes.
El pueblo está vertebrado por la calle Real, su firme empedrado flanqueado por casas de adobe, vigas de madera, soportales y chimeneas cónicas nos conduce hasta la Iglesia de Santa María del Castillo, mezcla de estilos gótico y románico. La iglesia, románica en origen (siglo XII), fue reformada en Época Moderna (siglo XVI), sobre todo en su interior.
Tras dar un paseo por las calles de la villa, visitar la iglesia de Santa María y su museo parroquial, es buen momento para localizar, junto al aparcamiento de la entrada del pueblo, el arranque del sendero señalizado PR-O-3. La Ruta de las Sabinas enlaza, en 30 km, las localidades de Calatañazor y Ucero. Pero su primera parada es, a tres kilómetros del inicio, el Sabinar de Calatañazor. Sin desnivel apreciable puede recorrerse en unos 30 minutos. Perfecto para hacer con niños.
En sus proximidades se encuentra el Monumento Natural de la Laguna de la Fuentona de Muriel, también llamada Ojo de Mar.
Mapa de la ruta desde Calatañazor hasta el Sabinar

Paraje Natural de la Fuentona
Una vez visitado el sabinar continuamos en dirección al paraje natural de la Fuentona, no sin antes hacer una parada en la Casa del Parque del Sabinar construida en el antiguo Palacio de Santa Coloma. En la parte alta del torreón se encuentra el original Rollo de Muriel de la Fuente. Una cámara conectada en el  interior de la Fuentona nos muestra en tiempo real lo que sucede en su interior, además encontraremos todo tipo de información relacionada con el ecosistema y los valores etnográficos de la Sierra de Cabrejas. El personal amable y atento de la casa del parque contestará cualquier duda que nos asalte.
Antes de entrar en Muriel de la Fuente, justo pasado el puente que da acceso a la localidad, surge un camino que termina en el segundo aparcamiento de la Fuentona. Un precioso sendero habilitado para personas con movilidad reducida nos conduce, a través del bosque de sabinas, hasta la surgencia de agua.

Un precioso sendero habilitado para personas con movilidad reducida nos conduce, a través del bosque de sabinas, hasta la surgencia de agua.

Destaca el aroma a incienso que desprenden los árboles y el frescor del agua que nos acompaña hasta alcanzar el Ojo de la Fuentona. Otra senda señalizada nos acerca a la cascada, un salto de unos cinco metros de altura por el que no siempre cae agua pero al que merece la pena acercarse por la belleza del paseo.
Dentro del casco urbano de Muriel de la Fuente podemos ver un buen ejemplo de 'Casa Pinariega', construcción característica de la arquitectura popular de la comarca de Pinares. La Iglesia gótica de San Nicolás de Bari y de la Virgen del Valle alberga en su interior una interesante y bella pila bautismal románica, en el exterior destaca una reproducción del antiguo rollo jurisdiccional.


MÁS INFORMACIÓN. Reserva Natural ‘Sabinar de Calatañazor’. Palacio de Santa Coloma. Muriel de la Fuente. Casa del Parque.  Tel.: 975 188 162 - 975 183 048 
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