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INFORME. Hacia una Economía Circular


Un mundo sin basuras resulta una visión, hoy en día, imposible. Pero la idea de una economía circular donde los recursos se reciclan y se reutilizan indefinidamente, está empezando a cuajar en el mundo de los negocios y en el de los ambientalistas. La pregunta es si podemos [tecnológicamente] hacerlo y a qué coste. En la actualidad, la mayor parte de las basuras o se incineran o se depositan en vertederos más o menos controlados. La política relaciona con la propia gestión de los residuos también varía según el países del que estemos hablando. Así, por ejemplo, Dinamarca es un país donde los vertederos están prohibidos y las basuras se envían a plantas incineradoras que, en el proceso de incineración, producen electricidad y gas. No obstante, la economía circular persigue evitar generar residuos en su totalidad.


Amager Bakke, una nueva y moderna planta de incineración en Copenhague, objeto de controversia en Dinamarca (https://zerowasteeurope.eu/2019/11/copenhagen-incineration-plant/)

Las plantas incineradoras, además de las ya elevadas inversiones de instalación y mantenimiento, presentan un problema medioambiental. En Dinamarca se han construido incineradoras tan grandes (560.000 toneladas anuales) que se están viendo obligadas a importar basuras de otros países para poder cubrir su déficit de capacidad. Es decir, la rentabilidad depende de la cantidad de basuras que se quemen. El problema surge porque en estas instalaciones se quema de todo, incluido papel, cartones y plásticos, cuando una buena parte serían reciclables. Quemar plásticos, es equivalente a quemar petróleo del que proceden, por lo que, en esencia, se está quemando carbón fósil, que aumenta las emisiones globales de CO2 a la atmósfera. 


Por otro lado, existen mejores formas de producir calor y electricidad a partir de recursos renovables, como la geotermia, el viento o el sol.

En materia de vertederos, la directiva comunitaria vigente establece, entre otros aspectos, que para el 2035 los países miembros no podrán depositar en vertederos más del 10% de los residuos municipales generados, frente al actual 47%, mientras que la tasa de reciclaje total en el mismo año deberá ser del 65%, frente al 40% actual. No se trata solo de reciclar, sino de reducir. 


La UE recuerda que cada europeo consume anualmente una media de 14 toneladas de materias primas, un disparate ambiental porque los recursos terrestres no son infinitos y, además, representan una sangría económica ya que muchos de ellos, como la mayoría de los hidrocarburos, los metales y otros elementos estratégicos como el fósforo y el litio, deben comprarse en el extranjeroLa directiva comunitaria incide en la posibilidad de aplicar cargas para quien no recicle o lo haga incorrectamente. Es pagar por generar. Iniciativas muy avanzadas, con sistema puerta a puerta y chips, ya funcionan con éxito en ciudades y pueblos de Suiza, Austria, Bélgica, Alemania e Italia. 


Todos los habitantes europeos deberán tener acceso a un sistema de recogida para materia orgánica (restos de comida) y promover una reducción del al menos 50% en los residuos de alimentos para el 2030 (actualmente se estiman en 180 kilos per cápita al año). El reciclaje, la reutilización y otras medidas complementarias ayudarían a generar más de 100.000 nuevos puestos de trabajo y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 2% y un 4%. 


AGRICULTURA. La mayor granja de interior vertical del mundo está en Newark (New Jersey) y está gestionada por la empresa Aerofarms. Su propósito: producir verduras en el centro de las ciudades. Las verduras crecen sobre un sustrato reciclable a partir de botellas recicladas de plástico. No se usan pesticidas. Nutrientes y fertilizantes se emplean solo si es necesario. La luz es de una longitud de onda específica para el desarrollo de los vegetales.
La “economía circular” consiste en un conjunto de estrategias- algunas viejas, como reducir, reutilizar y reciclar, y otras nuevas, tales como el alquiler frente a la propiedad de cosas, con el objetivo final de eliminar los residuos que generamos. Con ello no se persigue impedir el crecimiento económico sino producir bienes y servicios en armonía con la naturaleza, por lo que no se detiene el crecimiento económico. Se trata de alcanzar la prosperidad en un mundo con recursos finitos. Veamos algunos ejemplos.

METALES
El cobre, a diferencia del plástico, puede reciclarse indefinidamente sin pérdida de calidad. Es un perfecto material circular. Los fenicios ya lo explotaban en Río Tinto y los combinaban con el bronce que reciclaban de las estatuas clásicas. En los vertederos se abandona mucho cobre, desde cables hasta teléfonos móviles no reciclados. Además del cobre, se desechan sin reciclar materiales no ferrosos, como el aluminio, existentes, por ejemplo, en equipos electrónicos y ordenadores portátiles. Pueden fundirse en hornos para darles un uso posterior. Según un informe de las Naciones Unidas de 2017, en el mundo solo se recicla un 20% de todos los residuos electrónicos producidos.

La producción de cobre en el mundo se ha cuadriplicado en los últimos 50 años. Tecnologías renovables, como las turbinas eólicas emplean más de 30 toneladas cada una de ellas. La demanda está creciendo y la economía circular necesitará usar otras estrategias.


ROPA USADA. En Prato, Italia, donde la ropa de algodón se ha producido desde el siglo XII, más de 3.500 empresas que emplean a 40.000 trabajadores, procesan textiles desechados para su posterior uso como ropa nueva. Solo un 1% del textil desechado se recicla como ropa de nuevo uso. Todo un ejemplo de economía circular aplicada.

ROPA Y TEXTILES
La economía textil del pasado siglo han impuesto el “usar y tirar” como forma de estar a la moda en el vestir. Sin embargo, en una economía circular, el principio es simple: desecha menos y mantén en uso tu armario. Entre 2000 y 2015, mientras la población mundial creció un 20%, la producción de ropa se duplicó gracias al “fast fashion”. Con ropas baratas, el promedio de uso que se hace es de una tercera parte de los deseable. En 2015, el mundo desechó ropa usada valorada en más de 450.000 millones de dólares. La economía circular propone recoger, seleccionar y revender para reutilizar o reciclar la ropa usada. Ya hay empresas en Francia, Alemania, Bélgica y Países Bajos dedicadas a este negocio circular. Las personas tenemos la idea equivocada de que cuando depositamos ropa usada en un contenedor, ésta se entrega a personas necesitadas, cuando en realidad se entrega a empresas que adquieren esa ropa para su reciclaje y reventa posterior.


Ponerse lo que tenemos en nuestro armario ropero es la forma más sostenible de ir vestido.

ALIMENTACIÓN
Cerca de un 30% de toda la comida que se produce en el mundo se desecha como residuo, con un valor estimado de billones de dólares. Es frecuente “tirar” los restos de las comidas a la bolsa de basura cuando, en buena medida, se pueden conservar en la nevera dentro de un “tapper” para una comida posterior. Esto no solo sucede en nuestros hogares sino también en hoteles y restaurantes. Existen iniciativas en países europeos donde restos de comidas se transforman en menús que se revenden a otros establecimientos de restauración o comedores públicos en los que miles de personas precisan de alimento diario. Así mismo, es práctica habitual entregar un pedazo de fruta sobrante acompañando a la cuenta del hotel o restaurante. O coger un pedazo de fruta de un buffet para tomarla a lo largo de la mañana.


Los bancos de alimentos llevarse el pan y algún que otro alimento no perecedero, pero no pueden llevarse todo el alimento sobrante. Los supermercados también pueden colaborar reduciendo el tamaño y/o el número de las piezas empaquetadas, ajustar mejor las fechas de consumo recomendado o practicar el “dos por uno” en productos perecederos. Está en nosotros el hacerlo.


COMIDA. Moscas soldado negras que crecen en los restos de comida podrían reemplazar a la soja como proteína para el alimento de animales, ahorrando terrenos cultivables. Es una iniciativa de la empresa británica Entocycle.

CAMBIOS EN MARCHA
Pasar de la actual economía lineal (producir-consumir-tirar) a una economía circular va a exigirnos mucho “pensamiento divergente” y cambios de actitud como los que ya se están poniendo en práctica. Veamos algunos ejemplos.


ENERGÍA. En Islandia se encuentra la central geotérmica más grande del mundo, Hellisheioi Power Station. Produce electricidad y calefacción para las viviendas. Las cúpulas geodésicas reducen el impacto visual sobre el terreno. El agua geotérmica también se utiliza para calentar grandes piscinas de agua caliente.

En Dinamarca, varias empresas se han puesto de acuerdo para que los desechos de una sean aprovechados por otras. El último ejemplo es el de una farmacéutica que fabrica insulina envía los lodos que genera a una instalación de bioenergía que los transforman en biogas y fertilizante. El gas residual de una refinería de petróleo, a modo de fuente de energía barata, se combinó con yeso de una central de carbón próxima para, así, extraer dióxido de carbono de los humos y reducir las emisiones de CO2 y ahorrar millones de euros. Los intercambios de residuos (agua, energía o materiales) ya se practican en los países nórdicos.


SUBPRODUCTOS. En Kalundborg, Dinamarca, 11 empresas colaboran en transformar residuos en recursos. Novo Nordisk, que prepara insulina, usa el vapor de una planta de energía próxima para esterilizar los equipos. Luego, envía grandes cantidades de lechada de levadura a una instalación de bioenergía donde microbios la procesan y convierten en gas natural.

En Alemania, donde existen amplias granjas de cerdos han encontrado una solución para evitar que los purines contaminen las aguas subterráneas. Han puesto en marcha una instalación regional, sufragada por todos los granjeros, donde extraen el fósforo, el potasio y el nitrógeno del estiércol. El extracto es “digerido” por microbios que generan biogas que, a su vez, produce energía eléctrica a la instalación en su propio generador. La energía eléctrica excedente es vendida a la red nacional de energía alemana. La instalación no produce residuos y vende el N-P-K (nitrógeno-fósforo-potasio) como fertilizante.

En Estados Unidos, la empresa Ecovative utiliza el micelio de los hongos para desarrollar y afinar materiales nuevos y sostenibles mediante la programación de la biología. El micelio, la estructura raíz de los hongos, cultivado en moldes híbridos de crecimiento permite crear microcapas sólidas aptas para la fabricación de suelas de zapatos o cuero vegano. En 2018 llegaron a fabricar un bolso a partir de tal sustancia. La fundición de micelio utiliza insumos naturales para producir materiales avanzados de alto rendimiento que también son compatibles con el planeta. Los materiales fabricados a partir de micelio se biodegradan con el tiempo después del ciclo de vida previsto para el producto, en contraste con los materiales a base de plástico que permanecen durante miles de años. Materiales fabricados a partir de compuestos biológicos estarán más presentes en el futuro y nos enseñan, además, cómo funciona la naturaleza.


Un trabajador clasifica los neumáticos en Kargro Recycling, una instalación en Vianen, Países Bajos. Cada año, más de 1.500 millones de neumáticos se desechan en todo el mundo. La compañía recauchuta algunos y recicla otros, extrayendo alambres de acero y triturando caucho. Otra empresa, Black Bear Carbon, procesa el caucho granulado en aceite y un carbón sólido carbonoso. El aceite se usa para biocombustible; el carbón puede usarse en neumáticos, tintas, revestimientos y productos de caucho.

¿BUENOS Y MALOS?
No es esta la cuestión, sino más bien somos un poco lerdos y poco dispuestos a los cambios. Somos herederos de tradiciones culturales inmovilistas y estancas. Lo que la economía circular transmite es la idea de que la naturaleza es buena para el ser humano y que no solo debemos limitar el daño que causamos sino que podemos avanzar apoyados en ella.  Debemos asumir que las energías renovables, el agua reciclada, los edificios de metal y sin hormigón, el almacenar agua potable para huertos y animales... es bueno para el ser humano y para el desarrollo de una economía alternativa que no destruiría empleo sino que lo generaría y los expandiría a otros campos del conocimiento.


Izquierda: Cambiar de combustibles fósiles a energías renovables, como el calor generado por el magma existente bajo los campos de lava de Islandia, es un paso esencial para crear una economía circular. La central eléctrica Hellisheiði, la planta geotérmica más grande del país y la tercera más grande del mundo, produce electricidad y calefacción para los hogares. Las cúpulas geodésicas sobre cada pozo ayudan a reducir el impacto visual en el paisaje. Derecha: En el Blue Lagoon (”Lago Azul”), el agua geotérmica que ya ha generado electricidad en la central eléctrica de Svartsengi, se utiliza para crear una atracción turística popular. El alto contenido de sílice del agua evita que se filtre en el campo de lava y le da un atractivo tinte acuoso.

La economía circular está inspirando a muchas personas y multiplicará su desarrollo en los años venideros. Debemos verla como una oportunidad no como un lastre ecologista. Pero para ello, debemos limitar el uso lineal de los recursos naturales y reducir nuestra huella de carbono. Pero lo cierto es que por el momento es más un sueño que una realidad tangible. Los indicadores aún están en rojo y tal vez sea factible con las nuevas generaciones. Lo que sí es una realidad es que el cambio climático no solo traerá sequías y desastres naturales, sino también nuevas plagas y enfermedades. Si no actuamos pronto, tal vez no exista otra oportunidad para la especie humana.



Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_circular
- The end of trash. National Geographic, March 2020.
https://ecovativedesign.com/
https://www.entocycle.com/
https://www.circle-economy.com/

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