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HISTORIA. Simón Bolívar, el Libertador de la América española


Simón Bolivar lideró durante veinte años la lucha para lograr la independencia de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. “No descansaré hasta romper las cadenas del dominio español en América”, juró en su juventud el caudillo venezolano que desde 1812 encabezó la lucha por la independencia de la América española.


El escritor y político venezolano, Rufino Blanco Fombona, afirmó en 1920 que a Bolívar no se le puede ver por encima del hombro, ni como general, ni como estadista, ni como escritor, ni como legislador, ni como tribuno. Bolívar es uno de los más complejos personajes históricos porque se nos revela no como un mesías ni como un semidiós homérico, sino como un ser humano de vida compleja, que levanta pasiones tanto a favor como en contra. 

Bolívar es el estereotipo típico del héroe, del místico incomprendido, que dio su vida por una idea, por un propósito último en el que creía firmemente, aunque su pueblo y los que le acompañaron en tal empresa no participasen de su misma visión. Bolívar soñaba con una América unida, desde México hasta el extremo austral de Chile y Argentina, una “liga americana” que reuniría a todos los estados hispano-americanos independientes en una federación que tendría una presencia propia en la política internacional. Una Unión Americana que imaginó ya en 1818.


En 1815, Bolívar proclamó a Cartagena de Indias “Ciudad Heroica” por su valentía en el sitio a que fue sometida por los españoles. En la imagen, iglesia de San Pedro Claver

UN CARÁCTER REBELDE
Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco, nació el 24 de julio de 1783 en Caracas. Sus padres pertenecía a uno de los linajes caraqueños, descendientes de los fundadores de la ciudad, y más reconocidos en el escalafón social durante el período colonial.

A los tres años de edad muere su padre y a los nueve su madre. Simón queda al cuidado de su abuelo, Feliciano Palacios. A pesar de ser un presunto heredero de extensas plantaciones y de una riqueza considerable, no tuvo una infancia feliz ni una educación sistemática. Su carácter rebelde levantó una barrera infranqueable. A los doce años abandona la casa de Carlos Palacios, su tutor, y huye a la de su hermana María Antonia. Tras un  pleito judicial sobre la administración de su fortuna, un profesor, Simón Rodríguez, es nombrado instructor del joven Bolívar, quien llegó a afirmar que su nuevo maestro “enseñaba divirtiendo”, dentro de una estrategia que se puede resumir en la máxima “instruir no es solo educar”.

A la muerte de su abuelo en 1799 es enviado a estudiar a Madrid, donde conoce a María Teresa Rodríguez del Toro con quien se casa en 1802, regresando a Venezuela con la intención de administrar sus propiedades. Apenas ocho meses después, María Teresa muere en Caracas de unas violentas fiebres, resultado de extremo clima tropical de la zona. Arrasado por la pérdida de su esposa, regresa a España, pero decide instalarse en París donde estudia las obras fundamentales de la literatura de la época, especialmente a Montesquieu, Rousseau, Voltaire y a los llamados  enciclopedistas.


La Orden de los Libertadores. Fue instituida por Bolívar en 1813 para premiar a los héroes de la patria. En 1880 se transformó en la Orden del Libertador, pero con el mismo objetivo.

Estando en París, su instructor Simón Rodriguez le propone visitar Italia donde conoce a Napoleón Bonaparte, su admirado e idealizado héroe, y donde proclamó “No daré descanso a mi brazo ni a mi espada hasta el día en que hayamos roto las cadenas del dominio español que nos oprime”. Los siguientes veinte años fueron los que le dieron brillo militar y político, al hilo del proceso de independencia de América del Sur.

Cuando en 1808 Napoleón colocó a su hermano José en el trono de España, la usurpación causó un agudo efecto en las colonias americanas que, entre otras cosas, dio lugar al movimiento secesionista de 1810 en Caracas que concluyó con la firma del Acta de la Independencia al año siguiente. Fue entonces cuando comenzó la vida pública de Simón Bolívar, integrándose con el grado de coronel en el ejército, que al mando de Francisco de Miranda, debía defender la república de la esperada reacción española.


Francisco de Miranda. En 1812 fue designado generalísimo y dictador de la Venezuela independiente, pero se rindió unos meses después. En la imagen se le puede ver en un retrato de juventud. Museo Nacional, Bogotá. 

EL FRACASO DE LA NUEVA REPÚBLICA
La Primera República, la “patria boba”, apenas duró dos años. El ejército español, mejor preparado que el venezolano, impuso su ley. Miranda negoció con el comandante del ejército español, Domingo de Monteverde, los términos de la capitulación. La admiración por el viejo general se apagó el 31 de julio de 1812 cuando fue entregado a los españoles. El propio Bolívar participó en la detención de Miranda, y nunca se arrepintió de esta acción. De este primer fracaso, Bolívar extrajo su propia lección: el liderazgo lo es todo.

En 1812, Bolívar escribe su Manifiesto de Cartagena, en el que plantea la reconquista de caracas como paso previo para la independencia de lo que se configuraría como un nuevo Estado llamado Colombia. En 1813 protagoniza la Campaña Admirable, origen de la Segunda República, en la que Bolívar y su ejército atraviesan los Andes a caballo y, tras varias victoriosas batallas, entran triunfalmente en Caracas en agosto de ese mismo año. Dos meses después, lanzó en Trujillo la proclama de “Guerra a muerte” con la intención de nacionalizar el conflicto. Es en ese momento cuando la Municipalidad caraqueña le otorga el título de Libertador y el cargo de capitán general de los Ejércitos de Nueva Granada y Venezuela.


No obstante, la indisciplina, las luchas intestinas y el hostigamiento de enemigos de la independencia (llaneros y bandas de guerrilleros), obligó al ejército patriota a emigrar al oriente del país con casi toda la población de Caracas. Era el fin de la Segunda República.
Bolívar viajó a Bogotá y a Cartagena. De allí partió a Kingston, donde escribiría la célebre Carta de Jamaica en la que, según Uslar Pietri, “describió el más complejo y deslumbrante panorama de la situación y del futuro del continente”. De allí, viajaría a Haití donde recibió la ayuda de su presidente Pétion.


Manuela Sáenz (del 27 de diciembre de 1797 al 23 de noviembre de 1856) fue una mujer noble ecuatoriana, confidente y amante de Simón Bolívar antes y durante las guerras sudamericanas de independencia de España. En septiembre de 1828, salvó la vida de Bolívar cuando los rivales políticos intentaron asesinarlo en Bogotá. Esto le valió el título de "Liberadora del Libertador". Es considerada una heroína nacional en su ciudad natal de Quito, Ecuador.

Pese a la derrota y el recelo de los otros líderes, insistió en permanecer como jefe supremo del ejército, y con el apoyo de algunos generales (José Antonio Páez y Manuel Piar), logró dar un nuevo impulso a la lucha. Así, en 1817, toma Guayana y la convierte en base de operaciones. Funda el periódico, el Correo del Orinoco, y convoca en 1819 un congreso en Angostura, donde pronuncia el más importante de sus mensajes políticos: el Discurso de Angostura.

Acto seguido, Bolívar, al mando de unos 3.000 hombres, repite la hazaña de 1813 cruzando los Andes en plena temporada de lluvias. Sorprende al ejército español, dirigido por el brigadier José María Barreiro, a quien derrota en la batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1819. A su regreso a Angostura, logra que se apruebe la constitución de la República de Colombia (o Gran Colombia), que integraba las actuales Venezuela y Colombia, aunque Venezuela seguía en manos españolas.

La instauración de un régimen liberal en España en 1820, facilitó el inicio de negociaciones entre ambos bandos, si bien Bolívar no aceptó ninguna de las condiciones planteadas por los españoles. Prueba de ello, es que en junio de 1821 los independentistas logran una gran victoria en la llanura de Carabobo, frente a Caracas, sellando la independencia de Venezuela. El congreso de Cúcuta eligió a Bolívar presidente de Colombia y le otorgó amplios poderes ejecutivos.


Su modelo: un Estado centralizado distante de los extremos monárquicos y de la anarquía democrática.

LA DERROTA DE ESPAÑA
En su afán por ampliar el territorio de la tercera República recién fundada, Bolívar extiende el conflicto a Ecuador donde en 1822 derrota a las fuerzas españolas en Bomboná, aunque a costa de muchas bajas. Mientras, uno de sus generales más leales, Antonio José de Sucre, consigue una victoria aplastante a los pies del volcán Pichincha, liberando el virreinato del Perú que Bolívar anexionó a Guayaquil. Por su parte, en el sur, José Francisco de San Martín, que se había enfrentado con éxito a los españoles en Argentina y Chile, se había declarado “Protector del Perú, con la intención, semejante a la de Bolívar, de llevar la independencia a todo el continente. Tras la liberación de Chile, y apoyado por la flota del aventurero inglés lord Cochrane, San Martín desembarca en Lima y establece el Protectorado, ante el recelo de la clase conservadora de la ciudad.


El empuje independentista, desde el norte y desde el sur del continente, fuerza una conferencia entre Bolívar y San Martín que se celebra en Guayaquil el 27 de julio de 1822. De resultas de esta conferencia, San Martín deja el camino libre a Bolívar. 

En 1824, Bolívar derrota al general español José de Canterac en Junín, obligando al ejército español a replegarse hacia Cuzco. Por su parte, Sucre vence al último virrey peruano, José de la Serna, conde de los Andes, en Ayacucho, a finales de 1824. Con ello se cierra el ciclo de las batallas y la guerra de independencia se da por concluida y se consuma la derrota de las tropas de Fernando VII tras doce años de lucha. España no sería nunca más dueña de territorio continental, y antes de que acabase el siglo XIX perdería también sus posesiones en Cuba, Puerto Rico y las Filipinas.


Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819. Óleo por José Espinosa. La epopeya emancipadora de Bolívar tuvo un reverso menos positivo: el enorme sufrimiento de la población civil. Se ha calculado que en Venezuela perecieron durante la guerra 300.000 personas, lo que equivale a un tercio de sus habitantes

EL FINAL DE UN SUEÑO
Nada más terminar las hostilidades, dieron comienzo las intrigas políticas. Bolívar, en la cima de su carrera, brillaba como el Libertador de todo un continente. La Gran Colombia que presidía agrupaba los actuales estados de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá; Perú y Bolivia, liberados por él mismo y por Sucre, se mantenían en su órbita. Pero Bolívar quería ir más allá. En 1818 soñaba con una América unida, una reina de las naciones, una madre de las repúblicas. Ya presidente de Colombia, imaginaba una “liga americana” que uniría su república con los demás estados independientes hispano-americanos (México, Perú, Chile y Argentina) en una federación que tendría una presencia política propia en la esfera internacional. 

Poco tardaron los antiguos compañeros de armas en convertirse en enemigos. Páez se alejó de él, Santander no lo quería en Nueva Granada y Santa Cruz revocó la constitución bolivariana de Perú. Acusado de ansias imperiales, en 1828 asumió la dictadura tras una conspiración en Bolivia que casi le cuesta la vida. Hastiado de tantas rencillas y crímenes políticos, en enero de 1830 convocó un congreso en el que presentó su dimisión irrevocable. A los pocos meses, su república unificada se disolvió dejando en su lugar a un conjunto de nuevos países independientes gobernados por caudillos militares. La república liberadora cede su ritmo a las dictaduras presidencialistas.

Bolívar falleció de tuberculosis el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta, con 47 años de edad, alejado de la vida pública, empobrecido y perseguido con saña por sus enemigos. En su testamento político, su último deseo fue: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. La declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776 alentó a los criollos de las colonias españolas a alzarse contra España.

UNA GUERRA DEVASTADORA
Los ejércitos reclutados por Bolívar no pasaron de 2.000 o 3.000 hombres en campaña, pero mostraron una extraordinaria movilidad, como evidencia la campaña de liberación de Ecuador. A menudo, las batallas se reducían a ataques por sorpresa que duraban apenas un par de horas y producían pocas bajas, como ocurrió en Boyacá. en la de Bomboná, en cambio, los patriotas sufrieron 1.300 bajas, la mitad del total.

La población civil venezolana sufrió en sus carnes el conflicto. En 1813 y 1814, Boves y los llaneros (guerrilleros de la región de los Llanos, muchos indígenas y negros), aniquilaron poblaciones enteras, como Valencia, con métodos de horrible sadismo. El general español Pablo Morillo daba en 1817 a sus soldados la consigna de “quemar las ciudades, decapitar a los habitantes, asolar el país, no respetar sexo ni edad”.


Se ha calculado que en Venezuela perecieron durante la guerra 300.00 personas, un tercio de sus habitantes.

Los combatientes capturados por cualquiera de los dos bandos a menudo eran fusilados en masa. El propio Bolívar, en aplicación de su consigna “guerra a muerte”, ordenó en 1814 que se ejecutara a 866 realistas capturados en La Guaira. En 1816, dentro de la campaña de represión española, 600 personas fueron ejecutadas en Bogotá. Esta práctica horrorizó a aquellos voluntarios británicos que llegaron a Venezuela.

Los atentados y asesinatos políticos estuvieron en el orden del día durante todo el proceso de independencia. Bolívar sufrió varios ataques; durante su estancia en Jamaica, un criado comprado por los españoles apuñaló a un amigo de Bolívar mientras dormía creyendo que era él. Sucre fue asesinado en una emboscada en 1830. El propio Bolívar se deshizo de un rival cuando en 1817 ordenó ejecutar a Piar por insubordinación.

También sobrevivió a numerosos intentos de asesinato sin un rasguño. Algunos se han preguntado si fue asesinado, y es cierto que se ha encontrado algo de arsénico en sus restos, pero el arsénico se usaba comúnmente en ese momento como medicina. Tras la muerte de su esposa, Bolívar nunca se volvió a casar, prefirió una larga serie de aventuras con las mujeres que conoció mientras hacía campaña. Lo más parecido a una novia a largo plazo que tuvo fue Manuela Sáenz, la esposa ecuatoriana de un médico británico, pero la dejó atrás mientras hacía campaña y tenía varias otras amantes al mismo tiempo. Sáenz le salvó la vida una noche en Bogotá al ayudarlo a escapar de algunos asesinos enviados por sus enemigos.


José Francisco de San Martín. Tras liberar Chile y tomar Lima en 1821, el libertador argentino cedió el protagonismo a Bolívar en Guayaquil, en 1822. Óleo del siglo XIX. 

Simón Bolívar, aunque un gran defensor de la independencia del rey de España, tenía una racha dictatorial en él. Creía en la democracia, pero sentía que las naciones de América Latina recién liberadas no estaban listas para ello. Creía que se necesitaba una mano firme en los controles durante unos años mientras el polvo se asentaba. Puso en práctica sus creencias mientras era presidente de Gran Colombia, gobernando desde una posición de poder supremo. Sin embargo, lo hizo muy impopular.

Él predijo que si Gran Colombia se desmoronara y se permitiera formar repúblicas más pequeñas y débiles a partir de las cenizas del sistema colonial español, la región siempre estaría en desventaja internacional, tal como sucedió y es la realidad actual de toda latino-América.


En este mapa de América latina se muestran los movimientos de Simón Bolívar por el continente (flechas granate) y los años en que cada uno de los países consiguió su independencia.

Fuentes:
- Los libertadores. Robert Harvey, RBA, Barcelona, 2010
- Simón Bolívar. John Lynch, Crítica, Barcelona, 2006.
- El general en su laberinto. Gabriel G. Márquez. Debolsillo, 2003
- Las lanzas coloradas. Arturo Uslar Pietri. Cátedra, 1993
- Scheina, Robert L. Latin America's Wars, Volume 1: The Age of the Caudillo 1791-1899.  Washington, D.C.: Brassey's Inc., 2003
- www.cervantesvirtual.com/bib_autor/bolivar/

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