Subscribe Us

MUNDO ANIMAL. Extraña Belleza

Los “treehoppers” del género Heteronotus imitan las hormigas y/o las avispas. 
Si hubiera una competencia por el insecto más raro del mundo, los “treehoppers” tendrían muchas posibilidades de ocupar el primer lugar. ¿Qué son estos insectos y sus extrañas protuberancias?


Se les conoce como “Treehoppers”, un grupo de insectos hemípteros relacionados con las Cicadidae y Cicadellidae. Son pequeñas maravillas. Encontrados en todos los continentes, excepto en la Antártida, estos insectos tienen aspectos que se asemejan a cascos con formas espectaculares. Algunos parecen espinas de plantas o cuernos de toro. Increíblemente, los cascos evolucionaron a partir de un tercer conjunto de alas. Los científicos estiman que hay más de 3000 especies en todo el mundo, repartidas en 300 géneros y pertenecientes a tres distintas familias (Melizoderidae, Aetalionidae y Membracidae).

Existen más especies de “treehoppers” en los trópicos que en otras regiones del planeta. Este insecto con forma de “C” se puede encontrar en el Ecuador (Fuente: Pavel Kirillov via Flickr // CC BY-SA 2.0)
¿Por qué tienen sombreros tan extravagantes? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Los científicos piensan que podría ser por camuflaje o protección, y hay evidencia de que los cascos también pueden tener propiedades sensoriales.

Estos insectos comen savia, y utilizan sus bocas afiladas para perforar las plantas y sorber sus líquidos. Mientras comen, expulsan residuos azucarados llamados mielada. Algunas hormigas, avispas y otras criaturas que merodean en su entorno beben la mielada y, a cambio, las hormigas protegen a sus amigos azucareros de los depredadores. Recoger o coleccionar “treehoppers” que tienen aliados a las hormigas puede ser doloroso por picaduras en las manos. Pero la asombrosa variedad de estos bichos extraños produce infinitas sorpresas.

Los “Treehoppers” también pueden comunicarse entre sí enviando vibraciones a lo largo de las plantas, y muchos son gregarios, con padres y jóvenes reunidos en grandes grupos. 

Todas las "espinas" de esta planta son solo insectos disfrazados. Algunos “treehoppers” imitan espinas que se deslizan silenciosamente hacia el otro lado del tallo si te acercas. (Fuente: Marshal Hedin, Flickr // CC BY-SA 2.0)
El disfraz espinoso de un “treehopper” es mucho menos efectivo cuando no está en el tallo de una planta

Como su nombre lo sugiere, estos diminutos insectos, ninguno de ellos es más largo que una moneda de diez céntimos, viven en árboles y plantas de todo el mundo, con casi la mitad de las 3200 especies descritas que habitan los trópicos del Nuevo Mundo. La selva ecuatoriana podría albergar fácilmente más especies de “treehoppers” que las que se encuentran en toda Europa.

Aunque en un primer plano los “treehoppers” parecen monstruos, no hay que tener miedo ya que estos insectos tienden a ser pequeños.

Muchos “treehoppers” tienen formas irregulares que se ven extrañas de cerca, pero se mezclan desde lejos con el follaje. (Fuente: USGS Bee Inventory and Monitoring Lab, Flickr )

Los “treehoppers” son miembros de una enorme y variada orden de insectos conocidos como los Hemiptera, que incluyen saltamontes y cigarras. Al igual que otros de su tipo, están equipados con piezas bucales para perforar los tallos de las plantas y sorber los jugos del interior. Algo así como los mosquitos, tienen dos tubos entrelazados de alimentación similares a agujas, uno para absorber líquidos y el otro para secretar saliva que evita que los jugos se coagulen.

El Buffalo “treehopper” (Alchisme grossa) se puede encontrar en los EE. UU. Se parece menos a un búfalo y más a un extraterrestre, y puede ser una plaga en los árboles frutales.

Debido a que a menudo se contentan con deleitarse con la recompensa de una planta, la mayoría de los “treehoppers” representan una pequeña amenaza para los cultivos con importancia económica (aunque pueden propagar alguna enfermedad botánica).

El Lantana “treehopper” puede parecer un unicornio de pesadilla, pero está ayudando a controlar una maleza invasora llamada Lantana en Australia. (Fuente: James Niland, Wikimedia Commons // CC BY 2.0)
Conocidas por sus devotos cuidados parentales, las madres saltadoras de árboles de la especie Alchisme tridentata vigilan a su progenie hasta que los jóvenes “hoppers” tienen la edad suficiente para volar. Las ninfas tienen púas y tonos rojos y amarillos brillantes, probablemente advirtiendo que son desagradables (Fuente: JAVIER AZNARGONZÁ LEZ DE RUEDA).

Los pronunciados “cascos” (pronotos) ayudan a proteger a los “treehoppers” de los depredadores. Las espinas y púas advierten que podrían ser difíciles de tragar, y los colores brillantes anuncian toxinas en su interior. La mímica, el arte de parecer otra cosa, también juega un papel defensivo. Los extraños globos que coronan el cuerpo del Bocydium se parecen a los globos de Cordyceps, un hongo que mata insectos comunes en las selvas tropicales. Aunque los pronotos son grandes, también son huecos y livianos, lo que permite a los insectos volar con sorprendente facilidad. Curiosamente, su pronoto está conectado con nervios y estructuras similares a pelos por los que reciben estímulos desconocidos y pueden ayudar a los insectos a percibir su entorno.


Innovación del plan corporal en los “treehoppers” a través de la evolución de un apéndice extra. Esta innovación en el cuerpo del insecto es una situación sin precedentes en 250 millones de años de evolución de los insectos. Los expertos sugieren que el “casco” surgió al escapar de la ancestral formación de alas debida a un tipo de genes Hox, que esculpe el número y el patrón de los apéndices a lo largo del eje del cuerpo. Además, la excepcional diversificación morfológica del casco fue posible porque, a diferencia de las alas, escapó a los estrictos requisitos funcionales impuestos por el vuelo. Este ejemplo ilustra cómo las estructuras morfológicas complejas pueden surgir de la expresión de potenciales de desarrollo ancestrales y alimentar la diversificación morfológica de un linaje evolutivo.


Fuentes: National Geographic, Wikipedia, Science Direct, Nature.com

Publicar un comentario

0 Comentarios