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HISTORIA. INCAS, el imperio de los Hijos del Sol


El valle del rio Urubamba es conocido a nivel mundial como el Valle Sagrado de los Incas. El valle alberga bellos pueblos tradicionales andinos de la época precolombina. En ellos se puede encontrar antiguos asentamientos incas repartidos a lo largo del valle, en medio de montañas pertenecientes a la cordillera de los Andes. Tuvo gran importancia para los incas, que lo sembraron de palacios, templos y fortalezas que hoy son Patrimonio Mundial.

El último gran proyecto político panandino fue el Tahuantinsuyu, un reino inmenso sometido al gobierno de un príncipe poderoso: el inca, hijo del Sol. El Tahuantinsuyu, en su máximo apogeo, abarcaba el territorio que va desde el río Ancasmayo, en el sur de Colombia, hasta las riberas del río Maule, en el centro de Chile, y desde la costa del Pacífico hasta la ceja de la selva amazónica. A principios del siglo XVI, los incas dominaban a unos 12 millones de habitantes. 


El Tahuantinsuyu, que en quechua significa “los cuatro puntos cardinales”, fue un formidable imperio, con capital en Cuzco, con un idioma común, el quechua, el Rumi Simi o “lengua de los hombres”.
El Tahuantinsuyu fue el Imperio más extenso de América. Su creación y mantenimiento hubiera resultado imposible sin el sistema vial que unió las cuatro regiones (suyus) en que se dividía. Para los pueblos sometidos, estos caminos eran un perenne recordatorio del poder y la autoridad del Inca.

ESTRUCTURA POLÍTICA DEL IMPERIO INCA
En el siglo XV, el Imperio inca era un ente político habitado por numerosas etnias y culturas. En las tierras altas, entre los años 500 y 1000, emergieron dos centros de poder: el Imperio huari, cerca de la actual ciudad de Ayacucho, y el Imperio de Tiahuanaco, en las orillas del lago andino de Titicaca, cuyo carácter urbano y militar moldearía a los incas de los siglos posteriores. Estos Estados iniciaron su decadencia hacia el siglo X, mientras Estados costeros, como Chimú o Huancavelica, alcanzaban estabilidad política y económica.

El impulso unificador llegó de Cuzco. Hacia 1200, Manco Cápac, tras dominar a las tribus de los alrededores de su ciudad, emergió como primer gobernante de un ente político todavía carente de una idea de Estado. Su hermana y esposa fue Mama Ocllo, y ambos iniciaron la dinastía de los Hurin Cuzco.


PACHA CÚTEC, el primer gran soberano del Imperio inca. Óleo del siglo XVIII.

La expansión militar inca tuvo lugar en el siglo XV, durante los reinados de Pachacútec y Túpac Yupanqui. El inmenso territorio conquistado estaba dividido en cuatro partes llamadas suyus, y al frente de cada uno de ellos una familia real ejercía el poder efectivo. En la cúspide del imperio estaba el inca, imbuido de poderes religiosos, ya que descendía de un dios. La sucesión se realizaba de padre a hijo y, aunque no regía el principio de primogenitura, el heredero debía ser uno de los príncipes o auquis habidos con la esposa principal, la coya (o colla). Cuzco, capital, corte y santuario, corazón del Tahuantinsuyu, era el centro de una tupida red de caminos reales que enlazaban la montaña con la selva y la costa. Esta extensa red de caminos estaba jalonada por tambos o postas. 

Una burocracia real daba consistencia a los cuatro suyus, y en grandes centros administrativos como Willka Waman, Huánuco Pampa o Tumi Pampa, construidos a los largo del Camino Real, se concentraban inspectores y funcionarios reales junto a grandes almacenes de comida. Cada suyu estaba gobernado por un suyoyocapu que era el representante del soberano, generalmente un hermano o tío de éste. Cada suyu se dividía en territorios de unos 40.000 habitantes, gobernados por los curacas, gobernadores locales que gozaban de cierta independencia política.

Fortaleza de PISAC, situada en el valle sagrado. Levantada por el Inca Pachacútec, formaba parte del impresionante circuito fortificado que los incas construyeron en esta zona para proteger la capital, Cuzco.

LA RELIGIÓN INCA
Con la expansión del imperio, se consolidó la homogeneidad religiosa del área andina, sobre cuya base el poder político de los incas fundamentó su idea del Estado. El dios del imperio era Inti, el Sol protector y dador de vida, el padre o antecesor místico de la dinastía inca; por eso, el soberano era considerado hijo del Sol y poseía carácter divino. Como deidad suprema tenía un templo de piedra para honrarle en todos los lugares del Imperio. El más excepcional fue el Coricancha, construido en Cuzco.


La otra deidad de los Andes era Viracocha, el dios creador, el héroe civilizador llegado del oeste y desaparecido en las aguas del mar una vez concluida su misión. Pero su regreso se esperaba en algún momento de la historia, y ese momento se identificó con la llegada de Pizarro. El Inti y Viracocha eran complementarios y opuestos. El Inti se vinculaba con todo lo de Arriba (el Sol, el cielo, el fuego, las cumbres montañosas...), mientras que Viracocha era el dios de lo de Abajo (la tierra, el agua, los hombres). Dentro del Olimpo andino también tenían lugar destacado las divinidades relacionadas con la luna, las estrellas, el rayo y, sobre todo, la Tierra, identificada con la Pachamama, deidad asociada a la fertilidad y a la producción agrícola. Aunque el culto al Sol fue la religión oficial, cada comunidad veneraba también a las deidades locales llamadas huacas, identificadas con elementos de la naturaleza.


TEMPLO DEL SOL DE OLLANTAYTAMBO. La ciudad fue construida por el inca Pachacútec en el Camino Real, y durante la conquista española sirvió como capital temporal de Manco Cápac II, líder de la resistencia inca, que la mandó fortificar. En 1540, la población nativa de Ollantaytambo fue asignada en encomienda a Pizarro.
ADMINISTRACIÓN DEL IMPERIO
El complejo sistema económico-administrativo del imperio exigió el desarrollo de una red de funcionarios y burócratas, en su mayoría miembros de la aristocracia cuzqueña. La extensión del territorio y la multiplicidad de los pueblos, hizo necesaria la colaboración de las noblezas locales. Así, muchos jefes regionales, llamados curacas, pertenecían a la comunidad étnica que gobernaba, especialmente en las tierras altas. Por debajo se encontraba la masa de la población, los hatunruna o “gente común”.


SACSAYHUAMÁN. Esta fortaleza ceremonial, de muros megalíticos, es la mayor obra arquitectónica construida por los incas. Iniciada por Pachacútec, la acabó Huayna Cápac en el siglo XVI. Se encuentra a dos kilómetros de la ciudad de Cuzco y ocupa una extensión de 3.700 Ha.

La burocracia imperial se concentraba en los grandes núcleos urbanos como Paria, Pisac, Huánuco Pampa, Willka Waman, Ollantaytambo o Tumi Pampa, todos construidos a los largo del Camino Real. Cada 20 kilómetros había construcciones llamados tambos que servían para que descansaran los viajantes y para almacenar grano, armas y otros bienes. Del mantenimiento de los tambos, como de los caminos, se encargaban los hatunruna. Los caminos se adaptaban al terreno. Los de la sierra salvaban acantilados con escaleras excavadas en la roca o túneles que horadaban la montaña. En cambio, los que discurrían por la costa estaban protegidos de la erosión de la arena con tapiales, y los transeúntes gozaban de sombra con los árboles que se plantaban a ambos lados y bebían agua de los caños que salpicaban el camino.

Los grupos étnicos que acogía el Imperio inca desarrollaron un modelo de asentamiento disperso, típicamente andino, en el cual cada grupo de familias o ayllu, poseía una serie de tierras cultivables que se situaban a unos tres o cuatro días de camino del asentamiento principal. A similares distancias, otros colonos se dedicaban a cuidar rebaños de camélidos, extraían sal, cultivaban coca o cortaban madera. Una parte de las tierras de cada ayllu era de explotación colectiva, y una porción de las mismas pertenecía al inca y al Sol.


QUIPUS INCAS. Los antiguos incas usaban sus instrumentos de cordones coloreados y anudados para más que hacer cuentas. Esas herramientas, llamadas quipus, recurrían a combinaciones de nudos para representar números, y servían para llevar inventarios de maíz, frijol y otras provisiones. Crónicas españolas de la época colonial afirman que los quipus incas también codificaban historias, biografías y cartas, mas los investigadores aún no han esclarecido el significado no numérico de los cordones y los nudos.

La contabilidad se basaba en un minucioso método, los quipus, registros en los que se consignaban las cosechas, los nacimientos, las muertes y los matrimonios, así como los efectivos del ejército y el número de quienes trabajaban en el campo y las obras públicas.

Cada cierto tiempo, los tupus o tierras cultivables repartidas entre las familias se redistribuían para adaptarlas a las variaciones demográficas. Este sistema permitía la complementariedad ecológica y compartir recursos de muy diversa naturaleza; así, una misma población podía surtirse de diferentes productos, aun cuando las tierras sobre las que se asentaban no permitiesen tal variedad agropecuaria.


TERRAZAS AGRÍCOLAS EN ALTA MONTAÑA. Este impresionante anfiteatro de antiguos cultivos se encuentra en la localidad de Moray, en el Valle Sagrado de los incas. Se cree que los incas diseñaron y utilizaron terrazas a modo de laboratorio para promover la adaptación de cultivos del Valle Sagrado a las mayores alturas de la ciudad de Cuzco.

“Uno de los pilares de la alimentación de los incas fue el maíz. Se almacenaba en graneros o colcas. El control de las áreas de cultivo de esta planta era considerado un asunto de Estado.


TERRAZAS AGRÍCOLAS. Los andenes de cultivo conforman el denominado sector agrícola de Machu Picchu. Formados por muros de piedras de hasta 20 m de largo por 4 m de alto, están provistos de un relleno de piedras, arcillas y tierra de cultivo que facilitan el drenaje y el mayor aprovechamiento de las cosechas. Se cree que estuvieron en uso hasta principios del siglo XX.

La aristocracia cuzqueña dejaba también en manos de los jefes locales la ejecución de cualquier política, como la organización de los turnos de mita (trabajo comunal obligatorio). Aunque solo los solteros pagaban tributos, las prestaciones al Estado se realizaban en forma de trabajos en las tareas comunes: ceremonias religiosas, construcciones, cultivos de coca y maíz, servicio militar y extracción de minerales y sal.


MACHU PICCHU no era una ciudad aislada, ya que el valle que la rodeaba estaba densamente poblado. Se piensa que fue un complejo administrativo y religioso, cuya población osciló entre 300 y 1.000 personas. Fue descubierta en 1911 por una expedición liderada por Hiram Bingham. Está enclavada a 2.400 m de altitud. Rodeada de selva y dominando el valle del río Urubamba, fue construida por Pachacútec. En la imagen: (1) Grupo alto de viviendas y talleres; (2) Palacio Real, residencia del Inca; (3) Plaza principal, espacio llano dividido en dos sectores; (4) Sector alto de la ciudad, residencia de sacerdotes y altos dignatarios del Imperio; (5) Sector bajo, destinado a zona industrial y de servicios; (6) Palacio de la Princesa, residencia del sacerdote del templo.


INTIHUATANA. “La piedra donde se amarra al Sol”. Situado en el punto más alto de Machu Picchu, este lugar mágico está coronado por un monolito cuandrangular tallado en un afloramiento rocoso con funciones de reloj solar; era un observatorio astronómico que servía para calcular los solsticios y los equinoccios, y un lugar de veneración al que se atribuye una especial energía vital y mística.

ARTE Y ARQUITECTURA
Los incas elaboraron magníficos objetos de oro y plata, pero quizás sus ejemplos más notables de arte fueron los textiles. La tela fue muy apreciada por los incas y representa su mayor logro artístico. Los incas cultivaban algodón, cortaban lana y usaban telares para crear sus elaborados textiles. El mejor grado de tela se llamaba cumpi, y estaba reservado para el emperador y la nobleza. Hecho de lana de alpaca o vicuña y algodón, o a veces de materiales más exóticos como el pelo de murciélago o colibrí, el cumpi era un tejido tapiz decorado con complejos diseños multicolores.


ARTESANÍA INCA. Cerámica pintada que representa a un aguador con su recipiente en la espalda y el típico gorro cónico andino. Museo Etnológico, Berlín.

Las habilidades incas para trabajar la piedra también eran formidables. Sus artesanos encajaban la piedra de construcción sin usar ningún mortero, de modo que un objeto tan delgado como una hoja de afeitar no se pudiera insertar entre las piedras. Labraban grandes bloques de piedra sin usar útiles de hierro y los ensamblaban sin argamasa. Según el inca Garcilaso de la Vega, daban forma a los bloques golpeándolos con unas piedras negras.


KERO. Vaso policromado inca realizado en madera, de forma troncocónica, típico de muchas culturas andinas (Museo de Brooklin, Nueva York).


OREJONES. Éste fue el nombre por el que los españoles conocían a los incas pertenecientes a la nobleza, pues una de sus características eran los grandes lóbulos de sus orejas provocados por los pesados pendientes de oro con los que se adornaban. Esta estatuilla muestra uno de estos orejones. Data dekl siglo XV y está realizada en plata con incrustaciones de oro y coral (Ethnologisches Museum, Berlín).


PROFECÍAS Y SACRIFICIOS

El ritual llegó a ser muy elaborado y en torno a él nació una jerarquía sacerdotal, cuyas funciones también incluían vaticinar el futuro. La respuesta la buscaban en las vísceras de las llamas o en la atenta observación del fuego en un brasero sagrado, o en el movimiento de las arañas en cautividad. El mismo Huayna Cápac utilizó estos servicios para designar a su sucesor entre sus dos hijos celebrando la ceremonia de la Callpa, en la que los sacerdotes interpretan las entrañas de una llama. Las necesidades de la institución religiosa eran cubiertas por las acllacunas, “las elegidas”. Ellas se encargaban de asistir a los sacerdotes en las ceremonias y de preparar la comida, la bebida y la ropa. Eran hermosas niñas seleccionadas por todo el Imperio para ingresar en las acllahuasi, las casas de las elegidas. Algunas servían en las huacas y santuarios, en perpetua virginidad; otras para los sacrificios ó como mujeres o mancebas del Inca y otros parientes o capitanes suyos.


MACHU PICCHU. Vista de sur a norte. A la izquierda se ve el sector Hanan de la ciudad (con la estructura piramidal de la colina del Intihuatana) y a la derecha el sector Oriente, separadas por la plaza principal. Al fondo el Cerro Huayna Picchu. La imagen está tomada desde lo alto del sector agrícola, al sur del complejo.

RITOS FUNERARIOS INCAS: LA MOMIFICACIÓN
Para los incas, la muerte era el paso a otra vida. No creían en la resurrección pero estaban convencidos de que el camaquen (la fuerza vital, el alma) no desaparecía, sino que permanecía en las momias, en animales y en algunos lugares, como los cerros, los lagos o los templos. Trataban al difunto como si siguiera en vida, y a los cuerpos de los incas y de los grandes dignatarios se les atribuían poderes mágicos y adivinatorios. Esta fuerza vital, que animaba toda la creación, confería un carácter sagrado a todo el mundo andino y lo comunicaba con una dimensión espiritual.



Estas creencias obligaban a mantener intacto el cuerpo de los muertos y para ello se pusieron en práctica diferentes métodos de momificación, que variaban según la dignidad de los muertos y la zona donde se realizaban. En las regiones desérticas, como Paracas, Nazca o Atacama, se dejaba que el cadáver se deshidratara bajo el sol abrasador; en la zona andina, el frío, la escasez de oxígeno y la relativa humedad favorecían la momificación natural. 


 La Dama de Hielo (llamada Juanita), hallada en el nevado Ampato (a más de 6.000m. de altitud). Es la momia de una niña de 13-14 años, fallecida entre 1440 y 1450, y descubierta por el arqueólogo Johan Reinhard en 1995.


Los cadáveres de los incas, los familiares reales y los curacas se momificaban artificialmente. Se sustituían los tejidos blandos con arcillas y el esqueleto se reforzaba con materiales consistentes; luego se ahumaba el cuerpo, se untaba con betún, sebo de maíz, bálsamo y otras resinas, y se rellenaba con hierbas antisépticas. La momia se colocaba en su machay (cueva) junto con los demás difuntos de su ayllu o familia.


Nichos para momias en Tambomachay, cerca de Cuzo.

LOS SOBERANOS DEL PERÍODO IMPERIAL, TAHUANTINSUYU
El linaje de los incas arranca con la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo, fundadores de la dinastía que dominó los Andes desde 1200 d.C. A Manco le siguieron ocho incas más hasta Pachacútec, el creador del Estado imperial que conocieron los españoles. Desde 1537 hasta 1572, existió un reino inca rebelde en las tierras sagradas de Vilcabamba hasta que fue derrotado. En 1780 se produjo una nueva y efímera proclamación de rebeldía con Túpac Amaru II. La independencia republicana acabó con cualquier vestigio de continuidad política inca.


La Corona española sancionaba con las leyes castellanas la transferencia de poder de los linajes americanos, y pedía a caciques y monarcas que “voluntariamente” aceptasen ser súbditos del rey de España en una ceremonia legal. En esta pintura sobre tabla española del siglo XVIII, el linaje de los incas, desde Manco Cápac hasta Atahualpa, y el de los reyes de España, desde Carlos I hasta Fernando VI. Tras la conquista de Pizarro, Atahualpa se reconoció súbdito del rey de España pasando, así, el incanato a ser un territorio más de la Corona de Castilla.

1438-1471 d.C. Pachacútec. Con él se inicia la gran expansión del Imperio Inca y la creación del Tahuantinsuyu. Conquistó el altiplano peruano y parte del actual Ecuador.

1471-1493 d.C. Túpac Yupanqui. Continuador de la expansión imperial, conquista los actuales territorios del norte de Chile, Bolivia y Argentina.

1493-1525 d.C. Huayna Cápac. Asume el trono al morir su padre Túpac Yupanqui, siendo él muy joven. Lleva el Tahuantinsuyu a su máxima extensión territorial.

1525-1532 d.C. Huáscar. Elegido inca tras la muerte de Huayna, vio cómo su hermano Atahualpa iniciaba una sublevación contra él. Fue ejecutado.

1532-1533 d.C. Atahualpa. Ocupaba el trono en el momento en que Pizarro y su hueste iniciaban la conquista del Perú. Fue ejecutado por orden de Pizarro.


ATAHUALPA. Aunque tuvo sucesores nombrados por los conquistadores españoles, se le considera el último gobernante del Imperio Inca. Este retrato ilustra una obra española del siglo XVI.

EL VASTO REINO DE LOS ANDES


INGAPIRCA, CAPITAL DE LOS CAÑARIS. Tupác Yupanqui emprendió la exitosa conquista de los pueblos del actual Ecuador. Tras vencer a los cañaris residió un tiempo en Ingapirca, su capital, donde erigió un gran complejo palaciego y religioso. Desde allí ordenó construir puentes y caminos. El que unía Cuzco y Quito constituyó la columna vertebral del Imperio.


CHAN CHAN, LA GRAN CIUDAD CHIMÚ. La espléndida capital del pueblo chimú, edificada totalmente en adobe y situada en la costa norte de Perú, fue durante mucho tiempo rival de Cuzco. Tupác Yupanqui venció a los belicosos habitantes en 1470, llevándose a Cuzo sus tesoros junto con sus hábiles artesanos. La vía costera inca discurre junto a Chan Chan.


CUZCO, LA CAPITAL DEL IMPERIO. Pachacútec y su hijo, Tupác Yupanqui, icieron de Cuzo el centro neurálgico de su Imperio, el lugar donde confluían todas las rutas que unían las regiones del Tahuantinsuyu. Allí se levantaba el Coricancha, el templo más importante dedicado al dios Inti, el Sol, sobre el que los españoles erigieron el convento de Santo Domingo.


CHOQUEQUIRAO,  EL OTRO MACHU PICCHU. Las imponentes ruinas de Choquequirao se localizan en el valle sagrado, no muy lejos de Machu Picchu. Situada a más de 3.000 m, esta ciudadela fue utilizada como puesto de control para asegurar el camino hacia Pisac, Machu Picchu y la capital, Cuzco.


OLLANTAYTAMBO, EN EL VALLE SAGRADO. El Inca Pachacútec tuvo que enfrentarse con los gobernantes aymarás del valle del río Urubamba para consolidar el dominio de Cuzco sobre los territorios vecinos. Tras la conquista de Ollantaytambo, a 80 kilómetros de la capital, en el Camino Real inca, reconstruyó la ciudad y la dotó de magníficos edificios y un centro ceremonial.


SILLUSTANI, hogar del pueblo colla. Las torres funerarias (chullpas) de Sillustani, la capital de los collas, situada en las orillas del lago Titicaca, a 4.000 metros de altitud, fueron testigo de las encarnizadas luchas entre éstos y los ejércitos de los Incas Viracocha y Pachacútec. Este último conquistó todo el territorio del altiplano y lo anexionó al Imperio.

La zona que hoy conocemos como Valle Sagrado de los incas se sitúa a corta distancia de la capital imperial, cuzco, rodeada de los nevados picos de los andes surorientales. muy apreciado por los incas por su riqueza agrícola. el lugar se encuentra jalonado por propiedades reales donde vivían los soberanos Incas, sus familias y los cientos de funcionarios necesarios para su buen gobierno, fortalezas militares y centros de culto.

LA CRISIS DEL TAHUANTINSUYU
La extensión del imperio y las cargas excesivas de la mita, especialmente la militar, crearon graves tensiones en muchas comunidades y rompieron la complementariedad ecológica y la unidad familiar o étnica. Las enormes distancias, las necesidades militares, las expulsiones y repoblaciones forzosas y la burocracia imperial impedían a los colonos mantener el contacto con sus núcleos familiares. Poco antes de la llegada de los españoles, muchas poblaciones habían roto su afiliación respecto al grupo original y dedicaban su jornada completa a asuntos del estado, del inca o del curaca de turno. A estos vasallos directos del inca o jefe local se les denominaba yanas, o yanaconas, si eran hombres y, si eran mujeres, acllas.

Cuzco, centro del poder político y religioso, se fue distanciando de las fronteras más alejadas del imperio y, así, en regiones como Charcas (hoy Bolivia) o Quito, estallaron rebeliones que obligaron a crear ejércitos profesionales al mando de los cuales figuraban comandantes que empezaron a disputar el poder a la nobleza cuzqueña. Para garantizar su lealtad, Huayna Cápac se vio obligado a crear una segunda capital en Tomebamba (actual ciudad de Cuenca en Ecuador), desde la cual le resultaba más fácil controlar las inseguras tierras del norte y donde residió los últimos años de su vida. Pronto quedó patente la división del poder entre dos capitales dominadas por élites de tradición y formas muy diferentes, amén del coste añadido para su mantenimiento, lo que terminó en la asfixia impositiva de los pueblos y quebró su tradicional base comunal.


El Inca Atahualpa acude al encuentro de Pizarro en Cajamarca con su ejército. Grabado en color. Siglo XVII.

A la muerte de Huayna Cápac, su hijo Huáscar es elegido inca en 1525 quien no pudo contener la descomposición y división territorial, además de la desconfianza hacia su hermano Atahualpa. Así, entre 1529 y 1532 se produce el enfrentamiento entre los hermanos Huáscar y Atahualpa por el control del incanato. La guerra fue cruenta; devastó cosechas y poblaciones, y desató viejas rivalidades entre pueblos y familias andinas. Cuando Atahualpa y sus generales celebraban la victoria, Francisco Pizarro desembarcaba en Tumbes (actual Perú). Era el comienzo del fin de los hijos del Sol, pero esta es otra historia.


Fuentes:
- Johan Reinhard. “La dama de hielo”, 2006.
- P. Sarmiento de Gamboa. “Historia de los incas”. Miraguano, 2001.
- Maria Rostworowski. “Historia del Tahuantinsuyu”, Instituto de Estudios Peruanos, Lima 2006.
- José R. VillaríasRobles. “El sistema económico del Impero Inca”. CSIC, Madrid 1998.
- José de Acosta. “Historia natural y moral de las Indias”. CSIC, Madrid 2008.
- Alberto Vázquez-Figueroa. “El Inca”. DeBolsillo, Barcelona 2006.
- Peter VN Henderson. "El curso de la historia andina" (Universidad de Nueva York). Prensa de México, 2013.
- Internet: www.incas.fundaciontelefonica.org.pe/

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