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HISTORIA. El Imperio Azteca (o mexica)

Mercado en Tlatelolco. Diego Rivera. Escena costumbrista azteca con la ciudad de Tenochtitlan de fondo. 
El Imperio Azteca que encontraron los conquistadores españoles de Cortés a su llegada a estas tierras se había consolidado tras la llamada Triple Alianza. Los mexicas de Tenochtitlan, los Acolhua de Texcoco y lo que quedaba de la que había sido dominadora de la zona, Tlacopan. Rápidamente Tenochtitlan se impuso a sus aliadas mediante un exigente sistema de tributos y desarrolló una política de expansión por todo el valle de México, controlando zonas de los actuales estados de México, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Chiapas e incluso en Guatemala.


ORGANIZACIÓN POLÍTICA
Los mexicas tenían un complejo y desarrollado sistema gubernamental. El Huey Tlatoani era el jefe supremo, principalmente en el gobierno ejecutivo y la acción militar. La transmisión era de carácter hereditario y se apoyaba en un consejo formado por nobles de la clase alta. El segundo al mando de los asuntos ejecutivos (con especial énfasis en la administración de tributos, los temas religiosos y las apelaciones judiciales) era el Cihuacoatl


Recreación artística de Tenochtitlan, la capital de los mexicas.

En el apartado militar existía un general supremo, el Tlacochcalcatl, asistido por el Tlacateccatl que tenía bajo su responsabilidad la organización cuartelaria. El ejército estaba compuesto de distintos cuerpos, cada uno con sus funciones y requisitos de pertenencia, como los Guerreros Jaguar, los Guerreros Águila, los Otontin o los Cuachicqueh.




El sistema tributario estaba comandado por el Petlacalcatl, asistido por supervisores provinciales denominados Hucalpixque que a su vez gestionaban el trabajo de los Calpixque, los recaudadores.

La administración judicial tenía varios estamentos jerarquizados, desde una Corte Suprema a Tribunales de Apelación. Tenían diversas “salas” especializadas, para asuntos comerciales, para la obtención de los privilegios de los Pochteca (comerciantes viajeros que ejercían al mismo tiempo como espías) o para los asuntos menores, que gestionaba un tecutli que era elegido por el pueblo anualmente.


Retrato de Moctezuma Xocoyotzin atribuido a Antonio Rodríguez

La gestión territorial se realizaba mediante una división provincial. Había dos tipos de provincias, las que tenían un tributo impuesto de carácter regular y las que negociaban aportaciones tributarias puntuales a cambio de la paz. Mientras que las provincias con tributo regular eran controladas por un Cuauhtlatoani, un gobernador militar impuesto desde la Triple Alianza, en el resto de caso se permitía algo más de independencia y tenían su propio Tlatoque, caudillo provincial. Además del sistema de tributos, los mexicas crearon una red de influencia territorial basada en enlaces matrimoniales.




CÓMO HACÍAN LA GUERRA LOS MEXICAS
El ejército de los mexica estaba compuesto principalmente por plebeyos (yaoquizqueh) con conocimientos y habilidades militares muy básicos, y un cuerpo de guerreros  profesionales pertenecientes a la nobleza (pipiltzin) distribuidos en sociedades guerreras. Todos los hombres recibían instrucción militar desde muy jóvenes, no sólo por la importancia que tenía la actividad militar para conservar la preponderancia del Imperio Azteca sobre la región, también por las oportunidades de ascenso social que ofrecía el ejército.

Sociedades guerreras
Cuando un guerrero sobresalía en la batalla podía entrar en alguna de las sociedades guerreras del ejército, ascendiendo a la nobleza. Cada sociedad tenía cierta independencia en la batalla y un equipamiento distinto al resto, tanto en el armamento como en la vestimenta y los adornos. En general el principal logro de los guerreros mexicas era la captura de prisioneros de guerra que serían usados en rituales religiosos de sacrificio.

- Cuextecatl: al menos dos capturas. Sombreros cónicos y vestimentas rojas y negras.

- Papalotl (guerrero mariposa): al menos tres capturas. Insignias de mariposa en la espalda.

- Cuauhpipiltin o guerreros águila. Al menos seis capturas en la misma batalla. Su vestimenta imitaba a este ave. Solían llevar armas de larga distancia como arcos o atlatl (lanzadardos con sistema de palanca) y el macuahuitl, una maza de madera con puntas de obsidiana inscrustadas. Funcionaban como infantería ligera, realizando incursiones rápidas.


Guerrero águila. Dibujo por Iván Utrera.

- Ocelopilli o guerrero jaguar. Constituía junto a los guerreros águila las fuerzas de élite del ejército mexica. Se diferenciaban de aquellos en que no tenían que ser necesariamente de origen noble. Se vestían imitando la piel del jaguar.


Guerrero Jaguar azteca. Códice Magliabechiano.

- Quachic o guerreros rapados. Era la sociedad guerrera más prestigiosa. Llevaban la cabeza afeitada, con la excepción de una larga trenza encima de la oreja izquierda. Adornaban sus caras y la parte superior de sus cabezas con pintura de dos colores, una mitad azul y la otra roja o amarilla. Sus funciones en el campo de batalla se asimilaban a las de un cuerpo de choque, siendo utilizados también para operaciones especiales. No bastaba con haber capturada más de seis cautivos, además era necesario otro gran número de hazañas militares para poder ser parte de los cuachicqueh (plural de quachic). Era tal el honor de entrar en esta sociedad que sus miembros solían rechazar puestos de mando para permanecer en ella.

Preparación
Cuando se tomaba la decisión de entrar en guerra, se anunciaba en las principales plazas de la ciudad con días o incluso semanas de antelación para que los guerreros pudieran prepararse para la batalla. 

Habitualmente la marcha era encabezada por los sacerdotes, que llevaban imágenes de los dioses para pedirles protección y su favor en la contienda. El día siguiente marchaban los nobles, liderados por el Tlacochcalcatl y el Tlacateccaltl. El tercer día partía el grueso del ejército, seguido por los guerreros de las otras ciudades de la Triple Alianza (Tlacopan y Texcoco) y por último de los soldados que aportasen otros aliados. En ocasiones se unían a la marcha grupos de guerreros al pasar por ciudades aliadas de los mexicas.


El ejército podía llegar a recorrer 32 kilómetros diarios gracias al buen sistema de caminos de todo México central. El tamaño de la tropa variaba según la importancia de la batalla a la que se iba a hacer frente, pero hay documentados ejemplos de 200.000 hombres (en la guerra contra Coixtlahuacan).


Encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma.

Combate
El combate empezaba normalmente al amanecer. Mediante señales de humo se avisaba del inicio de la batalla y para coordinar los movimientos de las distintas partes del ejército. También se utilizaban instrumentos para transmitir las órdenes, principalmente tambores (teponaztli) y conchas de caracol (tlapitzalli).

En una primera fase de la batalla se utilizaban las armas de larga y media distancia, como flechas y lanzas. Tras esto se pasaba a una fase de transición en la que se combatía principalmente con el átlatl (un arma lanza-jabalinas con sistema de palanca de mucha efectividad). 

Una vez llegado a la fase del cuerpo a cuerpo, los primeros en entrar en combate eran los miembros de las sociedades guerreras, por orden de importancia. Solían mantenerse las formaciones durante gran parte de la batalla, hasta que la lucha se intensificaba y se rompían filas. A los jóvenes que participaban por primera vez no se les permitía entrar en la batalla hasta que estaba prácticamente ganada, con el objetivo de conseguir prisioneros.

El prestigio obtenido por la captura de cautivos y la necesidad de conseguirlos para los sacrificios influía notablemente en la manera de pelear, ya que en la medida de lo posible los guerreros procuraban causar heridas no letales.

Guerras floridas
Una costumbre muy característica de los mexicas eran las guerras floridas o xochiyáoyotl. Se trataba de batallas consensuadas entre pequeñas representaciones del ejército. Se utilizaban para evitar confrontaciones totales, como pequeños ejemplos de la superioridad militar azteca que calmasen las ansias de rebelión. También servían para conseguir prisioneros para los sacrificios.



Combate gladiatorio
Algunos cautivos eran sacrificados en combate ritual, en el que participaban (atados) contra un número de entre 4 y 7 guerreros jaguar o águila. 

Batalla de Azcapotzalco: La batalla de Azcapotzalco fue una de las más importantes para el Imperio Azteca. Celebrada en el año 1430, enfrentó al emperador azteca Itzcóatl con Maxtla, el instigador tepaneca que había orquestado el asesinato de su predecesor. Esta batalla supone un punto de inflexión en la historia mexica, ya que acaba con la victoria de Itzcoatl y la formación de la Triple Alianza con las ciudades de  Texcoco y Tlacopan, que le apoyaron en esta contienda. Fue reflejada en el Códice Tovar, atribuido al jesuita del siglo XVI Juan de Tovar, que contiene mucha información sobre la vida e historia de los aztecas.


Batalla de Azcapotzalco. Códice Tovar.
TRADICIONES RELIGIOSAS
EL TEMPLO MAYOR. El Templo Mayor o Gran Templo de México es un recinto que alberga una gran cantidad de construcciones y un enorme patio en el que se ubican todas ellas. Fue el lugar principal de la vida religiosa de los aztecas de Tenochtitlan. En él confluían las tres calzadas principales: la de Ixtapalapa que iba hacia el sur, la de Tacuba que iba al oeste y la de Tepeyac que iba al norte.

El edificio principal de 60 metros de altura, llamado también Templo Mayor, fue construido en varias etapas, con hasta cuatro ampliaciones que iban amontonándose unas sobre las otras en capas que cubrían el aspecto anterior. Como se puede apreciar en las imágenes de la izquierda, la edificación principal se trataba en realidad de un templo doble dedicado a dos deidades, uno a Tláloc dios de la lluvia (pintado en azul) y otro a Huitzilopochtli, dios de la guerra (pintado en rojo).


Maqueta que reconstruye el aspecto del Templo Mayor de Tenochtitlan. Museo de Antropología de Ciudad de México. 

El complejo consta de hasta 78 edificaciones de distinto tamaño, función e importancia. Desde lugares de sacrificio a altares para colocar los tótems de los dioses de otras naciones vencidas en batalla, pasando por campos de juego de pelota. En la cosmografía azteca el mundo tenía forma de cuadrado dividido en cuatro partes correspondientes a los cuatro puntos cardinales. El centro de ese cuadrado corresponde al eje del universo. La planificación urbanística de Tenochtitlán copió este teórico modelo universal, de tal manera que el Templo Mayor corresponde al centro.


El dios Quetzalcóatl (a la izquierda) y el dios Tezcatlipoca (a la derecha). Fueron dos deidades muy veneradas por la mayoría de culturas mesoamericanas, incluyendo los aztecas.

Algunos autores justifican el gran esfuerzo que realizó Tenochtitlán para construir este recinto religioso en la necesidad de darle una legitimidad divina a su nueva posición de preponderancia política en la zona. Los mexicas observaban con cierta envidia la riqueza cultural de las civilizaciones que dominaron a su llegada al valle de México, o de la exuberancia de las ciudades toltecas abandonadas que todavía podían observarse en la zona e intentaron mediante estas grandes construcciones ponerse al nivel de las grandes civilizaciones que les precedieron en la región, a la vez que se congraciaban con los dioses. La consagración del Templo debía estar a la altura de esta idea para lo cual se cree que se sacrificaron hasta 84.000 personas en los cuatro días que duró este evento en el año 1487.


“¡Ah capitán! Ya yo he hecho todo mi poder para defender mi reino y librarlo de vuestras manos, y pues no ha sido mi fortuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con esto acabaréis el reino mexicano”. La frase que Cuauhtémoc, último emperador azteca, dirigió a Cortés al ser capturado por los españoles en los instantes finales de la rendición de Tlatelolco.


El "Foro" de Tenochtitlán, con sus paseos, tiendas y templos (recreación artística)

El calendario ritual azteca
El calendario azteca consistía en un ciclo ritual de 260 días y un ciclo calendárico de 365 días. El patrón de 260 días proviene de la observación de los antiguos astrónomos-sacerdotes mesoamericanos de que el sol alcanzó un punto cenital sobre la ciudad maya de Copán una vez cada 260 días.

El calendario ritual constaba de 20 periodos de 13 días. Rituales y festivales a cada uno de los dioses principales se extendieron a lo largo del período de 260 días. El calendario de 365 días se basó en el año solar. Fue utilizado principalmente para la agricultura, ya que siguió más de cerca las estaciones. Se dividió en 18 periodos de 20 días cada uno, haciendo 360 días.

Los últimos 5 días del año se consideraron como un período de transición que se usó para festivales religiosos. Cada 52 años, el calendario solar y el calendario ritual alineados. En este momento, se llevaría a cabo un festival de 12 días. Al comienzo del festival de 12 días, todos los incendios se extinguirían.


Los próximos 12 días serían un período de ayuno en la ciudad. Al final del período de ayuno, un prisionero sería sacrificado, y el fuego ceremonial sería encendido nuevamente. Esta ceremonia se utilizó para indicar que el sol continuará saliendo durante los próximos 52 años.

Dibujo cosmológico azteca con el dios Xiuhtecuhtli, señor del fuego y del calendario ritual en el centro, y los otros dioses importantes alrededor de él, cada uno delante de un árbol sagrado. (Giggette / Public Domain)

Sacrificios humanos
Los sacrificios humanos eran entendidos por los aztecas como ofrendas a los dioses. Cada dios tenía unos requerimientos distintos. Huitzilopochtli (dios Sol) necesitaba reponer la sangre que perdía en su lucha diaria para volver a aparecer, protegiendo a los humanos del fin del mundo que podía suceder cada 52 años. Teteoinnan, diosa Tierra, pedía sin embargo víctimas femeninas, mientras que Tláloc necesitaba el sacrificio de niños enfermos. Tezcatlipoca requería que el sacrificio fuera voluntario. Este voluntario era honrado y agasajado durante todo un año antes de ser sacrificado en honor al dios. La celebración de estos sacrificios no se realizaba diariamente, cada uno de los 18 meses aztecas estaba dedicado a un dios y uno de los días se ofrendaban sacrificios al dios correspondiente.


Sacrificios aztecas. P. Joubert.
Los aztecas creían que los dioses habían derramado su sangre para dar vida al universo y a la humanidad. Creían que, como resultado, la humanidad estaba en deuda con los dioses y tenía que pagar a los dioses derramando su propia sangre. Se creía que si no derramaban su propia sangre, el universo se derrumbaría. Se exhortó a los guerreros aztecas a imitar el auto-sacrificio de los dioses al dar sus propias vidas para mantener el universo en funcionamiento.

Se creía que la forma más efectiva de proporcionar sangre fresca para mantener el universo en funcionamiento y en equilibrio era el sacrificio de un corazón humano vivo. Por esta razón, los corazones de los guerreros y otras víctimas se sacrificarían en momentos regulares durante todo el año.

La religión azteca, más que sacrificios
La religión azteca es típicamente recordada por el sacrificio humano. Otros aspectos de la religión mesoamericana, como la conexión profunda con los ciclos naturales, tienden a quedar fuera en las discusiones sobre el tema. La razón por la que se realizaron estos sacrificios de sangre es porque se creía que mantenían equilibradas las fuerzas opuestas que gobernaban el universo.

Los aztecas también valoraban el aprendizaje y las artes. Uno de los dioses más importantes del panteón mesoamericano entre los mencionados anteriormente fue Quetzalcóatl. Él enseñó a la humanidad cómo usar el mundo natural para mejorar su situación a través de la tecnología. Ser capaz de usar la naturaleza para el arte y la agricultura requiere saber algo sobre el mundo natural. De esta manera, Quetzalcóatl era similar al Prometeo de la mitología griega.

Es posible que si se hubiera permitido que la cultura mesoamericana continuara por algunos siglos más, las ideas sobre Quetzalcóatl podrían haber llevado a una versión mesoamericana del despertar científico que ocurrió en Ionia en la costa este del Egeo y alrededor del 500-400 aC, cuando Los filósofos presocráticos se convirtieron en los primeros occidentales en pensar acerca de la ciencia y los orígenes materiales del mundo.


Ciertamente, hay muchos aspectos de la antigua religión azteca que no son compatibles con el mundo moderno, como el sacrificio humano, pero hay otros aspectos de la religión azteca que podrían enriquecer al mundo moderno. Parece que la filosofía y la religión aztecas eran más complejas y sofisticadas de lo que a menudo se representan.

Una figura humana invoca a los dioses en lo alto de una pirámide azteca. PauDelacó / Adobe Stock

El mito de la creación azteca: la Leyenda de los Cinco Soles
Los aztecas creían en que habían existido otros cuatro mundos (o soles) antes de la creación del mundo en que vivían. Cada uno de esos mundos había estado ligado en su creación, desarrollo y destrucción a un elemento básico: tierra, agua, aire y fuego. Fueron gobernados por un dios específico y habitados por una raza humana de características únicas, que pereció con el fin de los soles.


Tras la destrucción del cuarto sol, los dioses Quetzalcoatl y Tezcatlipoca crearon la Tierra desmembrando a un gran monstruo llamado Tlaltecuhtli, separandolo en dos partes: tierra y cielo. Para repoblar el nuevo mundo Quetzalcoatl viajó al Inframundo a devolverle la vida a los muertos de la destrucción del cuarto sol, para lo cual tuvo que rociarlos con su propia sangre. Esta era otra justificación religiosa para la realización de los sacrificios, devolverle a los dioses la sangre y el sufrimiento que dotaron de nuevo de vida a la humanidad.

Fuentes: www.nationalgeographic.com ; www.redhistoria.com ;  www.mundoantiguo.net ; www.cultura10.org;   http://argothelerrante.blogspot.com/2012/06/guerreros-mexica.html ; https://masdemx.com/2016/02/no-es-broma-los-aztecas-usaban-el-humo-del-chile-como-arma-belica/

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