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SALUD. Hemorragia Cerebral (ictus hemorrágico)


Totalmente eclipsado por el tipo de ictus que se dan con mayor frecuencia, llamados isquémicos, apenas se habla de la llamada hemorragia cerebral o ictus hemorrágico, a pesar de que representa en la actualidad casi el 20% de todos los ictus.


Qué es una hemorragia cerebral
La hemorragia cerebral, técnicamente llamado ictus hemorrágico, se engloba dentro de los llamados accidentes cerebrovasculares. Mientras que el ictus isquémico (el más frecuente y conocido) se produce por el taponamiento de una o más arterias cerebrales, el hemorrágico se produce por la rotura de un vaso sanguíneo del cráneo y la posterior salida de sangre, sin presencia previa de traumatismos.

A pesar de que históricamente ha sido un tipo de ictus poco habitual, su frecuencia está aumentando en los últimos años, con cifras cercanas al 20% de todos los ictus en nuestro país. Esto es debido a su relación directa con la hipertensión arterial, enfermedad crónica cada vez más extendida entre la población adulta y a la que a menudo no se le da la importancia que merece.


Causas y factores de riesgo
Como se ha mencionado antes, para hablar de causas de hemorragia cerebral debemos excluir los mecanismos traumáticos previos (golpes, caídas, accidentes de tráfico, etc.).  Así, la causa más frecuente de este tipo de ictus es la hipertensión arterial, responsable de al menos el 60% de los casos. Esta enfermedad crónica somete a las arterias cerebrales a una presión excesiva y permanente, provocando una degeneración progresiva de la pared de dichos vasos sanguíneos, haciéndolos más débiles y, por tanto, más susceptibles a romperse. 

Existen otras causas menores, como el depósito excesivo de amiloide cerebral (un tipo de proteína que puede acumularse bien por causas genéticas o de manera esporádica), tumores, infecciones, y el uso de drogas o algunos fármacos mal controlados, por ejemplo, los anticoagulantes.

Diversos estudios científicos, como el INTERSTROKE, evidencian algunos factores de riesgo y conductas modificables que pueden influir en la generación final de hemorragias cerebrales. Entre ellos, los más destacables son la hipertensión ya mencionada, el tabaquismo, la dieta y el consumo de alcohol o drogas. Así, parece demostrado que fumar aumenta el riesgo de hemorragia cerebral entre 2 y 3 veces, relacionándose de forma directa con el número de cigarrillos al día. 

"El riesgo de ictus se ve reducido pasados unos 3 años desde la supresión del hábito tabáquico.

En cuanto a la dieta, es peligroso el consumo excesivo de sal, de grasas saturadas o de colesterol, íntimamente relacionados con la elevación de la presión arterial. Todos los estudios muestran que la mejor dieta para prevenir trastornos vasculares, incluyendo ictus hemorrágicos, es la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, arroz y pasta integral, pescados y aceite de oliva.

Por último el consumo de alcohol y drogas influye altamente en estos trastornos. Se estima que el consumo de más de 2 bebidas alcohólicas al día aumenta el riesgo de hemorragia cerebral. Entre las drogas, las más lesivas a nivel vascular son la cocaína y las anfetaminas y derivados (como el éxtasis), aumentando hasta 6 veces el riesgo de ictus por aumento, de nuevo, de la tensión arterial.


Los síntomas y el diagnóstico
Los síntomas concretos de inicio de un ictus hemorrágico dependerán de la zona de sangrado cerebral, pero de forma general aparecerá una disminución de la conciencia, dolor de cabeza de gran intensidad, náuseas y vómitos, aumento brusco de la tensión arterial e incluso crisis epilépticas o rigidez de nuca según la zona afectada. Estos síntomas pueden ir apareciendo progresivamente a lo largo de los primeros minutos y horas y es habitual que comiencen durante el ejercicio físico, momento en el que la tensión arterial suele elevarse en personas sanas y dispararse de manera brusca en personas hipertensas.

Estos síntomas pueden orientar al diagnóstico, pero será fundamental la realización urgente de pruebas analíticas y de imagen que confirmen las sospechas. Las pruebas de imagen identificarán prácticamente el 100% de las hemorragias cerebrales, salvo que estas sean extremadamente pequeñas.

El tratamiento y el pronóstico
La agresividad de este tipo de ictus ha de ser tenida en cuenta. La mortalidad al mes de producirse el ictus se sitúa en el 40% aun siguiendo correctamente todos los protocolos y tiempos de tratamiento. Además entre los supervivientes, tan solo el 21% lleva una vida independiente a los 6 meses del evento.

"El tratamiento en fase inicial resulta fundamental, siendo muy importante que el paciente sea hospitalizado en una unidad de ictus en la medida de lo posible. 

Mantener las constantes vitales y controlar la tensión arterial será prioritario, corrigiendo cualquier alteración de la coagulación si existiese. El tratamiento quirúrgico se reserva a un número muy reducido de los ictus hemorrágicos. Superada esta fase, el control estricto de la tensión, el abandono del alcohol, del tabaco y drogas y una correcta alimentación serán la base para que el tratamiento médico consiga los efectos deseados y restaure la salud a medio plazo del paciente.


Fuentes:
- Revista Medicine 12ª serie: Enfermedades cerebrovasculares. Hemorragia cerebral. (Vol. 12 Núm. 70)

- The INTERSTROKE study, publicado en la revista The Lancet

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