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SALUD. Anti-inflamatorios: riesgos de la sobredosis


En la actualidad existe un cierto conocimiento general del riesgo que tiene usar algunos medicamentos, como los antibióticos, sin supervisión médica, en parte por la necesidad de que nos lo recete nuestro médico para poder adquirirlos. Sin embargo, las precauciones que tomamos no suelen ser las mismas cuando hablamos de fármacos de venta libre, los llamados sin receta. Un ejemplo común de este tipo de fármacos son los antiinflamatorios no esteroideos (o AINES), que en lenguaje común corresponden al ibuprofeno, la aspirina, o el diclofenaco entre otros, grupo al que podemos añadir el paracetamol, un medicamento clasificado como analgésico y antitérmico que muy frecuentemente utilizamos como antiinflamatorio de forma errónea.


El mecanismo de acción
El mecanismo de acción de los antiinflamatorios es común: impiden la transformación de un ácido presente en la membrana de nuestras células, llamado ácido araquidónico, en prostaglandinas, que son parte fundamental del proceso inflamatorio. Pero estas prostaglandinas tienen muchos efectos beneficiosos para nuestro organismo en condiciones normales, entre las que destacan la agregación de las plaquetas (acción que permite los procesos de coagulación), la contracción muscular uterina en las mujeres o la protección de las mucosas gástrica o renal, entre otros. Estas acciones explican por qué, en casos de inflamación anormal o excesiva, recurrimos a ellos para controlar sus síntomas.

Pero estos medicamentos no están exentos de riesgos, y un mal uso podrá generar complicaciones agudas como hemorragias, úlceras o perforaciones intestinales, aumento de la tensión arterial o aumento del riesgo cardiovascular, íntimamente ligado a la dosis utilizada. De forma crónica, su uso continuado puede generar alteraciones renales y tal vez su consecuencia más grave, trastornos hepáticos.

Fuente: Michael Fine, MD. Quantifying the Impact of NSAID-Associated Adverse Events. Am J Manag Care. 2013;19(16 suppl):S267-S272

El daño sobre el hígado
Para comprender el riesgo que entrañan estos productos debemos conocer además qué ocurre en nuestro cuerpo cuando tomamos una dosis estándar de cualquiera de ellos. La mayor parte de los productos farmacéuticos se metabolizan en el hígado, un órgano fundamental en el cuerpo humano que, en caso de fallo, puede acarrear consecuencias fatales. Cuando sometemos al hígado a un trabajo excesivo o al consumo añadido de sustancias tóxicas, como el alcohol o las drogas, este comienza a no procesarlas correctamente, generando hepatotoxicidad. Es decir, nuestro hígado ha sobrepasado su límite y nos hemos intoxicado.

Puede que parezca que este mecanismo solo se produce en situaciones agudas o límite. Sin embargo, el consumo constante o crónico  de fármacos de tipo analgésico y antiinflamatorio genera una vía de daño muy similar a la expuesta. Además, el uso extremadamente frecuente de productos como el ibuprofeno o el paracetamol en nuestra rutina puede estar causando un daño sin que nosotros seamos ni siquiera conscientes de ello. Los datos son abrumadores: en Estados Unidos, el 2,2% de los pacientes tratados con estos fármacos por cada 100.000 habitantes son hospitalizados por hepatotoxicidad cada año, cifras que demuestran que, a pesar de no ser medicamentos de riesgo aparente, la gran diseminación en su uso los convierte en potencialmente peligrosos.

“En Estados Unidos, el 2,2% de los pacientes tratados con estos fármacos por cada 100.000 habitantes son hospitalizados por hepatotoxicidad cada año.

Estudios epidemiológicos revelan que el riesgo de hemorragia GI grave, CV y ​​eventos adversos renales aumenta de manera dependiente de la dosis. Los investigadores encontraron una reducción de 2 a 3 veces en los eventos adversos GI graves, como sangrado, perforación y ulceración con el uso de dosis bajas de AINES en lugar de altas. La evidencia también respalda el menor riesgo de muerte relacionada con el IM o el CV asociada con una menor dosis de AINES. (CV= riesgo Cardio-Vascular). En los estudios epidemiológicos, la insuficiencia renal aguda (IRA) se registra a una tasa menor entre los pacientes a los que se les administraron dosis bajas y medias de AINE que en los pacientes a los que se administraron dosis más altas. El riesgo IRA con dosis altas de AINES fue 3,4 veces mayor que en pacientes que no tomaban AINES. Con los AINES en dosis bajas, el riesgo fue menor, 2.5 veces el riesgo inicial, como se muestra en la figura. (Evdence-Based Update on Pain Management and NSAIDs, www.PharmacyTimes.com)

Diferentes compuestos, diferente riesgo
Los mecanismos de daño hepático no son iguales ni en forma ni en incidencia (número de nuevos casos) para los diferentes tipos de antiinflamatorios o analgésicos. Así, si hablamos de la aspirina, existe una clara evidencia de que el daño celular es dosis-dependiente (a mayor dosis, mayor riesgo). Especialmente vulnerables al daño hepático son los pacientes con artritis juvenil, lupus eritematoso sistémico (LES) y fiebre reumática. Ante la primera evidencia, la suspensión de estos productos puede llegar a revertir el daño hepático.

De mayor frecuencia que el anterior es el daño por diclofenaco, un antiinflamatorio no tan conocido pero presente en muchas combinaciones de productos tópicos (geles o cremas). El daño hepático más frecuente suele producirse por predisposición genética individual, con la salvedad de que sus síntomas pueden no ser aparentes hasta meses después del inicio de su uso, momento en el que puede aparecer el daño de forma brusca en forma de hepatitis.

Mención especial merece el ibuprofeno, probablemente el fármaco más comúnmente utilizado de este grupo. Aunque se considera uno de los antiinflamatorios más seguros en gente sana, recientes estudios señalan que el uso de la dosis de 600mg, la más frecuente en el mercado, está rotundamente contraindicada más de tres veces al día en pacientes con enfermedad cardiovascular grave por su riesgo trombótico. Por ello, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, desde 2015 insta a los profesionales al uso y recomendación de dosis de 400mg para la población general, que elimina el riesgo de infarto y trombosis con muy similares efectos antiinflamatorios.

Por último, mencionar la NO recomendación del paracetamol con fines antiinflamatorios, pues su poder en este campo es nulo (como hemos dicho será útil solo como analgésico y antitérmico) y la importancia del control de la dosis, pues sin duda la sobredosis e intoxicación con este producto es más sencilla que con el resto de medicamentos citados, con consecuencias que pueden llegar a ser fatales.


Fuentes: Revista Gastroenterología y Hepatología Vol. 23, nº 4 // Organización de consumidores y usuarios (OCU) //  Revista clínica de Medicina de Familia Vol. 3 nº3

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