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SALUD. Alzheimer, el gran temor de la vejez


El envejecimiento natural del ser humano se caracteriza por la progresiva aparición de síntomas físicos, de tendencia crónica, que solemos aceptar y asumir como normales o aceptables. Sin embargo, distinta es la sensación de que sea nuestra mente la que se deteriora, ya que en gran parte de estas situaciones ni siquiera somos conscientes de ello. Hoy profundizamos en una de las enfermedades neuro-degenerativas más conocidas, la enfermedad de Alzheimer.


¿Qué es el Alzheimer?
La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurodegenerativo de causa a día de hoy desconocida, si bien son múltiples las teorías acerca de su origen. Su síntoma principal es la pérdida de un tipo específico de memoria, diagnosticándose la mayor parte de los casos en mayores de 65 años. Se considera el tipo más frecuente de demencia en la actualidad.

Dos componentes esenciales marcan la presencia de esta patología en el sistema nervioso: los depósitos de la proteína beta-amiloide, que se localizan en el exterior de las células, y los ovillos neurofibrilares del interior celular, compuestos por la llamada proteína tau en su forma hiperfosforilada, esto es, con la presencia anormal de grupos fosfato en su molécula. Estas características son importantes, puesto que ambos compuestos están presentes y poseen importantes funciones en nuestro sistema nervioso cuando estamos sanos. Sin embargo, la pérdida de control en la producción de amiloide y la fosforilación de la proteína tau cambian la estructura de estos compuestos y comienzan a generar muerte neuronal, iniciándose así los síntomas posteriores.

Desde hace ya varios años no se considera necesario padecer demencia para llegar al diagnóstico de Alzheimer, hablando así de una fase pre-sintomática donde sí es posible encontrar y detectar estos marcadores biológicos mencionados sin ningún síntoma externo en el paciente.


Los factores de riesgo para padecer Alzheimer
Existen algunos factores que pueden predisponer a que una persona desarrolle la enfermedad. Una pequeña parte (menos del 5% de los casos) son transmitidos genéticamente. En estas situaciones, la enfermedad se desarrolla antes, generalmente en la década de los 50 años. Sin embargo, dentro de los factores individuales el más importante con diferencia es la edad, puesto que las probabilidades de padecer Alzheimer crecen exponencialmente a partir de los 65 años. 

Se han demostrado como factores protectores a partir de esta edad el nivel alto de formación, el desarrollo de la actividad mental y el aprendizaje y la interacción social permanentes. En síntesis, todas aquellas actividades que mantienen una elevada capacidad cognitiva en la persona serán fundamentales para protegernos de la neurodegeneración.

Por el contrario, enfermedades cardiovasculares como la hipertensión, la diabetes, la dislipemia o la vida sedentaria han demostrado favorecer el desarrollo posterior de la enfermedad de Alzheimer. Será fundamental tener, por tanto, un buen control de este tipo de enfermedades si son diagnosticadas y evitar el sedentarismo para controlar su aparición. Por último, diversos estudios han relacionado el nivel socio-económico bajo, los pesticidas o los niveles altos de contaminación con mayores casos de Alzheimer.

“Son numerosas las teorías acerca del origen del Alzheimer: un exceso en la producción de amiloide o un defecto en su eliminación, un déficit de enzimas específicas neuronales e incluso un posible origen vascular. En cualquier caso, todo sugiere que no sea una sino una combinación de estas la causa real de la enfermedad.

Cúales son los síntomas
Generalmente se utilizan tres tipos de síntomas para analizar un posible caso de Alzheimer: el deterioro cognitivo, el daño funcional de la enfermedad y la conducta del paciente. En el primer caso, la pérdida de memoria es el síntoma más importante y está presente a lo largo de todo el transcurso de la enfermedad. No obstante, al inicio se afecta un tipo específico de esta, llamada forma episódica de la memoria declarativa, sobre todo de sucesos recientes. Esto significa que se altera la parte de nuestra memoria que recuerda sucesos realizados de forma consciente, y relacionados con episodios propios o autobiográficos, lugares o emociones sentidas, etc.). Se suele evaluar a través de pruebas de aprendizaje de listas de palabras. Otros tipos de memoria como la semántica, la inmediata o la procedimental (relacionada con acciones inconscientes o automatizadas) se pueden llegar a afectar pero de forma más tardía.

A nivel funcional, podrán aparecer dificultades para realizar ciertas actividades: primero, las más complejas, como recordar citas, conversaciones o tareas y, con la evolución de la enfermedad, se podrán ver mermadas las capacidades de autocuidado, de higiene o incluso de cómo vestirse, derivando en una dependencia absoluta para la rutina diaria.

Por último, a nivel conductual, la mayor parte de los pacientes van sufriendo trastornos progresivos, que pueden comenzar con ligera apatía e ir evolucionando hacia desinhibición en la conducta, ideas delirantes, agresividad e irritabilidad o alucinaciones, entre otras muchas.


Cabe mencionar que, si bien los síntomas anteriores describen las formas más típicas de presentación de la enfermedad, existen otras formas menos frecuentes que pueden debutar con alteraciones visuales, de reconocimiento facial, de comportamiento, auditivas o con incapacidad para encontrar palabras para expresarse, si bien estos casos representan un porcentaje mucho menor.

La diferencia con otras demencias
Para llegar a un diagnóstico correcto de enfermedad de Alzheimer (sobre todo si no presenta con sintomatología típica) será necesario descartar tanto deterioros cognitivos leves (expresiones subjetivas de falta de memoria, por ejemplo) como otros cuadros que pueden cursar con demencia sin ser esta el síntoma original, o con otras demencias degenerativas. Será por tanto de rutina realizar una analítica completa o pruebas de imagen para descartar enfermedades craneales como hematomas, infartos o lesiones tumorales.

Un punto importante será poder descartar cuadros de demencia relacionados con trastornos depresivos, puesto que las demencias por depresiones tienen una trayectoria clínica muy similar a la enfermedad de Alzheimer y, a la vez, la enfermedad de Alzheimer puede debutar con depresión. En los cuadros de origen depresivo, la evolución suele ser rápida, con un deterioro cognitivo muy importante pero con una repercusión mínima en las actividades funcionales de la vida diaria. Al revertir el cuadro depresivo, los síntomas tenderán a desaparecer, algo que no ocurre en presencia real de enfermedad de Alzheimer. El médico podrá emplear algunos test y pruebas complementarias ante la duda de uno u otro cuadro.

Finalmente y ante la duda será fundamental descartar otras demencias también degenerativas mediante pruebas específicas de descarte o de confirmación de enfermedad de Alzheimer. La más usada por su disponibilidad es la tomografía computarizada por emisión de fotón simple o SPECT, que medirá la perfusión (flujo de sangre) cerebral y, ante la presencia de Alzheimer, se verá reducida en zonas concretas de la corteza del cerebro.

Opciones de tratamiento presentes y futuras
A día de hoy la enfermedad de Alzheimer se considera crónica e incurable, si bien son enormes los esfuerzos realizados en los últimos años por paliar y enlentecer sus síntomas a través de diferentes tratamientos y terapias, tanto preventivas como farmacológicas.

El nivel preventivo es fundamental en las fases iniciales de la enfermedad, incluyendo terapias no farmacológicas como el ejercicio, la correcta dieta y las actividades intelectuales, como leer, viajar, escuchar música, etc. Será importante además cuidar el entorno afectivo y social del paciente, estimulando su actividad social y su autonomía. Otras terapias como los ultrasonidos o la musicoterapia han demostrado cierto efecto beneficioso en estas fases de la enfermedad.

A nivel farmacológico están muy extendidos en fases leves de enfermedad los inhibidores de la colinesterasa, un grupo de fármacos que retrasan la degradación de acetilcolina, una sustancia que se ve mermada en la enfermedad de Alzheimer y que con estos fármacos consigue ser estabilizada durante parte del transcurso de la patología leve y moderada. No obstante y a pesar de sus efectos positivos, la enfermedad seguirá progresivamente su curso crónico. Otros fármacos como la memantina pueden ser útiles en fases moderadas de la enfermedad para controlar parte de la muerte y degeneración neuronal, tanto sola como en combinación con los inhibidores de la colinesterasa ya mencionados. Por último podrá ser necesario incluir tratamientos de control de los síntomas conductuales como antidepresivos, antipsicóticos o antiepilépticos si el cuadro lo requiere.


Mención especial merece el estudio AMBAR, un proyecto internacional donde participan más de 40 hospitales americanos y españoles con cerca de 500 pacientes diagnosticados de Alzheimer leve y moderado. Este estudio utiliza diferentes concentraciones de albúmina, una proteína presente en nuestro plasma sanguíneo. Su objetivo es estabilizar la función cognitiva de los pacientes y su capacidad para llevar a cabo sus actividades diarias básicas. Pretende demostrar si se puede estabilizar la progresión del deterioro cognitivo a través de la extracción periódica de plasma del paciente (parte líquida y sin células de la sangre) y sustituirla por una solución rica en albúmina, proceso conocido como recambio plasmático. A pesar de que el análisis y la profundización de sus posibles aplicaciones están aún en investigación, los últimos resultados publicados en 2018 mostraron la ralentización de los síntomas en un 61% de los pacientes. Este hito es sin duda prometedor, abriendo una nueva puerta en el tratamiento y posible cura de esta demoledora enfermedad.

TERAPIA DE ULTRASONIDOS FOCALIZADOS
El ultrasonido focalizado es una tecnología terapéutica no invasiva en etapa temprana con el potencial de mejorar la calidad de vida y disminuir el costo de la atención para pacientes con enfermedad de Alzheimer. Esta nueva tecnología enfoca los haces de energía ultrasónica con precisión en los objetivos que se encuentran en las profundidades del cerebro sin dañar el tejido normal circundante. Cuando los haces convergen, el ultrasonido produce una variedad de efectos terapéuticos sin incisiones ni radiación.

Actualmente, no hay cura para la enfermedad de Alzheimer y pocas terapias para modificar la enfermedad. Las terapias de fármacos y anticuerpos potencialmente prometedoras a menudo están limitadas por su incapacidad para cruzar eficazmente la barrera hematoencefálica (BBB), una barrera natural de las células que inhibe la difusión de fármacos o toxinas en el sistema nervioso central.


Los prometedores estudios preclínicos han demostrado el potencial de la ecografía focalizada para hacer más efectiva la administración de fármacos o anticuerpos terapéuticos al cerebro. El ultrasonido focalizado en combinación con microburbujas puede abrir el BBB de manera segura y permitir una mejor administración de anticuerpos anti-amiloides en el cerebro. Los estudios sugieren que este método puede reducir el número de placas y mejorar la cognición en los modelos de enfermedad de Alzheimer.

Fuentes:
- Revista Medicine 11ª serie: Enfermedad de Alzheimer. Diagnóstico diferencial etiopatogénico de las demencias: enfermedad de Alzheimer. Tratamiento de la enfermedad de Alzheimer (Vol. 11 Núm. 72)
- El estudio AMBAR (Compañía Grifols)

- Ultrasonidos focalizado (https://www.fusfoundation.org)

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