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SALUD: Enfermedades Inflamatorias Intestinales; colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn


Con el nombre de enfermedad inflamatoria intestinal se designan una serie de patologías que pueden afectar a diferentes zonas del tubo digestivo. Hoy nos centraremos en las dos más importantes: la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.


Características comunes de ambas enfermedades
A menudo se tiende a no distinguir o no entender las diferencias entre ambas enfermedades. Esto se debe a que tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn tienen una serie de síntomas y de mecanismos de generación muy similares. Uno de ellos es, sin ir más lejos, el que les da su nombre: la inflamación. Ambas patologías generarán un proceso inflamatorio en el tubo digestivo, si bien veremos más adelante que tanto la generación de este proceso como la localización de la inflamación variarán entre una y otra.

La segunda característica común serán los síntomas generales. La diarrea, el cansancio o la fatiga, la pérdida de peso no intencionada (muchas veces ligada a la falta de apetito) o incluso la sangre en heces nos pueden hacer dudar no solo entre estas dos enfermedades sino entre cuadros aún más graves. 

Además, hemos de tener en cuenta que ambas enfermedades son crónicas y que aparecerán en forma de brotes periódicos, por lo que será vital comprender en qué consisten y conocer los cuidados más importantes para poder mantener nuestra calidad de vida. A continuación ahondaremos en cada una de ellas.

COLITIS ULCEROSA
Es la enfermedad inflamatoria intestinal más prevalente, destacando sobre todo en Europa y América del Norte. En estas zonas, cada año se diagnostican entre 10 y 30 casos nuevos por cada 100.000 habitantes y se estima que a día de hoy la padecen entre 200 y 400 personas por cada 100.000 habitantes. En otras zonas del mundo la afectación es más baja, hallándose relación sólida entre esta enfermedad y las zonas industrializadas como veremos más adelante. Esta enfermedad se caracteriza por generar su primera aparición entre los 15 y los 30 años. Desde ese momento, puede generar brotes más o menos intensos a lo largo de la vida, encontrándose de nuevo una tendencia más agresiva a partir de los 50 años, sin diferencias importantes entre sexos. Es relevante mencionar que en los últimos años la aparición de enfermedades inflamatorias intestinales en niños está aumentando peligrosamente (sobre todo la enfermedad de Crohn), algo que la comunidad científica considera muy preocupante.

Causas de la colitis ulcerosa
A día de hoy, la colitis ulcerosa se sigue considerando de causa desconocida. No obstante, se ha demostrado que tiene relación con diferentes factores. A nivel inmunológico, se produce un descontrol de la llamada microbiota (la flora microbiana normal de nuestro cuerpo). En condiciones normales, nuestro sistema inmune tiene mecanismos para tolerar y controlar dichos microorganismos, pero cuando estos mecanismos fallan, se genera la inflamación del tubo digestivo. Además, los factores genéticos se siguen considerando relevantes, estimándose que el tener un familiar de primer grado (madre o padre) con colitis ulcerosa aumenta entre un 5% y un 15% las probabilidades de que el hijo/a lo padezca.

Por otro lado, se ha demostrado que la exposición a ciertos microorganismos, como Escherichia coli, Salmonella o Shigella puede empeorar el transcurso de los brotes de la enfermedad o predisponer a ella. Y, por último, y no por ello menos importante, se han encontrado múltiples factores ambientales que pueden predisponer a padecer colitis ulcerosa. Como ya se ha mencionado, los países más desarrollados tienen mayor incidencia de nuevos casos. A pesar de que una de las explicaciones más comunes es que el mejor acceso a la sanidad de estos países permite un mayor diagnóstico, últimamente cobra relevancia la teoría de que la menor exposición a infecciones en la edad infantil en países desarrollados puede generar un menor desarrollo del sistema inmune y, por ello, una peor respuesta de este ante algunas enfermedades durante la edad adulta. 

Síntomas de la colitis ulcerosa
En cuanto a los síntomas más comunes y la localización, ya hemos mencionado más arriba algunos de los más generales. Sin embargo, conviene matizar las diferencias que encontraremos entre síntomas en ambas enfermedades. En el caso de la colitis ulcerosa, la afectación será exclusiva de colon, al contrario de lo que encontraremos en la enfermedad de Crohn. 

El síntoma más común será la diarrea, que en la colitis ulcerosa es frecuente que venga acompañada de sangre roja. Este dato será más importante de lo que pueda parecer, pues el color de la sangre permitirá distinguir el origen del sangrado en el tubo digestivo, cambiando drásticamente la orientación diagnóstica. El número de deposiciones suele aumentar a lo largo tanto del día como de la noche y se acompaña de bastante urgencia. Puede existir cierto dolor abdominal, aunque este será más frecuente en la enfermedad de Crohn. 


ENFERMEDAD DE CROHN
La enfermedad de Crohn es una patología mucho más heterogénea que la colitis ulcerosa. Su causa es desconocida, asociándose a una respuesta inmune excesiva que genera la inflamación intestinal. Al contrario que la anterior, puede aparecer en cualquier parte del tubo digestivo (desde la boca hasta el ano), aunque su localización más frecuente es la parte final del intestino delgado. Su aparición puede ser parcheada, apareciendo alteración del intestino en distintas localizaciones con zonas de tejido normal entre ellas.

Sus síntomas principales serán la diarrea y el dolor abdominal (mucho más frecuente que en la colitis). El síntoma de inicio suele ser una diarrea crónica (de más de un mes de duración), que solo presenta sangre o moco en la mitad de los casos (mucho menos que en la colitis ulcerosa). La urgencia será menor y puede acompañarse de otros síntomas menos comunes como pérdida de peso, fiebre (que no sobrepasa los 38º), molestias anales o incluso síntomas extraintestinales, como dolores articulares o síntomas cutáneos (piel) u oculares.

El diagnóstico de las enfermedades inflamatorias intestinales
El criterio más importante para diagnosticar este tipo de enfermedades será la sospecha clínica, esto es, la presencia de síntomas como los ya descritos. Lo más frecuente es que el médico solicite una serie de pruebas analíticas, que incluirán parámetros como la velocidad de sedimentación globular (VSG) o la proteína C reactiva (PCR). Este primer filtro será importante, puesto que la presencia de síntomas como diarrea con normalidad de estos datos en la analítica nos hará pensar en cuadros más leves y mucho más frecuentes como el síndrome de intestino irritable o la diarrea funcional. Será frecuente que se realicen pruebas de heces que descarten microorganismos causantes del cuadro. 

En los últimos años se incluye entre estas pruebas de heces un marcador inflamatorio llamado calprotectina fecal que, en caso de alteración, hará necesario recurrir a más pruebas complementarias. Sin embargo, es importante resaltar que la normalidad de estas pruebas no excluye directamente el diagnóstico, siendo la colonoscopia y la toma de muestras del intestino (biopsia) la prueba de imagen que permite valorar la presencia o ausencia de enfermedad así como su localización, tanto en la colitis ulcerosa como en la enfermedad de Crohn. 


El tratamiento
Una vez diagnosticada la enfermedad, se pautará el tratamiento farmacológico más adecuado en cada caso. Es necesario distinguir entre el tratamiento que el médico recetará durante la fase de brotes (cuando la enfermedad es más activa) del que pautará para la fase de mantenimiento (donde los síntomas son más leves o están ausentes).

En el caso de la colitis ulcerosa, los llamados aminosalicilatos (mesalazina y sulfasalazina) son fármacos muy frecuentes, tanto en las fases de mantenimiento (sin brotes) como en brotes leves o moderados. Los famosos corticosteroides se usan para brotes graves no controlados por los fármacos anteriores. Su potente efecto antiinflamatorio permite controlar los principales síntomas en muy poco tiempo. Sin embargo, no deben usarse como fármacos de mantenimiento, puesto que poseen efectos adversos importantes en usos largos, que empeoran significativamente la calidad de vida del paciente. 
En caso de uso, se suelen pautar suplementos de calcio o vitamina D durante el tiempo de tratamiento que palien los efectos  secundarios de estos fármacos

En el caso de la enfermedad de Crohn, suele ser frecuente tener que acudir a ciertos corticoides para controlar los brotes, utilizando unos u otros en función de la gravedad del cuadro. Es frecuente el uso de los llamados fármacos inmunomoduladores (sobre todo azatioprina o mercaptopurina) como tratamiento de mantenimiento fuera de brotes, ya que no se recomienda el uso prolongado de corticoides por sus frecuentes efectos adversos. Estos fármacos mantienen cierto control sobre la respuesta inmune del cuerpo, evitando la sobreexpresión de este, y, por tanto, nuevos brotes de la enfermedad. 

Otro tipo de tratamientos como los fármacos biológicos o incluso procedimientos quirúrgicos son mucho menos frecuentes, y se indican cuando las opciones farmacológicas anteriores no consiguen controlar la patología. Se recomienda además evitar el tabaco, que puede influir en ciertas complicaciones posteriores y, en el caso de la colitis ulcerosa, el médico puede pautar ciertos suplementos nutricionales de forma individual.


Conclusiones y consideraciones generales
Como hemos visto, la enfermedad inflamatoria intestinal comienza con síntomas muy difusos pero puede llegar a ser muy graves si no se actúa correctamente. Si posee este conjunto de síntomas, es recomendable que acuda a su médico para descartar esta patología. Muchos cuadros diarreicos son causados simplemente por estrés o malos hábitos alimenticios. No obstante, siempre es aconsejable conocer la causa de ellos y descartar enfermedades inflamatorias o cuadros más graves, aprendiendo además así a manejarlos correctamente.


Fuente: Revista Medicine 11ª y 12ª serie: Enfermedades del tubo digestivo. Enfermedad inflamatoria del tubo digestivo: (Vol. 12 Núm. 5 y Vol. 11 Num. 5)

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