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PERSONAJES: Agamenón, rey de Micenas

La máscara de oro de Agamenón descubierta por el arqueólogo alemán Schliemann en 1876 en una tumba de las ruinas de la antigua Micenas. Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Agamenón, el todopoderoso rey de Micenas, yace desnudo sobre un charco de sangre. Clitemnestra, su esposa, y Egisto, el amante de ésta, acaban de asesinarlo. Se ha cumplido la maldición que pesaba sobre la familia del rey desde que Atreo, padre de Agamenón, había matado a tres hijos de su hermano Tiestes, con quien disputaba el trono de Micenas para luego servírselos como manjar en un festín.


Como narra Esquilo en su obra Agamenón, cuando Tiestes descubrió que su acción era sacrílega, rompió a llorar y, vomitando la comida, invocó para la estirpe de Atreo esta maldición, al tiempo que pisoteaba el banquete: “¡Que perezca así toda tu descendencia!”. Fue Egisto, otro hijo de Tiestes, quien consumó la sentencia que pesaba sobre los Atridas, la familia de Atreo.

Así concluía la historia de quien fue uno de los principales protagonistas de la guerra de Troya, el episodio que inspiró la Ilíada de Homero. No sabemos con certeza si Agamenón realmente existió, como tampoco sabemos si la expedición de los griegos a Asia tuvo lugar, al menos en la forma en que la contó Homero. Pero el fascinante relato de la Ilíada permite ver en el rey un ejemplo de lo que era un monarca en la Grecia de la edad del Bronce.

Agamenón, sentado, contempla al sacerdote troyano Crises mientras le ruega que le devuelva a su hija, tomada como botín de guerra. Mosaico hallado en Neápolis (Tunicia)
Situado al noreste del Peloponeso, el reino de Micenas ocupaba, en el siglo XIII a.C., una posición estratégica y ejercía una clara preeminencia sobre las fortificaciones rivales de la zona, particularmente Argos, Pilos y Tirinto. A pesar de que cada una de estas ciudades era independiente, el rey de Micenas era considerado el soberano supremo de todos los demás reinos. 

Ése es el motivo por el que Agamenón aparezca como el líder de una poderosa confederación de reinos griegos y que lanzó contra la ciudad amurallada de Troya más de mil naves de guerra.
Reproducción de la antigua ciudad aquea de Micenas

Antes de lanzar sus naves rumbo a Troya desde la bahía de Áulide, fue cuando la maldición de los Atridas se manifestó ante Agamenón. Calcante, el adivino de la expedición, declaró que los vientos no sería favorables hasta que el rey sacrificase a la diosa Artemis, a su propia hija Ifigenia. Agamenón terminó aceptando razones de Estado y, bajo falsa promesa de boda con Aquiles, la atrajo hasta Áulide y allí la sacrificó en el altar a la diosa. Algunas versiones sostienen que, como en la historia bíblica de Abraham e Isaac, Ifigenia se salvó en el último instante, pues la diosa la sustituyó por un ciervo. Sea como fuere, el episodio trajo viento favorable para la partida de toda la flota, pero también un odio inextinguible hacia Agamenón en el corazón de su esposa Clitemnestra.

La puerta de los leones. Dos leones rampantes de tres metros de alto coronan el dintel de la ciclópea puerta de entrada a Micenas. Este monumento se erigió en torno a 1250 a.C.


El dramático episodio del sacrificio de Ifigenia por Agamenón para aplacar a la diosa Artemis plantea la posibilidad de que en la Grecia de la edad del Bronce se practicaran sacrificios humanos. Algunos autores creen que son mera ficción poética, pero otros han señalado evidencias arqueológicas al respecto.

LA CAPITAL DEL REINO. En el Círculo A de tumbas (arriba, a la derecha) Schliemann halló la máscara de oro atribuida a Agamenón, aunque es muy anterior al siglo XII a.C., la época de la guerra de Troya.
Asalto a la rica Ilión
Había llegado la hora de Agamenón, el momento en que el señor de los guerreros por fin se vestiría para el combate. Homero consagró un canto entero a las hazañas de Agamenón: desplegando su orgullo y prestigio sobre su carro, el rey de Micenas despedazaba las falanges de sus adversarios conforme se los encontraba a su paso. tan grande fue la masacre que el soberano causó en las filas del enemigo, que los dioses comenzaron a temer por la vida del príncipe troyano Héctor, que avanzaba a su encuentro. No obstante, Héctor es muerto por Aquiles y éste por Paris. La muerte de Aquiles deja la escena como al principio: un ejército extenuado y unas murallas que aún resistían.

El mejor de los aqueos. Aquiles (a la izquierda) se muestra como un poderoso guerrero ante Agamenón, que aparece sentado frente a él. Detalle de un sarcófago del siglo III a.C. Louvre, Paris.

    Agamenón parecía resuelto a aceptar la derrota y ordenó preparar las naves para regresar a Grecia, pero entonces apareció Ulises, el artífice de la inmortal estratagema del caballo de madera. Los troyanos tomaron el caballo como un regalo de los dioses y derribaron parte de la muralla para introducirlo en su ciudadela. Sólo Casandra, la princesa troyana con el don de la profecía y la maldición sabía que la ciudad iba a ser pasto de las llamas y que su propio destino sería convertirse en concubina del destructor de su pueblo, Agamenón.

LA MUERTE DEL REY. Acompañada por su amante Egisto, Clitemnestra, la esposa de Agamenón, contempla a su marido antes de darle muerte. Óleo por P.N. Guérin, siglo XIX, Louvre, Paris.

     Agamenón regresó triunfante a Micenas en compañía de su esclava Casandra. En su ausencia, Clitemnestra tramó un plan para librarse de su esposo: quería vivir libremente con su amante Egisto y, a la vez, vengar la muerte de su hija Ifigenia. Ya en su mansión, Agamenón se despojó de sus armas para tomar un baño; al salir del agua vistió su túnica, pero antes tuvo tiempo de advertir que ni su cabeza ni sus brazos podían pasar por las aberturas del cuello y las mangas, que estaban cosidas. Con el todopoderoso señor de guerreros desnudo, cegado y atrapado por una débil tela, los conspiradores atravesaron su cuerpo con una espada. Así se cumplía, por fin, la ancestral maldición que pesaba sobre los Atridas.

Los hijos de Agamenón juran vengar su muerte

En las Coéforas, Electra, la hija de Agamenón y Clitemnestra, acude a realizar ofrendas a la tumba de su padre. Allí se encuentra con un joven que resulta ser su hermano Orestes, a quien habían enviado lejos de Micenas cuando era niño. Juntos deciden castigar el crimen cometido contra su padre. Orestes llega a la corte y, valiéndose de su anonimato, mata primero a Egisto y después a Clitemnestra, su propia madre, a pesar de sus desesperadas súplicas. Pero las Erinias, diosas de la venganza, perseguirán al matricida. Orestes, en las Euménides, es juzgado por un tribunal en el que Apolo, su defensor, logra que el jurado acepte el derecho de Orestes a vengarse. Las Erinias acatan el veredicto, y en adelante se las conocerá como Euménides, “benévolas”.

ORESTES, EL VENGADOR. La maldición que pesaba sobre la estirpe de Agamenón culminó con el asesinato de la Clitemnestra a manos de su hijo Orestes. Esquilo (siglo V a.C.) compuso un ciclo de tres tragedias, titulado la Orestíada, en el que narraba el drama familiar.
PARA SABER MÁS
· Ilíada. Homero. Traducción de Óscar Martínez, Alianza, 2010.
· Agamenón. Esquilo. Traducción de Bernardo Prea. Gredos, 2010.

· Agamenón conquista Troya. George Shipway. Pàmies, 2011.

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