Subscribe Us

PERSONAJE: NEFERTITI, la reina del Sol

Los reyes en familia. Esta estela de Amarna muestra a Akhenatón y Nefertiti jugando de un modo distendido con sus hijas. Museo Egipcio, Berlín.
Neferu Atón Nefertiti (c. 1370 a. C.-c. 1330 a. C.) fue una reina de la dinastía XVIII de Egipto, la segunda Gran Esposa Real de Ajenatón (Akhenatón). Su nombre egipcio, nfr.u itn, nfrt.y.ty, se traduce como «Bondad de Atón, la bella ha llegado». Su belleza fue legendaria, pero tras su imagen sublime parece que su papel político y religioso en el desarrollo de la experiencia amarniana fue fundamental.


Su reinado se distingue por la frecuencia con que se realizaron representaciones monumentales que evocaban a la pareja real en la intimidad, y en especial la proximidad de sus hijas (jamás antes de esa época el arte oficial había representado a los soberanos en escenas familiares y privadas).

Aunque algunos egiptólogos creyeron que fue la que reinó con el nombre de Semenejkara, no se ha demostrado que sucediera a Ajenatón (Amenhotep IV) tras su muerte. Sería más verosímil hablar de reinado en colaboración parcial entre Ajenatón y su gran esposa real. Tampoco se ha podido demostrar que sobreviviera a su real esposo y, por tanto, que ella fuese Semenejkara. El busto de Nefertiti es una de las esculturas egipcias más conocidas.  A pesar de sus 3.500 años de antigüedad, conserva los colores originales.

La reina del Sol. Busto policromado de la reina Nefertiti hallado en Amarna por Borchardt en 1912. Museo Egipcio, Berlín.
La minería, fuente de ingresos
Las campañas militares, además de proveer gran cantidad de tributos, posibilitaban la expansión económica. Las explotaciones mineras eran organizadas directamente por el gobierno faraónico y protegidas mediante presencia militar. Entre ellas destacan:

- De oro, piedra y diorita (utilizada esta última para la elaboración de esculturas) de Nubia. El gobernador egipcio de Nubia poseía el título de "supervisor de las minas de oro de Amón".
- De cobre y de piedras preciosas (turquesa) del Sinaí.
- De oro, pórfido y alabastro en el desierto Oriental.

Es interesante la elección de los "dioses protectores" de las explotaciones mineras: Amón, muy popular en Nubia, de las de oro de dicho país, y Hathor de las de turquesa del Sinaí. La riqueza minera era monopolizada por el gobierno, que la utilizaba para la construcción y reparación de edificios públicos, especialmente templos, palacios y necrópolis, de modo destacado en Tebas. 

Era común sepultar a los reyes y los miembros de la familia real en la capital, así es como la necrópolis real se situó frente a Karnak, a la altura de Tebas, pero en la margen occidental del Nilo, o sea, la opuesta.


Estaba en auge el comercio a gran escala, con Asia o con otros puntos del Mediterráneo Oriental que, por otra parte, no se había interrumpido en ningún momento ante la presencia de los hicsos en el delta durante el Período Intermedio. Hay pruebas de que el comercio a través del mar Rojo y el océano Índico alcanzó gran desarrollo. Las fuentes egipcias mencionan intercambios con Punt (identificado en la actual Somalia), y se hallaron objetos egipcios de la dinastía XVIII en la región ecuatorial de África oriental que, si no significa el alcance de las expediciones comerciales egipcias, atestigua el desarrollo comercial de los pueblos de la cuenca del Índico.

Estatuillas policromadas con las imágenes de Nefertiti y Ajenatón, hacia el noveno año de reinado. Museo del Louvre, E15593. Moneda de oro egipcia con la efigie de Nefertiti.
En torno al año 1350 a.C. los faraones de la XVIII dinastía reinaban desde Tebas. Eran tiempos de paz y estabilidad. El país del Nilo, bendecido con una agricultura próspera y abundantes riquezas naturales, se había convertido en la primera potencia del Mediterráneo oriental y vivía en relativa cordialidad con sus enemigos naturales, los hititas de Asia Menor. El imperio estaba bien organizado, la administración era eficiente y las arcas rebosaban de oro.

A la muerte del faraón Amenhotep III en 1353 a.C., seguida poco después de la de su primogénito Tutmosis, se nombró sucesor al segundo hermano, Amenhotep IV. Antes de su entronización, el joven ya había desposado a una mujer extraordinaria, una muchacha que a la sazón tendría entre 12 y 15 años. Su nombre, Nefertiti. A partir de ahí todo cambió. Amenhotep IV elevó a su esposa al estatus de reina-diosa. Al inicio de su reinado el faraón mandó construir cuatro nuevos templos en exaltación de Atón dentro del recinto sagrado de Karnak, alrededor del santuario de Amón, y cambió su nombre por Ajenatón.

A unos 280 kilómetros al norte de Tebas, en la margen oriental del Nilo, en un valle protegido por abruptos riscos calizos, Ajenatón fundó la nueva capital, Ajetatón, que significa «horizonte de Atón». El joven rey puso aquí en práctica su revolucionario programa teológico que atribuía la creación de la naturaleza y del ser humano a un principio singular: la vida nacía de la luz solar, encarnada en Atón.

En aquella revolución con tintes de sacrilegio, Nefertiti jugó un papel clave; más que como reina, como corregente.

Desde la corte de Ajtatón, una nueva tríada empezó a regir los destinos del nuevo imperio, con Atón en el vértice superior del triángulo y Ajnatón y Nefertiti en su base, a izquierda y derecha respectivamente. En los relieves se hacían representar asistiendo a ceremonias religiosas, así como cogidos de la mano y en compañía de sus seis hijas. Nefertiti aparecía como una madre amantísima. Una familia divina y jubi­losa.

Última imagen de Nefertiti, piedra arenisca deTell el-Amarna, Egipto, c. 1352–36 BCE; in the Brooklyn Museum, New York.

¿Fue Nefertiti una especie de primera dama de la Antigüedad? 
Las especulaciones sobre el papel que desempeñaba en la corte de Ajetatón son tan abundantes como contradictorias. Algunos expertos aconsejan no sobreestimar la posición de la reina; otros defienden que gozaba de las mismas prerrogativas, si no más, que el propio Ajenatón. Recientemente el egiptólogo emérito alemán Hermann Schlögl dejó perplejo al mundo académico al afirmar que Nefertiti fue el ver­dadero motor de la revolución religiosa de su tiempo y la responsable de tan radicales transformaciones. 

Schlögl defiende que Nefertiti (para él la «Dama Joven») murió antes que Ajenatón. Su momia presenta graves lesiones faciales y torácicas, posiblemente consecuencia de un accidente de carro. No obstante, hay dudas al respecto. Para la mayoría de los egiptólogos no hay duda de que el sucesor de Ajenatón fue alguien llamado Smenker o una mujer llamada Nefernefruatón. No existe imagen, estatua ni relieve de ninguno de los dos, pero sí un anillo con una inscripción: «Rey Smenker, elegido por el rey Ajenatón».


Mas allá de conjeturas, la bella Nefertiti mantiene intacta su capacidad de fascinación. Nadie sabe si ocupó el puesto más alto de Egipto al enviudar, o si murió antes que su esposo, si es la «Dama Joven» de la tumba KV 35, o si sufrió destierro. Si era brutal y autocrática, o amable, cariñosa y alegre, si era menuda y delicada, o corpulenta y fuerte. Nefertiti continúa siendo un enigma. Y en eso radica la verdadera fuerza de su leyenda.


Imperio nuevo
Con el nombre de Imperio Nuevo se conoce al periodo histórico que comienza con la reunificación de Egipto bajo Amosis I (c. 1550 a. C.) y que termina hacia el 1070 a. C. con la llegada al trono de los soberanos de origen libio. Lo componen las dinastías XVIII, XIX y XX. Transcurre entre el Segundo periodo intermedio, y el Tercer periodo intermedio de Egipto. Las dos últimas dinastías, XIX y XX, se agrupan bajo el título de Período Ramésida.

Tras la unificación y la expulsión de los hicsos del territorio egipcio, conseguida por Ahmosis I, se impondrá un impulso expansionista nunca antes visto en Egipto. Al morir, aquel legó a su sucesor un Egipto unificado, que dominaba desde el sur de Palestina hasta más allá de la segunda catarata, además de un sentimiento nacionalista impulsado gracias a la agresiva política exterior que llevó a cabo tras terminar con la monarquía hicsa. El recuerdo histórico de la invasión extranjera, del caos frente a Maat, del desmembramiento de la unidad de Egipto y sus terribles consecuencias, fueron un tema constantemente recordado.


Con el inicio del Reino Nuevo la guerra en Egipto evolucionó de forma significativa como resultado de la experiencia acumulada tras la invasión de los hicsos. La adopción del carro de guerra, el caballo, el arco compuesto, así como la incorporación de mercenarios y la adopción de nuevas tácticas militares, conllevaron la renovación del ejército egipcio.

La tumba KV35 se encontró en el conocido Valle de los reyes. Image source 

Fuentes: https://www.biography.com/people/nefertiti-9421166 // https://www.history.com/topics/ancient-history/nefertiti // https://www.britannica.com/biography/Nefertiti/media/407963/146578 // https://www.ancient-origins.net/history-famous-people/quest-find-nefertiti-queen-nile-002138

Publicar un comentario

0 Comentarios