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SALUD: Neumonía e infecciones respiratorias

Neumonía. Descripción y causas. JAVC. Salut i Força

El peligro de los cuadros catarrales
El gran riesgo del invierno. Y con él, como cada año, los cuadros gripales y catarrales se apoderan de nuestra rutina. Raro es el caso en el que a lo largo de los meses más fríos no sufrimos de congestión o malestar general, a veces incluso acompañados de dolores articulares o lumbares o de fiebre leve o moderada. Sin embargo, no siempre somos capaces de distinguir si tenemos un simple resfriado o si nos enfrentamos a la infección viral de la gripe. Y por ello, es frecuente que la manera en la que actuamos para sobreponernos a sus síntomas sea errónea, generando complicaciones que pueden llegar a ser graves.


Como todos conocemos, los síntomas comunes de estos procesos son la congestión nasal, el malestar, la tos o el dolor de garganta. El resfriado común puede generar algo de fiebre pero frecuentemente es leve y además, breve. Predominan la congestión y los estornudos, así como la secreción nasal constante o una ligera molestia en la garganta, la llamada “carraspera”. En general son cuadros leves, que mejoran en pocos días y no requieren de antibióticos ni medicación importante. El descanso y la ingesta abundante de líquidos es suficiente y nos podremos ayudar de productos para resfriados “sin receta” para aliviar los síntomas. Por el contrario, la gripe genera estos mismos síntomas pero de forma más intensa (la congestión suele ser profunda y genera dolores fuertes de cabeza, y las tos y el dolor de garganta constantes y extremadamente desagradables). A esto se le suele sumar un malestar importante (que no permite realizar la actividad diaria), y episodios de fiebre moderada o alta que puede durar varios días, junto con dolores musculares fuertes o incluso molestias digestivas, como náuseas o vómitos. Si estamos en este segundo caso debemos tener precaución y valorar nuestra evolución, puesto que una gripe mal curada puede ser el inicio de problemas respiratorios más graves, entre ellos, la neumonía o la bronquitis.



Pero...hablemos de cifras
Puede que hablar de complicaciones de la gripe o de infecciones pulmonares graves suene remoto o algo que “es muy raro que nos ocurra”. Pero, ¿nos hemos parado a mirar la frecuencia de estos casos? En España, a lo largo de los últimos años, la neumonía y el conjunto de diagnósticos infecciosos relacionados con el tracto respiratorio oscilan entre la segunda y la tercera causa más común de ingreso médico hospitalario. Si tenemos en cuenta que la primera causa de ingreso es el parto, esto supone que una de las causas más frecuentes de ingreso por enfermedad (si no la que más) es la neumonía y las complicaciones gripales y catarrales.

Si aún así nos quedan dudas, podemos consultar los datos ofrecidos por hospitales de nuestro entorno, como el Hospital Universitario Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares) o el Hospital de Torrejón de Ardoz. De nuevo, la tercera y la segunda causa de ingreso médico respectivamente son neumonías o complicaciones de cuadros gripales. Y, por poner alguna cifra, solo en el año 2016, el Hospital Príncipe de Asturias ingresó a 792 personas por neumonías y a otras 749 por síntomas menores de aparato respiratorio. Si a estas cifras les sumamos ingresos provocados por enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC) que súbitamente empeoran junto con otros cuadros infecciosos o inflamatorios o bronquitis, añadidos a los anteriores suponen más de 2000 nuevos casos al año sólo en Alcalá de Henares. Queda por tanto patente la importancia de protegerse de estas complicaciones, y por supuesto, entender en qué consisten estas patologías para acudir al médico antes de que el cuadro empeore.

Cuándo dejamos de tener “un simple catarro”
Como ya hemos mencionado arriba, los síntomas más frecuentes de los cuadros gripales y catarrales son dolor de garganta, tos, malestar general y fiebre moderada durante varios días. Las neumonías suelen comenzar con cuadros muy similares o empeorar desde estos. Generalmente, las neumonías causadas por bacterias suelen tener un inicio más brusco y un empeoramiento más rápido que las virales. En ambos casos aparecerá fiebre moderada o alta y escalofríos. Además, podemos notar dificultad al respirar en actividades cotidianas como subir escalones. Uno de los síntomas más fácilmente reconocibles y común de las neumonías es un dolor en el pecho que empeora al toser o al respirar profundamente. Si venimos de un cuadro gripal, la sensación es de empeoramiento con el paso de los días. En este punto, es imprescindible acudir al médico para que evalúe la necesidad de antibióticos o de ingreso si el cuadro es grave o ha empeorado con respecto a anteriores consultas.



La causa de los cuadros respiratorios
El origen de las infecciones respiratorias es diverso, e incluye bacterias, virus, hongos o incluso parásitos. En el caso de la neumonía, el origen puede ser interno (bacterias o virus que viven en nariz o boca pasan a los pulmones) o externo, inhalando los microbios directamente o bien a través de comidas o líquidos en contacto con ellos.

La bacteria más habitual en los casos de neumonía es el Streptococcus pneumoniae (comúnmente llamado neumococo). En personas con el sistema inmune más débil o con enfermedades crónicas los hongos como fuente de infección cobran especial relevancia. Y por supuesto, el virus de la gripe es otra de las causas más comunes. Estos gérmenes inflaman los pulmones, y los llenan de líquido o pus, produciendo flemas y el resto de los síntomas ya descritos. Conviene mencionar en este punto otro cuadro respiratorio frecuente con unas características iniciales muy similares a la neumonía: la bronquitis. En este caso, el daño se produce en la pared de los bronquios, esto es, los conductos que llevan el aire a los pulmones, generando una inflamación. Si bien el origen más común de la neumonía es bacteriano, en el caso de la bronquitis la mayor parte son virales, siendo tanto el virus de la gripe como los virus generadores de cuadros catarrales las causas más frecuentes de este cuadro. En este trastorno el síntoma predominante es la tos, que puede verse acompañada de expectoración mucosa. Otros síntomas que nos ayudan a detectar un inicio de bronquitis suelen ser las sibilancias (pitidos en el pecho al respirar) o sensación de “ronroneo” en el pecho. La fiebre suele ser más leve que en los cuadros de neumonía.

¿Se contagia todo el mundo con la misma facilidad?
Aunque parezca una pregunta obvia, es importante ser consciente de si, al pasar por una infección respiratoria, tenemos más o menos riesgo de que esta se complique en forma de neumonía o bronquitis. En general, los adultos mayores de 65 años y los niños menores de 2 años han de tener un cuidado especial, puesto que son considerados per se grupos de riesgo. La exposición continua a altos niveles de contaminación convierte a una persona sana en posible paciente de riesgo. Por supuesto, pacientes con enfermedades que debiliten el sistema inmune o con otras infecciones activas deberán consultar con el médico desde el inicio de los síntomas, puesto que sus cuadros pueden empeorar especialmente deprisa.

El tratamiento activo con quimioterapia o las enfermedades pulmonares crónicas como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), así como la enfermedad cardíaca o la diabetes, hacen a la persona ser más propensa a desarrollar una neumonía. En el caso de la bronquitis, la exposición a productos químicos irritantes o el reflujo gástrico pueden propiciar su aparición. Y, por último, un factor de riesgo común a ambas (neumonía y bronquitis) es el consumo de tabaco, puesto que ejerce un daño constante a las defensas del organismo y un daño directo a los pulmones. Además, los llamados “fumadores pasivos” (personas que conviven con fumadores o inhalan humo de cigarrillo de forma permanente) son más propensas de lo habitual a generar cuadros de bronquitis, tanto aguda como crónica.



¿Cómo nos protegemos?
Llegados a este punto, lo primero que debemos tener claro es si somos grupo de riesgo o no, basándonos en los criterios anteriores. En caso afirmativo, la vacunación es imprescindible. Es recomendable que consultes con tu médico por las vacunas específicas contra algunas neumonías, ya que en muchos casos será recomendable tener tu calendario vacunal actualizado para prevenir complicaciones. Y, por supuesto, vacunarse contra la gripe una vez al año, generalmente en los meses de octubre o noviembre, será clave para prevenir el origen de muchas de estas infecciones. A veces cometemos el error de pensar que si nos vacunamos y aún así “nos ponemos malos”, es que la vacuna no es útil, y esto no es correcto, puesto que, como hemos visto, los síntomas perceptibles de las enfermedades respiratorias son muy parecidos, y puede que en un momento concreto no sea el virus de la gripe el que esté generando nuestro cuadro, sino una bacteria o simplemente un virus causante de resfriado común. Sin embargo, la no vacunación siendo grupo de riesgo nos expone a cuadros generalmente más graves y con mayor riesgo de complicaciones.

La vacunación no es exclusiva de los colectivos anteriores. Si eres una persona sana pero tienes frecuentes resfriados o episodios gripales, consulta con tu médico, puesto que puede que la vacunación sea también positiva. Si, por otro lado, consideras que tu trabajo o tu rutina te expone a químicos o productos irritativos, procura usar mascarilla para protegerte de los tóxicos inhalados. Y, por supuesto, aunque parezca menos relevante es fundamental mantener hábitos higiénicos y nutricionales saludables: evitar el tabaco, lavarse las manos regularmente, mantener una dieta saludable, salir a la calle bien abrigado los días más fríos, dormir al menos 8 horas al día o evitar el estrés prolongado son sin duda los factores más importantes para mantener nuestras defensas altas, impidiendo que los gérmenes más comunes nos ataquen.

Por último, es necesario destacar que el abuso recurrente de antibióticos para cuadros leves y no complicados, en gran parte sin supervisión o por el mero hecho de tenerlos en casa, está generando un creciente número de resistencias a los más comunes impidiendo que estos actúen cuando se instauran complicaciones como la neumonía, la bronquitis bacteriana o cualquier otra infección de las vías respiratorias. Es importante no tomar antibióticos si no hay una prescripción médica de ello ni insistirle a este en su prescripción basándose en cuadros pasados. Debemos entender que las infecciones son afecciones potencialmente mortales, y, a la vez, potencialmente evitables. Esta aparente incongruencia es la que verdaderamente pone de manifiesto la importancia de la prevención pues, con ella, el número de casos podría reducirse drásticamente.

Fuentes:
Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU (NIH)
Fisterra: atención primaria en la red
Sociedad Española de Medicina Interna

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