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SALUD: Dietas proteinadas


El estudio y avance del conocimiento de los macro y micronutrientes permitió a muchas compañías proponer alternativas eficaces y rápidas para perder peso, basadas en la restricción calórica y en la disminución de la ingesta de hidratos de carbono y grasas. Estas dietas, al contrario que las dietas milagro, sí que han logrado efectos duraderos sobre el control del peso de los pacientes, con una evidencia científica suficiente como para que la comunidad médica haya comenzado a pautarlas: son las actualmente llamadas dietas proteinadas.


Las llamadas dietas proteinadas y sus diferentes métodos comparten una serie de características comunes. Son dietas  en general normoproteicas (a diferencia del método Dukan y otras dietas milagro) que, como norma,  se dividen en diferentes fases, siendo la primera fase o fase inicial la llamada “fase activa o cetogénica”. 

El fundamento de esta primera fase es la restricción calórica intensa, donde la base de la nutrición es la verdura suplementada con una serie de productos proteicos (tipo batidos, barritas, etc.) que aportan las proteínas necesarias, con una frecuente suplementación a base de vitaminas, minerales, y en algunos casos oligoelementos y ácidos grasos poliinsaturados para una correcta nutrición. En estas primeras fases, el cuerpo entra en un estado de cetosis controlada, donde el tejido graso se metaboliza para producir energía. El resultado es una pérdida inmediata de volumen y peso. En esta primera etapa la mayor parte de los métodos aconsejan un ejercicio suave o moderado, evitando grandes esfuerzos debido a la gran restricción calórica (hasta 800 kcal/día).

A continuación, se procede a la reintroducción de la proteína animal (carnes, pescado, huevos,…), que van sustituyendo progresivamente a los productos nutricionales añadidos, generalmente en comidas y/o cenas. Esta fase está subdividida en más o menos etapas dependiendo del método seleccionado y de la marca comercial utilizada. A partir de esta fase se aconseja reintroducir un ejercicio físico moderado 3 o 4 días a la semana.

Finalmente en una última fase (a su vez subdividida según el método aplicado) se reintroducen los hidratos de carbono (frutas, lácteos, cereales y féculas, etc.). Esta última fase se asemeja a una dieta más tradicional y pretende reintroducir en el cuerpo unos hábitos que el paciente pueda mantener una vez finalizada la dieta.

Tenemos que tener en cuenta que no todos los pacientes son candidatos a estas dietas, siendo necesario descartar insuficiencia cardíaca, hepática o renal, diabetes tipo 1, intolerancias alimentarias, trastornos de la conducta alimentaria y problemas psiquiátricos, alcoholismo, patologías que cursen con pérdida proteica (Cushing, neoplasias, malabsorción, EEI, etc), cirugías mayores o patologías isquémicas en los últimos meses así como patologías agudas descompensadas y/o fármacos hipokalemiantes o corticoides sistémicos. 

Deberemos tener especial cuidado en pacientes hipotensos, ya que las primeras fases de los métodos suelen tener efectos secundarios como dolores de cabeza o sensación de cansancio debida a la restricción calórica intensa. Muchas de las casas comerciales ya ofrecen suplementos vitamínicos y/o salinos que el médico podrá pautar para  controlar estos cuadros.


Si bien estos métodos  ya tienen evidencia científica sólida que les respalda, algunos de los estudios clínicos publicados están promovidos por las mismas casas comerciales, introduciendo un sesgo que se ha de tener en cuenta. Por tanto, es fundamental valorar de forma individualizada a cada paciente antes de someterle a este tipo de métodos.

¡OJO CON LAS DIETAS MILAGRO!
Las llamadas “dietas milagro” carecen de evidencia científica y son rechazadas por una amplia mayoría de la comunidad médica. Algunas prestigiosas asociaciones y sociedades como la Asociación Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) o el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento  de la Asociación Española de Dietistas (GREP-AEDN) alertan de algunas de las promesas de estas dietas, para poder localizarlas y rechazarlas, como son:
- Resultados rápidos o “mágicos”.
- Prohíben ciertos alimentos y los clasifican como alimentos “buenos” y “malos”.
- Suelen incluir testimonios reales para darle credibilidad al método.

Mencionaremos a continuación algunas de las más conocidas y sus principales riesgos:
- Dieta Dukan: basado en el método de Pierre Dukan, promueve una dieta hiperproteica inicialmente a la que posteriormente se le añaden las verduras y resto de alimentos. A pesar de su gran éxito, no existe evidencia científica que apoye que el exceso de proteínas favorezca la pérdida de peso ni que la pérdida de este peso sea duradera. Sin embargo, este exceso de proteínas sí que se ha relacionado con problemas renales y cardiovasculares.
- Ayunos o dietas de choque: son dietas muchas veces de menos de 500 kcal/día, muy de moda entre algunas actrices de Hollywood. La pérdida de peso se produce por la carencia energética durante su realización y el efecto rebote al suprimirla está prácticamente garantizado.
- Dietas de un solo alimento: como su nombre indica, se basan en la alimentación con un solo alimento durante una cantidad limitada de días. De nuevo son dietas de menos de 500 kcal/día y tal vez la más conocida es la dieta de la alcachofa. La pérdida de masa muscular y la carencia energética vuelven a ser la base de la pérdida de peso.
- Dietas hipocalóricas desequilibradas: tal vez las dietas más cercanas a una restricción calórica dentro de los parámetros saludables, si bien se basa en la eliminación total de proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas o minerales de forma total, con la consiguiente carencia nutricional asociada y el efecto rebote posterior.
- Dietas disociadas: se basan en el falso mito de no comer proteínas y carbohidratos en la misma comida.

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