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PERSONAJE SINGULAR: Julia Domna

La emperatriz Julia Domna - mármol, 193 d.C. - Museo del Louvre, París
JULIA DOMNA es otra de las mujeres importantes ligadas a la filosofía. Mujer inteligente que al menos en dos ocasiones de su vida, desilusionada por el alejamiento de su actividad política, se refugia en la filosofía como una mecenas de filósofos y científicos, entre los que se encontraban el médico Galeno y probablemente Diógenes Laercio. En el ámbito político fue brillante. Es ante todo, una mujer política. Participó activamente con su marido, el emperador Septimio Severo, en cuestiones de gobierno, acompañándolo también en sus campañas militares, así como con sus hijos cuando éstos alcanzaron el poder, hasta que al final la tragedia y la ignominia la sitúan coparticipando con Caracalla en el poder. Fue activa y no se quedó en el papel sumiso de mujer del emperador. Recibió los mayores títulos honoríficos, ligados siempre a lo que la feminidad podía conseguir y fue pionera en vincular su imagen y la de su familia femenina en primer plano, sobre todo en monedas y escultura. 


Iulia Domna nació en una fecha que nos resulta en principio desconocida. Si bien la podemos deducir denotando la de sus esponsales con Septimio Severo en 187, y sabiendo que las damas de la alta sociedad del mundo grecolatino se casaban a una edad media alrededor de los trece años. Sería por tanto circa 174 en la ciudad siria de Emesa —actual Homs.

Nos situamos en Oriente Próximo, concretamente en una región siria que, a grandes rasgos, se extendía de norte a sur entre los montes Tauro y Egipto, y de oeste a este entre la costa mediterránea y el desierto iraní. Constituía un área cosmopolita de influencia semita, aramea, arábica, hebrea y fenicia —después griega y latina— que formaba una encrucijada de prósperas rutas comerciales en dirección a ciudades como Antioquía —una de las más grandes del Imperio—, Tiro y Sidón en la costa, Damasco, Palmira, Petra o Emesa, emplazada en una fértil llanura junto al río Orontes.

Es el ámbito religioso adquiere una relevancia decisiva en el devenir de Domna. El culto más importante de la ciudad de Emesa era el guardado a la antigua deidad solar siria de El-Gabal, que reverenciaba a una piedra cónica negra —probablemente restos de un meteorito— que se decía procedente del mismo Zeus a imagen del sol. El término significa El-gobierna. El padre de Domna era Julio Basiano —Iulius Bassianus—, sacerdote mayor del templo de El-Gabal

Pintura en disco de Julia Domna con su familia. Geta aparece borrado tras su "dammatio memoriae". Staatliche Museus. Berlín

Durante su legacía de 181-183 al frente de la Legio IIII Scythica en Siria, Lucius Septimius Severus, natural de la norteafricana Leptis Magna, parece que pudo conocer a algún miembro de la dinastía sacerdotal de Emesa. El peso de la misma debía ser relevante para atraer la atención de una personalidad senatorial como Severo, y ello le conduciría a Domna. El enlace se produciría en Lugdunum —actual Lyon—, capital de la provincia Galia Lugdunensis que gobernaba, en el año 187. No tardará en dar a luz a sus hijos, el primero Lucius Septimius Bassianus —futuro Caracalla—, en abril de 188 en la misma ciudad, y en 189, ya en Roma, a su hermano Publius Septimius Geta.

En abril de 192 las legiones del Danubio, donde Severo se encontraba, le proclamaron emperador y se encaminó en dirección a Roma donde en junio entró triunfante. La primera aparición en público de Domna —ahora Augusta— pudo ser en el funeral y consagración de Pertinax, que había sucedido a Cómodo en primera instancia para ser asesinado por su guardia pretoriana a los tres meses.

Si hay algo que caracteriza a la nueva consorte imperial son sus continuos viajes al lado del emperador, quien no permaneció en Roma más de dos años seguidos a lo largo de sus dieciocho de reinado. Estamos ante una costumbre que se venía practicando desde los últimos tiempos de la República por parte de algunas mujeres de altos cargos a quien acompañaban en sus campañas, no en vano primera intitulada Mater Castrorum.

Imperio romano en el año 210 d.C.

Tras la victoria de Issos sobre Níger en la primavera de 194, la pareja imperial viajó por Asia Menor invistiéndose en las ciudades por las que pasaban. Seguramente una de ellas fue su ciudad natal, a la que regresó por primera vez, ahora como emperatriz, algo que nunca se hubiera imaginado cuando partió a Occidente siete años atrás camino de su boda.


La presencia de Domna, en su papel de fiel acompañante del princeps, en los campamentos militares elevaba la moral de la tropa, ello hizo que se ganara el título de Mater Castrorum en 195 —le asociaron a Venus Victrix, a quien atribuían sus victorias—, lo que representaba la unión entre la nueva dinastía y la fuerza de las armas, tan importante para la perduración de la misma en este incierto periodo. Para consolidarla Severo declaró su adoptio como hijo de Marco Aurelio de suerte que la legitimaba por completo como continuadora de la grandeza de los Antoninos —incluso serán depositadas sus urnas funerarias en su mausoleo—, a lo que hay que añadir que el primogénito Caracalla fue designado princeps iuventutis y nombrado Caesar en lo que pudo ser agente su madre —ahora Mater Caesaris—; un gesto el del apoyo a ultranza de las mujeres de poder para con sus hijos siempre atribuido a las mismas, así lo atestiguan precedentes de figuras como Cornelia, madre de los Graco, Aurelia, de Julio César, Livia y Agripina Minor, de la dinastía Julio-Claudia.

En 197, Septimio Severo, decidió establecer una dinastía hereditaria siguiendo el ejemplo de Vespasiano, por lo que ese mismo año asoció también a hijo menor Geta al trono nombrándole César, otorgando el título de Augusto a Caracalla —Domna pasaba a ser Mater Augusti et Caesaris. Toda esta culminación dinástica fue festejada con la acuñación de monedas con leyendas como Aeternitas Imperii, Felicitas Saeculi o Bona Spes. Domna llevó una vida activa en la corte y debió influir en algunas decisiones de su marido quien no dudó en aumentar su titulatura como Mater senatus et patriae, no en vano será la consorte imperial con mayor número de dignidades honoríficas superando a sus predecesoras.

En febrero de 211 moría Severo en Britania abriéndose un grave problema de trágico corolario, al que se tuvo que enfrentar infructuosamente Domna. Hay versiones que ven en el carácter más pacífico y relajado de Geta el punto por el que se decantaba su madre, dejando tal vez más de lado al violento Caracalla —para algunos fruto del primer matrimonio de Severo, lo que explicaría dicha preferencia.  Al llegar a Roma, el Senado les reconoció como co-emperadores y deificó a su difunto padre. Domna trató sin éxito de reconciliarles. Geta resultó asesinado por su hermano en un duro episodio que debió ser traumático para Domna, según Casio presente en la reunión —que había convocado Caracalla para una supuesta reconciliación. 

En este friso se ve en la escena central a Severo estrechando la mano de sus hijos Caracalla y Geta. A la izquierda puede verse a la augusta Julia Domna con su característica mata de pelo o peluca.

Es ahora, con su hijo Caracalla como único emperador, es cuando sobresale la acción de Domna como gran administradora del Estado y consejera política hasta el punto, según se dice, de llegar a desear, una vez asesinado su hijo en 217, ser elegida única gobernante para lo que hilaría intrigas que finalmente no fraguaron. Al tiempo su titulatura siguió aumentando: Mater Augusti/imperatoris et castrorum et senatus et patriae y poco después et populi Romani y Pia Felix

En 212 Caracalla sancionó la fundamental Constitutio Antoniniana, que concedía la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio, si bien no tiene fundamentos la teoría de la influencia sobre la misma de Domna. Al año siguiente abandonaron Roma para una nueva campaña contra los tenaces partos de la que ninguno de los dos retornaría. Domna se instaló en Antioquía desde donde se encargó de la correspondenciaa libellis et ab epistulis— mientras su hijo inició las acciones bélicas en 216-217 para caer asesinado en abril de este último año por oficiales al mando del prefecto Macrino. Así, una vez cerciorada de la bienvenida del nuevo emperador por parte del Senado romano —hacia mediados de julio—, puso fin a su vida, no se sabe si fue por propia decisión o por la del nuevo emperador. Casio describe además a una ya debilitada mujer debido a un cáncer de pecho.

Apenas un año duró el reinado de Macrino, la hermana de Domna, Julia Maesa, adalid del honor y los derechos legítimos de su familia para detentar la púrpura, organizó una exitosa conjuración junto a la clientela emesia para llevar al trono a su nieto, conocido como Heliogábalo. Las cenizas de Domna, tras un breve tiempo en el Mausoleo de Augusto, fueron trasladadas junto a las de Geta al de Adriano —actual Castel Sant’Angelo. Al mismo tiempo tanto a ella como a su hermana les fueron concedidas sendas consecrationes en el año 226 convirtiéndose en divae en la línea que inició Livia, siguiéndole el respectivo culto imperial con templo propio y colegio de sacerdotisas.

Si nos preguntamos cuál es la imagen que ha quedado de Julia Domna en la historia, la respuesta podría ser que ante todo resultó ser una mujer de cultura. De letrada educación que, no hay duda, continuó una vez casada empapándose de los clásicos y adquiriendo especial entusiasmo por la filosofía. Esto se manifiesta durante sus años de ostracismo ante el predominio de Plautiano —circa 200-205—, que le odiaba e instigaba para hacerla declinar ante Severo a quien manejaba a su parecer, por ello entonces ella se dedicó a la filosofía y pasaba los días en compañía de sofistas. Así, parece que desde el primer viaje a África la corte itinerante severa se colmó de filósofos, sofistas, artistas e intelectuales de toda clase —quizá iniciado como medio para educar a sus hijos y sobrinas—, entre los que se encontraba el reconocido sofista Filóstrato de Atenas que no la abandonó hasta la muerte de su señora. Gracias a él conocemos la existencia del círculo — κύκλος— de eruditos que reunió a su alrededor: soy partícipe del círculo reunido alrededor de ella, pues se complace y elogia toda discusión de retórica. Era seguidora del filósofo Esquines el Socrático y, sobre todo, de Apolonio de Tyana, de quien mandó a Filóstrato escribir una Vida de Apolonio donde encontramos dicha significativa referencia, donde le menciona como Julia la emperatriz o reina —Ἰουλίᾳ τῇ βασιλίδι.

Áureo de Septimio Severo con su familia, Julia Domna y sus dos hijos

Algunos académicos han comparado a Domna con la Aspasia de Pericles, y es que se trata de la primera mujer que estudió retórica después de Cornelia, madre de los Graco, y las evocaciones que el círculo erudito provocó desde el Renacimiento al Romanticismo conllevaron que gratuitamente se fueran incorporando al círculo personalidades de todo ámbito de su tiempo: poetas —Opiano—, juristas —Ulpiano—, geómetras, físicos o médicos —Galeno—, historiadores —Dion Casio, Diógenes Laercio—, matemáticos, astrólogos, etc. Se trata, en fin, de un mundo donde los filósofos no podían ser dirigentes, sino meros consejeros, pero los dirigentes en ocasiones eran filósofos.


En lo concerniente a la imagen de la princesa siria y de su culto, los precedentes muestran a unas mujeres flavias de efímero eco cultural más allá de Italia. La consolidación del culto imperial femenino llegó con los Antoninos desde Plotina en adelante, de lo que se sirvieron las divinizadas Domna y su hermana Maesa. La vemos representada en arcos —como el de Argentarii o Leptis Magna— con atributos orientales y griegos. Se trata de la emperatriz con mayores acuñaciones monetarias con su representación y titulaturas, además nos ha llegado el busto más grande de todas las mujeres imperiales. A diferencia de otras damas imperiales, Domna no formó parte de las endémicas intrigas palatinas. Ello contribuyó al excepcional legado en la memoria de sus contemporáneos y de ahí su reflejo en la literatura y en la historia.

Fuentes:
- Dio Cassius, Roman History (ed., trad. E. Cary), London, Loeb Classical Library, 1970, 9 vols.
- Filóstrato, Vida de Apolonio de Tiana (trad. de A. Bernabé Pajares), Madrid, Gredos, 1970.
- Filostrato, Vidas de los sofistas (trad. M. C. Giner Soria), Madrid, Gredos, 1982.
- Herodiano, Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio (trad. J. J. Torres Esbarranch), Madrid, Gredos, 1985.
- Historia Augusta (trad. A. Cascón y V. Picón), Madrid, Akal clásica, 1989.

- Levick, B. (1997). Julia Domna: Syrian Empress, Routledge, London

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