Subscribe Us

Las calzadas romanas, un reto para los ingenieros

LA VÍA APIA a su paso por Roma. Construida en el año 312 a.C. para unir Roma y Capua, se la considera la primera y más importante vía romana.
LA ESTRUCTURA DE LAS calzadas romanas era variable, pues cada una de ellas debía adaptarse a las circunstancias y los materiales disponibles para su construcción en cada provincia. Todas solían contar con varias capas intermedias superpuestas - el statumen, el rudus y el nucleus, sobre el que se colocaba el pavimentum - que les daban una gran firmeza y durabilidad. La superficie o capa de rodadura solía hacerse con materiales de grano fino o con losas. A su vera se disponían los miliarios (como el que aparece a la izquierda, erigido por Adriano en Itálica), con datos sobre las distancias.


EL DESGASTE causado por inundaciones y desprendimientos se preveía construyendo las vías sobre un terraplén o agger y excavando desagües. A la entrada de las grandes ciudades las vías adquirían un aspecto monumental; su anchura aumentaba hasta superar los diez metros, y contaban con amplias aceras para los peatones y un enlosado regular.

Un miliario típico de las calzadas romanas

CADA MIL PASOS (1.478 metros) se levantaban unos mojones oficiales denominados miliarios (miliarium). Tenían forma de columna cilíndrica o de paralelepípedo, y su dimensión era variable, aunque predominaban los de gran altura, que podían alcanzar entre 2 y 4 metros. En cada miliario se incluida un texto que consignaba el número de millas, el origen de la vía, el nombre del emperador o magistrado, las características de la vía, los operarios encargados de su conservación, e incluso el dinero invertido en la construcción o reparación y su procedencia. Relacionados con los miliarios están los llamados Vasos de Vicarello, que ofrecen una descripción detallada de la vía Augusta.

VASO DE VICARELLO, en el que se describe el itinerario de la vía Augusta. Siglo I. Museo de la villa Giulia, Roma.
LA RUTA IMPERIAL
218 a.C. Aníbal sigue un antiguo camino íbero, llamado por los griegos vía Heraclea, en su avance hacia la invasión de Italia. (Según el mito griego, Heracles - Hércules - en uno de sus doce trabajos, robó los bueyes de Gerión, cuyo reino se localizaba en el sur de la península Ibérica, y luego los condujo por una nueva ruta que partía de Cádiz y recorría la costa mediterránea atravesando los Alpes para llegar a Roma).
Siglo II a.C. Los romanos hacen un primer arreglo de la vía Heraclea, que utilizan como ruta militar.
Fines siglo I a.C. Se construye cerca de Tarragona el arco de Bará, uno de los monumentos que jalonan la vía Augusta.
8-2 a.C. El emperador Augusto amplía y reforma las vías romanas, entre ellas la vía Heraclea, que toma el nombre de Augusta en su honor.
Desde 264 d.C. Los pueblos bárbaros (germánicos) utilizan la vía Augusta para penetrar en la península Ibérica, hasta caer sobre Barcino (Barcelona) y Tarraco (Tarragona). A partir de 409 se suceden las invasiones y los saqueos siguiendo las vías romanas.

Estructura de una calzada romana
ANFITEATRO romano de Tarragona. La ciudad fue campamento militar desde los inicios de la conquista romana de Hispania. Proclamada colonia por César, se convirtió en la capital de Hispania Citerior. Su puerto y su posición en el curso de la vía Augusta explican la importancia de Tarraco bajo el imperio.
LAS VÍAS DE HISPANIA
LA PENÍNSULA IBÉRICA estaba recorrida por una red de calzadas que unía sus principales poblaciones tanto por la costa como por el interior. El itinerario Antonino, una especie de guía oficial de calzadas del Imperio, fechado en los siglos II y II d.C., describe 34 vías en Hispania. La vía Augusta, reformada por el emperador Augusto, discurría desde los Pirineos hasta Gades (Cádiz), bordeando la costa por el levante y siguiendo un itinerario interior en el sur. Por su parte, la hoy llamada vía de la Plata enlazaba Mérida (Augusta Emerita) con Astorga (Asturica). Mérida también se comunicaba con Cádiz a través de Itálica e Hispalis (Sevilla). En la parte norte, una vía comunicaba Astorga y Tarragona (Tarraco) por el interior de la Península, pasando por Zaragoza (Caesaraugusta), mientras que otra se desviaba hacia Burdigala (Burdeos). Numerosas calzadas secundarias se sumaban a las principales, como la que, en la fachada atlántica, unía Braga y Olisipo (Lisboa), formando así una tupida red de comunicaciones.


Al comienzo de la conquista de Hispania (siglo III a.C.), los romanos utilizaban la llamada vía Heraclea por la zona levante, la misma utilizada por Aníbal en su invasión de Italia. Esta vía seguía un doble trazado: una variante pegada al mar hasta Cádiz y otra penetraba en el interior siguiendo el curso del río Guadalquivir, pasando por los principales centros comerciales de la Bética. Se daba así una doble posibilidad a lugares como Hispalis (Sevilla), Astigi (Écija), Corduba (Córdoba) o Castulo (Linares), que podían transportar sus mercancías a Cádiz y desde allí al puerto romano de Ostia por mar, o bien seguir la ruta terrestre hasta Saetabis (Xátiva) para continuar luego por la costa en dirección norte.


Publicar un comentario

0 Comentarios