Subscribe Us

INMUNOTERAPIA: el poder de nuestras defensas contra el cáncer


El “cáncer”, esa enfermedad aterradora
Cuando un médico pronuncia la palabra cáncer, la primera reacción del paciente suele ser de bloqueo. Esto hace que la explicación y detalles posteriores por parte del facultativo acerca de sus opciones de tratamiento y pronóstico queden en un segundo plano. Este diagnóstico suele marcar un antes y un después en la vida de la persona. 
Sin embargo, es importante ser consciente de que el cáncer es un grupo heterogéneo de más de 100 enfermedades diferentes, y que cada una de ellas tiene unas opciones de tratamiento y un pronóstico distinto, por lo que antes de generalizar es importante conocer dichas opciones y los pasos correctos a seguir. 


Entendiendo el cáncer
Para llegar a comprender cómo actúa cada tratamiento sobre un cáncer es necesario conocer en qué consisten este tipo de enfermedades y qué tienen en común. En un individuo sano, las diferentes células del organismo se desarrollan para hacer sus funciones a lo largo de su vida útil, se multiplican cuando el organismo lo requiere, se organizan formando tejidos celulares y finalmente mueren, cerrando así un ciclo extremadamente coordinado y controlado. Cualquier alteración de este ciclo es detectada por una serie de sistemas o puntos de control y corregido al instante. Este mecanismo de creación, control y destrucción celular se repite diariamente a lo largo de toda nuestra vida.

Sin embargo, en algunas ocasiones determinadas células consiguen “escapar” de estos mecanismos de control, y comienzan a multiplicarse y desarrollarse de forma anormal. Su multiplicación comienza a ser descontrolada y en lugar de envejecer y ser reemplazadas, comienzan un periodo de expansión y multiplicación que no se detiene. Las células viejas que deberían morir no lo hacen y se forman a su vez células jóvenes y nuevas que no son necesarias. Esta acumulación de células anormales es lo que se conoce coloquialmente como tumor.

Por tanto, y basado en este mecanismo común, un cáncer puede comenzar a desarrollarse en cualquier parte del cuerpo y es éste aspecto junto con el momento de detección el que marcará en gran medida el proceso terapéutico.

Los tratamientos contra el cáncer
Como ya hemos comentado anteriormente, los pasos a seguir tras la detección de un cáncer dependerán de numerosos factores, destacando entre ellos la localización del mismo, el momento de detección del tumor o las condiciones de salud previas del paciente. Tras esta evaluación habrá que decidir por la opción terapéutica más conveniente o combinación de ellas. Las más comunes y que mencionaremos brevemente son la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia y una última opción cada vez más utilizada y con grandes resultados, la inmunoterapia.


La cirugía sigue siendo en la actualidad una de las mejores opciones de tratamiento. Consiste en extirpar el tumor bien de forma total o de forma parcial, junto con un porcentaje de los tejidos de alrededor como zona de seguridad. Este tratamiento es muy efectivo en tumores localizados y podrá ser único o combinado con otras opciones terapéuticas si el caso lo requiere.

La radioterapia es un tipo de tratamiento que utiliza radiaciones ionizantes (rayos X u otro tipo de radioactividad) para destruir las células cancerosas. Su uso es muy común en combinación con la cirugía, y puede darse antes de esta para reducir la zona a extirpar o después de ella para eliminar posibles células cancerosas que no hayan podido ser eliminadas. A esta combinación de tratamientos se le llama terapia adyuvante. Cuando el objetivo es simplemente reducir el tamaño del tumor o aliviar los síntomas del paciente hablamos de radioterapia paliativa.

La quimioterapia es un tipo de fármaco que, de forma similar a la radioterapia, se usa para destruir células cancerosas. Si bien este tratamiento será más efectivo en las células dañadas (ya que estas se multiplican y crecen mucho más rápido que las normales), uno de sus efectos secundarios más importantes es el daño generado a células sanas, convirtiéndose así en un tratamiento muy agresivo. Al igual que las opciones anteriores, podrá usarse en combinación (terapia adyuvante) con la cirugía o con la radioterapia. 

La inmunoterapia como tratamiento contra el cáncer
Antes de profundizar en este tratamiento hay que resaltar que la inmunoterapia es una terapia radicalmente diferente a las anteriores citadas. Si bien las terapias clásicas se centran en destruir en mayor o menor medida las células tumorales, la inmunoterapia se basa en estimular las defensas de nuestro cuerpo para que sea este mismo el que combata el cáncer. La estimulación del sistema inmunitario a través de diferentes técnicas y terapias puede ser clave en la evolución del tratamiento tumoral, ya que permite usar estas técnicas tanto como tratamientos de primera línea como en combinación con los tratamientos clásicos, generando así una doble diana terapéutica y mejorando en gran medida el pronóstico de muchos tipos de cáncer.

El concepto inmunoterapia engloba una serie de terapias biológicas muy diversas, siendo tal vez la más conocida (aunque no la única) la terapia con anticuerpos monoclonales. Este tratamiento utiliza el mecanismo básico del organismo para la detección de agentes dañinos. Cuando nuestro cuerpo detecta una amenaza produce una serie de proteínas llamadas anticuerpos. Los anticuerpos monoclonales son proteínas creadas en el laboratorio que pueden usarse bien para bloquear proteínas específicas de un cáncer (la llamada terapia dirigida) o bien “señalando” algunas de las proteínas de las células cancerosas para que el sistema inmune pueda encontrarlas y destruirlas. Por último, estos anticuerpos son capaces de bloquear los puntos de control del sistema inmune, evitando así que los tumores “evadan” estos controles e impidiendo de forma más rápida y efectiva el desarrollo de las células tumorales.

Proceso de la terapia con células-T

Por otro lado, existen terapias muy novedosas como los llamados virus oncolíticos, que consisten en introducir virus previamente modificados en laboratorio para atacar el tumor. De forma análoga a otros virus, los oncolíticos usan las células tumorales para reproducirse y expandirse, haciendo que las células utilizadas para ello acaben muriendo. En este proceso de muerte celular, estas células explotan y liberan una serie de productos llamados antígenos. Los antígenos liberados son detectados por el sistema inmune, que a partir de ese momento detecta las células tumorales como malignas y procede a eliminarlas. Esta terapia tiene la ventaja de que el virus inicial no ataca a células sanas, por lo que el daño celular se focaliza sólo en las células tumorales. Esta técnica es muy utilizada en tratamientos de tumores como el melanoma.

Una de las técnicas de inmunoterapia en creciente investigación (aunque sólo disponible de momento en ensayos clínicos) es la terapia con células T. En este proceso se toma una muestra de estas células del paciente (localizadas en la sangre) y se modifican incluyéndoles una serie de receptores. Estas células se cultivan en el laboratorio para crear una gran cantidad de ellas y se devuelven al paciente. Una vez devueltas, estos receptores introducidos serán capaces de detectar las células cancerosas que antes no detectaban, y destruirlas. 

Por último, cabe mencionar que otras técnicas como las interleucinas o los interferones son de uso frecuente para ayudar al sistema inmune a combatir el tumor mediante desaceleración de su crecimiento. Además, ya existen en el mercado algunas vacunas contra determinados tipos de cáncer, donde previo al desarrollo de este se “enseña” al sistema inmune contra qué antígenos tienen que responder si estos aparecen en el organismo.

La investigación de tratamientos de inmunoterapia aplicados a algunos tipos de cáncer de pulmón es actualmente una de las grandes revoluciones en este campo, atrayendo a gran cantidad de grupos de investigación desde hace varios años.

Efectos secundarios de la inmunoterapia y estudios recientes
Como hemos visto, la inmunoterapia consiste en una activación inmunitaria del organismo a través de diferentes técnicas. Por ello, los principales efectos secundarios de estas terapias tienen que ver con sobreexpresiones anómalas de este sistema en nuestro cuerpo. Por ello, son frecuentes síntomas relacionados con la inflamación, tales como erupciones y exantemas en la piel, congestión, dolores de cabeza o sintomatología gripal, además de síntomas inflamatorios graves (como los hepáticos) que pueden obligar a suspender el tratamiento.  

A pesar de ello los expertos en oncología hacen hincapié en el hecho de que un solo ciclo de tratamiento de cualquier clase de inmunoterapia ya es útil en sí misma y mejora el pronóstico de la enfermedad a medio y largo plazo. Con esta premisa queda claro que resulta interesantes explorar esta opción en algunos tumores, aunque más adelante los efectos adversos obliguen a retirarlo y continuar el tratamiento con la aplicación de terapias más clásicas.

Es por esta razón que la mayor parte de estos tratamientos se siguen combinando con las terapias más clásicas ya mencionadas, si bien están en constante investigación, siendo sus aplicaciones cada vez mayores. Por resaltar algunas de ellas, se puede mencionar sus buenos resultados en el tratamiento del carcinoma renal, en la eliminación de tumores como el melanoma, y recientemente en algunas variantes de cáncer pulmón, algo que está suponiendo una auténtica revolución en el campo oncológico.

Queda patente por tanto que el sistema inmune es actualmente y será en el futuro una parte fundamental en la evolución de muchas de las enfermedades que afectan hoy en día a nuestra sociedad, entre ellas y especialmente el cáncer. El refuerzo de nuestras defensas y su modificación y potenciación puede resultar clave para dar un salto en los pronósticos a largo plazo de estas enfermedades. Sin duda se convierte en un campo de investigación que evolucionará enormemente en los próximos años, con resultados a día de hoy verdaderamente alentadores.

Fuentes:
Sociedad Española de Oncología Médica
Portal de Información al paciente de la Asociación Americana de Oncología (ASCO)
Instituto Americano de Oncología Médica

Medscape Oncología

Publicar un comentario

0 Comentarios