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SALUD. Ciencia del Sueño


Cuán despabilados nos sentimos en cualquier momento depende de la interacción de dos procesos: (1) la necesidad de dormir que se cree es creada por sustancias que promueven el sueño y que se acumulan en el cerebro mientras estamos despiertos, y (2) nuestro ritmo circadiano, el reloj interno que mantiene cuerpo y cerebro sincronizados con la luz solar. Este reloj se puede atrasar o adelantar mediante la exposición a la luz. Los humanos somos particularmente sensibles a la luz azul (longitud de onda corta), el tipo de luz del mediodía o el emitido por la pantalla de un ordenador, y que puede alterar nuestro ciclo especialmente por la noche, cuando necesitamos de la oscuridad para conciliar el sueño.


El Premio Nobel en medicina de 2017 se concedió a tres científicos que identificaron el “reloj molecular” existente dentro de nuestras células y que nos mantiene en sincronía con el sol. Según recientes investigaciones, cuando este ritmo circadiano se rompe, corremos el riesgo de padecer enfermedades tales como la diabetes, cardiovasculares y demencia. 


El cerebro despierto está optimizado para recopilar información. El cerebro durmiente para consolidarla. Cuando dormimos, desactivamos la recogida de datos y activamos la edición.

No obstante, este desequilibrio se ha convertido en algo epidémico en las sociedades modernas actuales. El europeo medio de hoy duerme menos de 7 horas al día, cerca de dos horas menos que hace un siglo. Esto se debe, principalmente, a la proliferación de luces eléctricas, ordenadores, tablets y teléfonos móviles.


En este mundo actual que no descansa, a menudo pensamos que el dormir es un adversario, un estado que nos priva de productividad y disfrute.
El color cian, entre verde y azul, es un factor oculto para dificultar el sueño, según los biólogos. La luz y longitudes específicas de onda afectan a nuestro cerebro, nuestro comportamiento y nuestro estado psicológico. La luz rica en longitudes de onda larga (rojizas) por la noche es mejor para conciliar el sueño, porque tiene menos intensidad para promover el estado de alerta o para resetear nuestro reloj biológico interno.

FASES DEL SUEÑO
En una buena noche, pasamos 4 o 5 veces a lo largo de diferentes estados de sueño, cada uno de ellos con distintas propiedades y propósito. Nuestro cuerpo pasa de estar despiertos a dormir sin solución de continuidad. O estamos despiertos o estamos dormidos. No cabe término medio.

En una primera fase, nuestro cerebro pasa del registro de información a la edición, decidiendo qué recuerdos conservar y qué otros olvidar. Con la oscuridad, la glándula pineal en la base de nuestro cerebro comienza a liberar melatonina indicándonos que es de noche y que “toca dormir”. Esta fase suele durar unos 90 minutos y en ella el cerebro comunica sus distintas partes mediante estímulos eléctricos y químicos. Es en esta fase donde se registra la actividad eléctrica del cerebro mediante los EEG (electroencefalogramas).


El acto de dormir refuerza tanto nuestra memoria que para los soldados exhaustos tras una difícil misión, les sería mejor no ir directamente a la cama tras la misión.

Nuestro cerebro no está menos activo cuando dormimos. Simplemente realiza otro tipo de actividades orientadas a preservar la información recientemente adquirida y a vincularlas con recuerdos a largo plazo. Nuestra temperatura corporal desciende y toda consciencia del mundo exterior se desvanece. En ese momento nos adentramos en la fase profunda de nuestro sueño.



En la fase profunda del sueño entramos en un estado semejante al coma que es tan esencial para nuestro cerebro como lo es la comida para el cuerpo. Es un tiempo para la recuperación psicológica, no para dormir. En esta fase se registran ondas delta en su primera parte seguida por una producción hormonal orientada a dar servicio a huesos y músculos.


Existen evidencias que indican que dormir es esencial para mantener saludable nuestro sistema inmune, temperatura corporal y presión sanguínea.

Mientras toda reparación cerebral tiene lugar, nuestros músculos están totalmente relajados y nuestra actividad mental es mínima. En esta fase, las ondas generadas por el cerebro se asemejan a patrones típicos de pacientes en coma. No dormimos e incluso podemos no sentir dolor.

En esta fase nos despertamos varias veces aunque no lo notemos, pero volvemos a caer dormidos en cuestión de segundos. Pero en este punto, no repetimos las fases del sueño otra vez, sino que el cerebro se auto-resetea para comenzar un proceso enteramente nuevo: un viaje verdaderamente esotérico y extraño, el estado REM.


Cualquiera que regularmente duerma menos de seis horas diarias corre un elevado riesgo de padecer demencia, infarto y obesidad. El insomnio socava todo nuestro cuerpo.

Existe la tentación de manipular el sueño mediante drogas y dispositivos electrónicos, pero aún no disponemos del conocimiento suficiente como para arriesgar artificialmente las fases que integran nuestro sueño.


Estado REM
La última fase del sueño culmina con una sesión REM que suele durar de 5 a 20 minutos. Esta sesión es gobernada por el sistema límbico, una zona profunda de nuestro cerebro en la que residen nuestros instintos más básicos y “salvajes” como animales mamíferos. En este estado se han documentado los movimientos rápidos en nuestros ojos. Se da por sentado que en esta fase tienen lugar nuestros sueños más vívidos.

Cada vez que experimentamos sueño REM literalmente enloquecemos. La psicosis es una condición caracterizada por alucinaciones e ilusiones. Algunos científicos afirman que soñar es un estado psicótico (creemos ciegamente que vemos lo que no existe y que aceptamos el momento, la ubicación y las personas que imaginamos y desaparecen después).


Es un estado “salvaje” de nuestra psicosis: soñamos, volamos, nos caemos... lo recordemos o no. En esta fase REM regulamos nuestro estado anímico y consolidamos nuestros recuerdos.

Creer en lo increíble ocurre en estado REM porque en el cerebro se desactivan los centros lógicos y se activan las regiones con control de impulsos. Se cancela la producción de serotonina y otros neurotransmisores, y con ello, nuestra capacidad de aprender y recordar. Pero este no es un estado semejante al coma. Durante el REM nuestro cerebro está activo desplegando tanta energía como cuando estamos despiertos.


LA LUZ ARTIFICIAL DISTORSIONA EL RELOJ INTERNOCuanto más azul y más brillante es la luz, la probabilidad de suprimir la liberación de melatonina aumenta y trastoca nuestro reloj interno, especialmente cuando estamos expuestos a ella durante la noche y cerca de pantallas electrónicas.

Bajo el tronco cerebral, unos pequeños salientes se recargan durante el sueño REM desde los que se generan pulsos eléctricos dirigidos a partes del cerebro que controlan los músculos de los ojos y los oídos. Nuestros párpados permanecen cerrados pero nuestros globos oculares se desplazan de un lado a otro en repuesta a la intensidad del sueño. Nuestro oído interno también permanece activo.

Y mientras dormimos, no importa lo absurdo que parezca, no importan las transgresiones de las leyes físicas, estamos casi siempre seguros de que estamos despiertos, como si una máquina de realidad virtual residiese en el interior de nuestra cabeza. Afortunadamente estamos paralizados porque el cerebro, en esta fase del sueño, intenta producir movimientos en respuesta a lo que soñamos. Un sistema en la base de nuestro cerebro paraliza la puerta neuronal motriz.

La sesión REM finaliza con un breve despertar. Si dormimos sin una alarma de reloj, nuestro último sueño de la noche a menudo concluye con el dormir. Cuando la luz natural llega a nuestra retina, una señal se envía a la región supraquiasmática de nuestro cerebro. Ese es el momento en que los sueños se disuelven, abrimos los ojos y retornamos al mundo real.

Lo más extraordinario del sueño REM es que prueba que el cerebro puede funcionar con independencia de estímulos externos. En cada sesión REM el cerebro es libre de hacer lo que desee. Se auto-activa. Es como el patio de recreo del cerebro. Tal vez la pregunta adecuada no sea por qué dormimos sino ¿nos importaría estar despiertos?. La respuesta podría ser que necesitamos atender nuestras necesidades básicas de vida -comer, aparearnos, luchar- solo para asegurarnos de que nuestro cuerpo está listo para dormir.




Fuente: The Stranger in the Woods. Michael Finkel, 2018. (National Geographic, August 2018).



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