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SAHARA desconocido: el Fezzán libio

En el corazón del Sahara, el agua de lluvia caída hace miles de años se acumula en el cráter volcánico de Waw an-Namus. El viento arrastró la ceniza negra de la última erupción a 20 kilómetros de distancia a través del desierto. 
Una excepcional visión aérea del Fezzán, una remota región de Libia donde antiguas sociedades florecieron y languidecieron con las lluvias. El desierto de Libia fue en otro tiempo el hogar de agricultores y cazadores, y también de leones y elefantes. Un viento antiguo sopla desde las profundidades del tiempo. El Sáhara puede parecernos un infierno perpetuo de dunas y cielo azul. 


Nos deslumbran sus paisajes, pero no advertimos que es uno de los grandes lugares donde ha quedado registrada la historia de la Tierra. Aquí pervive el pasado y nos habla desde la arena, la piedra, el calor, el viento seco. Susurra la historia de repetidos cambios climáticos y del avance y la retirada de la población humana. 


Moldeadas por los vientos, las dunas del mar de arena de Murzuq se extienden hasta el horizonte. Durante siglos, las caravanas han cruzado el Sáhara: de norte a sur, cargadas de aceite, vino y piezas de vidrio; de sur a norte, con oro, marfil y esclavos.


Palmeras datileras y juncos alimentados por un acuífero subterráneo jalonan la orilla de Umm al-Maa, una de las doce lagunas de agua salada en el mar de arena de Ubari, recuerdo del antiguo lago Megafezzán.


De color rojo intenso debido a las algas que se han adaptado para sobrevivir en unas aguas hipersalinas, este lago salado de Ubari se alimenta de manantiales de un acuífero subterráneo creado por antiguas lluvias. El agua dulce se evapora, provocando grandes concentraciones de sal.


Las Montañas Akakus, sometidas a un largo proceso de erosión, atraviesan el Fezzán, formando una sinuosa línea de enormes masas rocosas y abruptas mesetas. El arte rupestre y los grabados de hace 8.000 años abundan en las grutas de estas montañas de piedra caliza.

(Fotos: George Steinmetz).

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