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Ramiro el Monje, y la leyenda de la campana de Huesca

JOSÉ CASADO del Alisal recreó en su obra maestra de la pintura de historia, La leyenda del rey monje, el episodio de la campana de Huesca. Ayuntamiento de Huesca.
Para castigar a los nobles rebeldes, Ramiro II los convocó con la excusa de construir una enorme campana y los mandó decapitar. En el Palacio de los Reyes de Aragón, hoy sede del Museo de Huesca, existe una lúgubre estancia bajo el Salón del trono a la que se accede por unas cortas escaleras. Es la conocida como la Sala de la Campana, en recuerdo de una cruenta leyenda supuestamente acaecida allá por el siglo XII, en tiempos del reinado de Ramiro II (1134-1137).

Tercer y último de los hijos de Sancho Ramírez y Felicia de Roucy, nada hacía prever que Ramiro llegaría a gobernar. El suyo era un destino eclesiástico. En su infancia y juventud en el monasterio benedictino de Saint Pons de Thomières (San Ponce de Tomares), donde era abad Frotardo, después al frente de la abadía de Sahagún. Acababa de ser elegido obispo de Roda cuando murió su hermano Alfonso I el Batallador y se vio proclamado rey por las ciudades aragonesas.

Cuenta un romance que el Rey Monje o Rey Cogulla, como fue llamado, encontró una Corte de intrigas en la que los nobles le despreciaban: «Don Ramiro de Aragón, el Rey Monje que llamaban, caballeros de su Reino asaz lo menospreciaban, que era muy sobrado manso y no sabidor en armas: por lo que no le obedecen, por lo que le desacatan». Los nobles «fazían guerras entre si mismos en el regno et matavan et robavan las gentes del regno», según la «Crónica de San Juan de la Peña», escrita en el s. XIV, el primer documento que recoge la leyenda de La Campana de Huesca.

Según ésta, la situación era de tal gravedad que el rey decidió actuar. Envió un mensajero al monasterio de Tomares con una carta para Fray Frotardo rogándole consejo. El abad leyó el escrito de Ramiro II e hizo que el mensajero le acompañase hasta un huerto con muchas coles. Allí cogió una hoz y cortó las coles más crecidas. Hecho esto, dijo al mensajero: «Vete a mi señor el rey y dile lo que has visto, no te doy otra respuesta».


CLAUSTRO de San Pedro el Viejo, en Huesca, donde se retiró Ramiro II tras ceder el control de su reino al conde de Barcelona en 1137.

La atroz campana
Tras escuchar a su mensajero, Ramiro II convocó a las Cortes en Huesca haciendo llegar a los nobles su deseo de contar con una gran campana cuyo sonido se escuchase por todo el reino. «Vayamos a ver aquella locura que nuestro Reye quier fazer (sic)», dice la Crónica de San Juan de la Peña que pensaron los nobles y caballeros.

A los quince más influyentes les hizo bajar a un lugar del palacio donde, uno a uno, fueron decapitados. La tradición refiere que sus cabezas fueron colgadas en semicírculo de forma que formasen una campana y después se hizo entrar al obispo Ordás de Zaragoza y se le preguntó si la obra le parecía completa. Éste, lleno de terror y temiendo la suerte que le aguardaba, respondió al monarca que ningún requisito faltaba, pero el Rey Monje le dijo: «Sí que le falta algo, y esto es el badajo, y para suplirlo destino tu cabeza». 

Una vez ejecutados los desleales, el monarca invitó a bajar con él al resto de los nobles para ver la gran campana de la que les había hablado. «¡Váis a ver la campana que he hecho fundir en los subterráneos para repique a mayor gloria y fortaleza de Ramiro II! Estoy cierto que su tañido os hará comedidos, solícitos y obedientes a mis mandatos», pone Concepción Masiá Vericat en boca de Ramiro II en su libro sobre «Mitos y leyendas universales» (2007).

José Casado del Alisal mostró el horror que se dibujó en los rostros de los nobles en un cuadro pintado en 1880 que se exhibe en el Ayuntamiento de Huesca y que se ha convertido en icono de la leyenda. El escritor oscense Alejandro Alagón, en su libro «Varios nombres para un cuadro» (2012) sugiere que el artista palentino retrató entre los caballeros a Gustavo A. Bécquer, como homenaje en el décimo aniversario de su fallecimiento.

El relato sirvió de inspiración para numerosas obras literarias, como «La campana de Aragón» de Lope de Vega o la novela «La Campana de Huesca» (1852) de Cánovas del Castillo, y dio lugar al dicho «más sonado que la Campana de Huesca» con el que se refiere a un suceso de gran repercusión.

En el Museo de Huesca, miles de personas visitan todos los años la Sala de la Campana, donde la tradición sitúa la leyenda pese a que el Palacio de los Reyes de Aragón fue construido a finales del siglo XII por orden de Alfonso II, nieto de Ramiro II, aunque posiblemente sobre una construcción anterior. 

LA PISTA ÁRABE
Las fuentes árabes también hacen referencia al hecho. Ibn Idari, en su crónica Al-Bayan al-Mugrib escrita a comienzos del siglo XIV, contaba cómo entre 1134 y 1135 diversos señores de Aragón asaltaron una caravana musulmana que había partido de Fraga en dirección a Huesca. Como en esa época regía una tregua entre Ramiro II y el emir Ibn Ganiya, gobernador de Valencia y Murcia, el monarca tras consultar lo sucedido con los sacerdotes, monjes y consejeros, obligó a los nobles a devolver las mercancías robadas y “mandó decapitarlos” para recuperar su honra y reparar el daño ocasionado.

Para comprobar la veracidad de estas referencias, Antonio Ubieto repasó la lista de “tenentes” aragoneses (señores que custodiaban los castillos y tierras en nombre del rey) y detectó siete cambios en los hombres de confianza del rey, el mismo número que según Ibn Idari asaltaron la caravana y fueron decapitados por el monarca, pero también por un intento de destronarlo en los meses centrales de ese año.

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2 Comentarios

  1. que se exhibe en el Ayuntamiento de Huesca y que se ha convertido en icono de la leyenda. El escritor oscense Alejandro Alagón, en su libro «Varios nombres para un cuadro» (2012) sugiere que el artista palentino retrató entre los caballeros a Gustavo A. Bécquer, como homenaje en el décimo aniversario de su fallecimiento.
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