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QUEVEDO, espía al servicio de la Corona española.

PLAZA DE SAN MARCOS DE VENECIA. Según una fuente, el plan de la conjura de 1618 preveía que doscientos hombres se apoderaran de la torre de San Marcos y tocaran la campana que daría la señal del inicio del golpe.
En 1618, las autoridades venecianas aplastaron de modo sangriento un golpe de Estado contra la República, del que acusaron al embajador español en la ciudad, al virrey de Nápoles, el duque de Osuna, y al secretario de éste, el poeta Quevedo.


FELIPE III, REY DE ESPAÑA. El sucesor de Felipe II impulsó la paz con Inglaterra, los Países bajos y Francia, pero no pudo evitar que en 1618 estallara una guerra europea. Retrato por Bartolomé González.
Felipe III comenzó su reinado intentando poner en práctica una política de apaciguamiento que pusiera fin a la sucesión de guerras que bajo Felipe II habían consumido las energías del país. Sin embargo, no todos los gobernantes compartían esta actitud. Muchos creían que debía garantizarse, a cualquier precio, el prestigio de la monarquía española, especialmente en Italia. De esta opinión eran el marqués de Bedmar, embajador en Venecia entre 1607 y 1618, o el Duque de Osuna, virrey de Sicilia (1611-1616) y luego de Nápoles (1616-1620).

PEDRO TÉLLEZ-GIRÓN Y VELASCO. DUQUE DE OSUNA. RETRATO POR BARTOLOMÉ GONZÁLEZ, 1615.
Osuna tuvo como secretario al célebre poeta Francisco de Quevedo, quien en una carta le señalaba la importancia que tenía Italia para la supremacía española en Europa: “La monarquía de España es Italia, pues por Sicilia, Nápoles y Milán es monarca, y en comenzándose a desmoronarse un poco, acaba de caerse con grandísima prisa [...] Y pensar que en el mundo no ha de haber guerra, es entender que no ha de haber hombres”.

FRANCISCO DE QUEVEDO. RETRATO DE MEDIADOS DEL SIGLO XVII. INSTITUTO VALENCIA DE DON JUAN

LA CONJURA DE VENECIA
En realidad, la guerra no era el único medio para hacer frente a las amenazas del dominio español en Italia. También se podían crear redes de espionaje o financiar la actuación de piratas y corsarios contra navíos venecianos. Desde 1607, el embajador Bedmar urdió planes de acoso de este tipo contra la República véneta al tiempo que creaba una red de partidarios de España en la ciudad, una especie de quinta columna.

El soldado Diego Duque de Estrada dejó en sus memorias un relato de la Conjuración de Venecia que parece dar credibilidad a la tesis de que fue un plan urdido por el duque de Osuna. Duque de estrada cuenta que el asalto al palacio ducal  estaba previsto para el día de la Ascensión, en el que las autoridades hacían procesión por la laguna a bordo de un navío de gala, el Bucintoro, lo que despejaría el camino apara los conspiradores en la ciudad. “A la hora que el Bucintoro y el Senado estuviesen en la función del desposorio del mar, los de la torre de San Marco tenían orden de tocar una campana, en cuyo punto se había de acudir a matar los guardias del Arsenal, y los artilleros asestar las piezas y echar a fondo el Bucintoro con todo el Senado de Venecia”.

AUTORIDADES DE VENECIA EN LA RIVA DEGLI SCHIAVONI. ÓLEO DE LEANDRO BASSANO. INICIOS SIGLO XVII.
El plan consistía en incendiar los arsenales, arrasar la lonja comercial, sembrar el caos y con centenares de mercenarios asaltar el palacio ducal, a la espera de la llegada de la flota española que, desde Nápoles, se había trasladado al Adriático. Tras el saqueo de la ciudad, ésta quedaría en manos de un gobierno afín a la Corona española. En realidad, nada de esta maquinación quedó demostrado.

En mayo de 1618, unos delatores informaron al Consejo de los Diez (órgano de gobierno de la República veneciana) que se preparaba una gravísima conjura en Venecia para hacerse con el control de la República. Los presuntos protagonistas eran franceses, pero en la cúspide de trama estaría el embajador de España, el marqués de Bedmar en connivencia con el virrey de Nápoles, el duque de Osuna, quien se había trasladado a Venecia en secreto meses antes.

Los supuestos cabecillas fueron atados en sacos, golpeados con remos y arrojados al agua, en el canal Orfano, hasta que se ahogaron. Sin mediar ningún juicio, hasta medio millar de extranjeros, fueron ahorcados sin piedad por las autoridades de la Serenísima República.

La ira de la multitud se dirigió también contra los españoles. La legación diplomática hispana, protegida por soldados de los tercios, fue asaltada, y el embajador español y sus colaboradores salvaron sus vidas gracias a una rápida y peligrosa huida, entre insultos y ultrajes, mientras se quemaban monigotes con sus figuras. 

PAOLO SARPI. Este fraile servita destacó en la defensa de las prerrogativas de Venecia frente al papado y frente a la amenaza de la monarquía española. Retrato del siglo XVII.

Según el testimonio del fraile Sarpi, el duque de Osuna se jactaba públicamente de “que quería destruir la República aquel mismo año”. ¿Era un complot cierto? ¿Fue tan grave o solo se dio crédito a meras sospechas? Aunque los acontecimientos fueran crudamente reales y dramáticos la polémica sigue abierta y novelistas e historiadores siguen si ponerse de acuerdo.

Ciertamente, desde 1616 se había consolidado un triunvirato español muy beligerante en Italia. Al marqués de Bedmar y al duque de Osuna se unió ese mismo año el marqués de Villafranca, como gobernador del Milanesado. Venecia, Nápoles y Milán se convertían en los puntos de una estrategia común: controlar la República de Venecia y con ella tener la llave de los destinos de Italia.

Tras el episodio de la Conjuración de Venecia, el marqués de Villafranca fue relevado en el gobierno del Milanesado por el duque de Feria. Los venecianos también lograron la retirada de Bedmar y Osuna, acabando con cualquier tipo de disidencia interna durante décadas.

CASTILLO DE LOS SFORZA EN MILÁN. Esta fortaleza del siglo XV fue ampliada en los siglos XVI y XVII por los gobernadores españoles que rigieron el Milanesado, entre los que se cuenta el marqués de Villafranca

HISTORIA Y NOVELA
EL RECUERDO del episodio de 1618 se mantuvo en épocas posteriores gracias sobre todo al Abate Saint-Réal, escritor saboyano que en La conjuración de los españoles contra la República de Venecia (1674) ofreció un relato novelado del episodio. Este texto inspiró una obra de teatro de gran éxito en Inglaterra: Venecia salvada, de Thomas Otway (1682).

DRAMA VENECIANO. Óleo de Johann Zoffany que muestra al actor David Garrick en una escena de la obra teatral de Thomas Otway, 1763. Museo Holburne, Bath

QUEVEDO, ESPÍA DEL DUQUE DEL OSUNA
A partir de 1613, Francisco de Quevedo actuó como consejero del duque de Osuna para quien desempeñó misiones diplomáticas y de espionaje.

1. Espía del Duque
No se sabe exactamente cuándo se conocieron Francisco de Quevedo y el duque de Osuna, aunque debió de ser después de la vuelta de este último de Flandes en 1608. Para entonces Quevedo era ya bien conocido como literato, y no sorprende por ello que el duque se lo quisiera ganar y lo incorporara a su séquito de servidores y admiradores. Cuando Osuna fue nombrado virrey de Sicilia, Quevedo tardó poco en reunirse con él y se convirtió a ojos de todos los observadores en el hombre de confianza del fastuoso aristócrata tanto en su etapa en Sicilia como luego en Nápoles.

ESPÍA EN NIZA
Quevedo realizó para Osuna actividades de espionaje que llegaron a poner en riesgo su vida. Así, en 1615 pasó por Niza (ciudad perteneciente al duque de Saboya, enfrentado con España a la sazón) a fin de observar las actividades del duque, el estado de opinión de los habitantes y también las condiciones del puerto y de sus defensas, con vistas a un posible desembarco español en aquella plaza.

PROTEGIDO POR EL GOBIERNO
Eso explica que en 1617, en su viaje de vuelta a España desde Nápoles, los saboyanos enviaran desde Niza “seis caballeros con el único objeto de asesinarle”. Avisado en Marsella, recibió escolta del virrey de Cataluña para continuar su trayecto con seguridad hasta la Península.

DOBLÓN DE DOS ESCUDOS DEL REINADO DE FELIPE III. FÁBRICA DE MONEDA Y TIMBRE

2. Artes Diplomáticas
Quevedo actuó como agente diplomático en los contactos entre el virrey Osuna y el gobierno de Madrid. Por ejemplo, en 1616 movió los hilos para que nombraran a Osuna virrey de Nápoles, y se los anunció a éste diciendo: “Despacho este correo con más secretos y recatos que si fuera cosa de Inquisición”.

AUDIENCIAS SECRETAS CON EL REY
Al volver a España en 1617, se reunió en el palacio de El Escorial con Felipe III en una audiencia que duró dos horas, en la que se trató de la cuestión de Venecia sin que interviniera ningún otro ministro. En otra ocasión, elaboró para el Consejo de Italia un “parecer” sobre la situación militar en el Mediterráneo.

SOBORNOS Y RECOMPENSAS
Para llevar a buen término estos tratos, Quevedo manejaba fondos considerables con los que comprar voluntades en la corte de Madrid. Por ejemplo, en 1617 recibió de Nápoles 50.000 ducados, y en las cartas que escribió especifica las cantidades que donó a cada ministro de la corte: 4.000 al duque de Uceda (hijo del valido duque de Lerma), 1.500 al confesor real... Claro que él tampoco rechazaba las recompensas, entre ellas el codiciado hábito de la Orden de Santiago que recibió de manos del rey en diciembre de 1617, poco antes de que estallara la conjura veneciana.

Retrato de Francisco de Quevedo

3. ¿Estuvo Quevedo en Venecia?
Aún hoy se discute si Francisco de Quevedo viajó en secreto a Venecia para preparar la gran conspiración que debía derrocar al gobierno veneciano opuesto a los intereses de la monarquía española.

El enigma del viaje a Venecia se debe a una frase que la primera biografía de Quevedo puso en circulación asociada a la imagen popular del poeta: su viaje secreto a Venecia para tramar la Conjuración de 1618 y su huida disfrazado de mendigo. Actualmente los historiadores tienden a descartar que este lance tuviera lugar tal como lo narró Tarsia, aunque se ha formulado una hipótesis alternativa que explicaría la inquina particular que los venecianos manifestaron al poeta.

- El testimonio del biógrafo. Según el primer biógrafo de Quevedo, Pablo Antonio de Tarsia, el escritor español fue a Venecia acompañado de un francés, Jacques Pierre, “y otro caballero español [...] a hacer una diligencia de gran riesgo”. Allí le sorprendió la Conjuración y el poeta “tuvo la dicha de poderse retirar sin daño de su persona; en hábito de pobre, todo andrajoso, se escapó de dos hombres que le siguieron para matarle”.

- Acusado por los venecianos. El relato de Tarsia parece confirmado por las acusaciones personales que los venecianos dirigieron al poeta español. En la propia Venecia se quemaron monigotes de Osuna y Quevedo, y el embajador veneciano en Madrid señaló a ambos como responsables, lo que hizo que el Consejo de Estado llamara a declarar a Quevedo, quien negó, sin embargo, tener noticia de “ese levantamiento”.

- ¿Dónde estaba Quevedo en 1618?
Los historiadores modernos han tratado de reconstruir el itinerario de Quevedo a lo largo de 1618 y han comprobado que desde su retorno a Madrid en julio de 1617 parece que no se movió de la capital hasta su marcha a Nápoles en diciembre de 1618. De hecho, el 31 de mayo de ese año firmó un poder notarial en la capital española, lo que hace casi imposible que participara en los hechos que se produjeron en Venecia ese mismo mes.

- ¿Viajó a Venecia en 1617?
Un investigador ha propuesto, no obstante, una hipótesis alternativa. En opinión de Antonio López Ruiz, Quevedo podría haber realizado un viaje de espionaje a Venecia no en 1618 sino el año anterior, en su retorno de Nápoles a España. Sería entonces cuando se habría producido el incidente de la huida y la persecución, lo que explicaría que los venecianos persistieran en acusarlo de haber tramado la conjura.



Para saber más:
- La España de Felipe III. C. Pérez Bustamante, Espasa, Madrid 1996.
- Don Pedro Girón, duque de Osuna. Luis M. Linde, Silex, Madrid 2005.

- Conjuración de los españoles contra la República de Venecia. Abbé de Saint-Réal. Diputación, Jaén 2010.

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