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HISTORIA: Lo que realmente se sabe del CID

Jura de Santa Gadea (Burgos) por Alfonso VI ante el Cid
A la muerte del Cid, el recuerdo de sus hazañas se magnificó hasta dar lugar a toda clase de leyendas, tras las que es difícil descubrir los escasos datos ciertos sobre su vida.  Aquí desvelaremos algunos de ellos al margen de los habituales tópicos sobre la figura de Don Rodrigo Díaz.


1. Un magnate, no un noble segundón
Se ha considerado que Rodrigo Díaz pertenecía a un linaje de segunda fila, de infanzones o hijosdalgo, lo que encajaría con su retrato en el Cantar del Mío Cid. Pero la magnitud y rentas de sus dominios, y el ascendiente familiar de su madre, de la ilustre familia castellana de los Álvarez, permiten incluirlo como miembro de pleno derecho en el grupo de los magnates, la nobleza más poderosa de Castilla.


2. Comandante del ejército real
Más que jefe supremo del ejército de Sancho II, Rodrigo habría ejercido la función de guardián de las armas del rey, y portador de su espada en ceremonias y actos solemnes de la corte. Debió de ostentar un cargo destacado en la corte, pero sin la proyección militar implícita en el término "alférez" (posterior al siglo XII).


3. Doña Jimena, esposa del Cid y señora de Valencia
La Historia Rodenci, una crónica del siglo XII, refiere que Alfonso VI dio en matrimonio al Cid a doña Jimena, pariente del soberano, hija del conde Diego de Oviedo; su madre quizá fue Cristina, nieta de Alfonso V de León. El Cid emparentó así con una familia de mayor abolengo que la suya. Muerto Rodrigo en 1099, Jimena gobernó Valencia hasta que la amenaza almorávide obligó a evacuar la ciudad en 1102. Marchó a Castilla con los restos de su esposo, que enterró en el monasterio de San Pedro de Cardeña, y vivió cerca del mismo. Se ignora el año de su muerte.

DOÑA JIMENA. Estatua emplazada en el puente de San Pablo de Burgos.
4. Dos apelativos para un guerrero: de Campeador a al-Sayyid
No se sabe cuándo se atribuyó a Rodrigo el título de Campeador, la versión en romance de campi doctor o campi doctus, experto o vencedor en el campo de batalla. Quizás a raíz de su victoria en el combate singular que habría librado con el navarro Jimeno Garcés hacia el 1067. En cuanto al término "Cid", procedía del árabe al-Sayyid (señor). Las fuentes árabes contemporáneas del Cid no le dan este nombre, que quizás utilizaron los musulmanes que formaban parte de sus tropas.


5. Lejos del ideal cristiano: el señor de un principado islámico
Aunque el Cid convirtió la mezquita mayor de Valencia en catedral y nombró un obispo, ello constituyó un acto de afirmación política más que de beligerancia religiosa. A diferencia de los sucedido en Toledo tras su conquista por Alfonso X, Rodrigo, como gobernador de Valencia, mantuvo la legalidad coránica estricta para sus súbditos musulmanes. Pero la leyenda enalteció su imagen como combatiente de la fe: en el Cantar, el Cid considera la idea de atacar Marruecos.

CRISTO DE LAS BATALLAS. Llevado por el Cid en sus combates. Catedral de Salamanca
6. Enfrentado a su rey, Alfonso VI
Rodrigo jamás se enfrentó con las armas a Alfonso VI, pero sí lo hizo de forma indirecta. En 1092, cuando el Cid había instaurado su protectorado sobre Tortosa y Valencia, Alfonso intentó desalojarle de Levante por la fuerza atacando Valencia, pero tuvo que retirarse sin lograr su objetivo. Rodrigo respondió invadiendo y saqueando los dominios riojanos del rey, gobernados por el conde García Ordoñez.


7. Tributos para Rodrigo Díaz: la rentable protección a los reyes de taifas
Rodrigo Díaz se convirtió en uno de los príncipes cristianos que mayores ingresos percibieron en el siglo XI a través del cobro de tributos (las llamadas parias) a los reinos musulmanes de taifas. El historiador Ernesto Pastor ha estimado que Fernando I de Castilla y León debió de percibir por este concepto entre 40.000 y 48.000 dinares, la moneda de oro andalusí; Sancho II, entre 10.000 y 12.000; y Alfonso VI, desde 1072, unos 140.000. El Campeador, con unos 150.000 dinares los superó a todos en torno a 1090.


8. Un adversario poderoso y cruel: el Campeador en las fuentes musulamanas
En dos obras casi contemporáneas al Cid, la del valenciano Ibn Alqarma y la de Ibn Bassam, nacido en Lisboa, aquél aparece como un nefasto príncipe cristiano extorsionador de los musulmanes. Recibe toda suerte de epítetos denigratorios ("perro gallego") y aunque se cita su valor personal, como hace Ibn Bassam, también se describen sus actos de codicia y crueldad, como la ejecución de Ibn Yahhaf, cadí de Valencia, apedreado, según Ibn Alqama, y quemado, según Ibn Idari.


9. Los herederos de Rodrigo
El Cid tuvo tres hijos de Jimena: un varón, Diego, y dos hijas, María y Cristina. Diego murió en Consuegra luchando contra los almorávides. María casó con Ramón Berenguer III, conde de Barcelona, a quien dio una hija, tal vez dos. Cristina casó con el infante Ramiro Sánchez de Navarra, y en 1134 el hijo de ambos, García Ramírez, fue elegido rey de los navarros, tras la muerte de Alfonso el Batallador.


10.  El destierro: la ira regia y las obligaciones del buen monarca
En el Cantar del Mío Cid se ensaña con su vasallo y prohíbe bajo pena de muerte que se le ayude. Pero, en realidad, el castigo no incluyó la confiscación de bienes ni la reclusión de sus familiares. Además, según la normativa vigente en aquel entonces, el rey debía ayudar materialmente al desterrado. Y los miembros más destacados de la mesnada de éste tenían que acompañarle al menos hasta que un nuevo príncipe lo tomara a su servicio.


11. La incógnita del lugar de nacimiento
El Cantar del Mío Cid llama a su protagonista "el de Vivar", pero este lugar apenas destacaba en el conjunto de dominios de su padre, y en los documentos de la época y en las crónicas más próximas a sus años de vida, el Cid aparece bajo el nombre de Rodrigo Díaz, sin alusión a Vivar. Su nacimiento se debería a una tradición más poética que real.

Busto del Cid. Ayuntamiento de Burgos

Fuente: Francisco Javier Peña Pérez, Universidad de Burgos.

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