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El DAO o Camino de Confucio

CONFUCIO, el sabio que quiso reformar China
La meta de Confucio era una sociedad regida por la ética y que no necesitara de leyes para lograr la armonía social. La palanca decisiva para alcanzar la utopía era el estudio. “Estudiar, y llegado el momento oportuno, poner en práctica lo estudiado, ¿no es también una felicidad?”. Así empiezan las Conversaciones de Confucio y así es cómo quedó grabado para siempre en el ADN de los chinos la importancia del estudio para la promoción social.


CRONOLOGÍA
Kongzi, el “Maestro Kong”, nació hace 2.500 años en una China fragmentada, donde numerosos reinos guerreaban entre sí. Se propuso restaurar el orden tomando como modelo a antiguos soberanos y educando a los hombres en la práctica de la virtud.

En 1045 a.C., la segunda dinastía histórica de China, la de los Shang, cayó derrotada en Muye ante las fuerzas de los rebeldes Zhou. Así nació la más longeva de las dinastías chinas, que perduró hasta 221 a.C., con capital al oeste de China. Para Confucio esa época fue modelo de buen gobierno, y sus tres primeros gobernantes han sido honrados durante milenios como los santos fundadores de la patria china. Fueron Wenwang, Wuwang y su hermano Zhougong.

Confucio nace en 551 a.C y en 531 a.C. empieza a ocupar cargos menores en el reino de Lu. En 518 a.C. se dirige a la capital de los Zou en Luoyang para estudiar los ritos y música. En 517 a.C. va al reino de Qi donde empieza a enseñar.

Los Zhou instalaron el culto a Tian, el Cielo, y una nueva teoría de legitimación del poder: el Mandato del Cielo. La formuló Zhouyong, tan admirado por Confucio. Según este principio, el gobernante lo es por mandato del Cielo, y por ello  se convierte en Tianzi, Hijo del Cielo, el único que tiene derecho a ofrecer sacrificios a Tian. Este hecho confiere una base teocrática a la autoridad del soberano y lo envuelve con un gran prestigio. Pero también legitima la rebelión: si el soberano pierde su virtud moral y no cumple con sus deberes, su derrocamiento está justificado (así sucedió con los Shang, derribados por los Zhou). Y si los que acaban con él reciben el Mandato del Cielo, devienen gobernantes legítimos. Ésta sería la base ideológica de los cambios de poder en China durante los siguientes tres mil años.

LA MISIÓN DEL HOMBRE NOBLE
EN SU ORIGEN, la palabra junzi significaba “aristócrata”, pero Confucio le dio un sentido nuevo: la utilizó para designar a los hombres moralmente nobles, más allá de su condición social. La educación confuciana se orienta a formar al junzi: debe ser alguien que ame el bien común por encima de su beneficio personal, que cultive ideas propias y que tenga un comportamiento ejemplar (rasgos que se corresponden con el prototipo de funcionario ideal en China durante dos mil años). La definición de estas cualidades personales es un tema central de las Conversaciones de Confucio, para quien la educación tiene una justificación última: reformar el Estado gracias a la recuperación de las virtudes que supuestamente habían alentado el gobierno a comienzos de la dinastía Zhou (hacia 1045 a.C.), una época que Confucio consideraba ejemplar.


Para Confucio, el Camino se había realizado quinientos años atrás, en la época de la dinastía de los Zhou, ejemplo de gobernantes. En este sentido, el Camino es una utopía retrospectiva, puesto que no sitúa el Camino en un paraíso futuro, sino en una realidad, en una antigua edad de oro. La realización del Camino es el resultado de la práctica de unas virtudes esenciales que definen al junzi, el hombre noble: xiao, el amor filial; ren, la humanidad, y li, la conducta ritual adecuada.


Xiao (amor filial)
Se trata de un amor filial anclado en las prácticas más antiguas del culto a los antepasados, y corresponde sobre todo a la obligación de los hijos de cuidar a los padres. Su importancia radica en que el amor filial, que descansa en el respeto profundo a la jerarquía dentro de la familia (respeto de los hijos a los padres, del hermano menor al mayor, de la esposa al marido), educa al individuo para comportarse en sociedad, donde reinan otras jerarquías.

Ren (humanidad)
Es la virtud más importante: el comportamiento ideal que una persona debería tener para con los demás. Dice Confucio que "la humanidad consiste en el amor a los hombres", lo que pasa por fijarse unos objetivos nobles en la vida: "Si deseas rango y honores, ayuda a los demás a tener rango y honores; si quieres triunfar, ayuda a los demás a triunfar. Ser humano significa tomar los sentimientos personales de uno mismo como guía".

Li (ritual)
En principio, esta palabra se refiere a las ceremonias religiosas, como los sacrificios del culto a los antepasados. Pero, en un sentido más amplio, todas las ceremonias y formas convencionales de relación entre los hombres se llaman li, de ahí que esta palabra pase a significar, de hecho, el conjunto de las reglas de comportamiento externo, o simplemente lo que es correcto. Por ello, según el contexto, también se puede traducir por "cortesía" o "etiqueta".

Fuentes: La construcción de China. Dolors Folch, Barcelona 2002; Los cuatro libros. Confucio (ed. J. Pérez Arroyo), Barcelona 2002.

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