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La Gripe Española: la madre de todas las pandemias

Campamento de Funston (Kansas) en marzo de 1918. En dos semanas la enfermería quedó pequeña y se tuvo que habilitar un hangar (en la imagen) para atender el aluvión de infectados. De allí, el virus pasó a otros campamentos de Estados Unidos y a Francia con el envío de soldados. Muchos soldados murieron en los barcos que los transportaban a Europa.
Una nueva investigación apunta a que la población menos afectada por la pandemia de 1918, que causó entre 50 y 100 millones de muertos, estuvo expuesta en la niñez a variantes parecidas del virus. Según los investigadores, los adultos jóvenes nacidos entre 1880 y 1900 se expusieron durante la infancia a un virus de la gripe (H3N8) con proteínas en su superficie muy distintas a las del H1N1 y eso impidió que contarán con protección contra la variante de 1918. 


Un campamento de influenza en Lawrence, Maine, durante la pandemia de influenza de 1918. Las enfermeras y los médicos intentaron medidas desesperadas para detener la propagación de la enfermedad, que finalmente mató a más de 675.000 personas solo en los EE. UU. Imágenes de Bettmann / Getty

La sala de gripe del Walter Reed Hospital en Washington DC trató a pacientes durante la pandemia de gripe de 1918.(Imagen: © Shutterstock)

Sin embargo, muchos individuos nacidos antes de 1880 y después de 1900 tuvieron algún tipo de protección parcial por haber estado en contacto en su infancia con antígenos de los subtipos H1 o N1. Destacan, además, que incluso la exposición infantil a las proteínas del virus erróneas resultó más beneficiosa que no haber tenido ningún contacto con el virus, ya que las poblaciones isleñas en las que ocurría esto último sufrieron una mortalidad más alta que las de los adultos jóvenes.


Hospital de campaña del ejército estadounidense en Francia (1918).

España fue un país neutral durante la primera gran guerra en el que, en principio, los movimientos de tropas solo afectaron de manera coyuntural. Sin embargo, en abril de 1918 el virus había llegado ya a Europa. El propio Alfonso XIII enfermó entre mayo y junio. La oleada que comenzó en agosto, con el virus mutado, afectó menos a Madrid que a otras ciudades españolas. Algunos epidemiólogos lo achacan al hecho de que al haber estado expuesta al virus en primer lugar, estaba más inmunizada frente a sus variantes. Por si acaso, las autoridades promovieron acciones para mitigar los efectos de la cruel pandemia mediante vacunaciones con un suero contra complicaciones pulmonares de la gripe. 


Telefonistas de una centralita se enjuagan la boca y son fumigadas como medida preventiva contra la gripe. No era eficaz.
1918 fue el fatídico año en que acababa la Primera Guerra Mundial, nueve millones de personas habían perdido la vida, pero la humanidad seguía siendo castigada por un mal mucho más devastador; un terrible virus de la gripe, conocido como “gripe española”.

La epidemia fue causada por el brote de la influenza, virus gripe A del tipo H1N1, el mismo que pareció resurgir hace unos años, aunque, eso sí, mucho más virulento y mortal tanto en personas ancianas como en individuos fuertes y jóvenes. En cuestión de meses, se convirtió en pandemia y se  llevó a la tumba, a más de 50 millones de personas; es decir, cuatro veces más víctimas que dejara la gran guerra. Sólo en España, el virus de la gripe española, causó la muerte a 300.000 personas. Es por ello que esta gripe sea considerada la peor pandemia de la historia.


La gripe mató a más personas que en la primera guerra (17 millones) y que en la segunda guerra mundial (60 millones).
Madrid, 4/11/1918. El doctor Chicote vacunándose con el suero contra las complicaciones pulmonares de la gripe preparado por el laboratorio municipal. (JULIO DUQUE)

EL ORIGEN NO FUE ESPAÑOL
La 'gripe española' infectó a 500 millones de personas -un tercio de la población mundial de entonces- y mató a entre 50 y 100 millones. Se detectó por primera vez en Kansas (Estados Unidos) en enero de 1918 y se bautizó como española no porque este fuera su país de origen, sino porque, cuando en noviembre llegó procedente de Francia, la prensa le prestó más atención que en el resto de Europa, donde imperaba la censura por la Primera Guerra Mundial. El primer caso confirmado de la mutación que convirtió la gripe en letal se produjo el 22 de agosto de 1918 en el puerto de Brest (Francia). Se extendió por todo el mundo y, aunque se desconoce su tasa de mortalidad, se calcula que falleció entre el 10% y el 20% de los contagiados.

España fue el único que no censuró información ya que era neutral en el conflicto.
La adopción se legalizó en Francia en 1923, tras el gran aumento de huérfanos provocados por la guerra y la gripe.

Así que como gripe española pasaría a la historia, el primer brote, la ola de primavera de la epidemia, se originara, al parecer, en los cuarteles militares estadounidenses en marzo de 1918. El segundo brote, la ola principal de la pandemia global, tuvo lugar de septiembre a noviembre de ese mismo año. Hubo, en numerosas zonas, una tercera ola, muy grave, a principios de 1919.
En Estados Unidos no llevar mascarilla estaba penado con una multa de 100 dólares de aquella época.
Miembros de la Cruz Roja americana trasladan una víctima mortal de la gripe española en San Luis, Missouri, EE.UU.

 GRAN VIRULENCIA
Por entonces, todavía no se habían descubierto los antibióticos. En su mayoría la gente que murió durante la pandemia lo hizo por neumonía causada por bacterias oportunistas que infectaron a quienes la gripe había ya debilitado. Sin embargo, una parte de los afectados por la epidemia murieron apenas unos días después de que se les manifestaran los síntomas de la enfermedad, victimas de una neumonía vírica mas grave, originada por la misma gripe, que dejo sus pulmones completamente encharcados de sangre o liquido. Además, la mayoría de los fallecidos eran adultos jóvenes de entre 25 y 40 años, un grupo poblacional que rara vez muere de gripe. 

La guerra contribuyó a la expansión de la enfermedad por el hacinamiento, la debilidad de los soldados y el movimiento de tropas. En la primavera de 1918 habían enfermado las tres cuartas partes de los soldados franceses y más de la mitad de los británicos.


Manifestación en París en 1919. En Francia se prohibió escupir para evitar la propagación de la enfermedad.

Los investigadores detectaron mucho tiempo después que se trató de un gripe transmitida por las aves, y no porcina. De modo que el virus de 1918 no tenía ningún gen de tipo humano: era un virus de la gripe aviar, sin mezclas. Tenía, eso sí, 25 mutaciones que lo distinguían de un virus de la gripe aviar típico, y entre ellas debían estar las que le permitieron adaptarse al ser humano. Se supo así que el virus de la gripe española se multiplica 50 veces más que la gripe común tras un día de infección, y 39.000 veces más tras cuatro días. Mata a todos los ratones de laboratorio en menos de una semana.


Australia se mantuvo al margen gracias a una estricta cuarentena. Pero la pandemia llegó con el regreso de sus tropas al final de la primera gran guerra.

¿QUÉ MEDIDAS SE TOMARON?
En muchos países se prohibió escupir, fue obligatorio el uso de mascarilla, se cerraron cines, teatros e incluso escuelas. Sin embargo, quedaron abiertos los centros de culto religioso. Las restricciones contra las aglomeraciones, las mascarillas y las aspirinas resultaron inútiles. Lo que acabó con la gripe fueron los efectos de la propia gripe: se llevó por delante a las personas menos sanas, siendo especialmente inclemente con los que ya padecían otras enfermedades y con los más débiles. La conexión más atrevida entre guerra y gripe propone que la interacción de los gases con el virus podría haber promovido su evolución hacia una variante letal.


En Londres, casi 1500 policías -un tercio de la fuerza total- enfermaron casi simultáneamente.

EL FANTASMA DE LA “GRIPE ESPAÑOLA”
El miedo a que se propague un nuevo virus de una virulencia letal similar al de la mal llamada ” gripe española”, ha estado planeando en los últimos años desde que hemos conocido el alcance de contagio entre humanos por gripe aviar y porcina. La gripe española de 1918 fue la peor de las tres epidemias de gripe del siglo XX, pero no es menos cierto que entonces las medidas sanitarias eran muy precarias tras la gran guerra; no se contaba con antivirales, y además los estados, que trataban de recuperarse del desastre, no pudieron tomar las medidas adecuadas para evitar que la pandemia se propagara. 


Fue la epidemia de gripe más mortífera de la historia de la humanidad.
La última oleada llegó a Japón a finales de 1919 y duró hasta 1920. En la imagen, escolares con mascarilla en 1920.

Las carencias sanitarias y alimenticias, además de la imposibilidad de aislar a las personas contagiadas en hospitales abarrotados de heridos de guerra, fomentaron más si cabe el contagio. Los ciudadanos se encontraron desprotegidos frente al virus y en pocos meses el desastre era incontrolable. La epidemia se convirtió en pandemia. En apenas cuatro meses, el virus había dado la vuelta al mundo cobrándose 21 millones de vidas humanas, y había regresado a las costas estadounidenses. Pero el asesino microscópico aún seguiría matando al doble de personas durante un año más. Las compañías farmacéuticas trabajaban día y noche para producir una vacuna, pero el virus desapareció antes de que se pudiera siquiera aislarlo.
90 años después de aquello, el temor a que resucite el fantasma de “la gripe española” sigue estando presente.
El impacto de esta pandemia no se limitó a 1918-1919. Todas las pandemias de gripe A posteriores, y casi todos los casos de gripe A en el mundo (excepto las infecciones humanas por virus aviares como el H5N1 y el H7N7), han sido causadas por descendientes del virus de 1918. Por eso, se considera a la gripe de 1918 como “la madre de todas las pandemias”.


El historiador Zylberman rechaza que el conflicto bélico generara la gripe basándose sobre todo en datos genéticos.
El impacto demográfico del brote epidémico fue noticia de primera plana. El Demócrata, México 1918.

VIRUS RESUCITADO
En 1950, el microbiólogo Johan Hultin viajó al pueblecito de Brevig (Alaska) en busca de muestras de la cepa del virus A/H1N1 identificada como la causante de la gripe de 1918.En Brevig murieron de gripe 72 de los 80 habitantes. Hultin esperaba que el frío hubiera conservado material útil para “reconstruir el virus” y poder estudiarlo. Hubo suerte. Tomó muestras de los pulmones de cuatro inuits fallecidos a causa de la gripe. Hultin y su equipo trataron de cultivar el material y se lo inocularon a varios hurones. 

Pero el virus no dio señales de vida. Al cabo de 46 años, otro investigador, Jeffrey Tautenberg, consiguió más muestras de tejido infectado en el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Era un avance, pero se necesitaban más muestras. Hultin regresó al cementerio de Brevig y dio con los restos pulmonares de una mujer obesa, un material excelente con el que en 2005 se “revivió” el virus para su estudio.
Algunos científicos se opusieron ante el temor de que un fallo humano permitiese la dispersión de tan terrible virus.

Johan Hultin

 Fuentes: El País digital; “El jinete pálido”, Laura Spinney, Ed. Crítica, 2018; http://arquehistoria.com/; http://www.xlsemanal.com/; http://www.elcorreo.com/. Fotos: Gtres y Getty Images.

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