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Amadeo I de Saboya: se busca rey para España

AMADEO I DE SABOYA

Amadeo I de Saboja en el funeral del general Prim. En la litografía realizada en el siglo XIX vemos como Amadeo I de Saboya presenta sus respetos ante el cadáver del general Prim, expuesto en la basílica de Atocha de Madrid. Foto: Oronoz / Album

El 27 de diciembre de 1870 amaneció frío en Madrid. Don Juan Prim y Prats, presidente del consejo de ministros de España, sabía que tenía por delante una jornada especial y que debía organizarse bien si quería dejar resueltos todos los asuntos urgentes. Su afán estaba justificado; al día siguiente debía viajar a Cartagena, donde daría la bienvenida en persona al duque de Aosta, el príncipe italiano que, al término de largas negociaciones, había aceptado convertirse en rey de España.




Tras la revolución de septiembre de 1868 (”La Gloriosa”) se había desarrollado un debate apasionado sobre quién debería sustituir en el trono a Isabel II, ahora en el exilio, y Prim, el más popular de los líderes revolucionarios, patrocinó la opción de aquel miembro de la casa real de Saboya que, con el nombre de Amadeo I, debía ponerse al frente de la nueva monarquía constitucional española. Sin embargo, el destino quiso que Amadeo nunca llegara a conocer en persona al hombre que era su mayor valedor. El general Prim propuso como candidato ideal a Amadeo Fernando María de Saboya, duque de Aosta, hijo del rey de Italia Víctor Manuel II y de María Adelaida de Austria, bisnieta de Carlos III, con lo cual enlazaba con la dinastía española.

Aquella misma tarde, tras una sesión en las Cortes  para votar las últimas disposiciones acerca del presupuesto de la nueva Casa Real, la berlina en la viajaba el presidente Prim fue inmovilizada por otros dos coches en la confluencia de las calles del Sordo, hoy Zorrilla, y la del Turco, hoy Marqués de Cubas. Prim y sus acompañantes, su secretario personal, González Nandín, y su ayudante, el general Moya, fueron tiroteados. Prim falleció tres días después en su domicilio de la calle Alcalá a los 56 años de edad.

Amadeo I de Saboya no fue el único candidato considerado para optar a la Corona de España. De hecho se plantearon varios, a saber: Carlos de Borbón y Austria-Este (Carlos VII), el general Espartero, Alfonso XII, Luis I de Portugal, Fernando de Coburgo, Leopoldo de Hohenzollern (Austria) y el Duque de Montpensier. La elección de Amadeo, avalado por Prim, generó un amplio rechazo entre carlistas, alfonsinos y republicanos, que fue el germen de futuros conflictos: 3ª guerra carlista (1872-1876), guerra de los 10 años (Cuba, 1868-1878) y a insurrecciones federalistas en 1873.


Embarque del Duque de Aosta en la Spezia, acompañado de algunos de los diputados que formaron parte de la comisión de Cortes, del ministro de Marina, señor Beranger, y algunas otras personas notables, se embarcó en la fragata Numancia camino de Cartagena.

Las Cortes eligieron a Amadeo como rey de España —Amadeo I— el 16 de noviembre de 1870. Para los monárquicos tradicionales era infamante que el Rey fuese elegido por el Parlamento, en el cual, por otra parte, hubo disidencias: Amadeo obtuvo 191 votos; el duque de Montpensier, 27; Alfonso de Borbón, 2; por el general Espartero votaron 8 diputados; la república federal fue defendida por 60 representantes, la unitaria, por dos, y hubo un voto por una república sin precisar; 19 diputados votaron en blanco, librando la decisión a la mayoría. 

Es decir, 120 de los reunidos no deseaban ver a Amadeo en el trono, y 63 no querían trono alguno. «Queda elegido Rey de los españoles el señor duque de Aosta», sentenció Manuel Ruiz Zorrilla, presidente de las Cortes. No era un comienzo prometedor para el nuevo Rey, que logró unir en su contra a toda la oposición, fuese cual fuere su tendencia: carlistas, borbónicos, republicanos, católicos y el pueblo llano, al que no supo ganarse.


PANORAMA POLÍTICO EN ESPAÑA
La Constitución de 1869 tenía un gran componente laicista, lo que unido a que el padre del monarca, Víctor Manuel, había despojado de sus poderes terrenales al Papa, temía el Gobierno y el propio Amadeo que pudiera llegar una excomunión eclesiástica, lo cual no era lo más propio, en un país católico, para iniciar un reinado y una supuesta dinastía, por ello, una de las primeras medidas que se tomaron fue un acercamiento filial y político a la Santa Sede, siempre rozando el filo de la navaja para no desairar al Gobierno italiano.

Los gobiernos se suceden con rapidez, primero se hace cargo el general Serrano, que aunque permanece como presidente del ejecutivo hasta el 24 de julio, sufre varias crisis gubernamentales con cambios ministeriales. Al general le otorga la confianza a don Manuel Ruiz Zorrilla, la llamada “izquierda del régimen” y líder de los que se llaman y se llamarán hasta 1934, “radicales”. El 5 de octubre cae Ruiz Zorrilla y le sucede el almirante Malcampo, un militar de transición, con el cometido de acometer un proceso electoral, “lo mas limpio posible”, imposible en España, con el caciquismo imperante. Finaliza el año Práxedes Mateo Sagasta, que será el líder de los “liberales”, de tal forma que cuando la restauración, Cánovas del Castillo, será el jefe de los “conservadores”, Sagasta de los “liberales”, y Ruiz Zorrilla, se radicalizará más, valga la redundancia, y los “radicales” pasarán al campo republicano.

No todo fue crisis política, sino que se levantaron los carlistas en el norte a la llamada del duque de Madrid, posteriormente Carlos VII (para los legitimistas); el problema cubano se encrespó con el fusilamiento de unos estudiantes que habían supuestamente profanado la tumba de un periodista español; el ejército se descompone, pasando a la condición de retirado lo más granado de la oficialidad y el generalato, entre los descontentos los artilleros, que a la postre en 1872, serán el fulminante de la abdicación de Amadeo I; levantamiento republicano, principalmente en el sur y levante; agitación en Filipinas y hostigamiento a las tropas y los trabajos que se realizaban en las proximidades de Melilla.

Este es el panorama político, de un Rey, bien intencionado, que creyó en la democracia y que esperaba ganarse la voluntad del pueblo a base de llaneza y simpatía. Su esposa la reina Victoria, una de las más preparadas de su época, con grandes conocimientos lingüisticos y humanísticos, inusitados para las infantas de España, pretendió hacer lo mismo y el pueblo se “cachondeaba” de ella, por amamantar a su hijo recién nacido. Paradojas de la raza hispana.


EL REY QUE NO QUERÍA SER REY
El reinado de Amadeo de Saboya fue calificado como efímero, por el corto espacio de tiempo en el que ocupó el trono español (1871-1873) y, también, por la precariedad y el clima de inestabilidad que tuvo que afrontar antes de su abdicación. A su llegada a España, Amadeo fue considerado por sus contemporáneos como un rey liberal y progresista debido al enfrentamiento que su padre mantuvo con la Iglesia católica y a la monarquía constitucional que había conseguido instaurar en la Italia unificada.

La muerte prematura del general Prim, su principal valedor, fue un duro golpe para el monarca que no contó con los apoyos políticos necesarios para consolidar su reinado. El clima de inestabilidad social y política que rodeaba a la nueva dinastía hizo muy difícil su pervivencia en el Trono: con una clase política dividida; la mayor parte de la nobleza mostrando claramente su afinidad hacia los borbones o hacia la opción carlista, que consideraba a Amadeo de Saboya un rey extranjero, ajeno a las costumbres y las raíces españolas; y con un pueblo que, a pesar de expresar en algunas ocasiones cierta receptividad hacia la llaneza de los monarcas saboyanos,  se mostró por lo general indiferente.

La Constitución de 1869 establecía un régimen monárquico, aunque cuando fue aprobada el Trono estaba vacante. Así pues, las Cortes decretaron una regencia que  ocupó el duque de la Torre, el general Serrano. El Gobierno estaba presidido por Juan Prim, que fue el encargado de instaurar una nueva dinastía para evitar el regreso de los borbones. Un año después de su aprobación, España continuaba sin tener un rey a pesar de que su Carta Magna la definía como un Estado monárquico. 


Atentado en la calle Arenal
Prim deseaba instaurar una nueva dinastía capaz de convertirse en motor de la regeneración nacional, encuadrada en una constitución  progresista. Por ello, y tras varios intentos fallidos, Prim pensó en la candidatura del hijo de Víctor Manuel, Amadeo I de Saboya. Esta vez el rey italiano aceptó la oferta, culminado ya el proceso de unificación italiana, casada una de sus hijas con el rey de Portugal y viendo la posibilidad de que su segundo hijo se convirtiese ya en rey de España. El joven ya había contraído matrimonio con M.ª Victoria y tenía dos hijos, Manuel Filiberto y Víctor Manuel, nacido este último mientras la candidatura de Amadeo era aprobada por 191 votos a favor en el Congreso y se preparaba la delegación que, desde España, se dirigiría a Italia para acompañar al nuevo soberano. 

Amadeo se sometió a la voluntad de su padre a disgusto. El futuro rey conocía muy poco sobre España. Aunque ya había visitado el país en 1865, cuando contaba veinte años, en esa ocasión el motivo de su viaje se redujo a  estrechar relaciones con la reina Isabel II para conseguir el reconocimiento de Italia como Estado unificado desde 1861. 


Cuando fue elegido rey de España contaba con veinticinco años y su experiencia política era nula. Como monarca elegido por un parlamento deseaba aproximar la Corona al pueblo y transformar la antigua majestad que rodeaba a la institución en algo cercano y sencillo.

BREVE Y ACCIDENTADO REINADO
Cuando Amadeo llegó el 30 de diciembre a Cartagena, a bordo de la fragata Numancia,  conoció inmediatamente la noticia de la muerte de Prim. Ya en Madrid, en el palacio de las Cortes, tuvo lugar el juramento, la visita a la viuda de Prim y la fría acogida del pueblo madrileño, especialmente evidente por parte de la aristocracia que mantuvo cerradas puertas y ventanas ante el paso de la comitiva regia, como muestra de su rechazo ante una dinastía, extranjera, y que había sido instaurada por una revolución.

A su llegada a España las expectativas sobre las actuaciones de Amadeo eran muy grandes y lógicamente desbordaron las posibilidades reales de ejercer el poder que poseía el nuevo monarca. Pérez Galdós señala que de él se esperaba que removiese «el fondo de la superficie política, las costumbres políticas, como un rey nuevo, un rey de fuera que nos diese lo que no teníamos y acabara con el tejemaneje moderado y unionista».


Óleo sobre lienzo de Amadeo de Saboya,
obra de Vicente Palmoroli González (1872).
Museo del Prado (Madrid)
Los reyes, desde el principio, dieron pruebas sobre su voluntad de propiciar la cercanía popular: viajaban en los tranvías, asistían a conciertos populares, entraban en las tiendas, tomaban helados en el café y no tenían un lugar reservado en la iglesia. En el palacio vivieron de forma muy modesta y desde el principio se mostraron muy preocupados por los más necesitados, especialmente la reina, cuya labor benéfica fue puesta de manifiesto en muchas ocasiones. Sin embargo su actitud fue criticada por monárquicos y republicanos que veían en estos actos una mera demostración de propaganda y un excesivo acercamiento de la reina a los sectores más conservadores de la sociedad y la política.


La Iglesia también se opuso al nuevo monarca por ser el hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia que había clausurado los Estados Pontificios.

Desde la perspectiva política, cabe indicar que en los dos años que duró el reinado se celebraron tres elecciones generales y hubo ocho ministerios, presididos por Serrano, Ruiz Zorrilla, Malcampo y Sagasta. Durante este periodo se consolidó la  escisión entre los seguidores de Prim, sagastinos y zorrillistas, y la ruptura definitiva de la coalición que había impulsado el proceso revolucionario en 1868. Las divisiones gubernamentales y el clima de inestabilidad creciente que rodeaba al monarca trataron de paliarse con una imagen del rey activo, preocupado por los males que afectaban al país y deseoso de conocerlos de primera mano. 


Se organizaron viajes por toda España para propiciar un mayor apoyo popular, aunque acontecieron algunos altercados en aquellas provincias cuya población demostraba una clara afinidad hacia el republicanismo. También surgieron nuevos problemas con los carlistas, que iniciaron una nueva guerra civil en abril de 1871.

ATAQUES A LA MONARQUÍA
Las luchas intestinas por alcanzar el poder lograron desacreditar a la monarquía, que fue objeto de numerosos ataques, no solo por parte del republicanismo o del carlismo, sino también de las propias facciones que la habían apoyado. Así ocurrió con los seguidores de Zorrilla, al ver que éste no ocupaba nuevamente la presidencia del Gobierno. El Imparcial, periódico zorrillista, publicaba el 10 de junio de 1872 el artículo «La loca del Vaticano», en el que se atacaba el celo religioso de la reina y la posible ascendencia política sobre su esposo, que se decantaba por las opciones más conservadoras. El periódico comparaba la situación de los monarcas españoles con la tragedia de Maximiliano de México, cuya esposa, ante el fusilamiento de su marido, enloqueció pidiendo al propio Papa que intercediese para salvarle.


Maria Victoria dal Pozzo.
En 1876 moría María Victoria, 
enferma de tuberculosis.
Fue un duro golpe para Amadeo.
El atentado que sufrieron lo reyes en la calle Arenal el 10 de julio se convirtió en una oportunidad para mostrar la valentía y entereza de los reyes en un clima de gran inestabilidad e incertidumbre. El Gobierno y el propio rey estaban advertidos, lo cual propició las críticas desde Italia por no haber sabido evitarlo. Los escritos que narran el acontecimiento coinciden en resaltar la serenidad de la pareja real, aunque Romanones afirma que esta reacción responde a las directrices que marca el protocolo y, por tanto, era un comportamiento habitual en la realeza. El rey se presentó a la mañana siguiente en el lugar del atentado y por la tarde el matrimonio real salió en coche descubierto, lo cual propició un homenaje entusiasta por parte del pueblo madrileño. Esta reacción popular permitió a los monarcas gozar «por unos minutos de la popularidad soñada, (creyendo) que con motivo del atentado las raíces del Trono Saboyano se adentrarían en tierra hispánica». No interesaba esto a sus detractores y periódicos republicanos como "El Combate" se lanzarían a subrayar las infidelidades del rey.


Tras el atentado, la reina se trasladó a Madrid con los príncipes. Se encontraba cansada física y psíquicamente. A ello también se sumaba la antipatía que sentía hacia Ruiz Zorrilla, que la reprendió por haberse entrevistado con el embajador de Italia y con un enviado de Víctor Manuel. Esta estancia de la reina en El Escorial fue utilizada por algunos periódicos republicanos, como El Combate, para subrayar las numerosas infidelidades del rey, que tenía fama de mujeriego. Durante su reinado, se hablaba de la famosa «dama de las patillas», hija de Mariano José de Larra, que aconseja al rey sobre los problemas del país, y la «dama inglesa», esposa del corresponsal de The Times.


ABDICACIÓN Y REGRESO A ITALIA
El deterioro de la situación que vivía el monarca, le llevó a considerar en los últimos meses de 1872 la posibilidad de abdicar. No quiso disolver las Cámaras, ni imponer su voluntad por encima de la Constitución. El 11 de febrero de 1873 el rey envió el mensaje de abdicación a las Cortes, indicando que había buscado la solución a los males que afligían al país «ávidamente dentro de la Ley, y no la he hallado. ¡Fuera de la Ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarlas!».

En la despedida a los reyes, de los catorce diputados y senadores elegidos para acompañarles, solo se presentaron cuatro. No estaban para despedirles Ruiz Zorrilla, que se declaró rápidamente republicano, o Cristino Martos. La reina, muy delicada de salud, fue conducida en silla de manos al tren. En este clima, la marcha del rey y de la reina se convirtió en el epílogo de su reinado. Los dos se mostraban sumamente entristecidos, especialmente la reina, que todavía no se había repuesto del alumbramiento de su tercer hijo. Aunque no encontraron el apoyo necesario para reinar, en el momento de partir, sus escasos partidarios continuaban hablando del «rey generoso y leal y de la reina pía y buena que la maledicencia de los partidos había obligado a dejar España, convertida por ellos en una tierra inhóspita»


El Pacto de Ostende fue el acuerdo firmado el 16 de agosto de 1866 en la ciudad belga de Ostende por el Partido Progresista y por el Partido Demócrata, por iniciativa del general progresista Juan Prim, para derribar la monarquía de Isabel II de España
Después de su renuncia, se marchó a Lisboa y más tarde fijo su residencia en Turín, desde donde vio cómo se proclamaba la I República en España. Las Cortes Españolas recibían la carta de renuncia de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873. La oposición de carlistas, republicanos, aristócratas e Iglesia le llevaron a abdicar tan solo dos años después de aceptar la corona. Tan solo un día después era proclamada la I República.

El regreso a Turín le permitió retomar antiguas costumbres y amistades, sin que aparentemente le hubieran afectado demasiado los acontecimientos. En 1887 Amadeo aceptó el cargo de inspector de caballería y se dedicó a recorrer Italia visitando cuarteles y caballerizas. 

Amadeo de Saboya murió el 18 de enero de 1890. Su prematura muerte, a los 45 años, también se vinculó con los años de reinado que le dejaron «mustio y triste hasta el final de su vida». Aparece así, en algunos escritos italianos, una nueva imagen romántica del príncipe, traicionado por todos y cuya fidelidad al ideario liberal le costó, primero el Trono y después la vida, demostrando valentía y templanza en unas circunstancias especialmente difíciles.


En honor a Amadeo, Giacomo Puccini compuso un cuarteto para cuerda "Crisantemi".

Carta de despedida a las Cortes
"Grande fue la honra que merecí a la nación española eligiéndome para ocupar su trono; honra tanto más por mi apreciada, cuanto que se me ofreció rodeada de las dificultades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado.

Alentado, sin embargo, por la resolución propia de mi raza, que antes busca que esquiva el peligro, decidido a inspirarme únicamente en el bien del país, y a colocarme por cima de todos los partidos, resuelto a cumplir religiosamente el juramento por mí prometido a las Cortes Constituyentes, y pronto a hacer todo linaje de sacrificios por dar a este valeroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y la grandeza a que su gloriosa historia y la virtud y constancia de sus hijos le dan derecho, creí que la corta experiencia de mi vida en el arte de mandar seria suplida por la lealtad de mi carácter, y que hallaría poderosa ayuda para conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se ocultaban a mi vista, en las simpatías de todos los españoles amantes de su patria, deseosos ya de poner término a las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo desgarran sus entrañas.

Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatiros; pero todos los qué con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males dé la nación son españoles, todos, invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cual es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.

Lo he buscado ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla. Nadie achacará á flaqueza de ánimo mi resolución. No había peligro que me moviera a desceñirme la corona si creyera que la llevaba en mis sienes para bien de los españoles, ni causó mella en mi ánimo el que corrió la vida de mi augusta esposa, que en este solemne momento manifiesta, como yo el vivo deseo de que en su día se indulte a los autores de aquel atentado. Pero tengo hoy la firmísima convicción de que serian estériles mis esfuerzos e irrealizables mis propósitos.

Estas son, señores diputados, las razones que me mueven a devolver a la nación; y en su nombre a vosotros, la corona que me ofrecía el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores. Estad seguros de que al despedirme de la corona no me desprendo del amor a esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarla todo el bien qué mi leal corazón para ella apetecía."


11 de febrero de 1873


BIOGRAFÍA DE JUAN PRIM
Nacido en Reus (Tarragona) el 6 de diciembre de 1814, Juan Prim y Prats es un personaje fundamental para comprender los acontecimientos de la vida política de la España de la segunda mitad del siglo XIX. Influido por la carrera militar de su padre, que combatió a los franceses en la Guerra de la Independencia, ingresó con tan solo 19 años de edad en el Batallón de Tiradores del ejército de Isabel II en plena primera Guerra Carlista (1833-1840), de la mano de su progenitor que ostentaba la jefatura del cuerpo. Fue en esta contienda en la que Prim comenzó a ganarse el respeto de sus superiores por su participación en diversas acciones militares, hasta conseguir el rango de coronel a los 25 años de edad tras su desempeño en la Batalla de Casa Llovera.


Inestabilidad política
Muy pronto decidió involucrarse en la política nacional siendo elegido Diputado en Cortes por Tarragona en 1841 apoyando la causa liberal de Baldomero Espartero. Hacia 1843 comenzó a manifestar su desacuerdo con la forma de gobernar de Espartero llegando incluso a participar en las acciones de Serrano que culminaron en el derrocamiento del Gobierno. El nuevo ejecutivo progresista lo nombra Gobernador Militar de Barcelona con el objetivo de sofocar la revuelta conocida como “la Jamància” que estalló en agosto de 1843, algo que consigue finalmente y que le vale la concesión del rango de general.


Juan Prim. Retrato de Luis de Madrazo
Tras un tiempo alejado de la vida pública viajando por Europa y diversos desacuerdos con los gobiernos moderados de Narváez, se le concede el cargo de Capitán General de Puerto Rico en 1847. Vuelve a España y resulta elegido diputado en 1851 haciendo una dura oposición a los moderados que le supone otro periodo de exilio. En 1854 se produce en España “la Vicalvarada” una revolución progresista que le permite volver al primer plano participando en varias acciones militares en el Rif y en la Guerra de África (1859-1860), integrado ya en la formación política centrista Unión Liberal que lideraba Leopoldo O'Donnell.


Enviado a México en 1861 para negociar con el gobierno de Benito Juárez la devolución de la deuda, rompe sus relaciones con O'Donnell tras su decisión de retirar las tropas españolas para no facilitar las pretensiones de Francia de imponer en México al emperador Maximiliano I. De vuelta a España en 1863 comienza paulatinamente a relacionarse de nuevo con los progresistas y se implica en numerosos movimientos civiles y pronunciamientos militares contra los moderados e incluso contra Isabel II, como el fallido desembarco en Valencia de 1865, la sublevación del cuartel de San Gil en el 1866 o el Pacto de Ostende entre progresistas, demócratas y unionistas.

"La Gloriosa"
Junto con Juan Bautista Topete y Francisco Serrano, encabeza la Revolución que se llamaría “La Gloriosa” y que acabaría con el reinado de Isabel II. El 19 de septiembre desembarca en Cádiz y participa posteriormente en la sublevación de Valencia (2 de octubre) y de Barcelona (3 de octubre). Es en esta ciudad donde pronuncia su célebre frase en respuesta a las peticiones de que se quitase la gorra militar en la que figuraba una corona: Catalans, voleu córrer massa; no correu tant que podríeu ensopegar» (Catalanes, quereis correr demasiado; no corráis tanto que podríais tropezaros), si bien finalmente se la quita y proclama; “¡Abajo los Borbones!”. El 7 de octubre se produce su entrada triunfal en Madrid. En el primer gobierno provisional constituido en los días siguientes al triunfo de la revolución, Prim ostentará la cartera de Guerra bajo la presidencia de Serrano.

Prim y Amadeo de Saboya
Prim defendió en las Cortes Constituyentes la monarquía parlamentaria como forma de gobierno frente a los republicanos federales y unionistas, imponiéndose finalmente su propuesta. Una vez promulgada la Constitución de 1869, Serrano quedó al cargo de la Regencia y Prim se ponía al frente de un gabinete que tenía la misión de encontrar rey para España. Se barajaron numerosos nombres para ocupar el trono español: el duque de Montpensier, Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen,  el duque de Génova o el propio Espartero. Tras varias votaciones fallidas y la desestimación del ofrecimiento de algunos de los candidatos (incluido el rechazo inicial del que a la postre sería coronado Amadeo I) se eligió por 191 votos al duque de Aosta Amadeo de Saboya como futuro Rey de España, una elección que contó con la aprobación de las grandes potencias europeas.


El 27 de diciembre de 1870, el mismo día que partía de Italia Amadeo de Saboya para tomar posesión de la corona española, Prim sufre un atentado en Madrid en el que recibe varios disparos en el hombro y el pecho hallándose en el interior de su coche con el coronel Moya y su ayudante personal Nandín. Durante tres días lucha por recuperarse de las heridas sufridas, falleciendo el 30 de diciembre a la edad de 56 años. Su muerte dejó, por un lado, multitud de preguntas sobre la autoría y motivación del atentado sin responder, y por otro, una situación política inestable que marcaría la brevedad del reinado de Amadeo de Saboya.



Fuentes: Alicia Mira Abad (Universidad de Alicante); Madridiario (2018); Episodios Nacionales V (Benito P. Galdós); http://lamedicinaylacorte.blogspot.com.es/2016/01/amadeo-i-de-espana.html; http://portal.protecturi.org/amadeo-i-rey-de-espana/; http://foro.todoavante.es; www.biografiasyvidas.com;  www.mcnbiografias.com

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